martes, 20 de mayo de 2014

La familia cristiana

EL HOGAR CRISTIANO ES
UNA UNIDAD ESPIRITUAL

Someteos unos a otros en el temor de Dios.
Efesios 5:21
      La familia (es decir, la casa, que consta de padres e hijos, con la adición de parientes, amigos y sirvientes o sin ella) es la más antigua y básica de las instituciones humanas. La Biblia destaca su importancia como unidad espiritual y lugar de adiestramiento para la adquisición de una personalidad adulta madura.

La familia tiene una estructura interna de autoridad según la cual el esposo es líder de la esposa, y los padres son líderes de los hijos. Todo liderazgo es una forma de ministerio, y no de tiranía, por lo que estos papeles domésticos de liderazgo deben ser cumplidos con amor (Efesios 5:22; 6:4Colosenses 3:18–21; 1 Pedro 3:1–7). El cuarto mandamiento exige que sea el cabeza del hogar el que guíe a toda su familia en la guarda del día de reposo; el quinto les exige a los hijos que respeten a sus padres y se sometan a ellos (Éxodo 20:8–12; Efesios 6:1–3). Jesús mismo dio ejemplo de ello (Lucas 2:51). Más tarde, se opuso firmemente a ciertos gestos de supuesta piedad que eran en realidad evasiones de la responsabilidad hacia los padres (Marcos 7:6–13), y su último acto antes de morir, fue asegurarle el futuro a su propia madre (Juan 19:25–27).

La familia debe ser una comunidad donde se enseñe y aprenda acerca de Dios y de la santidad. Se debe instruir a los hijos (Génesis 18:18–19; Deuteronomio 4:9; 6:6–8; 11:18–21;Proverbios 22:6; Efesios 6:4) y se les debe exhortar a tomarse en serio esa instrucción como base para la vida (Proverbios 1:8; 6:20). La disciplina, que significa un adiestramiento directivo y correctivo, es necesaria para sacar a los hijos de las necedades infantiles y llevarlos a una sabiduría llena de dominio propio (Proverbios 13:24; 19:18; 22:15; 23:13–14; 29:15, 17). Así como hay una disciplina amorosa y resuelta en la familia de Dios (Proverbios 3:11–12;Hebreos 12:5–11), también la debe haber en la familia humana.

La familia debe funcionar como una unidad espiritual. La Pascua del Antiguo Testamento era una ocasión familiar (Éxodo 12:3). Josué estaba sentando un ejemplo cuando dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). Los hogares se convirtieron en las unidades de consagración cristiana en los tiempos del Nuevo Testamento (Hechos 11:14; 16:15, 31–33; 1 Corintios 1:16). El que un candidato sirviera para un cargo en la iglesia se decidía observando si sabía llevar bien su casa (1 Timoteo 3:4–5, 12; Tito 1:6).


La edificación de una fuerte vida familiar debe constituir siempre una prioridad en nuestro servicio a Dios. 



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