viernes, 30 de mayo de 2014

La Iglesia ante la violencia doméstica - parte 4 de 4

¿QUÉ PUEDE HACER LA IGLESIA?
Una solución efectiva al problema de la violencia doméstica tiene que venir de varias fuentes como el hogar, la sociedad, la escuela y la iglesia. Siendo que nuestro tema es el de la iglesia ante la violencia doméstica, consideremos las siguientes acciones concretas que esperamos se realicen en toda comunidad de fe.
La iglesia debe educar a los fieles
Es necesario educar a la congregación sobre las causas y consecuencias de la violencia doméstica. Es posible asistir a una iglesia evangélica por todo un año y nunca oír desde el púlpito cómo enfrentar la violencia doméstica. Muchos líderes piensan que esto no existe en el hogar cristiano. Esta creencia es falsa. Hay líderes, pastores y diáconos que forman parte de los agresores en el cuadro de la violencia doméstica. Hay mucho material bíblico que el pastor puede usar para mostrar las causas y las consecuencias de la violencia doméstica. En la preparación de este ensayo encontramos más de 150 referencias bíblicas a la violencia doméstica. De modo que el pastor que no enseña sobre el tema, no es por falta de base bíblica; puede ser por desconocimiento de los pasajes, pero hay un amplio recurso en la Biblia.
La iglesia debe enseñar a los fieles como enfrentar en forma saludable las situaciones de conflicto. Gran parte de la violencia doméstica ocurre en medio de un conflicto y porque las personas no saben como lidiar sanamente con tal situación. Muchas personas ante un conflicto se ofuscan y pierden su capacidad de razonar sanamente.
La iglesia debe enseñar, desde una perspectiva bíblica, los privilegios y responsabilidades de ser padre y madre hoy en día. Una pregunta que oímos frecuentemente es ¿qué significa ser un padre hoy?. Hay matrimonios jóvenes donde los padres tienen 15, 16, 18 años y no han sido enseñados acerca de sus responsabilidades; además, muchos han tenido una imagen negativa en sus hogares y no han recibido enseñanzas alternativas.
Un tema especial que se debe enseñar es el de la autoridad paternal. ¿Cuándo la autoridad paternal se convierte en una dictadura, o cuándo se convierte en abuso?. Muchos padres no saben cómo distinguir entre el abuso físico y el castigo; por esta razón hay que enseñarles la diferencia.
Cuando se dice que la iglesia debe enseñar no se está pensando sólo en el púlpito o que el pastor va a dar toda la enseñanza. Se puede formar grupos pequeños para discutir estos temas, y se puede invitar a profesionales expertos en el tema. El pastor no tiene que hacer todo, pero si puede buscar recursos que ayudarán a la congregación.
La iglesia debe abrir sus puertas a las víctimas de violencia doméstica
Con la expresión «abrir sus puertas» nos referimos a recibir estas personas y crear un ambiente donde las víctimas se pueden sentir libres para expresar su dolor y experimentar sanidad.
La violencia deja huellas muy profundas. Algunas personas no han podido orientar su vida después del trauma de la violencia. Muchas víctimas han estado buscando un lugar «seguro» donde puedan ser aceptadas y respetadas, un lugar donde no se a sentirán responsables o corresponsables de su dolor. En algunas partes las víctimas han formado un grupo de apoyo entre sí y esto puede ser muy terapéutico.
La iglesia debe extender sus servicios a los abusadores
Esta es una acción que requiere mucho amor, misericordia y sabiduría. Lo más fácil es juzgar y condenar a los abusadores; pero ellos también necesitan ayuda. Muchos están atrapados con sus problemas y con su sentimiento de culpabilidad. Por lo general se trata de personas con una autoestima baja, personas inseguras. La iglesia puede hacer mucho para restaurarlos, primeramente a su hogar y luego a la iglesia.
La iglesia debe informar a sus miembros sobre los recursos legales, sociales y psicológicos que están al servicio de las víctimas de violencia doméstica.
Tales recursos pueden ser de varios tipos (como por ejemplo, gubernamentales, privados, etc.). Es importante mantener la información al día y las líneas de comunicación y colaboración siempre accesibles.
La iglesia debe presentar el modelo bíblico de las relaciones maritales y familiares
Pasajes como Efesios 5:18–6:4 y Colosenses 3:12–21 resultan indispensables. En estos textos Pablo recomienda que la Palabra de Dios reine en la vida de la nueva criatura y, como consecuencia de esto, se transformarán las relaciones: las esposas estarán sujetas a sus esposos, éstos a su vez amarán a sus esposas como Dios amó a la iglesia; los hijos obedecerán a sus padres y madres, y ellos y ellas no provocarán a sus hijos.
CONCLUSIÓN
La violencia doméstica ha existido a través de los siglos. Varias instituciones han tratado de erradicar este mal y no han podido lograrlo. Durante nuestro tiempo, la violencia doméstica se manifiesta con mucho poder, destruyendo vidas y familias. Por lo tanto, la iglesia, en el poder del Espíritu Santo tiene una oportunidad única de luchar contra semejante mal.
Debemos instar a todas nuestras iglesias evangélicas a unirse contra la violencia doméstica. Es tiempo de reconocer y utilizar recursos de todo tipo y luchar contra la violencia doméstica en todas sus dimensiones y manifestaciones.

Debemos hacer un gran esfuerzo para restaurar a las víctimas y sanar a los agresores. Necesitamos solidarizarnos y afírmar el propósito defínido de enseñar, orientar, prevenir y curar en nuestros hogares, nuestras comunidades de fe y nuestras sociedades.



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