miércoles, 29 de abril de 2015

Lo que tu actitud sí puede hacer por ti

¿Qué es lo que generalmente separa a los mejores del resto de la gente? ¿Alguna vez has pensado en eso? ¿Qué es lo que separa al ganador de una medalla de oro del ganador de una de plata en las Olimpiadas? ¿Qué es lo que separa a un empresario de éxito de aquel que no llega a serlo? ¿Qué es lo que hace posible que una persona mejore después de haber tenido un accidente debilitante mientras que otra se rinde y muere? Es la actitud.
Por supuesto, de vez en cuando hay gente como Mozart o Lance Armstrong, aquellos cuyos dotes son tan extraordinarios que pueden lograr cosas que el resto de nosotros tan sólo podríamos soñar. (Pero incluso ellos tienen la ayuda de poseer actitudes extraordinarias.) La mayoría de la gente que está en la cúspide de sus profesiones es bastante igual en cuanto a talento. Los ganadores de medallas de oro y plata generalmente están separados por centésimas de segundos. Los jugadores profesionales de golf ganan torneos por la diferencia de un solo golpe. Como dijo Denis Waitley en The Winner’s Edge [La ventaja del ganador]: «La ventaja del ganador no está en haber nacido con dotes, tener un coeficiente intelectual alto, o en el talento. La ventaja del ganador consiste en la actitud, no la aptitud. La actitud es la norma para obtener el éxito. Pero no se puede comprar la actitud por un millón de dólares. Las actitudes no se venden».
Durante años he tratado de vivir según la siguiente declaración: No siempre puedo escoger lo que me sucede, pero siempre puedo escoger lo que sucede dentro de mí. Algunas cosas en la vida están fuera de mi control. Algunas están dentro. Mi actitud en las áreas que están fuera de mi control puede marcar la diferencia. Mi actitud en las áreas que sí puedo controlar marcará la diferencia. En otras palabras, la diferencia más grande que puede lograr mi diferenciador se encuentra dentro de mí, no de otros. Esa es la razón por la cual tu actitud es tu posesión más valiosa o tu desventaja más grande: Te forma o te destruye, te levanta o te derriba. Una actitud mental positiva no va a dejarte hacer todo, pero puede ayudarte a hacer cualquier cosa mejor que si tu actitud fuera negativa.
Lo que la actitud puede hacer por ti
Una actitud positiva es una posesión valiosa todos los días en casi todo aspecto. No sólo ayuda con los asuntos pequeños, sino que también provee un marco positivo desde el cual una persona puede tratar con todos los aspectos de la vida. Esto es lo que quiero decir:
1. Tu actitud marca la diferencia en la manera en que tratas con todos los aspectos de la vida
Cuando nos acercábamos al final del siglo XX, se escribió mucho sobre los hombres y las mujeres que sobrevivieron la Depresión Económica y pelearon en la Segunda Guerra Mundial, la gente a la que Tom Brokaw llamó «la generación más grandiosa». Me acuerdo haber leído una historia de una mujer de esa generación que siguió a su esposo rumbo a un campamento del ejército de los Estados Unidos en el desierto del sur de California durante la guerra. El hombre le había aconsejado que no lo hiciera, pensando que ella estaría más cómoda en la costa Este con su familia; pero la esposa joven no quería estar separada de su nuevo cónyuge.
El único alojamiento que pudieron encontrar fue una choza en malas condiciones cerca de una aldea de indios americanos. El lugar era bastante modesto. Durante el día la temperatura llegaba a los 46 grados centígrados. El viento, que soplaba constantemente, parecía como si fuera aire caliente saliendo de un horno, y el polvo convertía todo en un ambiente miserable.
A la joven le pareció que los días eran largos y aburridos. Sus únicos vecinos eran indios americanos con los que tenía muy poco en común. Cuando enviaron a su esposo al desierto por dos semanas, perdió la compostura y se puso a llorar. Las condiciones de vida y la soledad fueron demasiado para ella, por lo que le escribió a su madre para decirle que quería ir a casa.
Después de un corto tiempo, recibió la contestación de casa. Una de las cosas que le dijo su madre fue:
Dos hombres miraban a través de las rejas de la cárcel; uno vio lodo, el otro las estrellas.
Mientras la joven leía las líneas una y otra vez, al principio se sentía avergonzada. Luego aumentó su determinación, ella iba a buscar las estrellas.
Al día siguiente se esforzó en hacer amigos con sus vecinos. Al llegar a conocerlos, ella también les pidió que le enseñaran acerca de sus tejidos y su cerámica. Al principio se mostraron reacios, pero cuando vieron que su interés en ellos y sus trabajos eran genuinos, se abrieron más. Cuanto más aprendía acerca de la cultura e historia de los indios americanos, más quería saber. Su perspectiva comenzó a cambiar. Incluso el desierto comenzó a parecerle diferente; empezó a apreciar su belleza silenciosa, sus fuertes pero hermosas plantas, aun las rocas y las conchas de mar fosilizadas que encontraba al salir a explorar. Hasta comenzó a escribir acerca de sus experiencias allá.
¿Qué había cambiado? No fue el desierto, ni fue la gente que vivía allí. Ella había cambiado. Su actitud se había transformado, y como resultado, también su manera de ver las cosas.
Las personas más felices en la vida no son necesariamente las que tienen lo mejor de todo; son las que simplemente tratan de sacar el mejor provecho de todo. Son como la persona de la aldea remota que va al pozo todos los días para sacar agua, y que dice: «¡Cada vez que vengo a este pozo, salgo con mi balde lleno!» en lugar de decir: «¡No puedo creer que tenga que seguir viniendo a este pozo para llenar mi balde!»
La actitud de una persona tiene una profunda influencia en su manera de ver la vida. Pregúntale a un entrenador antes de comenzar un partido importante si su actitud y la de sus jugadores van a marcar la diferencia en el resultado del juego. Pregúntale a un cirujano si es que importa la actitud del paciente cuando le está tratando de salvar la vida en la sala de emergencia. Pregúntale a un maestro si las actitudes de sus alumnos tienen impacto antes de presentar un examen.
Una de las cosas que he aprendido es que la vida a menudo te da lo que tú esperas de ella. Si esperas cosas malas, eso recibirás. Si esperas cosas buenas, a menudo las recibirás. No sé por qué funciona de esa manera, pero así es. Si no me crees, inténtalo. Date un plazo de treinta días en los que esperas lo mejor de todo: el mejor lugar en el estacionamiento, la mejor mesa en el restaurante, la mejor interacción con los clientes, el mejor trato de parte de la gente que ofrece servicios. Te vas a sorprender de lo que vas a encontrar, especialmente si también das a otros lo mejor de ti en cada situación.
2. Tu actitud marca la diferencia en tus relaciones con la gente
En agosto del 2005, tuve el privilegio de hablar en la Cumbre de Liderazgo de Willow Creek. Una de las personas que conocí allí fue a Colleen Barrett, presidente y secretaria corporativa de Southwest Airlines, quien también fue una de las oradoras del evento. Yo estaba ansioso de platicar con ella porque mientras que otras aerolíneas habían perdido dinero y estaban luchando por sobrevivir en los últimos años, Southwest había tenido éxito y tenía ganancias.
Colleen y yo hablamos de liderazgo. Ella dijo que una de las cosas de las cuales la compañía se sentía más orgullosa era su reputación por tener un gran servicio al cliente. Cuando le pregunté cómo lo habían logrado, me dijo que la compañía no dependía de muchas reglas. Había, por supuesto, regulaciones de la Agencia Federal de Aviación que tenían que cumplir, y tenían reglas que requerían que las azafatas siempre estén a tiempo para sus trabajos porque el personal no es mucho. Pero el énfasis de la compañía está en crear la clase correcta de actitud entre los empleados. Los trabajadores de Southwest tienen autorización para evaluar situaciones y tomar decisiones. Y su enfoque está en la destreza para tratar bien a la gente y la regla de oro. Aun cuando los empleados cometan errores, siempre y cuando traten de ver las cosas desde el punto de vista del cliente y traten de dar un buen servicio, reciben apoyo.
Para tener éxito, una persona necesita poder trabajar bien con otros. Por eso dijo Theodore Roosevelt: «El ingrediente más importante en la fórmula para tener éxito es saber cómo llevarse bien con la gente».
Muchos factores están involucrados en cuanto a las habilidades para trabajar con la gente, pero lo que hace que esa habilidad tenga éxito o no es la actitud de la persona. Recientemente escribí un libro llamado Cómo ganarse a la gente en el que describo veinticinco principios del buen trato a la gente que cualquiera puede usar para mejorar el establecimiento de relaciones y el trabajo con otros. Muchos de esos principios están basados en la actitud. Aquí hay algunos ejemplos:
El principio del lente: Quienes somos determina cómo vemos a otros. Nuestra percepción de otros depende más de nuestra actitud que de sus características. Si somos positivos, los vemos positivos.
El principio del dolor: Las personas heridas hieren a los demás, y ellos las lastiman con facilidad. Nuestras experiencias negativas y cargas emocionales matizan nuestra percepción de las acciones de otros. Las interacciones normales pueden causar dolor aun cuando la otra persona no hizo nada para producirlo.
El principio del ascensor: Podemos elevar a los demás o llevarlos al suelo en nuestras relaciones. La gente tiene una mentalidad que levanta o limita a los demás.
El principio del aprendizaje: Cada persona que conocemos tiene elpotencial de enseñarnos algo. Algunas personas poseen una actitud abierta a la enseñanza, y asumen que pueden aprender algo de todos con los que se encuentran. Otros miran con desprecio a la gente y asumen que no tienen nada que ofrecer.
Hay otros principios en el libro que están basados en la actitud, pero ya tienes la idea. En cuestión del trato con la gente, la actitud marca la diferencia. Si tu historial del trato con la gente no es tan bueno como te gustaría que fuese, quizás necesites ver tu actitud. Aunque es cierto que algunas personas parecen simplemente tener una manera natural de ganarse a otros, también alguien con habilidades naturales limitadas para tratar bien a la gente puede aprender a ganarse a otros si decide tener una actitud positiva hacia los demás.
3. Tu actitud marca la diferencia en cómo enfrentas los desafíos
Se dice que cuando Chesty Puller de la Marina de los Estados Unidos se encontró rodeado de ocho divisiones enemigas durante la Guerra Coreana, su respuesta fue: «Muy bien, están a nuestra izquierda. Están a nuestra derecha. Están delante de nosotros. Están detrás de nosotros, ¡esta vez no se van a poder escapar!»
En la vida, los obstáculos, los desafíos, los problemas y los fracasos son inevitables. ¿Cómo vas a manejarlos? ¿Te vas a rendir? ¿Permitirás que las circunstancias te vuelvan una persona miserable? O ¿vas a tratar de sacar ventaja de las cosas? El camino que escojas depende de tu actitud.
Una vez escuché a un conferencista decir que ninguna sociedad jamás ha levantado hombres fuertes durante los tiempos de paz. El viejo adagio es cierto: Lo que no te mata te hace más fuerte. Recuerda los momentos en tu vida en que más maduraste. Estoy dispuesto a apostar que tú maduraste como resultado de vencer dificultades. Cuanto mejor sea tu actitud, mayor probabilidad tendrás de vencer dificultades, crecer y avanzar.
Puedes ver este patrón en las vidas de grandes hombres y mujeres:
Demóstenes, llamado el más grande orador de la Grecia antigua, tenía un defecto del habla. Dice la leyenda que venció esta dificultad recitando versos con piedrecillas en su boca y hablando por encima del rugir de las olas del mar.
Martín Lutero, padre de la Reforma, usó el tiempo en que estuvo encerrado en el castillo de Wartburg para traducir el Nuevo Testamento al alemán.
El compositor Ludwig van Beethoven escribió sus obras maestras sinfónicas más grandes después que se volvió sordo.
John Bunyan escribió El progreso del peregrino cuando estaba en la cárcel. Daniel Defoe también escribió cuando estaba en la cárcel, produciendo Robinson Crusoe.
Abraham Lincoln es considerado por muchos como el mejor presidente de los Estados Unidos; sin embargo probablemente no se hubiera destacado como un gran líder si no hubiera guiado al país a través de la Guerra Civil. Con frecuencia las circunstancias difíciles parecen jugar un papel decisivo en la creación de grandes líderes y pensadores. Pero eso es así solamente cuando sus actitudes son correctas.
Me han dicho que en el idioma chino a menudo dos palabras se combinan para crear otra con un significado muy distinto. Por ejemplo, cuando se combina el símbolo de la palabra que significa hombre con el símbolo de la palabra que significa mujer, la palabra resultante significa bueno.
El poseer una actitud positiva puede tener un efecto similar. Cuando un problema viene a tener contacto con una persona que tiene una actitud positiva, el resultado es a menudo algo maravilloso. De todo el tumulto que causan los problemas pueden surgir grandes hombres de estado, científicos, autores u hombres de negocios. Cada desafío tiene una oportunidad, y cada oportunidad tiene un desafío. La actitud de una persona determina cómo los maneja.
4. Tu actitud es lo que marca la diferencia
¿Cuándo es la actitud lo más importante? ¿Cuándo marca la mayor diferencia? No es durante un evento deportivo o cuando el negocio se pone difícil. Es cuando la vida misma está en juego, y en esos momentos es verdaderamente lo que marca la diferencia.
Cuando era pastor, pasé mucho tiempo con gente que estaba lidiando con tragedias. Visité muchos pacientes antes de ser operados, y a los que mejor les fue después y se recuperaron más rápido fueron aquellos que tenían la mejor actitud. Visité muchos asilos de ancianos, y los que progresaron fueron los que eran positivos consigo mismos y su situación. Escuché a un funcionario de un asilo de ancianos decir que los nuevos pacientes que se sentían como si hubieran sido empujados a entrar al asilo y sin ninguna otra opción tendían a rendirse y morir antes que aquellos que veían la situación simplemente como otra fase de la vida que había que enfrentar positivamente.
Mucha gente ha escrito acerca del poder que tiene la actitud positiva sobre la salud y la condición física. Mucho personal médico dice que ha visto una relación positiva entre las actitudes de la gente y su habilidad de recuperarse de enfermedades como el cáncer. El doctor Ernest H. Rosenbaum y la señora Isadora R. Rosenbaum dicen que estas observaciones han llevado a nuevos estudios sobre la actitud:
Investigadores están ahora experimentando con métodos que consisten en involucrar activamente a la mente en el combate del cuerpo contra el cáncer.… Algunos doctores y psicólogos ahora creen que la actitud apropiada podría incluso tener un efecto directo en la función celular y en consecuencia podría ser usada para contrarrestar, y posiblemente curar, el cáncer. Este nuevo campo de estudio científico, llamado psiconeuroinmunología, se enfoca en el efecto que tiene la actividad mental y emocional sobre el bienestar físico, indicando que esos pacientes pueden desempeñar un papel mucho más importante en su recuperación.
El ver una conexión entre los pensamientos y sentimientos de la gente y su salud no es algo nuevo. Rosenbaum indica: «Hemos sabido por más de 2.000 años—desde los escritos de Platón y Galeno—que hay una directa relación entre la mente, el cuerpo y la salud de una persona». El poeta John Milton escribió:
La mente tiene su propio lugar, y en sí misma puede convertir al infierno en cielo, o al cielo en infierno.
Tu actitud ejerce una profunda influencia sobre la manera en que ves al mundo, y por lo tanto, sobre la manera en que vives tu vida.

La actitud es importante. Es tan importante que verdaderamente marca la diferencia. No lo es todo; pero es lo que puede marcar la diferencia en tu vida. Si quieres maximizar tu actitud y aprender a convertirla en tu posesión más valiosa, entonces voltea la página, porque ese es el tema del siguiente capítulo. 



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