miércoles, 14 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 2 de 5)

Mentira pagana #2:
la humanidad es una
El Club Bahai (una religión que busca unir todas las religiones) en UC Davis usa un círculo dentro de otro círculo. Alrededor del círculo podemos leer: “Dios es uno; la humanidad es una; todas las religiones son una”. Este segundo principio del monismo fluye naturalmente del primero. Si todo es uno y uno es todo, entonces, la humanidad es una parte de Dios, una expresión de la unidad divina. Los humanos son un tipo de energía concentrada que crean su propia realidad. La creencia de que los humanos son divinos, y esencialmente buenos, explica la búsqueda de hoy por el descubrimiento personal espiritual y la esperanza de que podemos crear el cielo en la tierra. Este humanismo monista se vuelve un sendero atractivo para la utopía religiosa y social.
Ya en un número del Humanista en 1983 se puede ver un punto de vista profundamente religioso del humanismo que reemplaza al ateísmo. El artículo le pide a los profesores que peleen una batalla por el futuro de la humanidad. “El salón de clases se debe convertir en la arena del conflicto entre lo viejo y lo nuevo – el cadáver pudriéndose del cristianismo … y la nueva fe del humanismo resplandeciente con su promesa de un mundo en el que será logrado por fin el ideal cristiano de “ama a tu prójimo” que nunca se realizó”. Por medio de encontrar a Dios en nosotros mismos, los monistas esperan romper las divisiones en nuestro mundo y lograr la obra amorosa de Dios uniéndose unos con otros.
Si somos pequeños hologramas de divinidad – versiones pequeñas y clonadas del gran círculo divino – entonces no somos creados y somos eternos. ¡Somos tan antiguos como Dios! Estamos fuera de cualquier jurisdicción de autoridad, somos una generación sin rey. ¿Qué necesidad tenemos de someternos a un regidor externo? Si somos Dios, si somos tan antiguos como Dios, entonces podemos hacer nuestras propias reglas.
También decidimos nuestra propia verdad. Cada persona contribuye con su pieza de verdad al construir su propia verdad, al construir su propia versión de la realidad. Cuando esto se junta, se vuelve un tipo de algo místico sin sentido. Esto explica por qué la tolerancia es tan importante. Cada persona es una fuente de verdad, por lo tanto cada uno debe ser tolerado, y aún animado.
Este pensamiento monista explica tales programas como el de “la clarificación de valores” en las escuelas públicas. En el distrito educativo de LA, un profesional, usando dinero gubernamental, le enseña a los niños: “cada persona crea su propia realidad al escoger qué percibe y cómo lo percibe… Una vez que comenzamos a percibir que todos somos Dios… el propósito total de la vida es recobrar la divinidad interior”. Los niños se refieren a su Fuerza natural e interna y se abandonan a sí mismos a lo que se siente correcto. Se les anima a descubrir su sexualidad natural al igual que su propio sistema de creencias. El individuo es juez final de todo. La intuición es el puente atrayente por el cual paseamos, en una autoafirmación tranquila, hacia la libertad humana y la unidad con el universo.
El monismo rechaza un sistema que establezca categorías y haga distinciones. Por supuesto, el monismo, a pesar de proclamar la tolerancia, también crea distinciones, especialmente entre aquellos que están de acuerdo en que sólo hay un círculo y aquellos que no creen así. ¡No existe mucho lugar para los cristianos en este suave pero sofocante círculo!


Verdad bíblica #2:
uno en Cristo solamente
La Biblia enseña que todos los humanos son creados por Dios. En este sentido, toda la humanidad es igual. Ningún ser humano tiene, intrínsecamente, más valor que otro ante los ojos de Dios. Pero existe una distinción entre la gente. Algunos no sólo son criaturas de Dios, sino Sus hijos. Esta verdad se ha vuelto ofensiva para la mayoría de la gente; a nadie le gusta la idea de que alguien pueda quedar fuera de la familia. Pero los hijos de Dios le reconocen como el Creador, distinto a Su creación. Han aceptado Su revelación en su palabra, al igual que su ofrecimiento de perdón que borra su pecado, y han puesto su fe en Jesús, Su hijo. Han venido a Dios no en sus propios términos, sino en los de Él.
Los no cristianos piensan que los cristianos son orgullosos cuando crean estas categorías entre las personas. Sin embargo, cada cristiano sabe que si han sido adoptados en la familia de Dios, fue por la bondad inmerecida de Dios. No existe el orgullo en la fe. La fe es simplemente la creencia de que no podemos hacer algo para salvarnos a nosotros mismos, pero descansamos totalmente en el regalo de Dios. Así que, esta definición de familia no se hace en orgullo, sino en humildad. ¿Qué orgullo puede haber en admitir que no eres Dios?
¿No es acaso el orgullo lo que caracteriza a la persona que se ve a sí mismo como divino, y que determina él mismo lo que es verdad y falsedad? Un cristiano recibe la verdad proveniente de Dios a quien somete su entendimiento finito. Un pagano crea su propia verdad, pretendiendo interpretar el mundo desde el trono que le ha usurpado al creador. En Jeremías leemos: “La palabra de cada uno le será por profecía; pues pervertisteis las palabras del Dios viviente” (Jer. 23:36). Aquí vemos la diferencia entre el cristianismo y el paganismo. A través de su palabra, Dios define la verdad para su pueblo. Los paganos la definen por ellos mismos.
Hoy en día escuchamos mucho acerca de multiculturalismo. Puesto que nuestro globo ha quedado tan pequeño, estamos comenzando a ver que todos los hombres y mujeres comparten los mismos gozos y tristezas, las mismas luchas en contra de la enfermedad y el desastre, y el mismo deseo por una vida más feliz. No obstante, la verdadera unidad sólo puede venir en Cristo. No estoy diciendo que sólo los cristianos saben cómo ser amables con otros, o tomar una posición de autosacrificio. Algunos cristianos fallan en mostrar el amor que Dios hace posible, y algunos no cristianos son generosos y ayudan a otros. Pero debemos definir la unidad como Dios la define, no como desearíamos verla. Dios es el único que puede ver y juzgar los motivos de nuestros corazones.
Dios divide a la gente en dos categorías: aquellos que creen en su hijo Jesucristo, para quienes no hay condenación, y aquellos que son condenados por su falta de fe (Juan 3:18). Aquellos que pertenecen a Jesús vivirán en perfecta armonía para siempre en el reino que Él está preparando. Los cristianos no son uno con los paganos, porque cada uno sirve a diferente amo.
En una ocasión tuvimos el infortunio de caer en las manos de un vendedor exitoso de tiempos compartidos. Al estarnos pintando un cuadro embelesador de diversión bajo el sol, tenía un pedazo de papel arrugado en el que había escrito algunos cálculos equivocados. Podía ver que deseaba deshacerse de él. La conversación se había tornado momentáneamente sobre el tema de la fe cristiana. Le dije, “Tony, la fe cristiana es como esto: tienes una basura en tu mano de la que deseas deshacerte. Ahora, piensa que esa basura es tu pecado. Supón que te propongo un trato. Me llevaré tu basura y por ello te daré una casa perfecta para vacaciones, en la que tendrás mucho más que una semana cada dos años. Podrás vivir allí para siempre con aquellos que amas más. ¿Qué me dices? ¿Cerramos el trato?”

Tony se rió. Y al principio todos nosotros lo hicimos, cuando escuchamos las condiciones del trato que Jesús nos ofrece. ¿Renunciar a nuestra basura para heredar el reino? Suena demasiado bueno para ser cierto, no obstante, los cristianos son aquellos que han “sucumbido” ante esta oferta. Por cierto, sí compramos el tiempo compartido, y efectivamente, también lo lamentamos. Pero no lamentamos el habernos humillado lo suficiente como para intercambiar nuestras cuentas torcidas por una escritura en el Reino de Jesús. Solamente Él abre la puerta a su reino. Por esto la iglesia confiesa: “Sólo Cristo”.

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