domingo, 29 de junio de 2014

Relaciones que «afilan»

El hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre.
Proverbios 27.17 (NVI)
El hierro era un metal de relativamente bajo valor en los tiempos bíblicos, pero de gran utilidad en la vida cotidiana. Del hierro se fabricaban cuchillos, espadas, arados, clavos y otros elementos para las diferentes actividades de la vida diaria. El hierro, sin embargo, debía ser trabajado cuidadosamente para adquirir el filo y la forma que lo convertía en una herramienta útil en las manos del hombre. Este trabajo se realizaba mayormente mediante un proceso en el cual un pedazo de hierro era limado con otro.

El autor de Proverbios utiliza la imagen de este trabajo para hablar del proceso que ayuda a un hombre a adquirir el «filo» necesario para ser contundente y eficaz en las cosas que hace. Debemos notar, primeramente, que la analogía de Proverbios descarta la posibilidad de la formación aislada, por el mismo esfuerzo del individuo. A pesar de esto, muchas personas están empecinadas en limitar el esfuerzo por crecer y madurar en la vida, a sus propios proyectos individuales. Vivimos rodeados de multitudes pero nuestra existencia es solitaria, evitando un contacto significativo con otros.

Sin ese contacto no es posible adquirir esa forma y ese filo que convierten nuestras vidas en herramientas útiles en las manos del Señor. Al igual que en el trabajo de afilar hierro con hierro, el contacto con otros debe ser deliberado, sostenido y esforzado. No son los encuentros fugaces y ocasionales los que producirán oportunidades de crecimiento. Es necesario que los encuentros no solamente tengan continuidad, sino que también no sea librado al azar el cultivo de este tipo de relaciones. Como sabemos, es posible que nos encontremos con otros y pasemos un largo tiempo conversando sin que necesariamente se hable de asuntos que conduzcan a un intercambio de vida. Para que ocurra esto es necesario que, en acuerdo común con la otra persona, estemos dispuestos a conducir nuestra relación por caminos que normalmente no escogeríamos. Dejemos espacio para preguntas que invitan al otro a abrirse, o para hacer comentarios que obligan a examinar actitudes o comportamientos en la vida de uno mismo. También permitamos incorporar a nuestra relación, dentro de un marco de amor y compromiso, la exhortación, la corrección, la reprensión, la instrucción y la enseñanza. Todos estos elementos ayudarán a que nuestro encuentro con los demás no deje como resultado simplemente haber pasado un buen momento juntos.

Para los que ocupan un lugar de responsabilidad dentro de la iglesia esto es especialmente importante. El ministerio tiende a aislarnos. Debemos, por lo tanto, cultivar con algunas personas clave una relación de intimidad que permita este tipo de intercambio. Personas con las cuales nos sintamos invitados y desafiados a seguir estirándonos para alcanzar nuestro máximo potencial en Cristo.
Para pensar:

¿Puede pensar en dos o tres personas con las cuales comparte este tipo de relación? ¿Qué elementos ayudan a que la relación sea tal que se «afilen» mutuamente? ¿Qué cosas puede introducir en la relación para crecer más en este aspecto?




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