jueves, 3 de julio de 2014

Discrepancias doctrinales (parte 1)

DIOS
Justicia
Dios es justo

Injusto

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío; y que sea el injusto tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (Gn. 18:25).

Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado (Mt. 13:12).

Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto (Dt. 32:4).
Jehová es recto, es mi roca, y en él no hay injusticia (Sal. 92:13).
Oíd ahora, casa de Israel: ¿Es mi camino el que no es recto? ¿No son vuestros caminos los que son torcidos? (Ez. 18:25).

(Pues no habían aún nacido, ni habían obrado aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no en virtud de obras, sino de Aquel que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí (Ro. 9:11–13).

En cuanto a Mt. 13:12, Barnes dice: «Se trata de un modo de hablar proverbial. Significa que un hombre que crece en aquella luz, gracia y oportunidades que tiene lo verá aumentado. Para aquel que no crece en ello, es apropiado que le sea quitado».
Alford: «El que tiene—aquel que no sólo oye con el oído, sino que además comprende con el corazón, es aquel a quien se le da más.… Pero a aquel que no tiene, en quien no hay ni un destello de deseo espiritual ni idoneidad para recibir la palabra implantada, se le quita incluso aquello que tiene («que le parece tener», Lucas 8:18), incluso las míseras y confusas nociones de la doctrina celestial que le permitan una vida sensual y descuidada quedan adicionalmente oscurecidas y confundidas mediante esta simple enseñanza, en las profundidades de la cual no puede penetrar ni hasta allí como para poder determinar que existen».
En la traducción de Juvenal por Dryden encontramos un buen paralelismo con el contenido de este texto:
«Cierto es que el pobre Codrus nada tenía de que jactarse,
Pero el pobre Codrus todo este nada llegó a perder».
Stuart dice que Ro. 9:11–13: «se refiere al otorgamiento y retención de bendiciones temporales».
John Taylor, de Norwich: «La elección a los privilegios presentes y a las ventajas externas del reino de Dios en este mundo, y la reprobación o rechazo, en tanto que significa que no es favorecido con aquellos privilegios y ventajas».
Barnes: «El prefirió a Jacob, y retuvo de Esaú aquellos privilegios y ventajas que había conferido sobre la posteridad de Jacob».
Es innegable que los privilegios y las bendiciones temporales están muy desigualmente distribuidos. El hecho es evidente para el observador más superficial. «¿Qué, pues, diremos? ¿Acaso hay injusticia en Dios?» Si este hecho constituye una objeción en contra de la justicia del Juez de este mundo, se trata de una objeción que el incrédulo tiene tanta obligación de contestar como el cristiano. La verdad es que el todo sabio Soberano tiene un derecho indiscutible a otorgar sus favores como él lo considere mejor.
Castiga por los pecados de otros

No castiga de este modo

Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus hermanos que estaban fuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre … y así no vieron la desnudez de su padre. Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que había hecho con él su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos» (Gn. 9:22, 24, 25).
Visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen (Éx. 20:5).
Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda, y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor … Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira (Jos. 7:24–26).
¿Qué queréis decir vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera? (Ez. 18:2).

Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado (Dt. 24:16).
He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que peque, ésa morirá.… El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él (Ez. 18:4, 20).
(El) justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras (Ro. 2:5, 6).

En cuanto al caso de Canaán, los hay que suponen que Canaán no recibió la maldición por la mala conducta de Cam, su padre. Bush piensa que la gran falta de respeto de Cam hacia su anciano padre vino a ser «bajo el impulso de la inspiración, una ocasión sugeridora de la maldición ahora pronunciada.… Por ello, Noé pronunció estas palabras como una profecía inspirada de los pecados y abominaciones del abandonado grupo de los cananeos».
Keil: «Noé, mediante el espíritu y poder de aquel Dios con el que andaba, discernió en la naturaleza moral de sus hijos, y en las diferentes tendencias que ya exhibían, el comienzo germinal del curso futuro de la posteridad de ellos, y pronunció palabras de bendición y de maldición que constituían una profecía de las tribus que descendieron de ellos». La razón de que Canaán fuera el único de los hijos de Cam en ser especificado, según este autor: «tiene que recaer bien en el hecho de que Canaán ya estuviera caminando en los pasos de la impiedad y pecado de su padre, o bien en el significado del nombre «Canaán», en el que Noé discerniera, mediante el don de la profecía, una significativa premonición; suposición esta última decididamente apoyada por la analogía de la bendición pronunciada sobre Jafet, también basada sobre el nombre».
Lange cree que la maldición de Noé debe «ser sólo explicada sobre la base de que, en el espíritu profético, se adentró en el futuro, y que la visión tuvo como punto de partida el entonces estado natural de Canaán».
Aben Ezra, Rashi, los Talmudistas, Scaliger, y otros, con Tayler Lewis, sostienen que Canaán vio a Noé en su condición de desnudez y que cometió un cruel ultraje, o algún acto contra natura en la persona del patriarca dormido, y que esta vil indignidad fue la que atrajo la severa condena pronunciada sobre el ofensor.
Sin embargo, esta sugestión no se puede basar en el lenguaje del relato. La frase «vió la desnudez de su padre» aquí significa evidentemente este mero hecho, sin más connotaciones, por cuanto acto seguido el relato prosigue: «Sem y Jafet tomaron la ropa, y … cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre». Es evidente que aquí las palabras no pueden tomarse más allá de su significado natural.
¿Por qué fue entonces Canaán objeto de la maldición de Noé, y no su padre, Cam? Custance, en su obra Noah’s Three Sons (págs, 144–150) ofrece una clara explicación de la razón y de la naturaleza de la maldición. En diversos pasajes de la Biblia vemos que el honor de un hijo recae sobre el padre, y la deshonra del hijo asimismo recae sobre el padre (p.e., 1 S. 17:50–58; 1 R. 11:9–12). La maldición de Noé sobre Cam hubiera deshonrado al mismo Noé; en cambio, al maldecir a Canaán, la deshonra recaía sobre Cam. Ello no milita en contra de las anteriores observaciones de Bush, Keil y Lange, sino que más bien añade luz a la cuestión. Por otra parte, Custance hace la pertinente observación que en el gobierno de Dios, esta maldición sobre Canaán, «siervo de siervos», no tiene por qué ser leída en un aspecto negativo, sino que en hebreo puede ser leída como «siervo por excelencia», siendo que la duplicación de palabras en hebreo en este sentido se emplea siempre en este sentido; el superlativo negativo demanda otra estructura lingüística, no hallada aquí. Custance pasa a sugerir, y a documentar en un extenso artículo, que el significado histórico de esta maldición es que los descendientes de Canaán desarrollaron un gran servicio en el desarrollo de las artes y las ciencias, que en último término no fueron para beneficio de ellos sino de los descendientes de Sem y Jafet.
Es de notar que así como la maldición recae sobre Canaán para deshonra de Cam, asimismo la bendición recae sobre Sem y Jafet, para honra de Noé.
En todo caso, Canaán recibió maldición en su aspecto profético, y su castigo fue por su propio pecado. Se debe recordar que los descendientes de Caaán no recibieron castigo de Dios hasta que fue colmada la medida de su iniquidad (Gn. 15:16, 18–21; cp. 10:15–19).
En cuanto a Éx. 20:5, podemos decir que Jehová «visita» la maldad de los padres sobre sus hijos en tanto que permite que estos sufran las consecuencias de los pecados de aquellos. El ha establecido tales leyes de la materia y de la mente que los pecados de los padres tienen como resultado dolencias físicas y mentales y el sufrimiento de la descendencia de ellos. El borracho lega a sus hijos pobreza, vergüenza, miseria, mala salud, y no en pocas ocasiones una ardiente sed por las bebidas embriagantes. El libertino frecuentemente transmite a su impotente descendencia sus depravados apetitos y repugnantes enfermedades. Y esta transmisión o «visitación» de mal tiene lugar en conformidad a las inflexibles leyes del universo. Es evidente que la «injusticia» es no menos atribuible al Autor de «las leyes de la naturaleza» que al Autor de la Biblia.
Incluso si el texto citado comunica no sólo la idea de sufrimiento, sino también de castigo, sin embargo, el lenguaje «hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen» hace referencia a hijos culpables como sus padres. Hengstenberg: «La amenaza va contra aquellos hijos que caminan en las pisadas de sus padres». Es evidente que aquí se hace referencia a aquellos hijos que imitan y adoptan los hábitos y prácticas pecaminosas de sus padres; por ello, al ser moralmente, lo mismo que físicamente, los representantes y herederos de sus padres, pueden ser, en cierto sentido, castigados por los pecados de sus padres. Bush: «Las muestras del desagrado de Dios debían fluir por la línea de aquellos que siguieran siendo aborrecedores de Dios».
Con respecto al caso de los hijos e hijas de Acán, el canónigo Browne dice: «La cruenta severidad de las naciones orientales, de la que no estaban en absoluto libres los judíos, ha involucrado en todas las edades a los hijos en el castigo de los padres.» Muchos, sin embargo, creen que los hijos e hijas de Acán fueron llevados al valle para que fueran espectadores del castigo aplicado al padre, para que les sirviera de advertencia. Otros explican la ejecución de la familia entera sobre la base de la soberanía de Dios, y su consiguiente derecho de enviar la muerte en cualquier momento y en cualquier forma que él quiera.
Keil y otros sostienen que los hijos e hijas de Acán fueron cómplices en su crimen. «Las cosas mismas habían sido robadas del botín por Acán a solas; pero las había ocultado en su tienda, las había enterrado en la tierra, lo que difícilmente hubiera podido hacer tan en secreto que sus hijos e hijas no supieran nada acerca de ello. Al hacerlo así hizo de su familia participantes en su robo; por ello mismo cayeron bajo la maldición junto con él, junto con su tienda, su ganado y el resto de su propiedad, todo lo cual quedó involucrado en las consecuencias de su crimen».
Edersheim añade: «La mayor parte de los comentaristas leen Jos. 7:24, 25 como implicando que los hijos e hijas de Acán fueron apedreados con él, suponiendo que su familia no hubiera podido estar en ignorancia del pecado de su padre. De esto último, empero, no hay indicación en el texto. Se señalará también que en el versículo 25 se emplea el número singular (comparar la V.M): «Todo Israel le apedreó» «Y levantaron sobre él un gran montón de piedras». En tal caso, el número plural que sigue, «y los quemaron», etc. se referiría sólo a los bueyes, asnos, ovejas, y todas las pertenencias de Acán.»
John Rea razona: «Acán, al robar objetos bajo anatema se puso a sí mismo en la posición de anatema, esto es, bajo sentencia de destrucción. Cualquiera que toque b걥m viene a ser b걥m y por ello mismo dedicado a muerte (cp. 1 Re. 20:42). Toda la casa de Acán, incluyendo sus hijos e hijas, fueron maldecidos con él (cp. Dt. 13:12–17). Viviendo bajo la misma tienda, no podían sino ser sus cómplices …». La estructura de los versículos 25 y 26 se puede entender bien en el sentido de que en primer lugar se pone énfasis en la lapidación de Acán, y sólo después se dirige la atención a la de todos los suyos junto con su destrucción total por fuego.
El «proverbio», Ez. 18:2, implicaba que el sufrimiento de los judíos, en aquella época del exilio babilónico, no se debía en absoluto a los propios pecados de ellos, sino que era exclusivamente consecuencia de los pecados de sus antecesores: una falsa y peligrosa idea, que recibe la justa reprensión de parte de Dios.
Da muerte a los justos con los malvados

Preserva a los justos

Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume (Job. 9:22).
Dirás a la tierra de Israel: Así dice Jehová: He aquí que yo estoy contra ti, y sacaré mi espada de su vaina, y cortaré de ti al justo y al impío. Y por cuanto he de cortar de ti al justo y al impío, por tanto, mi espada saldrá de su vaina contra toda carne, desde el sur hasta el norte (Ez. 11:2, 3).

Que camine en mis ordenanzas, y guarde mis decretos para obrar rectamente, éste es justo; de seguro vivirá, dice el Señor Jehová… Puesto que el hijo ha obrado según el derecho y la justicia, y ha guardado todos mis estatutos y los ha cumplido, de cierto vivirá (Ez. 18:9, 19).
Y cuando el impío se aparte de su impiedad y practique el derecho y la justicia, vivirá por ello (Éx. 33:19).
Mas el justo vivirá por la fe (He. 10:38).


Los primeros textos no enseñan que Dios, sin fijarse en el carácter, corte juntos al justo y al injusto. Las dos clases pueden asemejarse en las circunstancias externas de su muerte; pero son totalmente desemejantes en cuanto a su destino. Los justos son, en la muerte y por la muerte, «librados del mal que ha de venir» (cp. Is. 57:1). Puede ser la mayor de las posibles bendiciones, y la más grande señal del favor divino, que un hombre piadoso sea quitado, repentina y permanentemente, de los dolores y males que se avecinan sobre la tierra a la gloria inefable y reposo del cielo. La segunda serie de textos se refieren a vida espiritual, y no terrena. Por cuanto las dos series de pasajes contemplan cosas totalmente diferentes, no chocan entre sí.


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