martes, 15 de julio de 2014

El amor

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.”
1 Corintios 13:13

El amor es la gracia cristiana más elevada. Todos profesan admirarlo. Muchos admiten que no saben nada acerca de la doctrina cristiana, pero profesan entender y poseer el amor cristiano. Pero muchos tienen ideas falsas acerca del amor, las cuales deberían ser corregidas. De hecho, muchos lo malentienden por completo. Deseo hablar claramente acerca de él, porque la verdad es que el amor cristiano es la cosa más rara en el mundo.
1. La importancia del amor
En primer lugar quiero que usted vea la importancia que la Biblia da al amor. Vea por ejemplo los siguientes pasajes de la Escritura:
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.
Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.” (1 Corintios 13:1–3)
“Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.” (Colosenses 3:14)
“Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.” (1 Timoteo 1:5)
“Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados.” (1 Pedro 4:8)
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros.
En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Juan 13:34–35)
“Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:
Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?
Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí lo hicisteis.
E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.” (Mateo 25:41–46)
“No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley.” (Romanos 13:8)
“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.” (Efesios 5:2)
“Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.
El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.” (1 Jn. 4:7, 8)
Estos versículos no necesitan ningún comentario; muestran la gran importancia del amor cristiano ante los ojos de Dios.
2. ¿Qué es el amor?
En segundo lugar, déjeme mostrarle lo que el amor bíblico es y lo que no es. Comenzaré hablando sobre lo que no es.
El amor no consiste simplemente en dar a los pobres. Pablo dice claramente que alguien puede “repartir toda su hacienda para dar de comer a los pobres” (1 Cor. 13:3) y no poseer el amor. Ayudar a los pobres es sin lugar a dudas un deber cristiano, pero lo podemos hacer y todavía ser faltos del amor cristiano.
El amor no significa que jamás condenemos el comportamiento de otras personas. El versículo “no juzguéis” no significa que debemos abstenernos de reprobar lo que está mal. El amor bíblico no significa que debemos pasar por alto el pecado o hablar bien de la inmoralidad.
El amor bíblico no significa que no debemos censurar a las demás religiones. El amor bíblico no dice que todos van a ir al cielo y nadie al infierno; o que todos tienen razón y que nadie está equivocado. El amor verdadero dice: “Amados, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.” (1 Juan 4:1)
Ahora consideraremos lo que el amor es. Primero, es amor para con Dios. Todos aquellos que tienen este amor quieren amar a Dios con todo su corazón, sus fuerzas, su alma y su mente. Segundo, es el amor para con el prójimo. Todos aquellos que tienen este amor, desean amar a su prójimo como a sí mismos. El amor bíblico se manifestará en los hechos del creyente, en su disposición de hacer bien a todos, sin buscar una recompensa. Se manifestará en su disposición para soportar el mal que le hacen. Le hará paciente cuando es provocado, perdonador, manso y humilde. A menudo se negará a sí mismo para conservar la paz, y estará más interesado en promover la paz que en defender sus propios derechos. El amor bíblico se manifestará en la disposición general del creyente. Esta disposición le hará bondadoso, no egoísta, templado, amable y cortés, considerado de la comodidad de otros, preocupado por sus sentimientos y más dispuesto a dar que recibir. El amor verdadero nunca tiene envidia, ni se regocija por los problemas de otros.
El ejemplo perfecto de este amor se encuentra en la vida de nuestro Señor Jesucristo. Cristo era odiado, perseguido y criticado pero lo soportó pacientemente. El era siempre bondadoso y paciente para con todos. Sin embargo, El sacó a la luz la maldad y el pecado y regañó a los pecadores. El denunció la doctrina y las prácticas falsas. El habló tan abiertamente del infierno como del cielo. El mostró que el perfecto amor no aprueba todos los estilos de vida y todas las opiniones, sino que es posible condenar el mal y aún así estar llenos de amor.
Entonces, éste es el significado del verdadero amor cristiano. Pero, ¡Cuán poco de este amor existe en la tierra, aún entre los cristianos! ¡Cuán feliz sería este mundo si solo existiera más del verdadero amor bíblico.
3. ¿De dónde viene el amor?
En tercer lugar, déjeme enseñarle de dónde viene el amor bíblico. Ciertamente no es algo natural en el hombre. Por naturaleza todos somos egoístas, envidiosos, no bondadosos y mal humorados. Vemos esto aún en los pequeños, porque por naturaleza el corazón humano no sabe nada del amor verdadero. El amor verdadero se encuentra solo en el corazón que ha sido cambiado y renovado por el Espíritu Santo. Cuando llegamos a ser “participantes de la naturaleza divina” (2 Pe. 1:4) por la unión con Cristo, una de las primeras manifestaciones de esta naturaleza nueva es el amor cristiano.
Solo un corazón renovado será convencido de la pecaminosidad de su egoísmo y su falta de amor y luchará contra estas cosas. Sentirá también una deuda de gratitud hacia el Señor Jesucristo y deseará ser cada vez más como El, en amor. El amor de Cristo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, es la única fuente segura del amor cristiano.
Le pido que se fije bien en lo que estoy diciendo. Usted no puede tener el fruto del cristianismo sin sus raíces. Usted no puede tener el amor cristiano sin la conversión, el arrepentimiento, la fe y la unión con Cristo. El amor verdadero desciende de lo alto, es el fruto del Espíritu. Si usted desea el amor cristiano, tiene que obtenerlo de Cristo.
4. El amor es la más grande de las virtudes cristianas
Déjeme mostrarle por último, porqué el apóstol Pablo dice en 1 Cor. 13:13, que el amor es la más grande de las virtudes. A menudo Pablo habla acerca de la importancia de la fe, porque es por medio de la fe que venimos a Cristo y somos salvos. Por medio de la fe somos justificados y tenemos paz para con Dios. ¡Pero aquí Pablo dice que el amor es más grande que la fe!
No debemos pensar ni por un instante, que el amor puede propiciar nuestros pecados o darnos paz para con Dios. Solamente Cristo puede hacer esto, y es solamente por medio de la fe que somos unidos con Cristo. Pablo no quiere decir tampoco que el amor pueda existir sin la fe, porque el uno no puede existir sin el otro. Pero hay tres razones de porque el amor es más grande que la fe o la esperanza.
Primero, porque Dios mismo está lleno de amor. Dios no tiene necesidad de la fe ni de la esperanza, porque Dios es amor. Por lo tanto, el amor en un creyente le hace semejante a Dios. Segundo, el amor es la gracia más útil para otros. La fe y la esperanza son de gran beneficio personal, pero es el amor lo que hace que el creyente sea útil para otros. Tercero, el amor permanecerá para siempre, nunca morirá. En el cielo, todos estarán llenos de amor. La fe se convertirá en vista y la esperanza en el pleno disfrute de las promesas, pero el amor permanecerá para siempre.
Conclusión: Déjeme terminar con una pregunta y una exhortación
1. La pregunta es sencilla pero es de mucha importancia. ¿Posee usted este amor? Sin él usted es nada. Sin él, le falta la marca de aquellos que son discípulos de Cristo. No se contente con un conocimiento intelectual de la verdad. No se contente con pensar que tiene fe. La fe verdadera siempre está acompañada por el amor. Examine su vida cotidiana, sus actitudes hacia otros y su manera de hablar. ¿Trata usted a los demás amablemente en todo tiempo, aún cuando es provocado? Le ruego que no descanse hasta que tenga el amor verdadero en su corazón. Pida al Señor Jesús que le enseñe cómo amar. Pídale que ponga su Espíritu Santo en su corazón y cambie su naturaleza. Bienaventurado el hombre que anda en el amor.

2. Mi exhortación está dirigida a aquellos que conocen el amor verdadero en sus corazones. Primero, practique el amor. El amor crece por medio de ejercitarse. Deje que el amor controle la totalidad e su vida; no sólo las cosas grandes, sino también las pequeñas. Segundo, enseñe el amor a otros. Enseñe a otros la importancia de la bondad, el deseo de ayudar y ser considerados con los demás. Enséñeles “sobre todas las cosas a vestirse de caridad”. (Col. 3:14)


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