miércoles, 16 de julio de 2014

El celo cristiano

Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.” Gálatas 4:18
La Biblia requiere que los creyentes sean personas celosas. Cristo se dio a sí mismo para fuésemos “un pueblo celoso de buenas obras”. (Ti. 2:14) El dijo a la Iglesia de Laodicea: “Sé pues celoso, y arrepiéntete.” (Apocalipsis 3:19) En este capítulo le quiero enseñar la importancia del celo cristiano, y animarle a ser un creyente celoso.
1. ¿Qué es el celo cristiano?
El celo cristiano es un deseo ardiente de agradar a Dios, de hacer su voluntad y de promover su gloria en el mundo. Por naturaleza nadie siente este deseo, pero Dios lo pone en el corazón de cada creyente en el momento de su conversión. En algunos creyentes este deseo es mucho más fuerte que en otros. Cuando es realmente fuerte, un hombre hará cualquier sacrificio, soportará cualquier dificultad, se negará a sí mismo cualquier comodidad, dará todas sus fuerzas y aún la vida misma, con el fin de agradar a Dios y honrar a Cristo.
Un hombre celoso vive para una sola cosa. Toda su vida está entregada a un solo propósito y éste es el de agradar a Dios. No le importa cuáles sean las consecuencias o qué opinen los demás. Su celo siempre se manifestará en cualquier circunstancia. Si no puede servir en forma activa, entonces se entregará a la oración. Si no puede hacer la obra él mismo, pedirá a Dios hasta que el Señor levante a otros para que lo hagan.
Todos conocemos la actitud mental la cual caracteriza a los grandes hombres en el mundo. Ponen a un lado todo, salvo lo que están persiguiendo, y constantemente se esfuerzan hacia una sola cosa. Así es en la esfera de la ciencia y también con aquellos hombres que amasan grandes fortunas. Ahora, cuando tenemos la misma mentalidad con respecto a Cristo, esto es lo que significa el celo cristiano.
Este celo fue una característica de todos los apóstoles. Considere la vida del apóstol Pablo. Cuando habló con los ancianos de Efeso en su discurso de despedida dijo: “Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo.” (Hechos 20:24) Escribió a los filipenses: “Una cosa hago… Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13–14) Desde el día de su conversión, renunció a todas sus esperanzas terrenales, y abandonó todo por amor de Cristo, dedicándose a viajar por el mundo predicando al Cristo que anteriormente había perseguido. El sufrió penalidades, persecución, oposición, encarcelamientos y por fin la misma muerte por amor de Cristo. Esto fue verdadero celo cristiano.
Este celo fue una característica de los creyentes primitivos. Muchos perdieron todas sus posesiones materiales por amor de Cristo. Su fe les acarreó persecución y reproche, y sus sufrimientos probaron que ellos fueron celosos.
El celo ha sido una característica de los hombres de Dios a lo largo de la historia. Martín Lutero y los reformadores fueron celosos. Ellos estuvieron dispuestos a exponer sus propias vidas por amor de Cristo. Misioneros tales como William Carey y Henry Martyn fueron celosos. Martyn fue un hombre brillante que tenía la perspectiva de obtener un éxito contundente en su carrera en el mundo, pero prefirió predicar a Cristo en las tierras paganas.
El celo fue una característica del Señor Jesucristo mismo. Si fuéramos a dar ejemplos de su celo, nunca acabaríamos. ¡El fue todo celo! A la luz de estas cosas, nunca debemos menospreciar el celo cristiano.
2. Las características del verdadero celo cristiano
Es importante que entendamos cuál tipo de celo cristiano debemos de tener. Mucha gente piensa que a condición de que uno sea sincero, su celo ha de ser el correcto. Pero como lo veremos, esto no es verdad.
El celo verdadero debe ser conforme a conocimiento, esto es, iluminado por la Palabra de Dios. Los judíos quienes persiguieron la Iglesia primitiva, tuvieron un gran celo pero no fue según el conocimiento. (Rom. 10:2) Pedro tuvo gran celo cuando cortó la oreja de Malco, pero este celo no fue de acuerdo con la verdad. Los seguidores de muchas religiones falsas frecuentemente son muy celosos, pero su celo no está de acuerdo con la verdad.
El celo verdadero debe brotar de motivos verdaderos. El celo de los fariseos brotó de su espíritu sectario. El celo de algunos hombres nace de su egoísmo, lo que les mueve es algún interés personal. El celo de algunos hombres nace de su orgullo y deseo de ser alabados. Pero Dios examina nuestros corazones, y el celo verdadero debería brotar del amor a Dios y el deseo de su gloria.
El celo verdadero se preocupa por las cosas por las cuales Dios mismo se preocupa. Debemos ser celosos para buscar la santidad. (Fil. 3:13–14) Debemos ser celosos para buscar la salvación de los inconversos. (1 Cor. 9:22) Debemos ser celosos en oponernos a todas las cosas que Dios odia, y celosos para mantener las doctrinas del evangelio. (Gál. 2:11)
El celo verdadero estará mezclado con el amor, no será amargo o severo. Odiará el pecado, pero amará al pecador. Odiará la iniquidad, pero estará dispuesto a hacer bien a los hombres malos. Jesús puso al descubierto a los falsos maestros, pero lloró sobre Jerusalén. Pablo regañó fuertemente a los gálatas por sus errores, y no obstante tuvo cuidado de ellos como si fueran niños pequeños. (Gál. 4:19)
El celo verdadero estará acompañado por una profunda humildad. Cuando Moisés descendió del monte no sabía que su cara resplandecía. En una forma semejante, el hombre verdaderamente celoso lamentará sus fallas en lugar de jactarse de su celo.
Le ruego que piense acerca de estas características del verdadero celo cristiano. Recuerde que un hombre puede ser sinceramente celoso y no obstante, estar completamente equivocado. Asegúrese de que su celo esté de acuerdo con la Palabra de Dios.
3. ¿Porqué es bueno ser un cristiano celoso?
El celo verdadero es bueno debido a que beneficia al creyente mismo, a la Iglesia, y a la sociedad en general.
El celo es de beneficio para el creyente personalmente. Tal como el ejercicio es bueno para la salud del cuerpo, así el celo es bueno para la salud espiritual. Todos aquellos que son celosos por Cristo, son propensos a tener más gozo, paz, consuelo y felicidad que otros. Aquellos que se esfuerzan más por la gloria de Dios, son quienes serán más honrados por Dios.
El celo es de beneficio para la Iglesia como un cuerpo. No es posible sobrestimar la deuda que la Iglesia debe a los hombres celosos. Hombres con pocos dones pero con mucho celo, frecuentemente han hecho más por la Iglesia, que otros que poseían grandes dones pero menos celo. Aún una sola persona celosa en una Iglesia puede lograr mucho, porque el celo es contagioso. Una sola persona celosa puede despertar y animar a otros a hacer mucho bien.
El celo es de beneficio para la sociedad. El evangelismo y las buenas obras son inspiradas por él. Sin hombres de celo cristiano, el mundo perecería. Pero los hombres celosos están dispuestos a ir por el mundo a predicar el evangelio y hacer bien en donde puedan.
Si usted es un creyente, tenga cuidado de no apagar el celo cristiano. Trate de avivar el celo dentro de sí mismo y tenga cuidado de no estorbarlo en otros. Personas celosas a veces caen en errores, pero es peor no tener celo.
Conclusión
Ahora, trataré aplicar este asunto a cada conciencia.
1. Tengo una advertencia para todos aquellos que no han hacen una profesión definitiva de la fe cristiana. Ustedes no saben nada del verdadero celo cristiano. Quizás ustedes son celosos respecto de sus negocios, o de la política, o acerca de los asuntos cotidianos de la vida; pero no tienen celo por Dios, por el cielo ni por la eternidad. ¡Les ruego que despierten! Es una tontería ser celosos respecto a las cosas terrenales y descuidado respecto a los asuntos eternos.
2. Tengo algo que decir a todos aquellos que hacen una profesión definitiva de fe en Cristo, y todavía no manifiestan el celo cristiano. Deben saber que hay algo que anda muy mal con ustedes y en el nombre del Señor les pido que se arrepientan. Piensen en sus valiosas almas las cuales están pereciendo mientras ustedes duermen. Piensen acerca de la brevedad del tiempo. Lo que ustedes tienen que hacer debe hacerse ahora o de otro modo no se hará nunca. Piensen en el diablo y en su celo por hacerles daño. Piensen acerca de su Salvador y en todo su celo por ustedes. Piensen en El cuando estuvo en Getsemaní y en el calvario. ¿Qué está haciendo por El? ¡Oh despierten! ¡Arrepiéntanse y sean celosos!

3. Tengo unas palabras de aliento para todos aquellos que son cristianos celosos. Les pido solamente una cosa: ¡perseveren! No abandonen su primer amor ni se enfríen. Recuerden que “la noche viene, cuando nadie puede trabajar”. (Jn. 9:4) No teman a los reproches de los hombres, no se preocupen por lo que digan u opinen de ustedes. Su preocupación no es lo que los hombres piensen ahora, sino lo que Dios pensará de ustedes en el día del juicio.



2 comentarios:

mariano dijo...

Muy bueno, y cierto. Es tal cual lo que siente un corazón que ama profundamente a Dios.

Darad Dj dijo...

Gracias hermano por tus palabras. Dios lo bendiga