jueves, 10 de julio de 2014

El mundo

“Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré.”
2 Corintios 6:17
La separación del mundo es un deber muy importante. Todos los que profesan ser creyentes deberían considerarlo seriamente, porque la separación del mundo siempre ha sido una de las evidencias de la obra de la gracia de Dios en el corazón. Aquellos que realmente han nacido del Espíritu de Dios, siempre se han separado del mundo, mientras que aquellos que son creyentes solamente de nombre, siempre han rehusado salir de él y separarse. Este asunto es especialmente importante hoy en día, cuando muchos están tratando de hacer que el cristianismo sea fácil y están tratando de evitar la necesidad de la autonegación. Muchos piensan que pueden comportarse como quieran y continuar siendo buenos creyentes. Quiero advertirle claramente en contra de esta manera de pensar.
1. El mundo es la fuente de grandes peligros para el alma
Por “el mundo”, no quiero decir el mundo físico en donde vivimos. Nada de lo que Dios ha creado en el universo es en sí mismo dañino para el alma humana. Toda la creación es “buena”. (Gén. 1:31) La idea de que algo físico sea en sí mismo pecaminoso es un tonto error. Cuando yo hablo del “mundo” quiero decir aquellas personas que piensan solo o principalmente en las cosas de este mundo, y descuidan el mundo venidero. (Aquellos que piensan más acerca del cuerpo que del espíritu, más acerca de como agradar a los hombres que a Dios) Por el “mundo” me refiero a aquellas personas, junto con su estilo de vida, sus opiniones, sus gustos, sus ambiciones y su perspectiva. Esto es el mundo que es peligroso para el alma. Este es el mundo del cual debemos “salir y separarnos”.
¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de este asunto? El apóstol Pablo dice: “No os conforméis a este mundo.” (Rom. 12:2) Vea también 1 Cor. 2:12, Gál. 1:4, Ef. 2:2 y 2 Tim. 4:10. Santiago dice: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4) Vea también Santiago 1:27. El apóstol Juan dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15) Vea también 1 Jn. 2:16–17, 3:1, 4:5, 5:4 y 5:19. El Señor Jesucristo hablando acerca de sus discípulos dijo: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” (Juan 17:16) Vea también Mat. 13:22, Jn. 8:23, 14:17, 15:18–19 y 16:33.
Estos textos hablan por sí mismos. Ninguna persona racional puede negar que enseñan que “el mundo” es el enemigo del creyente y que la amistad del mundo y la amistad de Cristo, se oponen mutuamente.
Aún más, la experiencia cristiana confirma que el amor del mundo es lo que ocasiona más daño a la causa de Cristo. Miles que piensan que son creyentes, sufren naufragio en este punto. Ellos no escogen deliberadamente el mal, ni rechazan ninguna doctrina bíblica, pero aman el mundo y son amigos de él. Es el amor del mundo lo que les conduce al camino ancho que lleva a la destrucción.
2. Ideas equivocadas respecto a la separación del mundo
Déjeme mostrarle lo que la separación del mundo no significa. Es importante ser claros acerca de esto, porque a veces los cristianos hacen mucho daño motivados por un mal entendimiento de lo que significa la separación del mundo.
Cuando Dios dice: “Salid de en medio de ellos y apartaos” (2 Cor. 6:17), esto no significa que los creyentes deban abandonar su empleo en el mundo. Cornelio el soldado, Lucas el doctor y Zenas el abogado son ejemplos de creyentes en su empleo secular. De hecho, es un pecado ser ocioso y frecuentemente la ociosidad nos conduce a la tentación. Entonces es correcto que tengamos un empleo legítimo. No debemos dejar ninguna vocación (a menos que sea pecaminosa en y de sí misma) por temor de que nos hará daño. Esta sería una conducta negligente y cobarde. Lo que debemos hacer es llevar nuestro cristianismo a nuestros lugares de empleo en el mundo.
No significa que los creyentes no deberían tener nada que ver con las personas inconversas. Nuestro Señor y sus discípulos asistieron a la fiesta de bodas. Comieron en la casa de un fariseo. En 1 Cor. 10:27 el apóstol Pablo nos dice cómo debemos comportarnos si un incrédulo nos invita a comer en su casa, y no dice que no vayamos. No debemos apartarnos de las oportunidades de hacer bien. Si Cristo está con nosotros, donde quiera que vayamos, podemos ser instrumentos para influir a otros sin hacernos daño a nosotros mismos.
Esto no significa que los creyentes no deberían interesarse en ninguna otra cosa, salvo su religión. Algunos piensan que es muy espiritual no hacer caso de la ciencia, el arte, la literatura y la política. Estas personas no leen libros que no sean cristianos, no leen el periódico y no saben nada de lo que está sucediendo en el gobierno de su país. Yo pienso que esto es un descuido egoísta y tonto de su deber. Pablo valoraba un buen gobierno (1 Tim. 2:2); y citaba de escritores paganos en sus sermones; él sabía las leyes y las costumbres del mundo como podemos ver en las ilustraciones que usaba. Los creyentes que se jactan de ser ignorantes traen el reproche al cristianismo.
Esto tampoco significa que los creyentes debieran ser excéntricos en su manera de vestirse o de hablar. Nunca debemos atraer la atención hacia nosotros mismos por estos medios. No hay ningún motivo para suponer que nuestro Señor y sus discípulos se vistieron y se condujeron en forma distinta de las demás personas de aquel entonces. El Señor condenó a los fariseos “porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos” (Mateo 23:5) para ser vistos de los hombres.
Esto no significa que los creyentes deberían retirarse de la sociedad y vivir en la soledad. Nuestro Señor pedía claramente, “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (Juan 17:15) No podemos mantener al diablo fuera de nuestros corazones refugiándonos en un rincón. El verdadero cristianismo y la mundanalidad se distinguen más claramente cuando mantenemos nuestra posición, y mostramos el poder de la gracia sobre el mal, en vez de huir y abandonar el puesto en donde Dios nos ha colocado.
Esto no significa que los creyentes deberían retirarse de cada Iglesia imperfecta. En las epístolas de Pablo vemos que las fallas y las corrupciones de las iglesias fueron reprendidas, pero los creyentes no fueron aconsejados a dejar esas iglesias debido su imperfección.
Le pido que considere cuidadosamente estos seis puntos. He visto a muchas personas equivocarse en relación con cada uno de ellos y mucha miseria e infelicidad causada por estos errores. Le quiero poner en guardia en contra de esto. Evite un curso precipitado de acción del cual después se lamentará. Déjeme darle (especialmente si usted es un creyente joven) dos consejos:
Primero, recuerde que el camino más corto no es siempre el camino de su deber. Usted puede pensar que es correcto discutir con todos sus parientes inconversos, cortar el contacto con todos sus amigos, retirarse completamente de la sociedad, abandonar todo acto de cortesía normal y dedicarse enteramente a la obra de Cristo. Esto pudiera satisfacer su conciencia y evitarle muchos problemas. Pero, a menudo éste es el comportamiento más egoísta, flojo y orgulloso posible. Frecuentemente el comportamiento correcto consiste de llevar la cruz, negarnos a nosotros mismos y adoptar un curso de acción completamente diferente.
Segundo, si usted quiere separarse del mundo, tenga cuidado de un comportamiento amargo, no atractivo, melancólico y desagradable. No se olvide de que existe tal cosa como “siendo ganados sin palabra”. (1 Pe. 3:1) Esfuércese para mostrar a otros que sus creencias (no importando lo que ellos opinen) le hacen alegre, agradable, de buen humor, no egoísta, considerado de los demás y listo a interesarse en todo aquello que es inocente y bueno. No caiga en el error de una separación innecesaria. En muchas cosas debemos separarnos, pero tenga cuidado de que sea una separación correcta. Si el mundo se ofende por la separación que la Biblia exige, no podemos evitarlo, pero tenga cuidado de no ofenderlo por una separación tonta y antibíblica.
3. El significado verdadero de la separación del mundo
Déjeme enseñarle lo que significa la verdadera separación del mundo. Trataré de explicar los principios generales los cuales usted tiene que aplicar en detalle a su caso particular.
1. Usted debe rehusar consistentemente el ser guiado por las normas mundanas del bien y del mal. No haga ninguna cosa simplemente porque los demás lo hacen. Sus normas deben ser solamente las de la Palabra de Dios.
2. Tenga cuidado de cómo ocupa su tiempo libre. Esto es muy importante, porque a menudo nuestro tiempo libre es el tiempo de la tentación. Tenga cuidado de cómo ocupa sus noches y asegúrese de apartar tiempo para leer la Biblia y orar.
3. Usted debe resolverse a no ser tragado y absorbido por los negocios de este mundo. Como un creyente, debe esforzarse para hacer sus negocios terrenales en la mejor manera posible. Pero no debe permitir que sus negocios se conviertan en un obstáculo entre usted y Cristo. Si sus quehaceres terrenales empiezan a estorbar el uso correcto del día domingo, o afectar su lectura bíblica y su oración, entonces se están apoderando de su vida. Como Daniel, usted debe estar preparado a apartar tiempo para la comunión con Dios, cueste lo que cueste. (Dan. 6:10)
4. Usted debería abstenerse de todas las formas de entretenimiento que estén relacionadas inseparablemente con el pecado. Este es un asunto difícil pero debemos considerarlo. Es verdad que algunas formas de entretenimiento pueden ser en sí mismas consideradas como inocentes. Pero también debemos considerar la cuestión de si en la práctica son acompañadas inevitablemente con el pecado. Si es así, tiene que abstenerse de ellas.
5. Usted debería ser moderado en el uso de las diversiones lícitas y su tiempo de esparcimiento. Todos necesitamos diversiones tanto para nuestros cuerpos como para la mente. Aún las diversiones buenas e inocentes llegan a ser algo malo cuando nos quitan demasiado tiempo o atención. Debemos usarlas para fortalecer la mente y el cuerpo a fin de que sirvamos mejor a Cristo. Pero si ellas comienzan a interferir con nuestro servicio cristiano, debemos tener cuidado.
6. Usted debería tener cuidado respecto a sus amistades y relaciones íntimas con las personas del mundo. No estoy diciendo que usted no debería tener nada que ver con las personas inconversas. En la vida cotidiana tenemos que tratar con ellas y siempre les debemos tratar con cortesía, bondad y amor. Pero la amistad íntima es otro asunto muy diferente. Si usted escoge como sus amigos íntimos a personas que no se preocupan por la salvación, por Cristo, por la Biblia, no veo como puede tener esperanza de progresar como creyente. El creyente consistente pronto descubrirá que sus gustos no son los mismos como los de ellos, y tendrá que escoger entre los dos. Esto es particularmente importante cuando se trata de escoger un esposo o una esposa. Un creyente no puede escoger casarse con una pareja del mundo sin causarse un daño a su vida espiritual y felicidad. Si usted no es casado, resuélvase a nunca considerar el casarse con una persona que no es un creyente verdadero.
Le pido que considere seriamente estos seis principios. Pero ¿Qué debería hacer cuando exista incertidumbre de cómo aplicarlos a una situación particular? Primero, usted debería orar y pedir sabiduría, pidiendo a Dios que le dé sensatez. Entonces, recuerde que siempre la vista de Dios estará sobre usted y que El le ayudará a tomar la decisión correcta. Pregúntese a sí mismo en cuál curso de acción quisiera encontrarse si Cristo viniera. También, es correcto tomar en cuenta cómo otros creyentes santos se han comportado en circunstancias semejantes. Si no podemos ver claramente el camino correcto, no podemos equivocarnos si imitamos el buen ejemplo de otros.
4. El secreto de la victoria sobre el mundo
Déjeme mostrarle el secreto para obtener la victoria sobre el mundo.
El primer secreto es un corazón recto. Los deseos y los gustos de un hombre serán espirituales solamente cuando su corazón haya sido renovado por el Espíritu Santo. Si usted quiere separarse del mundo asegúrese de tener un corazón nuevo.
El segundo secreto, es una fe viva y práctica en las cosas que no se ven. La Escritura dice: “esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. (1 Juan 5:4) Entre más que nos demos cuenta de las cosas espirituales (Dios, Cristo, el cielo, el infierno, el juicio, la eternidad, etc.) estaremos más capacitados para dejar las cosa del mundo.
El tercer secreto es el hábito de confesar a Cristo con denuedo siempre y cuando sea necesario hacerlo. No debemos estar avergonzados de confesar a Cristo. Amable y respetuosamente debemos dejar que los hombres vean que actuamos bajo principios cristianos y que no tenemos la menor intención de apartarnos de ellos. Al principio esto pudiera ser difícil, pero a la larga hará que nuestra vida sea más fácil. Cuando los inconversos comprenden claramente que servimos a Cristo, tendrán la expectativa de que vivimos diferente, y esto hará que nos sea más fácil hacerlo.
Conclusión
Déjeme terminar con algunas palabras de aplicación.
1. ¿Está usted venciendo al mundo o está siendo vencido por él? ¿Se ha separado del mundo o no? Esta pregunta es importante, porque el mundo está pasando y aquellos que se le aferran, perecerán con él. Le ruego que despierte y huya de la ira venidera.
2. Si usted quiere salir del mundo pero no sabe como empezar, debería acudir directamente al Señor Jesucristo y poner todo el asunto en sus manos. Cristo “se dio á sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo”. (Gál. 1:4) Le pudiera parecer que es difícil separarse del mundo, pero descubrirá que con Cristo nada es imposible. Usted, sí, digo usted, puede vencer al mundo.

3. Si usted ya se ha separado del mundo, entonces tome consuelo y persevere. Usted está en el camino correcto, continúe en él. No se avergüence de estar solo. Recuerde que los creyentes más decididos siempre serán los más felices. Nunca se avergüence de salir del mundo y vivir separado de él.



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