sábado, 19 de julio de 2014

El principio de la Paciencia

El tercer principio de la prosperidad que debemos tener en cuenta cuando hablamos de cambiar nuestra actitud con respecto a las finanzas tiene que ver con el ejercicio de la paciencia diligente, de la perseverancia. «La paciencia nos protege de los males de la vida como la vestimenta nos protege de las inclemencias del tiempo», decía Leonardo Da Vinci; a lo que Cervantes podría agregar: «La diligencia es la madre de la buena suerte».
Hago una diferencia entre la paciencia en general y la paciencia diligente porque muchas veces encuentro que la gente tiene una idea fatalista de la paciencia. Creemos que es sinónimo de rendirnos a nuestra mala suerte o a las circunstancias en las que vivimos. Pensamos en la idea de sentarnos, mirando el techo y esperando sin hacer nada a que ocurra un milagro o a que las circunstancias cambien en nuestra vida.
Esa es la paciencia del tango «Sufra» de Caruso y Canaro:
Sufra y aguante, y tenga paciencia,
que con paciencia se gana el cielo,
trague saliva y hágase buches
que se le puede caer el pelo.
Si es que le hacen una parada,
si desgraciado es en el querer,
trague saliva y hágase buches.
Sufra y aguante, que es por su bien.
O la del tango «Paciencia» de Francisco Gorrindo (1937) que dice:
Paciencia … la vida es así.
Quisimos juntarnos por puro egoísmo
y el mismo egoísmo nos muestra distintos,
para qué fingir …
Paciencia … la vida es así.
Ninguno es culpable,
si es que hay una culpa.
Por eso la mano que te di en silencio
no tembló al partir.
Esa no es la paciencia de la que estamos hablando. Estamos hablando de una paciencia en movimiento, la paciencia diligente, la perseverancia a través del tiempo.
Confucio decía: «Nuestra mayor gloria no está en que nunca hemos fallado, sino en que cada vez que fallamos nos hemos levantado».
El ejercer la paciencia diligentemente desde el punto de vista económico requiere salirnos de la actitud y la cultura imperante a nuestro alrededor para comenzar a mirar la vida desde un punto de vista diferente. El problema que experimentamos como hispanos es que las continuas dificultades económicas de nuestros países latinoamericanos han promovido desde nuestra niñez una actitud del «ya y ahora».
Entonces, cuando tenemos la oportunidad de comprar algo o de realizar algún negocio, miramos por lo que es más conveniente a corto plazo: hoy tenemos, y hoy gastamos (porque pensamos: ¿Quién sabe que es lo que va a ocurrir mañana con la economía del país?)
Sin embargo, en la nueva economía de mercado que nos está trayendo el proceso de globalización económica, esas presuposiciones quedarán arcaicas, fuera de contexto. Serán aquellos que vean sus finanzas como una carrera de larga duración (incluso como una carrera que continuarán corriendo sus herederos), los que, eventualmente, lograrán los mejores rendimientos económicos.
De acuerdo al libro The Millionaire Next Door (El millonario de al lado), de Stanley y Danko, «más del ochenta por ciento de los millonarios en Estados Unidos el día de hoy son gente común y corriente que han acumulado riquezas en una generación. Lo hicieron lentamente, consistentemente, sin ganar la lotería».
Déjame darte un ejemplo del beneficio de ser perseverante a través del tiempo.
En Estados Unidos (y cada vez más en nuestros países del continente) existe una forma muy interesante de cobrar los intereses de los préstamos realizados por compras de envergadura (casas, autos, electrodomésticos, etc.). Al capital que se pidió prestado, se le suman los intereses de estas compras y los mismos se pagan en mensualidades que, con una fórmula matemática, provee para cada pago una mezcla del capital y el interés adeudado.
Lo interesante de este sistema (Ilamado «francés» en algunos países), es que la mayor parte de los intereses se pagan al comienzo del préstamo. Esta fórmula matemática divide los pagos de tal manera que, en las primeras mensualidades, uno paga casi exclusivamente intereses y muy poco capital. La «mezcla» va avanzando de tal manera que al final de la vida del préstamo realizado la cuota mensual tiene una gran cantidad de capital y una pequeña de intereses.
Una gráfica de los pagos se vería de esta manera:


En beneficio de todos los millones de personas que viven en países donde este tipo de préstamos se ha hecho popular voy a contar una historia que ilustra perfectamente el principio de la Paciencia:
Tengo dos amigos. Uno se Ilama Ricardo Rápido y otro se Ilama Pedro Paciente.
Los dos se quieren comprar una casa por 100 mil dólares. Los dos tienen 10 mil dólares para dar de depósito y los dos pueden pagar 700 dólares por mes en su hipoteca.
a. Una compra inteligente
Ricardo Rápido, por ser rápido, se compra la casa más grande que puede con el dinero que tiene: la paga $101.037,55.
Aquí está su situación económica:
Casa de $101.037,55
Anticipo $ 10.000,00
Deuda: $ 91.037,55
Plazo: 30 años
Interés: 8,50 % anual
Pago mensual: $700
Pedro paciente, a pesar de poder hacer lo mismo que hizo Ricardo Rápido, decide que va a comprar primero una casita más pequeña. La paga $66.458,12
Casa de $66.458,12
Anticipo $10.000,00
Deuda: $56.458,12
Plazo: 30 años
Interés: 8,5 % anual
Ahora bien, a pesar de que la deuda es menor y que los pagos mensuales pueden ser menores, Pedro Paciente se dice a sí mismo: «Yo puedo pagar 700 dólares mensuales, así que voy a pagar más para adelantar lo antes posible el pago de mi deuda». Entonces, el pago mensual de Paciente es más alto del que debería ser:
Pago mensual: $700
Este es el cuadro comparativo de la situación económica de nuestros dos amigos:
Nombre

Deuda

Pago

Interés

A la deuda

Activo

Rápido

$91.037,55

$700

$644,85

$55,15

$10.055,15

Paciente

$56.458,12

$700

$399,91

$300,09

$10.300,09

Notemos que el pago «extra» que está haciendo Paciente le permite colocar más dinero para pagar su deuda y, por lo tanto, está aumentando su activo (el valor del dinero que tiene en su propiedad, que en inglés se llama equity).
b. Un pago anticipado
A los diez años, Pedro Paciente termina de pagar su casa. Esta es la situación económica de Rápido y Paciente al final de esos 120 meses:
Nota que Ricardo Rápido, después de diez años de pagar 700 dólares por mes, todavía debe ¡80 mil dólares! Esa es la «trampa económica» del sistema de pagos de préstamos para compras mayores (como automóviles y casas) tanto en Estados Unidos como en varios países de nuestra Latinoamérica. No es ilegal. Simplemente es muy desventajoso para el consumidor.
Mes

Nombre

Deuda

Pago

Interés

A la deuda

Activo

120

Rápido

$80.789,33

$700

$572,26

$127,74

$20.375,96

120

Paciente

$695,06

$700

$4,92

$695,06

$66.458,12

Nota que a pesar de que en la mensualidad de Rápido hay una mayor cantidad de dinero que va hacia el pago de su deuda, todavía (después de diez años) la cantidad de ese pago que ha sido asignado a pagar intereses es todavía de un tamaño respetable. ¿El resultado? Que Ricardo Rápido ha estado pagando primordialmente un «alquiler» por el dinero que pidió prestado para comprar su casa y, después de haber hecho pagos por 84 mil dólares, ¡todavía debe 80 mil de los 100 mil que pidió prestado en un comienzo!
c. Una movida inteligente
Ahora que Pedro Paciente pagó totalmente su casa, decide venderla y comprarse la casa de sus sueños exactamente al lado de la de Ricardo Rápido. Le cuesta lo mismo que le costó a los Rápidos diez años atrás: $101.037,55.




Casa de Ricardo Rápido

Casa de Pedro Paciente


Paciente coloca todo el dinero obtenido por la venta de su primera casa ($66.458,12) como anticipo y toma el resto como una hipoteca a pagar a treinta años. Observemos, ahora, cuál es la posición financiera de los Rápidos y los Pacientes:
Mes

Nombre

Deuda

Pago

Interés

A la deuda

Activo

121

Rápido

$80.661,59

$700

$571,35

$128,65

$20.504,61

121

Paciente

$34.579,43

$700

$244,94

$455,06

$66.913,18

Debemos notar que, a pesar de que Pedro podría pagar una mensualidad menor, continúa haciendo el pago mensual de 700 dólares, lo que acelera aún más la velocidad con la que está pagando su deuda hipotecaria.
d. Una meta lograda
Cinco años después, Pedro Paciente termina de pagar la deuda de su segunda casa. Aquí está el cuadro comparativo de la situación económica de Ricardo Rápido y Pedro Paciente después de 180 mensualidades pagadas (quince años):
Mes

Nombre

Deuda

Pago

Interés

A la deuda

Activo

182

Rápido

$70.888,30

$700

$502,13

$197,87

$30.347,12

182

Paciente

$8,46

$8,52

$0,06

$8,46

$101.137,55

e. Una inversión sabia
Una vez que Pedro Paciente termina de pagar la casa de sus sueños, decide que, en vez de mudarse a una casa más grande o gastar el dinero que ahora le queda disponible, lo va a invertir conservadoramente al ocho por ciento de interés anual. Entonces, Pedro Paciente abre una cuenta de inversiones en la que deposita 700 dólares todos los meses con un rendimiento del ocho por ciento por año.
f. Un resultado asombroso
La pregunta, ahora, es ¿qué ocurre con Ricardo Rápido y Pedro Paciente después de treinta años? (Recordar que su hipoteca original era a 30 años de plazo). Pues bien: a los treinta años de pagar sus mensualidades hipotecarias religiosamente, Ricardo Rápido finalmente termina de pagar su casa. Hace una fiesta, invita a sus amigos y celebra que, por fin, es un hombre libre del yugo hipotecario y la casa es realmente suya. Tiene un capital acumulado de 101.037,55 (el valor de su propiedad).
Por otro lado, con menos bombos y platillos, la inversión de Pedro Paciente en el banco alcanza la increíble suma de 239.227,24 dólares ¡en dinero efectivo!
Además, por supuesto, Paciente tiene el capital de su casa lo que le lleva a tener un activo acumulado de más de ¡340 mil dólares!
¿Cómo es posible? Pues la razón principal por el éxito económico de Pedro Paciente tiene que ver con la forma en la que planeó el pago de sus intereses hipotecarios. Por eso es que en mi historia dejé de lado ciertos factores importantes como la fluctuación de los precios de las casas y la inflación del país.
La enseñanza principal de esta historia tiene que ver con la cantidad de intereses que pagaron cada uno de los protagonistas.
Ricardo Rápido, con un carácter típico de nuestras tierras quiso tenerlo todo lo más rápido posible. Pero eso tiene un precio. Para él, fue de $117.257,92 en intereses hipotecarios.
Pedro Paciente, por su lado, supo esperar y sufrir por 10 años en una casa más pequeña y en un barrio con menos «estatus» que el de Rápido, pero ese planeamiento económico a largo plazo trajo sus beneficios. Paciente solamente pagó $35.670,95 en intereses (casi un tercio de lo que pagó Rápido). Aún más: su dominio propio y su carácter maduro le ayudaron a invertir el dinero que muchos de nosotros gastaríamos en nuevos «proyectos» familiares.
El principio a seguir, entonces, en la nueva economía de mercado es que, cuando hablamos del pago de intereses, el juego se llama «El que paga pierde».
Una nota más que quizás es obvia: la acumulación de un capital de 340 mil dólares le tomó a Pedro Paciente treinta años de su vida. Eso quiere decir que, si comenzó a los treinta o treinta y cinco años de edad él ahora está a punto de jubilarse. No le queda el mismo tiempo de vida que le quedaba cuando comenzó sus planes financieros a largo plazo y, ciertamente, disfrutó diez años menos de la casa de sus sueños.
Pero Pedro Paciente no está pensando solamente en sí mismo. Paciente está acumulando capital para la siguiente generación: para sus hijos y sus nietos. Él ha sacrificado parte de su satisfacción personal por el bienestar de las generaciones futuras. Este tipo de actitud está desapareciendo de nuestro continente en la medida en la que los medios de comunicación social nos condicionan a disfrutar del «aquí y ahora» sacrificando en el proceso el futuro personal y familiar.

Esa era la actitud que demostraba el carácter de los inmigrantes europeos y asiáticos a nuestras tierras. Era la actitud de mi abuelo y de muchos otros eslavos, alemanes y asiáticos que regaron con su sangre y su sudor el noreste argentino para abrirle surcos a la selva de Misiones y del Chaco Paraguayo. Nos vendría muy bien al resto de nosotros el imitarles.



No hay comentarios: