martes, 22 de julio de 2014

El principio del Ahorro

Benjamín Franklin solía decir: «Un centavo ahorrado es un centavo ganado». Esa es una gran verdad: una de las formas más efectivas de darnos un aumento de salario es reduciendo nuestros gastos. Es por eso que al final de este libro ocuparé un buen número de páginas dando consejos prácticos para ahorrar en los gastos de todos los días.
El problema con nuestra capacidad de ahorrar tiene que ver, muchas veces, con la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Algunas personas se verán a ellas mismas como ahorradoras. Tratan de guardar y de ahorrar cuanto centavito encuentren. Otros, por su lado, se ven como «inversores». Este tipo de gente es la que regularmente habla de «invertir» en una computadora, en un auto nuevo, en un televisor, o un equipo de sonido para el hogar.
Sin embargo, aquí hay una idea muy importante para compartir con estos «inversores»: nunca podemos ahorrar gastando. Pareciera ridículo tener que decirlo, pero muchos «inversores» creen sinceramente en las campañas publicitarias que dicen «Compre y ahorre» o «Compre ahora y ahorre después». Cuesta tener que explicar que estos términos son contradictorios y opuestos.
Uno no puede gastar y ahorrar al mismo tiempo, excepto, por supuesto, cuando compramos para satisfacer una necesidad real y la compra se hace a un precio más barato que el regular.
Es por eso que me gustaría hacer un paréntesis para clarificar dos conceptos muy importantes: el concepto de la necesidad y el del deseo.
Antes de clarificar estos dos conceptos quisiera recalcar que no está mal tener deseos y satisfacerlos. No estamos promoviendo el masoquismo. Sin embargo para llegar a fin de mes es importantísimo tener en claro cuáles son nuestras necesidades y cuáles son nuestros deseos. Debemos satisfacer nuestras necesidades primeramente y, luego, satisfacer nuestros deseos solamente en el caso de que tengamos los recursos económicos disponibles para hacerlo.
a. La necesidad
Cuando tomé mis clases de psicología en la universidad, se estudió en alguna de ellas la famosa «Escala de Maslow». Esa escala dividía las necesidades del ser humano en cinco áreas generales que iban desde las más básicas (fisiológicas) hasta la necesidad de sentirse realizado (pasando por la necesidad de seguridad, pertenencia y estima propia).7
Sin embargo, para los propósitos de nuestro estudio voy a definir como «necesidad económica» todas aquellas cosas que realmente necesitamos para sobrevivir: comida, vestimenta, un techo sobre nuestra cabeza, etc. No solamente cosas materiales o corporales, sino todo aquello que estemos verdaderamente necesitando para nuestra supervivencia como seres humanos (por ejemplo: seguridad, salud, transporte, etc.).
Nosotros debemos colocar nuestras necesidades en el nivel de prioridad más alto. Debemos buscar suplirlas a toda costa. Allí deben ir nuestros recursos financieros sin mayores dudas ni retrasos.
b. Los deseos
Cuando hablamos de las compras que tenemos que hacer, todo aquello que no es una necesidad, es un deseo. Ya sea un deseo «de calidad» (o, DC), en el que queremos satisfacer una necesidad con algo que tenga una calidad más alta o sea un deseo «propiamente dicho» (al que llamaremos simplemente «deseo» y lo identificaremos con la letra «D»), que significa que simplemente quisiéramos tener algo que nos gusta.
Un DC (deseo de calidad) podría ser, por ejemplo, un buen pedazo de bistec en lugar de una hamburguesa. El alimento es una necesidad básica del cuerpo. Pero, en este caso, uno está queriendo satisfacer esa necesidad con un producto más costoso y de más alta calidad: un bistec. Lo mismo podría ocurrir en todas las otras áreas de necesidades reales en nuestra vida: podemos comprar un vestido en una tienda de vestidos usados o podemos comprar uno de alta confección. En ambos casos, la vestimenta es una necesidad, pero la forma en la que queremos satisfacer esa necesidad puede transformar la compra en un deseo.
Un deseo «D» es todo aquello que no tiene nada que ver con una necesidad. Comprarnos un gabinete para el televisor, una mesa para el patio de la casa, una videograbadora, un velero o comprar otra propiedad para hacer negocio con ella pueden ser ejemplos de este tipo de deseos.
Nosotros deberíamos satisfacer nuestros deseos solamente después de satisfacer nuestras necesidades y si tenemos los recursos económicos para hacerlo.
Por lo tanto, antes de salir de compras es importante que tengamos en claro lo que es una necesidad y lo que es un deseo. En estos días la gente tiene la tendencia de decir: «necesito una computadora» o «necesitamos una máquina de sacar fotos», cuando, en realidad, deberían estar diciendo: «¡cómo quisiera comprarme una computadora!» o «¡cómo nos gustaría tener una máquina de sacar fotos!».
Lamentablemente, en los últimos treinta años hemos pasado a través de un proceso de condicionamiento para comenzar a hablar de «necesidades», en vez de reconocer nuestros deseos. Al hacerlo, creamos una ansiedad interior que nos impulsa a satisfacer esa «necesidad». Es entonces cuando invertimos nuestro dinero en cosas que realmente podrían esperar y nos olvidamos de proveer para aquellas cosas que realmente necesitamos (ya sea en forma inmediata o a largo plazo).
Finalmente, debemos tomar nota de que no siempre lo que parece un «ahorro» realmente lo es. Por un lado, porque, como dicen muchas damas del continente Latinoamericano: «lo barato sale caro». En algunas circunstancias nos conviene comprar cosas de mejor calidad, pero que nos durarán de por vida, que cosas de baja calidad que tendremos que reemplazar cada cierta cantidad de años.
Por otro lado, no siempre es una buena idea comprar en «ofertas». Si yo compro diez jabones de lavar la ropa porque estaban casi a mitad de precio y después de dos días me quedo sin dinero para comprar leche, he hecho una mala inversión. Ahora tengo dinero sentado en la repisa del cuarto de lavar la ropa riéndoseme en la cara porque no puedo prepararme un café con jabón, necesito leche. Este es un típico caso en el que no me conviene «ahorrar gastando».
Sin embargo, si el almacén de la esquina de mi casa está ofreciendo dos litros de leche por el precio de uno, yo debería inmediatamente tomar la oferta (especialmente si tengo niños en casa). La leche es un elemento de consumo diario y es una necesidad básica para mi supervivencia. El jabón de lavar la ropa y otros limpiadores pueden ser reemplazados por alternativas más baratas (en la última sección de este libro estaré dando alternativas creativas y baratas para los químicos que regularmente usamos para limpiar nuestro hogar).
Este último problema de comprar más de lo que uno necesita y tener dinero estancado en las alacenas de la casa es un problema que millones de negociantes confrontan cada día a lo largo y ancho del mundo. Lo creas o no, el manejar la economía de un hogar tiene mucho que ver con la forma en la que se maneja la economía de un negocio, incluso, con la forma en la que se maneja la economía de un país.

Ahora que nos vemos a nosotros mismos como gerentes o administradores, necesitamos comenzar a manejar los negocios de la casa con las mismas herramientas con las que se manejan los negocios en el mundo de hoy. Si tú eres la persona que maneja el dinero en el hogar, a partir de hoy podrás colocar en tu currículo vitae: «Presidente de la Junta Financiera ____________ (tu apellido) y Asociados».



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