jueves, 24 de julio de 2014

El principio del Amor y la Compasión

El amor y las finanzas
¿Qué tiene que ver el amor con las finanzas? Mucho. El amor es lo que nos provee del balance adecuado en la sociedad de consumo que nos toca vivir. Nos permite tener la actitud correcta frente a un sistema económico basado en el consumismo. Nos permite saber esperar y entender claramente la razón por la cual comprar. Nos da la capacidad de reaccionar correctamente frente a la injusticia y frente a la estafa. Nos permite poner en práctica el perdón.
Una economía de mercado sin corazón se convierte en una jungla, en la que solamente el más fuerte sobrevive; o se convierte en un mar en el cual el pez más grande se come al chico. ¿Suena familiar la comparación?
Si queremos llegar a la prosperidad integral, debemos empezar a valorar el amor y el compromiso hacia los demás. La mejor definición que conozco sobre qué es el amor la he leído en la carta de San Pablo a los griegos que vivían en la ciudad de Corinto e incluye los siguientes valores:
El que ama, tiene paciencia en todo y siempre es amable,
El que ama no es envidioso, ni presumido ni orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
El que ama no guarda rencor.
No aplaude a los malvados sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de sufrirlo todo, de creerlo todo,
de esperarlo todo, de soportarlo todo.
El amor nunca deja de ser.11
Si no sabemos soportar, no tenemos dominio propio, que es clave para el éxito en el manejo de nuestras finanzas.
La envidia, la presunción, el orgullo y el egoísmo son «torpedos financieros» en nuestra vida económica. Puede que estemos haciendo todo lo demás correctamente y estemos luchando exitosamente la batalla en la superficie financiera de nuestras vidas. Pero estos «torpedos» se acercan silenciosamente por debajo de la superficie y, de un solo golpe, destrozarán todo el trabajo de nuestras vidas.
El enojarse y el guardar rencor son una carga emocional que debemos llevar a cuestas cada día desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Nadie puede ser cien por ciento exitoso y efectivo con una carga emocional como esa. Si no aprendemos a perdonar y a dejar esas cargas en el pasado nunca podremos disfrutar de la prosperidad integral, porque ella implica no solamente el éxito en lo financiero, sino también el éxito en la vida personal, la vida familiar y la vida interior.
La bondad, el buen trato hacia los demás (no ser «grosero»), el sentido de justicia, y un carácter perseverante (sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo), nos permitirán crear el ambiente para que nos ocurran las cosas positivas de la vida. Para recibir ayuda de los demás en el momento de necesidad. Para recibir la mano amiga que nos llevará hacia arriba cuando menos lo esperamos. Para recibir las bendiciones de Dios.
El amor es una decisión. No es solamente un sentimiento. En realidad, lo que siento por los que me ofenden es odio. Pero si los amo, es porque he decidido hacerlo.
El amor es una decisión de nuestra voluntad.
Uno puede «amar si»:
—Te amo si me amas.
—Te amo si te portas bien (dicen las madres a sus hijos).
—Te amo si satisfaces mis expectativas.
—Te amo si haces lo que yo te digo.
Uno puede «amar porque»:
—Te amo porque me amas.
—Te amo porque eres guapo/guapa.
—Te amo porque tienes recursos económicos.
—Te amo … ¡porque no pude atrapar a ningún otro!
Pero el verdadero amor se expresa en «amar a pesar de»:
—Te amo a pesar de que no me amas.
—Te amo a pesar de que no llenas mis expectativas.
—Te amo a pesar de que estás envejeciendo o no eres tan linda como antes.
—Te amo a pesar de que no eres de mi misma raza o no piensas igual que yo.
—Te amo a pesar de que hoy siento que no amo ni a mi propia madre.
Aprender a amar «a pesar de» no solamente refleja tener en muy alto grado el valor espiritual de la vida, sino que también «amar a pesar de» es esencial para sentirnos realizados como personas.
El poder de la compasión
Yo declaro ser nada más que un hombre común,
con capacidades menores que las de un hombre promedio.
No me cabe la menor duda que cualquier hombre o mujer
puede lograr lo que yo he logrado
si realiza el mismo esfuerzo
y cultiva la misma esperanza y la misma fe. 
Mahatma Gandhi
Valorar la compasión hacia los demás en la vida está íntimamente ligado con el valor anterior. La compasión hacia los demás es, justamente, el resultado natural de un amor incondicional. Esa es la actitud que hace grande a los países, a las sociedades, a las familias y a los individuos.
Aristóteles dijo 300 años antes de nuestra era que «en los lugares donde alguna gente es extremadamente rica y otros no tienen nada, el resultado será una democracia extrema o una absoluta oligarquía. El despotismo vendrá de cualquiera de esos dos excesos».12
El amor al prójimo, la ternura y la compasión nos permiten balancear las diferencias y ayudar al necesitado con sus deficiencias para lograr una mejor sociedad en cada uno de nuestros países. No por obligación ni por lástima, sino por compasión.
Yo estoy convencido de que muchos de los problemas sociales, de injusticia y de pobreza que vivimos en nuestro continente son, justamente, el resultado de la falta de amarnos unos a otros y de sentir verdadera compasión por los necesitados.
El fuerte énfasis «familista» en nuestro continente, como lo explica Fukuyama, nos hace definir el concepto de «familia» en términos que se limitan a mis familiares cercanos y que dejan fuera al resto de la gente que vive en el país. Esa actitud, nos lleva a defender y buscar los intereses de la familia de sangre «a muerte» muchas veces a costa de defraudar a los demás ciudadanos de nuestro país.
Por otro lado, cuando hablamos de ayudar a los pobres, en lugar de tener una actitud de compasión, tenemos una de lástima.
La lástima me coloca en una postura superior a mi prójimo. Por lástima yo doy una limosna. Sin embargo, la compasión me coloca junto a mi prójimo. Por compasión estoy dispuesto a dar mi vida en pos de un ideal.
Compasión es una palabra compuesta: con-pasión y significa «tener la misma pasión», «tener el mismo sufrimiento que …», o «sufrir con …» Compasión es la habilidad de sentir el mismo sufrimiento que siente la persona que tenemos al lado.
Alexander Solzhenitsyn, el gran poeta y líder de los derechos humanos en Rusia, dijo cuando le entregaron el premio Nóbel en 1970: «la salvación del hombre se encuentra solamente en llegar a hacer que todo le importe a todos». El problema de nuestros días es que a todos no hay mucho que nos importe.
Lo opuesto al amor no es el odio. Ya lo dijimos anteriormente: el odio es un sentimiento, el amor es una decisión.
Lo opuesto del amor es la indiferencia.
El efecto del amor en acción
Para demostrar ternura y compasión uno no necesita gastar fortunas. Uno solamente tiene que estar dispuesto a colocarse en los zapatos de la persona que uno tiene al lado y extenderle una mano amiga en el momento de necesidad.
Uno no necesita convertirse en el Dr. Livingston o Judson Taylor, entregando vida y fortuna para viajar por el continente africano o asiático. No hay necesidad de viajar a la India para unirse al trabajo con los leprosos que estuviera haciendo la Madre Teresa en la ciudad de Calcuta.
Sólo hace falta desarrollar sensitividad interna hacia el dolor ajeno. El problema es que, en medio de tanto dolor, a veces nos volvemos insensibles.
Recuerdo luchar con esa situación de insensibilidad frente al dolor cuando mi esposa y yo vivíamos en la ciudad de Chicago y ayudábamos a gente de habla hispana en un barrio que, en 1995 tuvo más de 3.900 crímenes violentos. Era difícil sentir el dolor ajeno en medio de tanta tragedia. Pero es, justamente, en respuesta a lo vivido durante los once años que pasamos en la «Ciudad de los Vientos» que hoy me siento a escribir este libro.
Uno nunca sabe a dónde lo va a llevar a uno aquello por lo cual uno siente una profunda pasión. Puede que lo lleve a cambiar la vida de un familiar o de un vecino. ¡Puede que lo lleve a cambiar el mundo!
Fue por la pasión que sufría por su pueblo de raza negra que un desconocido pastor protestante como Martin Luther King, Jr. se convirtió en el símbolo de los derechos humanos en Estados Unidos de América. Lo mismo le ocurrió a Nelson Mandela en Sudáfrica, quien pasó de ser un prisionero de más de veinte años en las cárceles sudafricanas para convertirse en el presidente de su país y liderar a su nación en una transición pacífica del apartheid a la democracia.
¿Y qué hablar de gente como Mahatma Gandhi, en la India; Pérez Esquivel en la Argentina, y tantos otros hombres y mujeres como tú y como yo que se abrazaron de la bandera de la compasión para cambiar la situación de sus conciudadanos? ¿Quién sabe lo que tú puedas llegar a hacer en respuesta a una situación de injusticia que tengas por delante?

Sea que la compasión te lleve a ayudar a una persona o a un pueblo entero, lo importante es desarrollar esa sensitividad interior que te permitirá enriquecer tu carácter. Recuerda que la prosperidad financiera no significa nada si no va acompañada de una profunda satisfacción interior de estar haciendo la diferencia en la vida de alguien que nos rodea.



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