martes, 1 de julio de 2014

Israel: Trasfondo Geográfico

La Biblia nos llega enmarcada por la situación histórica de su tiempo y, aunque no hay que conocer esa historia para captar lo esencial de su mensaje, lo cierto es que mientras mejor la conocemos, mejor entendemos lo que la Biblia nos dice. La historia, por su parte, es un drama actuado sobre el escenario de la geografía. Por eso es que en las biblias se incluyen mapas que nos ayudan a entender mejor lo que dice la Palabra Sagrada. Y es por ello que, antes de adentrarnos a explorar la historia del pueblo del Antiguo Testamento, tenemos que hacer un esbozo de la geografía de la región en la que ocurrieron los grandes hechos que narran las Escrituras.

La región que nos interesa se conoce por distintos nombres: la Tierra Santa, la Tierra Prometida, Canaán, Israel, la Palestina y otros más.

En este Bosquejo usaremos «Palestina» cuando deseamos referirnos a los elementos geográficos de la comarca, y usaremos otros nombres cuando las condiciones históricas así lo demanden. En cierta forma esto resulta paradójico porque lo que estamos interesados es en la historia de Israel, pero la palabra Palestina se deriva de Filistia, y los filisteos eran enemigos acérrimos de los israelitas.

Esta tierra donde se asentó la nación de Israel y donde vivió la mayor parte de su historia, está situada entre dos regiones de gran importancia en aquellos tiempos: al norte el «Creciente Fértil», y al sur el «Valle del Nilo».

La Palestina se encuentra en el extremo suroeste del «Creciente Fértil», región ésta que se extiende a lo largo de la costa oriental del Mar Mediterráneo hasta que llegando a Siria se ensancha y se adentra hacia el este, para seguir el valle aluvial de los ríos Tigris y Éufrates hasta que estos desembocan en el Golfo Pérsico. Rodeado por afuera por el Mar Mediterráneo, los Montes Tauros, las montañas de Armenia y los Montes Zagros, el Creciente Fértil tiene en su centro la región norte del Desierto de Arabia. Esta configuración, que se semeja al creciente de la luna, y el contraste de sus fértiles tierras con las arenas del desierto por una parte, y por la otra con las desoladas y agrestes sierras que le rodean, inspiraron al historiador James Breasted a llamar a la región «El Creciente Fértil».

Más allá de la Palestina, ya fuera del Creciente Fértil, está el «Valle del Nilo». Cruzando la Península de Sinaí junto a la costa del Mediterráneo, se llega al Delta del Nilo, el llamado Bajo Egipto, y siguiendo río arriba, desde el Delta hasta la Segunda Catarata, yace el Alto Nilo. La distancia desde el extremo norte del Creciente Fértil, hasta el extremo sur de Egipto, en la Segunda Catarata del Nilo, es de unos 1700 kms. o algo más de 1000 millas, mientras que desde el extremo oeste del Delta hasta el extremo este del Creciente Fértil hay 1600 kms. o unas 960 millas. Esta región, y las tierras en su periferia, fueron el escenario donde tuvo lugar el drama bíblico.

La Palestina, por su parte, es apenas un pequeño fragmento del Creciente Fértil, pero en esa estrecha faja de tierra encontramos una extraordinaria diversidad en cuatro zonas geográficas que corren paralelas a la costa del Mediterráneo orientadas de norte a sur: la «Llanura Costera», la «Sierra Central», la «Gran Falla del Jordán», y la «Meseta de Transjordania».

Los límites tradicionales de la Tierra Santa, de norte a sur, van «desde Dan hasta Beerseba», unos 250 kms. o 150 millas. A la altura de Acco la distancia desde el Mediterráneo hasta el Mar de Galilea es apenas 45 kms. o 27 millas, mientras que a la altura de Gaza la distancia desde el Mediterráneo hasta el Mar Muerto es solamente unos 75 kms. o 45 millas.

Moviéndonos del oeste al este, y examinándolas de norte a sur, tenemos primeramente la «Llanura Costera». En su extremo norte está Fenicia, región abierta al mar que goza de abundantes puertos, y al sur del Carmelo reaparece la zona Costera en la estrecha Llanura de Sarón que poco a poco se ensancha más y más hasta formar la región de Filistia. En los tiempos del Antiguo Testamento no había puertos al sur del Carmelo que merecieran mención. El gran puerto de la Llanura de Sarón, Cesarea Marítima, no fue construído hasta tiempos de Herodes el Grande (22 a.C), y Jope, que había sido puerto de gran importancia en el Siglo XIII a.C., no volvió a florecer hasta que fue reconstruído por el mismo Herodes. Aparte de Jope había apenas algunas pequeñas ensenadas que servían para dar albergue a embarcaciones pequeñas.

La segunda zona es la llamada «Sierra Central», cuyas colinas, de unos 600 a 1000 m (2000 a 3300 pies) de altura, formaron el corazón de Israel. Al extremo norte está Galilea, separada de Samaria por el Valle de Jezreel, a unos 50 m (165 pies) sobre el nivel del mar. Entre el macizo central de Samaria y la región de Judea no hay frontera ni división natural, pero al sur los montes se tornan más agrestes y elevados. Al sur de Judá disminuye la elevación hasta que se convierte en las colinas del Negev para dar paso a la Península de Sinaí. Entre las serranías de Judá y la región de Filistia hay una región de transición de colinas de piemonte que se conoce como la Sepela.

La tercera zona es la «Gran Falla del Jordán». Esta comienza en los valles de donde surgen los primeros tributarios del Jordán. Estos valles separan a los Montes del Líbano de los del Anti-Líbano, con la cima de su punto culminante, el Monte Hermón a 2814 m. (9232 pies) de altura, perennemente cubierto de nieve. Estos tributarios descienden rápidamente hasta detenerse por un momento en el Lago de Hule, conocido en tiempos del Nuevo Testamento como el Lago Semeconitis. El lago ya no existe, puesto que ha sido desecado por el Estado de Israel para dedicarlo a la agricultura, pero en tiempos bíblicos quedaba a 68 m. (223 pies) sobre el nivel del Mar Mediterráneo y era sumamente pequeño, de apenas 5 kms. (3 millas) de ancho. Por su extremo sur sus aguas se desbordaban dando nacimiento al Río Jordán cuyas aguas descendían rápidamente cayendo 280 m. (919 pies) en 18 km. (11 millas) de distancia hasta detenerse en el Mar de Genesaret, conocido en el Nuevo Testamento como el Mar de Galilea o el Lago Tiberíades; de ahí el nombre del río, Jordán, que significa «el que desciende». El Mar de Genesaret se encuentra a 212 m. (695 pies) bajo el nivel del mar. De ahí el río sigue rumbo al sur recorriendo una distancia en línea recta, entre el Mar de Genesaret y el Mar Muerto, de 105 km (65 millas), pero ésta se convierte en una distancia total de 320 km (199 millas) debido a los numerosos meandros que lo prolongan. Al principio de su recorrido el valle del Jordán es una región fértil, pero a lo largo de su descenso el Jordán se torna en un río que corre por un desierto, cada vez más árido y desolado según se acerca a su desembocadura. Sus riberas están cubiertas de abrojos y pequeña vegetación que ofrece un marcado contraste con la región desértica por la que corre. Solamente el Oasis de Jericó ofrece un ambiente salubre y agradable al aproximarse al Mar Muerto.

El nombre Mar Muerto no se menciona en ningún pasaje bíblico pues se usó por vez primera en el Siglo II de nuestra era. En el Antiguo Testamento se le llama «Mar del Arabah», «Mar Oriental» o «Mar Salado», mientras que los autores clásicos le llamaron «Lago de Asfalto». Sus dimensiones, apenas 76 km (47 millas) de largo por 17 km (11 millas) de ancho a duras penas le merecen el título de «mar». Pero lo que sí le distingue es el encontrarse a 392 m (1285 pies) por debajo del nivel del Mar Mediterráneo. Está dividido por una península hacia el sur de su costa oriental. Al norte de ella el mar llega a una profundidad máxima de 396 m (1300 pies), mientras que en la parte sur tiene una profundidad máxima de unos 10 m (33 pies). Hacia el sur del Mar Muerto la Gran Falla del Jordán continúa por la región del Arabah hasta adentrarse por el Golfo de Aqaba y seguir por todo el Mar Rojo hasta Africa donde forma los lagos de donde nace el Nilo.

La cuarta y última zona es la «Meseta de Transjordania», la región al este del Jordán. Este es un enorme altiplano que se eleva de 643 a 1286 m (2109 a 4218 pies) sobre el nivel del mar, y que está cortado por una serie de ríos cuyas cañadas se vuelven más y más profundas según nos movemos de norte a sur. Las aguas de estos ríos buscan el nivel de las aguas del Jordán y del Mar Muerto, y forman por lo tanto, barreras naturales entre diversas secciones de la meseta. Al norte del Río Yarmuc está la región de Basán, comarca de tierra fértil y centro de cría de ganado vacuno en tiempos bíblicos. Al sur está Gilead, que en la antigüedad contaba con extensos bosques y abundantes pastos. En medio de Gilead estaba el Río Jaboc, y al este, hacia las fuentes del Jaboc estaba el territorio de Amón. El Río Arnón, que desemboca en el Mar Muerto, marcaba la frontera norte de Moab mientras que el Río Zered, al sur, era su límite con Edom. Esta enorme meseta de Trasjordania desciende abruptamente hacia el Jordán, pero por su lado oriental desciende paulatinamente para desaparecer en el Desierto de Arabia.

Tres rutas fueron las principales vías de comunicación por estas tierras:el «Camino del Mar», el «Camino Real», y el «Camino de la Sierra».

La primera en importancia es la que los romanos llamaron «via maris», o «Camino del Mar». Esta partía de Egipto y seguía la costa del Mediterráneo por toda Filistia hasta que al llegar a la Llanura de Sarón se encaminaba tierra adentro en busca del Paso de Meguido para cruzar por allí la espuela de la Sierra Central que forma el Monte Carmelo. Al norte del Paso de Meguido dobla hacia el este siguiendo el Valle de Jezreel y se encamina al norte por el Valle del Jordán, cruzando al oeste del Mar de Genesaret hasta que poco antes de llegar al Lago de Hule cruza la región de Basán para llegar a Damasco.

La segunda ruta es la que se conocía como el «Camino Real». Esta comenzaba en el extremo norte del Golfo de Aqaba y, remontándose a la Meseta de Transjordania, seguía por el altiplano cruzando por los territorios de Edom, Moab y Ammón para venir a dar también a Damasco.

La tercera y última era el «Camino de la Sierra», la de más difícil acceso, la más tortuosa y abrupta, pero para los israelitas era la más importante. Esta seguía la cresta de los montes de la Sierra Central y servía para comunicar entre sí las ciudades principales de todo Israel: Beerseba, Hebrón, Jerusalén, Bet-el, Siquem y Dotán, hasta descender al Valle de Jezreel.


Por estas rutas anduvieron los patriarcas, los ejércitos invasores, las caravanas venidas de lejanas regiones, profetas, reyes y conquistadores. Y en todo ese transcurrir de la historia la geografía del lugar fue dejando el sello característico de su presencia.


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