miércoles, 2 de julio de 2014

Israel: Trasfondo Histórico

La historia de Israel no tuvo lugar en un vacío. El mundo por el que anduvieron los patriarcas era un mundo antiguo, lleno de ambiciones y de conflictos, de las maravillas del arte y de los horrores de la vejación humana. Era un mundo en el que algunas de las más grandes civilizaciones de la historia ya habían florecido y habían desaparecido sin dejar huella.
Olvidadas bajo el polvo de los siglos, muchas de las más extraordinarias concepciones de la mente humana quedaron sepultadas en el silencio del pasado hasta que la arqueología moderna las descubrió y las trajo a la luz en el mundo contemporáneo. Hoy esos antecedentes históricos iluminan la historia de Israel y nos aclaran muchos conceptos e imágenes de la Biblia.

Porque está donde se encuentran las rutas que unen a los continentes de Asia, Africa y Europa, la Palestina fue escenario de la presencia humana desde los albores mismos de la humanidad. Son muchos los sitios arqueológicos que atestiguan su actividad en esta región, comenzando con el Período Paleolítico o la «Antigua Edad de Piedra». Con el lento devenir de los siglos avanzó el conocimiento y la creatividad humana hasta que, al llegar al Período Neolítico Pre-cerámico, la primera parte de la «Nueva Edad de Piedra», nos encontramos con la ciudad más antigua que se conoce en todo el mundo, Jericó. Pero es con el arribo de la Edad de Bronce que dio comienzo a la historia.

Las tradiciones patriarcales de Israel sitúan el comienzo de la migración de Abrahán en la ciudad de Ur, en el sur de Mesopotamia, al extremo este del Creciente Fértil. Fue precisamente en esta región, llamada Sumer, donde comenzó la historia humana. Lo que distingue a la historia de la prehistoria es la presencia de materiales escritos, y fueron los sumerios quienes inventaron la escritura hace unos 5000 años. A la civilización sumeria, que comenzó a florecer ca. 3500 a.C., debemos así mismo las primeras bibliotecas, los primeros catálogos de libros, los primeros mapas y el sistema sexagesimal mediante el cual hoy todavía contamos 60 minutos en cada hora y 60 segundos en cada minuto, así como nuestra división del círculo en 360 grados. Poco después, bajo la influencia de Sumer, Egipto comenzó el desarrollo de su extraordinaria civilización. La región de Siria-Palestina, situada entre esos dos grandes polos de la antigüedad no pudo menos que recibir el impacto de ellos, destacándose sobre todo los grandes centros urbanos de Ugarit y Ebla.

La primera conquista del Creciente Fértil por invasores «semitas», como se llama a los pueblos oriundos del Desierto de Arabia, fue la de los acadios. Bajo el liderazgo de Sargón de Acad, estos conquistaron a los sumerios ca. 2360 a.C. y establecieron el primer imperio de la historia que se extendía desde el Golfo Pérsico por toda Mesopotamia hasta remontarse en la Península de Anatolia. Aún cuando el Imperio Acadio duró poco tiempo, pues fue destruído por la invasión de los «guteos» ca. 2200 a.C., su impacto cultural duró muchos siglos puesto que su lengua fue el idioma que hablaron tanto los asirios como los babilonios de los tiempos bíblicos.
Los guteos vinieron de los Montes Zagros, al norte de Mesopotamia.

 La destrucción causada por los guteos facilitó un resurgimiento sumerio bajo la 3a dinastía de Ur (ca. 2060–1950 a.C.), que duró hasta el advenimiento de los «amoritas» o «amorreos». La gran civilización sumeria, que había hecho tan grandes contribuciones a la cultura universal, y que floreció por unos 1500 años, ya era cosa olvidada cuando Abrahán emprendió su viaje rumbo a Canaán.

Egipto, mientras tanto, había seguido un proceso paralelo. Una vez unificados los reinos pre-dinásticos del Alto y Bajo Egipto bajo el dominio de la 1ra. dinastía (ca. 3000 a.C.), el país comenzó su extraordinario desarrollo cultural. Si bien en un principio lo hizo bajo la influencia de Mesopotamia, ya para la 3ra. dinastía (ca. 2600 a.C.) comenzó a desarrollar sus formas tipicamente egipcias que habrían de perdurar por miles de años. Este período, conocido como el Reino Antiguo, fue la era de las pirámides. La primera de ellas fue la pirámide escalonada del rey Zóser, de la 3ra. dinastía. De las muchas que le siguieron se destacan principalmente las Grandes Pirámides de Guiza, de los reyes de la 4ta. dinatía Jeops, Jefren y Mikerinos. Pero las más importantes, a pesar de ser mucho más pequeñas y no tan bien construídas, son las de las dinastías 5ta. y 6ta., pues es en ellas donde se encuentran los «textos de las pirámides», los textos religiosos más antiguos que nos ofrece Egipto.

Hacia fines de la 6ta. dinastía (ca. 2200 a.C.), al tiempo que los gutios ponían fin al Imperio de Acad, Egipto cayó en un período de crísis y depresión que llamamos el Primer Período Intermedio. La centralización del gobierno y la administración faraónica se desintegraron como resultado de las luchas entre faraones rivales aspirantes al trono de Egipto. Los gobernadores provinciales se tornaron en reyezuelos independientes. Dada la falta de gobierno central el sistema de irrigación dejó de funcionar debidamente lo que resultó en hambre y colapso económico. Fue entonces que, debido a la falta de protección de la frontera, pueblos seminómadas asiáticos se adentraron en la región del Delta. La literatura egipcia del período revela el pesimismo y desconcierto que prevalecía en el país. Muchos creían que las glorias de Egipto eran ya cosa del pasado que nunca más habrían de verse.

Por fin la 11va. dinastía (2040–1991 a.C.), oriunda de Tebas, comenzó la restauración que fue llevada a su culminación por la 12va. dinastía (1991–1786 a.C.). Este período, el Reino Medio, fue el tiempo de mayor prosperidad y estabilidad en la historia de Egipto. La capital se trasladó a Menfis, se puso fin al feudalismo de los reyezuelos provinciales, y se consolidó el poder central del faraón y la burocracia administrativa de la corona. Pero no se regresó al absolutismo del Reino Antiguo. Esto se evidencia en que los «textos de las pirámides», que originalmente habían servido para asegurar la vida eterna del faraón, ahora reaparecen, modificados y aumentados, en la forma conocida como «textos de los féretros» en los sarcófagos de los nobles. La vida más allá de la muerte ya no era propiedad exclusiva del faraón. Esta época es la Edad de Oro de la literatura egipcia, mientras que, al mismo tiempo, florecen la medicina y las matemáticas. Durante este período Siria y Palestina se encontraron, si no bajo el dominio directo de Egipto, bajo una influencia constante y un control esporádico.

A partir de la 13va. dinastía comenzó un nuevo declinar en Egipto que resultó eventualmente en el establecimiento de otra autoridad rival, la 14va. dinastía, radicada en el oeste del Delta.

A fines del tercer milenio comenzó a infiltrar a Mesopotamia un nuevo grupo de semitas venidos del Desierto de Arabia. Los habitantes de las tierras de Sumer y Acad les llamaron amurru, que en acadio significa «occidentales», de cuyo término se derivan los vocablos sinónimos «amorreos» y «amoritas». Al principio llegaron pacíficamente, pero eventualmente fueron apoderándose de las ciudades de la región, estableciéndose como reinos independientes por toda la región. El séptimo rey de la primera dinastía amorrea de Babilonia fue Hammurabi (1728–1686 a.C.), quien conquistó a sus vecinos y forjó un imperio que se extendió a lo largo de los valles del Éufrates y del Tigris entre los Monte Zagros y el Desierto de Arabia. Por el sur llegaba al Golfo Pérsico mientras que por el Norte llegaba hasta Nínive, a orillas del Tigris, y hasta Mari, en las riberas del Éufrates. Bajo Hammurabi la pequeña ciudad de Babilonia se transformó en el centro de un imperio. Su dios Marduc fue elevado a la categoría de «rey de los dioses», y el ziggurat o torre sagrada que servía de contacto entre cielo y tierra, Etemenanki, era la maravilla arquitectónica de su tiempo. La literatura floreció abundantemente con la producción del poema épico de la creación, Enuma Elish, y muchas otras obras de gran importancia. La obra cumbre de Hammurabi, sin embargo, fue la codificación de las antiguas leyes semitas que se remontaban a siglos atrás, fijándolas como la norma para la administración de justicia en su imperio. Este Antiguo Imperio Babilónico vió su fin cuando el rey hitita, Mursilis, lanzó una campaña desde su capital, situada en el centro de Anatolia, y descendió rápidamente a lo largo del Éufrates destruyendo a la ciudad de Babilonia en 1530 a.C.

Es en el contexto de este marco histórico, conocido en la arqueología como el Bronce Medio, en que se sitúan las migraciones de los patriarcas de Israel.


Tanto Egipto como Mesopotamia están en un período del declinar de sus pasadas glorias. Numerosos pueblos se mueven a lo largo del Creciente Fértil. Algunas de las grandes civilizaciones de la historia son cosa del pasado, pero su impacto social, económico, político y cultural está destinado a influir en la historia de Israel. Fue en este mundo, ya viejo y cargado de historia, donde, según las tradiciones de Israel, Abraham emprendió su marcha que le llevaría a la Tierra Prometida.


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