martes, 8 de julio de 2014

La felicidad

“Bienaventurado (Bienaventurado incluye la idea de felicidad) el pueblo cuyo Dios es Jehová.” 
Salmos 144:15
La felicidad es una característica de todos aquellos que viven en una relación correcta con Dios. Otros no experimentan una verdadera y duradera felicidad. Quiero considerar el asunto de la felicidad bajo tres encabezados:
1. Las cosas que son esenciales para la felicidad
Toda persona quiere ser feliz y esto es natural. Pero, ¡Cuán pocos comprenden realmente lo que es la felicidad! Quiero mostrarle las cosas que son esenciales para tener felicidad.
La felicidad verdadera no es la completa libertad de la tristeza y las incomodidades. En este mundo caído y pecaminoso, no existe tal felicidad en ninguna parte. Tampoco la verdadera felicidad consiste de sonrisas y carcajadas. Muchas personas se ríen fuertemente y son aparentemente felices cuando están acompañadas, pero interiormente son miserables y temerosos de quedarse solos. ¡No se engañen con la falsedad de la jovialidad mundana!
Para que alguien sea verdaderamente feliz, sus necesidades más profundas deben ser satisfechas. Los bebes son felices cuando han sido vestidos, alimentados y descansan en los brazos de su madre, porque todas sus necesidades han sido satisfechas. Es lo mismo con todos nosotros, antes de ser verdaderamente felices, nuestras necesidades más profundas deben encontrar satisfacción.
¿Cuáles son nuestras necesidades más profundas? ¡No son simplemente las corporales! El hombre tiene mente y conciencia. Tiene un sentido interior de que la vida presente no lo es todo: Existe una vida más allá de la muerte. No son sólo las necesidades corporales las que deben ser satisfechas, sino las necesidades de nuestra alma y nuestra conciencia también.
Si queremos ser verdaderamente felices, nuestra felicidad no debe depender de ninguna cosa en este mundo. Todas las cosas en la tierra son inciertas e inestables. Todo lo que el dinero puede comprar es temporal y todas nuestras relaciones serán cortadas con la muerte. Por eso, la felicidad no puede depender de tales cosas.
Para ser verdaderamente felices debemos ser capaces para ver todo lo que nos rodea sin un sentimiento de incomodidad. Debemos ser capaces para mirar hacia el pasado sin sentirnos culpables. Debemos ser capaces de mirar hacia el futuro sin ansiedad. Si usted no puede mirar hacia atrás y hacia adelante sin incomodidad, usted no puede ser feliz. Sus circunstancias presentes pueden ser buenas, pero eso no es suficiente para que usted sea verdaderamente feliz.
2. Los errores más comunes acerca de la felicidad
Muchas personas buscan la felicidad en lugares completamente equivocados. Ahora, quiero advertirle claramente en contra de algunos de los errores más comunes acerca de como ser felices.
Los logros y el éxito no traen la verdadera felicidad. Los hombres exitosos no son necesariamente felices. Frecuentemente el éxito mismo les acarrea más problemas. Las riquezas no traen la felicidad. Las riquezas pueden comprar todo salvo la paz interior. La ciencia y el conocimiento no traen por sí mismos la felicidad. Nuestros corazones y conciencias tanto como nuestras mentes necesitan alimento. El conocimiento secular no le proporciona al hombre felicidad cuando piensa en la muerte. Una vida sin carencias tampoco trae felicidad. Frecuentemente el hombre es tentado a desear el no tener la necesidad de trabajar y anhelar el ocupar sus días como le plazca. Pero Dios hizo al hombre para trabajar, y algún tipo de trabajo es esencial para nuestra felicidad. El placer tampoco trae la felicidad. Muchos pasan su tiempo buscando el placer, tal como un niño pasa el tiempo jugando con sus juguetes. Pero ni aún el niño juega con sus juguetes todo el día. Los hombres y las mujeres tienen actividades mucho más elevadas en las cuales ocuparse, que la búsqueda interminable del placer.
Le quiero decir claramente que si usted piensa que alguno de estos caminos conduce a la felicidad verdadera, está completamente equivocado. La totalidad de la experiencia humana está en contra de esto. El rey Salomón tenía poder, sabiduría y riqueza mayores que cualquier otro hombre de aquel entonces. Sabemos de su propia boca que él experimentó para ver cuánta felicidad se podría encontrar en estas cosas. En el libro de Eclesiastés (1:14) nos da su conclusión escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo: “Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. Otros testimonios incontables que afirman lo mismo, podrían ser citados de la historia y de los hombres y mujeres que han buscado la felicidad en lugares equivocados. Ellos alcanzaron sus metas en la vida, pero no encontraron paz y felicidad.
¿Es usted una persona joven? Le ruego, no malgaste su vida buscando la felicidad en donde no puede ser encontrada. ¿Está usted pobre? ¿Piensa usted que si sólo fuera rico estaría feliz? Resista esa tentación. Hay tanta miseria entre los ricos como entre los pobres. Apelo a todos ustedes a que recuerden que tan comunes son estos errores acerca del camino de la felicidad, y aprendan a buscarla en donde puede ser hallada.
3. El camino de la felicidad
Finalmente, déjeme mostrarle el camino de la felicidad verdadera. Hay un camino que conduce a la felicidad verdadera a todos aquellos que lo toman. Este camino no es incierto ni dudoso. La felicidad verdadera está disponible para todos. Pero hay un solo camino y todos aquellos que deseen la felicidad tienen que tomarlo.
La única manera para ser feliz es siendo un creyente verdadero y ferviente. El creyente verdadero es la única persona realmente feliz. Al referirme a un cristiano verdadero, no quiero decir todos aquellos que se identifican como cristianos. Quiero decir la persona que ha sido enseñada por el Espíritu Santo a arrepentirse de sus pecados y a poner su esperanza y su confianza en el Señor Jesucristo; la persona que ha nacido de nuevo y que vive una vida espiritual y santa.
Cuando digo que ese hombre es verdaderamente feliz, no quiere decir que no tenga ansiedades ni problemas de ningún tipo, o que nunca llore. Pero, en lo más profundo de su corazón él tiene una paz sólida y un gozo verdadero. Eso es la felicidad. No digo que todos los creyentes sean igualmente felices, pero comparado con los hombres del mundo, son personas felices.
El creyente verdadero tiene una conciencia que está en paz. El sabe que sus pecados han sido borrados por Cristo. Solamente él puede pensar tranquilamente acerca de su alma, porque sabe que está a salvo en Cristo. Solamente él tiene una fuente de felicidad que no depende de este mundo. No importa cuánto fueran a cambiar sus circunstancias terrenales, tiene un amigo celestial que permanece constante. El verdadero creyente está cumpliendo el propósito por el cual Dios le hizo. El hombre inconverso no lo está cumpliendo y por lo tanto no puede ser feliz.
Sin Cristo, ningún hombre en este mundo puede ser verdaderamente feliz, no importa cuán buenas puedan ser sus circunstancias. Pero con Cristo, un hombre puede ser feliz a pesar de ser pobre. Puede ser feliz a pesar de estar enfermo, puede ser feliz a pesar de los alborotos políticos y económicos. Su felicidad no depende de sus circunstancias presentes. El sabe “que le irá bien al justo”. (Isaías 3:10)
Objeciones contestadas
Mientras que usted lee esto ¿Está llenando satanás su mente con objeciones a lo que digo? Si es así, no tenga miedo de enfrentarlas directamente.
Quizás usted piensa que conoce a muchas personas religiosas que no son felices. Pero ¿Está usted seguro de que estas personas son creyentes verdaderos en Cristo? Muchos poseen sólo una forma externa del cristianismo, y usted no debería esperar que tales personas tengan la paz interior y el gozo.
Quizás usted conoce a algunos que parecen ser verdaderamente personas espirituales, pero no parecen ser felices. Se quejan mucho acerca de sus corazones y parecen estar llenos de dudas, ansiedades y temores. Me da tristeza que efectivamente existan creyentes así, que vivan muy por debajo de sus privilegios, y que aparentemente no estén experimentando el gozo y la paz. Pero ¿Les ha preguntado usted si abandonarían su fe y regresarían al mundo? Les ha preguntado usted si ¿Piensan que serían más felices si dejaran de seguir al Señor Jesús? Si usted hiciera estas preguntas, aún al creyente más débil y humilde le respondería: “Quizás mi fe sea débil y mi gozo en Cristo casi no existe, pero nunca abandonaría lo que tengo”. Entonces, después de todo, la raíz de la felicidad está ahí aunque las hojas y las flores no se vean.
Pero quizás usted me dirá que piensa que la mayoría de los creyentes no pueden ser felices, porque parecen ser tan solemnes y serios. ¿Alguna vez se ha preguntado porqué son tan serios? ¿Espera usted que puedan estar en su compañía, sin cierto grado de tristeza al ver que usted se encuentra en el camino hacia el infierno? En una ocasión un destacado filósofo preguntó a un ministro cristiano ¿Porqué la gente religiosa parece estar tan triste? Entonces, el ministro respondió: “El verlo a usted, Sr. Hume, haría triste a cualquier cristiano”. Solamente cuando usted mismo haya sido convertido, será capaz de estimar correctamente la tristeza y solemnidad de los creyentes. Cuando usted los vea en la compañía de aquellos con quienes tienen un solo corazón y aman a Cristo, entonces usted encontrará que nadie es tan feliz como lo son los creyentes verdaderos.
Entonces, repito mi afirmación de que no hay felicidad en el mundo que se compare con la de los creyentes verdaderos.
Conclusión
En seguida, quiero apelar a las conciencias de todos mis lectores.
1. Déjeme hacerle una pregunta: ¿Es usted feliz? Si usted está viviendo para este mundo, entonces sabe en su corazón que no es verdaderamente feliz. Déjeme advertirle en amor, usted nunca será verdaderamente feliz mientras dé la espalda a Dios y a Cristo.
2. Déjeme darle una advertencia. Es una tontería vivir una vida la cual no le puede hacer feliz. “¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura?” (Isaías 55:2) El camino de la salvación y el camino de la felicidad son el mismo. Si usted rechaza este camino nunca será feliz.
3. Déjeme rogarle que busque la felicidad en el único lugar en donde puede ser hallada. Se encuentra solamente en Cristo. Solamente El la puede dar. Acuda a El confesando sus pecados y su miseria. Acuda a El pidiéndole misericordia, perdón y una vida nueva. ¡Qué nada lo detenga, acuda a El ahora!
4. Déjeme ofrecer algunos consejos a los creyentes verdaderos acerca de cómo incrementar su felicidad.
Primero, esfuércese para crecer en la gracia año tras año. Tenga cuidado de no estancarse o de vivir de las experiencias del pasado. Esfuércese por ir adelante. Lea más fervientemente la Biblia, ore con más fervor, odie más el pecado, niéguese más a sí mismo, mantenga libre su conciencia de los pecados pequeños, no contriste al Espíritu. Los hombres más santos son siempre los hombres más felices.
Segundo, esfuércese en ser más agradecido año tras año. Aprenda a alabar más a Dios por su bondad.

Tercero, esfuércese en hacer más bondades año tras año. Dios es bueno y hacedor de bienes. (Sal. 119:68) Esfuércese a ser como Dios haciendo bien. Siempre habrá algo que usted puede hacer para servir a Dios, hágalo. Recuerde que el creyente que es renuente no gozará de la paz perfecta. El creyente más comprometido siempre será la persona más feliz.



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