sábado, 12 de julio de 2014

La oración

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias,
sin ira ni contienda.”
1 Timoteo 2:8

“Y propúsoles también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar.” 
Lucas 18:1
La oración es el asunto más importante para vivir la vida cristiana. Otras cosas son muy importantes; la lectura de la Biblia, guardar el día del Señor, asistir a la Iglesia, escuchar la predicación y participar de la cena del Señor. Pero ninguna de estas cosas es tan importante como la oración secreta. Ahora voy a dar siete razones que confirman esto, y le pido que las considere cuidadosamente.
1. La oración es absolutamente necesaria
La oración es absolutamente necesaria para nuestra salvación. Ninguno que profesa ser creyente puede ser salvo sin orar. Yo sostengo tan fuertemente como cualquier otro, que la salvación es un don gratuito de Dios. Podría hablar al pecador más grande que jamás ha vivido, aún si estuviera viejo y muriéndose, y le diría “cree en el Señor Jesucristo, aún ahora, y serás salvo”. Pero no puedo encontrar que la Biblia enseñe que alguien puede ser salvo sin pedirlo. Aunque nadie será salvo por el mérito de sus oraciones, nadie será salvo sin la oración.
No es absolutamente necesario para la salvación que uno lea la Biblia. Puede ser que uno no haya aprendido a leer o que nació ciego, y sin embargo puede tener a Cristo. Un hombre sordo, o alguien que vive en donde el evangelio no es predicado, puede ser salvo sin escuchar la predicación pública del evangelio. Pero nadie puede ser salvo sin la oración.
Hay ciertas cosas que uno tiene que hacer por sí mismo. Cada uno tiene que atender a las necesidades de su propio cuerpo y su propia mente. Nadie puede comer, beber, o dormir en nuestro lugar. Y si usted tiene que aprender algo, nadie lo puede aprender en su lugar. Y es lo mismo en cuanto a sus necesidades espirituales. Nadie puede arrepentirse en su lugar. Nadie puede venir a Cristo en lugar suyo. Y nadie puede orar en lugar de usted. Usted mismo tiene que orar.
Llegamos a conocer a otras personas en este mundo hablando con ellas. Si no hablamos con ellas no les podemos conocer realmente. En forma semejante, no podemos conocer a Dios sin orar a El, y si no le conocemos, ciertamente no podremos ser salvos por El.
Algún día, el cielo será lleno con una “gran multitud la cual nadie podía contar.” (Apo. 7:9) Pero todas estas personas cantarán a una misma voz. Su experiencia habrá sido la misma. Cada uno habrá creído en Cristo. Cada uno habrá sido lavado en su sangre. Cada uno habrá nacido de nuevo. Y cada uno habrá orado. A menos que oremos en la tierra, nunca podremos llegar a alabar en el cielo.
En pocas palabras entonces, no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin el cielo. Es estar en el camino hacia el infierno.
2. La oración es una de las marcas más fuertes de un cristiano
El hábito de la oración es una de las evidencias más claras de que uno es un verdadero cristiano. Hay un aspecto en el cual todos los hijos de Dios son iguales; todos ellos oran. La primera señal de vida en un infante recién nacido es que respira. En la misma manera, como es parte de la naturaleza de un niño llorar, también es parte de la naturaleza del creyente orar. El creyente ve su necesidad de misericordia y gracia, siente su incapacidad y su debilidad, por lo tanto siente que tiene que orar. No puedo encontrar en la Biblia ningún ejemplo de un hijo de Dios que no orara. Es una característica del pueblo de Dios que “invocan al Padre”. (1 Pe. 1:17) Y ellos “invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (1 Cor. 1:2) Y al mismo tiempo es una característica de los impíos, que “a Jehová no invocan”. (Sal. 14:4)
He leído las biografías de muchos creyentes destacados que han vivido desde que la Biblia fue escrita. Ellos han diferido en muchas cosas, pero han tenido una cosa en común: Han sido personas de oración.
Conozco perfectamente bien que un hombre puede orar sin sinceridad. El mero hecho de que una persona ore, no prueba nada acerca de su estado espiritual, porque simplemente pudiera ser un hipócrita. Pero esto lo puedo decir con certidumbre: No orar, es una prueba clara de que una persona no es un creyente verdadero. Es obvio que no siente realmente sus pecados, ni ama a Dios, ni siente una deuda de gratitud hacia Cristo, ni anhela ser santo. No importa cuanto pudiera hablar acerca de su religiosidad, no puede ser un creyente verdadero si no ora.
Déjeme decir también que el hábito de la oración secreta y sincera, es una de las mejores evidencias de que el Espíritu Santo ha obrado realmente en la vida de una persona. Un hombre puede predicar o escribir libros o hacer muchas otras cosas, todo impulsado por motivos erróneos; pero casi nunca se apartará para derramar su alma ante Dios en lo secreto, a menos que sea sincero. Dios mismo nos ha enseñado que ésta es la mejor prueba de una conversión real, porque cuando dijo a Ananías que buscara a Saulo en Damasco, la única evidencia que mencionó del gran cambio de corazón que Saulo había experimentado, fue ésta: “He aquí, él ora”. (Hech. 9:11)
Yo sé, por supuesto, que muchas personas vienen a la fe lentamente. Pueden pasar por muchas convicciones, deseos, sentimientos, resoluciones, esperanzas y temores. Pero todas estas cosas pueden terminar en nada. Una oración sincera de corazón que fluye de un corazón quebrantado y de un espíritu arrepentido, vale más que todas las cosas juntas mencionadas con anterioridad. El primer acto cuando tenemos la fe verdadera, es que hablaremos con Dios. La oración es a la fe, lo que la respiración es a la vida. Tal como no podemos vivir sin la respiración, tampoco podemos creer en Cristo sin la oración.
3. La oración es el deber cristiano más descuidado
Ningún deber cristiano es descuidado tanto como la oración secreta. Antes yo creía que la mayoría de las personas que se llaman cristianas oraban, pero ahora he llegado a una convicción distinta. Creo que la gran mayoría de los que dicen ser cristianos nunca oran del todo. La oración es un asunto estrictamente personal entre Dios y nosotros, el cual nadie más observa y por lo tanto, existe una gran tentación a descuidarla.
Creo que muchos nunca dicen ni una sola palabra en oración. Ellos comen y beben, se duermen y se despiertan, viven en la tierra de Dios y disfrutan de sus misericordias. Tienen cuerpos y tienen que morir, y tienen el juicio y la eternidad por delante. No obstante, nunca hablan con Dios. Viven como si fueran animales en vez de hombres que poseen almas eternas.
También creo que para muchos otros, la oración no es más que la pronunciación de unas cuantas palabras de memoria. Algunos usan una fórmula de palabras, sin un deseo sincero por las cosas que están orando. Aún cuando la fórmula sea buena (como por ejemplo el Padre nuestro), muchos lo repiten rápidamente sin ni siquiera pensar acerca de lo que están diciendo. Podemos estar seguros de que Dios no considera esto como la oración, aunque los hombres lo hagan. La oración incluye mucho más que las meras palabras pronunciadas con nuestros labios. Incluye nuestros corazones o no es la oración verdadera. Sin duda Saulo de Tarso, había hecho muchas largas oraciones antes de conocer al Señor en el camino a Damasco. Pero fue solamente cuando su corazón había sido quebrantado, que nuestro Señor dijo: “He aquí, él ora”.
Si a usted le sorprende todo esto, considere los siguientes hechos:
La oración no es algo natural. El deseo natural de nuestros corazones es alejarse de Dios. Por naturaleza no amamos a Dios, sino que le tememos. Por naturaleza no tenemos una convicción de pecado, ni tampoco sentimos nuestras necesidades espirituales, ni tenemos fe en las cosas que no podemos ver. Por naturaleza no deseamos ser santos. Por estas razones, los hombres no oran naturalmente.
La oración no es popular. Todo tipo de actividades mundanas son populares entre los hombres, pero la oración no es popular. Muchos harían cualquier cosa, menos admitir públicamente que tienen el hábito de orar. A la luz de estos hechos, creo que muy pocas personas oran.
Considere el tipo de vida que muchas personas viven. Cuando vemos cuán fácilmente se hunden en el pecado, ¿Cómo podemos creer que están orando constantemente contra el pecado? Cuando vemos que los hombres están completamente ocupados con las cosas del mundo, ¿Acaso podemos creer que están pidiendo a Dios por su gracia para servirle? ¿Cómo puede ser así cuando no muestran ningún interés en Dios del todo? La oración y el pecado jamás pueden permanecer juntos en el mismo corazón. La oración acabará con el pecado o el pecado acabará con la oración. Cuando me acuerdo de esto y veo el estilo de vida de muchos, concluyo que hay muy pocos que oran.
Considere también la forma en que muchas personas mueren. Muchos moribundos parecen completamente extraños a Dios. No tiene ni siquiera la capacidad para hablar con El; dan la impresión de que realmente nunca han hablado con El. Lo que yo he visto con mis propios ojos de los moribundos, me convence de que muy pocas personas oran.
4. Tenemos muchos motivos que nos animan a orar
Tenemos más motivos para orar que los que tenemos en cuanto a los demás deberes cristianos. Dios ha hecho todo lo necesario para que la oración sea fácil, si tan sólo lo intentáramos. Dios ha hecho provisión para cada dificultad, de tal modo que no tenemos excusa alguna si no oramos.
Hay un camino por el cual cualquier hombre, no importa cuán pecaminoso o indigno sea, puede acercarse a Dios el Padre. Cristo ha abierto el camino a través de su sacrificio por nosotros en la cruz. La santidad y la justicia divinas no debieran espantar o impedir a los pecadores. Sino más bien, deberían hacerles clamar a Dios en el nombre de Jesús. Deberían rogar basados en la sangre de Cristo que ha hecho una propiciación por el pecado, y entonces encontrarán que Dios está dispuesto a escuchar. El nombre de Jesús asegura infaliblemente que Dios escuchará nuestras oraciones. En su nombre podemos acercarnos a Dios con confianza y orar con denuedo. ¿No nos anima esto a orar?
Hay un abogado e intercesor que siempre está listo a presentar las peticiones de aquellos que acuden a El. El presenta nuestras oraciones ante el trono de Dios. Nuestras oraciones son en sí mismas débiles, pero cuando son presentadas por el Señor Jesús son poderosas. Su oído siempre está abierto al clamor de todos aquellos que buscan misericordia y gracia. ¿No nos anima esto a orar?
Además el Espíritu Santo siempre está listo para a ayudarnos a orar, porque esto es una parte de su oficio. (Rom. 8:26) El es “el Espíritu de gracia y de oración”. (Zac. 12:10) Nosotros solo tenemos que buscar su ayuda.
Hay grandísimas y preciosas promesas para todos aquellos que oran. Lea Mateo 7:7–8 y 21:22; Juan 14:13–14; Lucas 11:5–13 y 18:1–8. Medite acerca de estos pasajes porque contienen los estímulos más grandes para animarnos a orar.
Hay ejemplos maravillosos en la Escritura del poder de la oración. La oración abrió el mar rojo, sacó agua de la roca, hizo que el sol se detuviera. Cosas que eran imposibles se convirtieron en realidades a través de la oración.
¿Necesitamos más que esto para animarnos a orar? ¿Pudiéramos hacer algo más necio o más tonto que descuidar la oración?
5. La oración es el secreto de la santidad
La diligencia en la oración es el secreto de una santidad eminente. Sin lugar a dudas, existe una gran diferencia entre los logros de los creyentes verdaderos. Algunos progresan más que otros. Algunos que son verdaderamente convertidos, parecen permanecer cono niños espirituales toda su vida. De un año a otro parece que crecen muy poco. Son perturbados por los mismos pecados; y todavía necesitan la leche de la Palabra en lugar del alimento sólido. Sus intereses espirituales permanecen como muy reducidos y limitados a su propio círculo. Pero hay otros creyentes que siempre están creciendo y avanzando en la vida cristiana. Ellos crecen en fe, crecen en buenas obras, intentan grandes cosas y hacen grandes cosas. Cuando fracasan, vuelven a intentarlo, cuando caen en pecado, se levantan pronto. Piensan de sí mismos como siervos débiles e inútiles, sin embargo son las personas cuyas vidas recomiendan la fe cristiana a otros.
Ahora, ¿Cómo podemos explicar esta diferencia que existe entre el pueblo de Dios? ¿Porqué algunos son mucho más santos que otros? Creo que la diferencia en la mayoría de los casos es debido a los diferentes hábitos de oración en lo secreto. Creo que aquellos que no son eminentemente santos, oran sólo un poco, mientras que aquellos que son muy santos oran mucho. Creo que una vez que alguien es convertido a Dios, su crecimiento en la santidad dependerá principalmente del uso diligente de los medios que Dios ha señalado. El medio principal por el cual los creyentes han avanzado en santidad es el hábito diligente de la oración privada. Lea las vidas de los grandes siervos de Dios y se dará cuenta que esto es cierto. Ningún creyente ha llegado a ser un creyente destacado sin ser primero un hombre de oración. Si usted desea crecer como cristiano, tiene que aprender el valor de la oración secreta.
6. El descuido de la oración es la causa del retroceso espiritual
El descuido de la oración es una de las causas principales del retroceso. Es posible ir para atrás en la vida cristiana después de haber empezado bien. Los creyentes de Galacia progresaron bien por algún tiempo, pero después fueron desviados por los falsos maestros. Pedro afirmaba fuertemente su amor para con el Señor, pero en el tiempo de la prueba lo negó. Ser uno de los que retroceden es miserable. Es una de las peores cosas que pueden suceder a un hombre. Sé que la gracia salvadora en un creyente no puede ser destruida. Sé que la verdadera unión con Cristo es inquebrantable. Pero también creo que una persona puede caer tan drásticamente que pierda la vista de su posición en Cristo y que llegue a desesperarse de su propia salvación. Este estado, es la condición más cercana al infierno. Una conciencia herida, una mente fastidiada de sí misma, una memoria llena de reproches de autocondenación, un corazón traspasado con las saetas del Señor, un espíritu quebrantado por el peso de una mala conciencia; todo esto es un sabor del infierno. Considere estas solemnes palabras: “De sus caminos será harto el apartado de razón.” Proverbios 14:14 (“el que retrocede en su corazón”, traducción de la Versión KJV en inglés) Ahora, ¿Cuál es la causa el retroceso espiritual? Creo que por lo general es causado por el descuido de la oración privada. Es mi opinión que el retroceso generalmente empieza con el descuido de la oración.
El descuido de la oración en la vida cotidiana y en nuestras decisiones, ha conducido a muchos creyentes a una condición de parálisis espiritual, o al punto en que Dios les ha permitido caer horriblemente en pecado.
Podemos estar seguros de que los hombres caen en privado mucho antes de que lo hagan en público. Igual como Pedro, primero descuidan la advertencia del Señor respecto a velar y orar, y entonces como Pedro se les acaban las fuerzas y cuando la tentación viene caen en pecado. Entonces el mundo se fija y se burla de ellos. Pero el mundo no reconoce la causa verdadera de su caída la cual es el descuido de la oración.
Si usted es un creyente, espero que nunca retroceda en la vida espiritual. Pero si usted quiere evitar esto, debe tener mucho cuidado con relación a sus oraciones.
7. La oración obtiene la felicidad y el contentamiento
La oración es una de las formas más seguras para obtener felicidad y contentamiento. Este mundo es un mundo de tristeza. Desde que el pecado entró en él, ha sido imposible que los hombres escapen completamente de alguna clase de tristeza u otra. Ahora, la mejor manera para afrontar esto es llevando todas las cosas a Dios en oración. En el Antiguo Testamento leemos: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará.” (Salmo 55:22) En el Nuevo Testamento también leemos: “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6–7) Esta ha sido la práctica del pueblo de Dios en todos las edades. Cuando Jacob estaba atemorizado por su hermano Esaú, oró (Gén. 32:22–32) Cuando Pablo y Silas estaban encarcelados en Filipos, oraron (Hech. 16:23–25) El único camino para estar verdaderamente feliz en un mundo como éste es echar siempre todas nuestras preocupaciones sobre Dios. Cuando los creyentes fallan en hacer esto, y tratan en cambio de llevar sus propias cargas, se vuelven infelices.
Si sólo acudiéramos a El, el Señor Jesús está siempre dispuesto a escuchar y ayudarnos. El sabe todo acerca de las pruebas y las tristezas de este mundo, porque vivió en él durante más de treinta años. Si confiamos en El y le invocamos, El nos puede hacer felices verdaderamente cualquiera que sea nuestra condición. La oración puede aligerar la cruz más pesada. La oración puede iluminar nuestra obscuridad. La oración puede traernos consuelo en medio de la tristeza y soledad más grandes. Quiero que todos los lectores de este libro sean creyentes verdaderamente felices. Pero si usted ha de ser feliz, no existe otro deber más importante que el de la oración.
Conclusión
Algunos consejos para las diferentes clases de lectores:
1. Hablaré a aquellos que no oran. Amigos que no oran, debo advertirles de su peligro. Si ustedes mueren es este estado estarán perdidos. Están completamente sin excusa, porque no pueden dar ninguna sola razón del porqué deberían vivir sin orar. No digan que no saben cómo orar. La oración consiste simplemente de hablar con Dios. Usted no necesita ser educado para orar, sino sólo necesita el deseo de hacerlo. El infante más pequeño puede orar cuando tiene hambre. Si usted está consciente de su necesidad, pronto encontrará algo que tiene que decir a Dios. No diga que usted no tiene un lugar para orar. Cualquiera puede encontrar un lugar adecuado si realmente lo desea. No diga que no tiene tiempo para orar. Usted tiene bastante tiempo, si tan sólo lo usara correctamente. El profeta Daniel tenía que tratar con los asuntos de un imperio muy grande, pero aún así oraba tres veces al día. (Dan. 6:10) No diga que no puede orar porque no ha nacido de nuevo y no tiene fe. Si le hacen falta estas cosas tiene que invocar a Dios y pedírselas. “Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6) No lo deje para mañana. La salvación le está muy cerca hoy. No la pierda por no buscarla.
2. Hablaré a aquellos que desean ser salvos pero no saben que hacer. Les aconsejo que acudan ahora mismo al Señor Jesús. Busque el lugar privado más cercano, y ruéguele en oración que le salve. Dígale que usted ha escuchado que recibe a los pecadores y que ha dicho que “ninguno que venga será echado fuera”. Dígale que usted es un pecador perdido, y que acude a El basado en su propia invitación. Dígale que usted está enteramente en sus manos y que a menos que El le salve, usted no tiene esperanza alguna. Pídale por la liberación de la culpa, del poder y las consecuencias de sus pecados. Pídale que le perdone, y que le conceda un corazón nuevo y que ponga en usted su Espíritu Santo. Pídale que le ayude a ser su discípulo y su siervo desde ahora y para siempre. Si usted tiene preocupación verdadera por su alma, haga esto hoy. Recuerde que El está dispuesto a salvarle porque usted es un pecador y El vino al mundo a salvar a los pecadores. (Luc. 5:32, 1 Tim. 1:15) No se detenga debido a que se siente indigno. Entre más enfermo que esté, más necesita el doctor. Usted no se alejaría del doctor por sentirse muy enfermo. No se preocupe por las palabras que usará, Jesús le entenderá. Y no se desespere porque pareciera que no recibe una respuesta inmediata. El le escucha, siga pidiendo y la respuesta vendrá. Si usted desea ser salvo, recuerde lo que le he dicho y actúe en base a ello, y seguramente Dios le salvará.
3. Finalmente, hablaré a aquellos que oran. No permitan que ninguna cosa les desanime. Quizás frecuentemente se sentirán muy desanimados y sus tiempos de oración puedan convertirse en tiempos de conflicto. Pero esto es muy común puesto que el diablo odia verlos orar. Entonces, ustedes tienen que perseverar. Déjenme ofrecer algunas palabras de consejo acerca de sus oraciones.
Recuerden la importancia de la reverencia y la humildad en la oración. Piense quien es Dios y quien es usted.
Recuerden la necesidad que tienen de que el Espíritu Santo les ayude en la oración, tengan cuidado de que sus oraciones no se vuelvan mera formalidad.
Recuerden cuán importante es orar regularmente. Ustedes deben considerar la oración como una de las actividades más importantes de cada día. Tiene que apartar tiempo para orar como parte de su rutina cotidiana.
Recuerden la importancia de perseverar en la oración. A menudo serán tentados a dejar o acortar sus oraciones. Esta tentación siempre viene del diablo, no importa cuán plausibles parezcan las razones para hacerlo.
Sean fervientes en la oración. Es la oración eficaz la cual logra mucho. (Stg. 5:16)
Recuerden la importancia de orar con fe. Debemos creer que si pedimos conforme a la voluntad de Dios, nuestras oraciones serán contestadas. (1 Jn. 5:14) Usted debe esperar respuestas a sus oraciones.
Consideren la importancia del denuedo en sus oraciones. Esto no significa una familiaridad indebida, sino más bien el argumentar con Dios en base a su Palabra y sus promesas.
Recuerden la importancia de pedir mucho. Cuán frecuentemente es cierto que los creyentes “no tienen porque no piden”. (Stg. 4:2)
Sean específicos en sus oraciones. Confiesen sus pecados específicos, oren por sus debilidades específicas, y hablen con Dios de sus necesidades específicas.
Recuerden la importancia de orar los unos por los otros. Tenga cuidado de que sus oraciones no se vuelvan egoístas.
Sean agradecidos en la oración. Tenemos muchas cosas por las cuales debemos estar agradecidos. No considero una oración como verdadera sino incluye las acciones de gracias.

Y finalmente, déjenme recordarles la necesidad de vigilar sus oraciones. La experiencia cristiana verdadera comienza con la oración y florece con ella; y también decae con el descuido de la oración. La oración es como un tipo de pulso espiritual, por medio de ella usted puede saber si está sano espiritualmente. Vigile su vida de oración, y me sorprenderá mucho si las cosas se tornan mal en su progreso espiritual. 



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