miércoles, 9 de julio de 2014

Religiosidad

“Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella…” (2 Timoteo 3:5)
“Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.” 
Romanos 2:28–29

Estos textos nos enseñan al menos tres importantes verdades: Primero, que el cristianismo externo no es el cristianismo verdadero. Segundo, que el cristianismo verdadero debe existir en el corazón. Tercero, que no debemos esperar que el verdadero cristianismo sea popular.
1. El cristianismo externo no es el cristianismo verdadero
La primera cosa que debemos aprender es que el cristianismo externo no es el verdadero cristianismo, y que el cristiano que lo es solo en lo externo, no es un creyente verdadero. Por un cristiano “externo”, me refiero a alguien que lo es de nombre pero no en realidad, es decir; que lo es en su práctica externa pero no en su corazón.
Hay muchas personas cuyo cristianismo consiste solamente de asistir a las reuniones de la Iglesia. Ellos asisten regularmente, pero no están familiarizados con las Escrituras, y no se deleitan leyéndolas. Sus vidas no están separadas del mundo. No están realmente interesados en las doctrinas y no se preocupan por la clase de enseñanza que escuchan. Estas personas son solamente “creyentes externos”.
Hay otras personas cuyo cristianismo consiste solamente de palabras. Conocen la teoría del evangelio y sostienen firmemente la sana doctrina, pero no saben nada de la piedad práctica. No son personas honestas, amables, humildes, bondadosas, generosas, etc. Son creyentes de nombre, pero lo son solamente en lo externo.
Las Escrituras hablan claramente acerca de tales personas. Escuche las palabras de Pablo: “Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.” (Romanos 2:28–29) Estas son palabras muy fuertes. Un hombre podría ser un descendiente físico de Abraham, circuncidado, observador de las fiestas judías, un asistente regular al templo, y sin embargo ante los ojos de Dios no ser un judío verdadero. En la misma manera, alguien puede profesar el cristianismo en forma externa, ser bautizado, asistir regularmente a los cultos y sin embargo, ante los ojos de Dios no ser un creyente verdadero.
Vea Isaías 1:10–15 donde Dios declara que los sacrificios del pueblo fueron inútiles, y que aborrecía sus fiestas. Sin embargo, aquellos sacrificios y fiestas habían sido ordenadas por Dios mismo. Dios está declarando que aún las ordenanzas de su adoración resultan inútiles cuando no se observan de corazón. De hecho, son menos que inútiles, son ofensivas a Dios y El las aborrece.
Escuche ahora al Señor Jesucristo mismo, El dijo a los judíos de aquel entonces: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran…” (Mateo 15:8–9) Repetidas veces El denunció la religión externa de los fariseos y advirtiendo a sus discípulos contra ella. Jesús siempre tenía una palabra tierna para los peores de entre los pecadores y les invitaba a acudir a El para salvación. Pero, descubría y condenaba con fuertes términos a todos aquellos que tenían solo la apariencia externa de la religión.
Podríamos citar fácilmente otros textos en la Biblia que hablan acerca de esto. La Biblia nos enseña claramente, que no solo debemos evitar el pecado, sino que también debemos evitar el peligro de tener nada más que el cascarón o la apariencia del cristianismo.
Esta clase de cristianismo externo es muy común. Llega a invadir toda clase de iglesias y es altamente peligroso. Los actos externos del cristianismo sin el corazón, tienen un efecto endurecedor sobre el corazón y la conciencia. Esta clase de “cristianismo” es también muy necio. ¡Cuán necio es suponer que la forma externa del cristianismo traerá consuelo en el tiempo de la enfermedad o en la hora de la muerte! La chimenea de una pintura no puede calentar a un hombre porque no es real. Tampoco el cristianismo externo puede traer paz al alma. Dios lo ve como fraudulento, aunque nuestros amigos cristianos y pastores sean engañados por él. Dios conoce los secretos de nuestros corazones. El juzgará los secretos de los hombres en el día final.
2. El cristianismo verdadero debe existir en el corazón
La verdadera prueba del carácter del hombre y su religión está en su corazón. Es en el corazón en donde el cristianismo verdadero debe vivir. Los hombres se fijan en las cosas que las personas dicen y hacen, pero una persona puede hacer y decir lo que es correcto por motivos falsos. Pero Dios se fija en el corazón, es ahí donde el verdadero cristianismo debe comenzar. Dios dice: “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.” (Ezequiel 36:26) La fe salvadora es un asunto del corazón. “Con el corazón se cree…” (Rom. 10:10) La santidad proviene solo de un corazón renovado. Los cristianos hacen la voluntad de Dios de corazón.
Quizás algún lector piensa que una religión correcta en lo externo sea suficiente. Si es así, usted está completamente equivocado. El apóstol Pablo dice: “Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.” (Gálatas 6:15) Aquí Pablo quería decir más que el mero hecho de que la circuncisión ya no es un requisito bajo el nuevo pacto. Quería decir que el cristianismo verdadero no es algo externo sino interno. No consiste de ceremonias externas de ningún tipo, sino en la gracia de Dios obrando en nuestros corazones.
Cuando nuestros corazones están mal, ante los ojos de Dios todo está mal. Las observancias externas son inútiles si nuestros corazones están mal. Bajo el Antiguo Testamento, el arca fue el objeto más sagrado en el tabernáculo. Pero cuando los israelitas confiaron más en el arca que en Dios, fueron derrotados por sus enemigos. Estaban confiando en un objeto externo en vez de confiar en Dios mismo. Estaban mal en sus corazones. Nuestra adoración puede ser exteriormente correcta, pero será rechazada por Dios si nuestros corazones están mal.
Cuando nuestros corazones están bien, Dios pasará por alto muchas imperfecciones en nosotros. Josafat y Asa fueron reyes de Judá quienes estaban muy lejos de ser perfectos. En muchas maneras fueron hombres débiles, pero a pesar de todas sus fallas, estaban bien en sus corazones. La Pascua que Ezequías guardó tenía muchas irregularidades. Pero, nosotros leemos que Ezequías oró diciendo: “Jehová, que es bueno, sea propicio á todo aquel que ha apercibido su corazón para buscar á Dios” (2 Crónicas 30:18) y Dios respondió su oración. Dios está mucho más interesado en el estado de nuestros corazones que en la observancia externa.
Déjeme exhortarle: resuélvase a ser un cristiano de corazón. Usted no debería descuidar los aspectos externos de la adoración, pero sobre todo, asegúrese de preocuparse por el estado de su corazón.
3. El cristianismo verdadero nunca es popular
Quiero que usted sea un cristiano de corazón. Pero quiero que se dé cuenta de que este cristianismo nunca será popular. Nunca lo ha sido y nunca lo será, mientras que la naturaleza humana permanezca como no regenerada. Las mayoría de la gente está satisfecha con una religión externa. Dicha religión satisface la conciencia que nunca ha visto su gran necesidad de Cristo. Una religión externa agrada a nuestra propia justicia. También agrada a nuestra flojera natural, porque el cristianismo de corazón no es fácil, en cambio el cristianismo externo no nos causa necesariamente grandes problemas.
La historia de la religión demuestra lo que estoy diciendo. La historia de Israel en el Antiguo Testamento y los cuatro evangelios ponen esto de manifiesto. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban al pueblo continuamente porque practicaban la religión externa, sin el corazón. El Señor Jesús denunciaba a los escribas y fariseos por la misma cosa. Después de los días de los apóstoles, el cristianismo en su mayor parte, pronto se convirtió en algo meramente externo. Esto siempre ha sido la forma popular de cristianismo, mientras que el cristianismo de corazón ha sido algo raro.
El cristianismo de corazón es demasiado humillante para ser popular. Le deja al hombre sin ningún motivo para la jactancia. Le dice que está muerto en pecados y que tiene que nacer del Espíritu. Le dice que es culpable y merecedor del infierno y que debe acudir a Cristo para ser salvo. Pero el orgullo humano se rebela cuando se le habla de estas cosas.
El cristianismo de corazón es demasiado santo para ser popular. Exige que el hombre cambie sus caminos. Exige que abandone el mundo y sus pecados, que tenga una mente espiritual y que ame la palabra de Dios y la oración. ¿Cómo podría algo parecido a esto ser popular? No fue popular en el pasado y no lo es hoy en día.
Pero ¿qué importa si es popular o no para los hombres? No compareceremos ante los hombres en el juicio sino ante Dios. La gloria del cristianismo de corazón consiste de que recibe “la alabanza de Dios”. Le agrada a Dios cuando ve el cristianismo de corazón en esta vida presente. Donde quiera que El ve arrepentimiento, fe, santidad, y el amor a Dios morando en el corazón, esto agrada mucho a Dios. ¿No vale esto más que toda la alabanza de los hombres?
En el día del juicio, Dios proclamará su aprobación del cristianismo de corazón ante todo el mundo. El traerá a sus santos de todas partes del mundo en una reunión gloriosa. Los colocará a la diestra del glorioso trono de Cristo. Entonces, todos aquellos que han amado y servido a Cristo de corazón le escucharán decir: “Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:34) Los “creyentes externos” verán esto con envidia porque estas palabras nunca les serán dichas a ellos. En aquel gran día veremos y entenderemos más plenamente el valor verdadero del cristianismo de corazón. En esta vida es muy probable que usted sufra burlas, desprecio, oposición y persecución. “Y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22) Pero no importa lo que fueras a perder en este mundo, porque la alabanza de Dios en aquel día recompensará todo.
Conclusión
Déjeme concluir con tres puntos de aplicación:
1. ¿Es su cristianismo un asunto de observancia externa más bien que del corazón? Si es así, le tengo que advertir tiernamente que usted está en el más grande peligro posible. No tiene nada para consolarle en el día de la prueba, nada que le pueda dar esperanza en el día de la muerte, y nada para salvarle en el día final. ¡Qué Dios aplique esta advertencia a su alma!
2. Si su corazón le condena, entonces hay un solo camino que usted puede tomar. Debe acudir a Cristo sin dilatarse y decirle su condición. Confiésele la falsedad e inutilidad de su cristianismo externo, y pídale un corazón nuevo. El es poderoso para salvarle y ningún caso le es demasiado difícil. “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.” (Lucas 11:9)

3. Por otra parte, si su cristianismo es realmente un asunto del corazón, y usted tiene una confianza bien fundada hacia Dios, entonces tome muy en serio las responsabilidades de su posición. Dele la alabanza y el agradecimiento a Dios quien le ha dado un corazón nuevo. Pero vigile y tenga cuidado de no caer en el formalismo y la religiosidad externa. Tenga cuidado respecto a la lectura de la Biblia, la oración, y su comportamiento en la vida diaria. Nadie es tan espiritual como para estar fuera del peligro de caer tristemente en el formalismo. Por lo tanto, vigile y sea cuidadoso mientras que mira hacia adelante a la venida del Señor. Pronto vendrá. El tiempo de tentación terminará pronto. En aquel día nadie pensará que fue demasiado lejos en su entrega de corazón a Cristo.



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