viernes, 1 de agosto de 2014

Discrepancias doctrinales - Atributos (parte 1:4)

DIOS
Eternidad
Dios es eterno

Su origen en el tiempo

Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios (Sal. 90:2).

Dios viene de Temán, y el Santo desde el monte de Parán (Hab. 3:3).

El segundo texto, por absurdo que parezca, ha sido aducido como enseñando que Dios se originó en el tiempo.
El pasaje se refiere simplemente a la maravillosa manifestación del poder y la gloria de Dios en juicio, avecinándose sobre Israel desde aquel distrito en el que Israel había experimentado en el pasado su gracia redentora y donde había entrado con Dios en la relación del pacto. Temán y Parán eran «la designación general de las regiones al sur de Palestina como escena de las manifestaciones divinas a Israel». Esto queda claro del texto paralelo en Dt. 33:2: «Jehová vino de Sinay, y de Seir les esclareció; resplandeció desde el monte de Parán, y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha».
Unidad
Dios es uno

Pluralidad de seres divinos

Oye, Israel: Jehová es nuestro Dios, Jehová uno es (Dt. 6:4).
Ved ahora que sólo yo soy, y no hay dioses conmigo (Dt. 32:39).
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios (Jn. 17:3).

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (Gn. 1:26).
Y dijo Jehová Dios: He aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal (Gn. 3:22).

Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él (1 Co. 8:6).


Después le apareció Jehová en el valle de Mamré, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo (Gn. 18:1–3).
Póstrense a él todos los dioses (Sal. 97:7).
Y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu (Is. 48:16).
[Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno (1 Jn. 5:7)].

Los dos primeros textos de Génesis presentan la palabra de Dios (Elohim) en forma plural. Gesenius lo considera «un plural de excelencia o majestad» Nordheimer, un «plural de preeminencia» Baumgarten, un «plural numérico, denotando juntos a Dios y a los ángeles» Delitzsch, un «plural de intensidad» Fuerst lo considera utilizado «debido a que los antiguos consideraban la Deidad como un agregado de muchas infinitas fuerzas». Busch piensa que el plural implica «mayor plenitud, énfasis e intensidad de significado» Lange considera que denota «plenitud intensa», y Hengstenberg dice que «llama la atención a las infinitas riquezas y a la plenitud inexhaustible contenida en el ser divino».
Ewald: «Se trata de un uso antiguo, más especialmente en esta tribu semítica, para designar a Dios, como también a cualquier otro superior, externamente por una forma plural, y por la que simplemente se expresaba el sentido de una dignidad y reverencia».
En cuanto a los pronombres plurales, «nosotros» y «nuestra», que Dios mismo emplea aquí, Aben Ezra cree que se dirige a las Inteligencias; Filón, Delitzsch y otros, que se dirigía a los ángeles; Davidson, con Sedaías a Gaón, que hablaba como un soberano, «Nos el rey» Kalisch, Tuch y Bush creen sustancialmente que se trata del plural «empleado en deliberación y autoexhortación» Maimónides afirma que Dios se está dirigiendo a la tierra o a la naturaleza recién creadas; Keil que está hablando de y consigo mismo en número plural, «con referencia a la plenitud de los poderes divinos y esencias que posee». Por otra parte, Lange cree que la fraseología puede «señalar a la perspectiva germinal de una distinción en la personalidad divina», y Murphy que «indica una pluralidad de personas o hipóstasis en el Ser de la Deidad».
Vemos así que las anteriores expresiones son susceptibles de varias interpretaciones razonables congruentes con los principios monoteístas.
Con referencia a Abraham y los «tres varones»—seres sobrehumanos en forma humana—, el patriarca parece distinguir a uno de ellos como preeminente entre los tres, a quien se dirige como «Señor». Keil dice: «Jehová y dos ángeles: los tres en forma humana». Murphy: «Es evidente, en todo caso, que de los tres hombres uno era el Señor, que, mientras los otros dos se dirigieron hacia Sodoma, se quedó con Abraham mientras que él hacía su intercesión por Sodoma, y después también él se fue». Lange: «Abraham reconoce en el acto entre los tres a uno a quien se dirige como Señor en sentido religioso, que después se manifiesta como Jehová, y que se distinguía claramente de los dos ángeles que le acompañaban».
En cuanto a la cita de los Salmos, Maimónides y David Kimchi dicen que la palabra «Elohim», en este caso, significa «poderes angélicos». Otros, que significa «magistrados» o «jueces», como en Éx. 22:8, 9, 28. Alexander y Hengstenberg explican que significa «falsos dioses» Delitzsch, «los poderes sobrehumanos deificados por los paganos». La Peshita siríaca dice: «vosotros todos sus ángeles».
Is. 48:16 es ambiguo en el original. «Puede significar «Jehová» y su espíritu me han enviado», o «Jehová me ha enviado a mí y a su Espíritu». Así lo considera Delitzsch: «El Espíritu no aparece aquí como uniéndose en la acción de enviar … El significado es que él también es enviado, esto es, enviado en y con el siervo de Jehová, que está hablando aquí».
1 Jn. 5:7 es un pasaje espurio. No se encuentra en ningún manuscrito griego anterior a los siglos quince o dieciséis, y no se halla en ninguna versión antigua. Es rechazado por Alford, Abbot, Bleek, Scrivener, Tischendorf, Tregelles, Wordsworth, y la mayor parte de los críticos actuales.
Se tiene que observar que los textos de la primera serie enseñan inequívoca y expresamente la unidad de Dios, mientras que los de la segunda serie, cuyo propósito primario es la enseñanza de otras verdades, son perfectamente explicables en armonía con los de la primera.

DIOS
Inmaterialidad
Dios es Espíritu

Tiene cuerpo y órganos materiales

Un espíritu no tiene carne ni huesos (Lc. 24:39).

Tablas de piedra escritas con el dedo de Dios (Éx. 31:18).

Dios es Espíritu (Jn. 4:24).

Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro (Sal. 91:4).
Rayos brillantes salen de su mano (Hab. 3:4).

Estos textos, que figuran a Dios como poseyendo manos, dedos, alas, plumas, etc., son simplemente unas atrevidas figuras y sorprendentes hipérboles, para la mente occidental, pero que son muy familiares para los orientales. Y estos nunca admitirían que se les entendiera literalmente al emplearlas.

«Dedo de Dios» denota su acción directa; sus «alas» y «plumas» son una gráfica imagen de su cuidado protector, expresado con una alusión a un ave sobrevolando y dando su cuidado a sus polluelos (cp. Dt. 32:11).


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