viernes, 15 de agosto de 2014

No hay científicos ateos - parte 1/3

   Todo científico, incluyendo a los agnósticos y los ateos, creen en Dios. Es necesario para hacer su trabajo. Esta afirmación podría parecer estrafalaria. ¿Cómo podemos decir que los ateos “creen en Dios”? Pero las personas muchas veces muestran en sus acciones creencias que niegan con sus palabras. Por ejemplo, Bakht, un filósofo hindú, dirá que el mundo es una ilusión. Pero él no cruza la calle justo frente a un ómnibus. Susana, una relativista radical, dirá que no hay verdad absoluta. Pero ella viaja tranquilamente a los 30,000 pies de altura en un avión cuyo vuelo seguro depende de las verdades inmutables de la aerodinámica y la mecánica estructural.
Pero, ¿qué pasa con los científicos? ¿Ellos tienen que creer en Dios? La cultura popular americana a menudo nos dice lo contrario, es decir que la “ciencia” es opuesta a las creencias Cristianas y bíblicas. A menudo se oye repetir la vieja historia del conflicto con Galileo, y del juicio con Scopes en Estados Unidos sobre la evolución, al punto que estos eventos han adquirido un status casi mítico. Y la pugna entre la ciencia y la religión recibe refuerzos por medio de una promoción vociferante de la evolución materialista.
Los historiadores de la ciencia señalan que la ciencia moderna surgió en el contexto de una cosmovisión Cristiana, y fue nutrida por la misma. Pero si esto fue cierto en el pasado, la ciencia del siglo veinte parece poder sostenerse sin la ayuda de ningún fundamento teísta. De hecho, muchos consideran que Dios es el “Dios de los vacíos” (God of the gaps), el Dios a quien invocan sólo cuando no hallan explicaciones científicas. Según esta perspectiva, la ciencia avanza, es capaz de explicar más y más de los vacíos, y la necesidad de Dios disminuye. Lo “natural” llega a poder explicar casi todo, haciendo innecesario lo “sobrenatural”.
Enfoquemos nuestra mirada en las leyes naturales
Las cosas se miran diferente si nos negamos a confinar a Dios en un cubículo del “Dios de los vacíos”. Según la Biblia, él está involucrado en las áreas más comunes de las ciencias, las áreas de los eventos predecibles, las áreas que involucran experimentos de prueba repetitiva, y aún las descripciones matemáticas exactas. En Génesis 8:22 Dios promete:
Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche (Génesis 8:22).
Y esta promesa general referente a los tiempos regulares de la tierra es complementada por muchos ejemplos específicos en otros pasajes:
Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. (Salmo 104:20).
Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra. (Salmo 104:14).
El envía su palabra a la tierra; Velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana, Y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos; Ante su frío, ¿quién resistirá? Enviará su palabra, y los derretirá; Soplará su viento, y fluirán las aguas. (Salmo 147:15–18).
Los ciclos regulares que los científicos describen, realmente son los compromisos que Dios mismo ha hecho. En su Palabra a Noé, Dios se compromete con gobernar los tiempos y los sazones. Por su Palabra, gobierna la nieve, el frío, y el granizo. Los científicos sólo describen los ciclos regulares de la Palabra de Dios que gobierna el mundo. Las llamadas “leyes naturales” son realmente la ley de Dios, o la Palabra de Dios, descritas imperfectamente o aproximadamente por los investigadores humanos.
Ahora bien, recordemos que la investigación científica depende de que haya efectos regulares en el mundo. Sin estas regularidades, no habría nada qué estudiar. Los científicos dependen no solamente de que hayan procesos regulares con que están familiarizados, como por ejemplo la conducta regular de su aparato de medir, sino también dependen de la suposición de que hallarán más regularidades en las áreas de investigación. Deben mantener la esperanza de encontrar otras regularidades, porque si no, tendrían que abandonar sus exploraciones.
La fe en las leyes científicas
¿Qué son estas regularidades? Les han puesto varios nombres: “ley natural”, “la ley científica”, “teoría”. Algunas regularidades pueden ser descritas con exactitud cuantitativa para cada caso (dentro de límites estrechos de error), mientras otras regularidades sólo se ven después de comparar un número grande de casos. Todos los científicos creen en la existencia de tales regularidades. Y en todos los casos, no importa su religión profesada, los científicos en la práctica saben que las regularidades están “ahí”. En última instancia, los científicos son “realistas” con respecto a las leyes científicas. Los científicos las descubren, no las inventan. Si no fuera así, ¿para qué todo el trabajo tedioso y frustrante de los experimentos? Sería, ¡adivine, invente, y sea famoso!
Estas regularidades son, pues, ¡regulares! Y para que algo sea regular, debe ser regulado. Se necesita una regula, una regla. El Diccionario Webster señala este concepto al definir “regular” como “formado, edificado, arreglado u ordenado de acuerdo a una regla establecida, una ley, un principio o un tipo”. La idea de una ley o una regla es parte integral del concepto de “regular”. Los eventos ocurren en el tiempo y el espacio. Cuando los eventos evidencian una regularidad, es porque están formados u ordenados de acuerdo a una regla o una ley. Es por esto que el término “ley” es un término natural para definir las teorías y principios científicos que son bien establecidos. Hablamos de “las leyes de Newton”, “la ley de Boyle”, “la ley de Dalton”, “las leyes de Mendel”, “las leyes de Kirchhoff”. Todos los científicos aceptan y dependen de la existencia de las leyes científicas.
Aplicación universal de las leyes científicas
¿Qué características debe tener una ley científica para que realmente sea una ley? Una vez más, vamos a concentrarnos en la práctica de los científicos, y no en sus fantasías metafísicas. Preguntamos: “Sea cual sea su filosofía profesada, ¿qué esperan los científicos en la práctica?” Y tal como el relativista espera que el avión vuele, de igual manera el científico espera que las leyes sean fieles.
Los científicos creen que las leyes científicas son universales en el tiempo y en el espacio. Las leyes de Kirchhoff respecto a los circuitos eléctricos se aplican sólo a circuitos eléctricos, no a otras situaciones. Pero se aplican en principio a circuitos eléctricos en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Por supuesto, en algunas ocasiones los científicos encuentran limitaciones en sus formulaciones. Algunas leyes, como por ejemplo las de Newton, realmente no son universales, sino que se aplican bien solamente en condiciones restringidas de objetos grandes y masivos a velocidad inferior. A la luz de los descubrimientos posteriores, diríamos que las leyes de Newton siempre eran solamente una respuesta aproximada a las leyes de regularidad en el mundo. Entonces, modificamos las leyes de Newton, o incluimos restricciones específicas de baja velocidad cuando formulamos estas leyes. Si incluimos estas restricciones o condiciones, podemos decir que se aplican en todo tiempo y en todo lugar.
Lo que queremos decir es que parte del concepto de “ley” es la expectación de incluir “en todo tiempo y todo lugar”. Esto es para decir que una ley, si realmente es “ley” y es formulada correctamente, se aplica en todo tiempo y en todo lugar. Los términos clásicos son “omnipresencia” (todo lugar) y “eterno” (en todo tiempo). “Ley” tiene dos atributos tradicionalmente atribuidos a Dios. Técnicamente, la eternidad de Dios es definida como siendo “encima”o “más allá” del tiempo. Pero los términos “encima” o “más allá” son metáforas que apuntan a misterios. Y de hecho, hay un misterio análogo con respecto a las leyes científicas. Si “ley” es universal, ¿en un sentido no está más allá de los eventos particulares de algún lugar o algún tiempo? Aún más, dentro de una cosmovisión bíblica, Dios no sólo está “encima” del tiempo (en el sentido de no estar limitado a nuestra experiencia finita del tiempo), pero Dios también está “dentro” del tiempo en el sentido de que actúa en el tiempo. De igual modo, ley está encima del tiempo por su universalidad, pero en el tiempo por su aplicabilidad a cada situación particular.
Atributos divinos de las leyes científicas
Los atributos de omnipresencia y de eternidad son solamente el comienzo. Cuando miramos más de cerca, encontramos que las leyes científicas exhiben otros atributos divinos también. Consideremos: si una ley se aplica se aplica en todo los tiempos, presuponemos que es la misma ley en todos los tiempos. La ley no cambia con el tiempo. Es inmutable. Si una “ley” cambiaba con el tiempo, realmente no sería una “ley”, sino alguna fase temporal de otra regularidad más amplia que podría explicar cambios a un nivel inferior. La regularidad más alta y universal es la verdadera ley. El concepto mismo de ley científica presupone inmutabilidad.
Siguiendo, las leyes en su fondo son la expresión de una idea racional. No “vemos” una ley, sino que vemos los efectos de la ley en el mundo material. La ley en sí es fundamentalmente inmaterial e invisible, pero es conocida por medio de sus efectos. Dios también es inmaterial en esencia, e invisible, pero es conocido por medio de sus obras en el mundo.
Las leyes verdaderas (no las aproximaciones de los científicos), también son absolutamente e infaliblemente verdaderas. La verdad es también otro atributo de Dios.



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