domingo, 17 de agosto de 2014

No hay científicos ateos - parte 3/3

Pero, ¿son creyentes los científicos?
¿Los científicos creen todo esto? Sí y no. Su condición ya se describió hace muchos años en la biblia:
“… porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19, 20).
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría” (Salmo 19:1, 2).
Ellos conocen a Dios. Dependen de él. Pero como este conocimiento es doloroso tanto emocional como espiritualmente, lo suprimen y lo distorsionan.
“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Romanos 1:21, 22).
Quizás las personas modernas ya no fabrican ídolos en forma de imágenes físicas, pero su concepto de “ley científica” consiste en una distorsión idolátrica de su conocimiento de Dios. Ellos ocultan para sí mismos el hecho de que esta “ley” es personal, y que son responsables ante Dios. Otros sustituyen el término “La Naturaleza”, dándole personalidad mientras alaban las obras de “La Madre Naturaleza”. Pero estos evaden lo que saben acerca de la trascendencia de Dios sobre la naturaleza.
Aún en medio de su rebelión, las personas continúan dependiendo de que Dios vaya a estar presente. Demuestran con sus acciones que sí creen en Dios. Cornelius Van Til compara esta actitud a un incidente que vio en un tren, cuando una niña sentado en regazos de su abuelo le pegaba en la cara. El rebelde debe depender de Dios, “sentado en sus regazos” por decirlo así, aún para ejercer su rebeldía.
¿Creemos los cristianos?
Sospecho que la culpa de la incredulidad no es completamente la responsabilidad de los incrédulos. Los Cristianos también tenemos culpa. Los Cristianos a menudo hemos adoptado un concepto anti-bíblico de Dios, que remueve a Dios un paso para afuera de las actividades ordinarias. Los Cristianos mismos a veces piensan que la “ley científica” o la “ley natural” es como un mecanismo cósmica o reloj impersonal que maneja el mundo normalmente, mientras Dios está de vacaciones. De vez en cuando Dios llega y hace un milagro, pero raramente. ¡Estas ideas no son bíblicas!
“Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra” (Salmo 104:14).
“Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza.” (Salmo 147:16).
No lo olvidemos. Si nosotros mismos recuperaran una doctrina más robusta del mover de Dios en su cuidado diario en este mundo, en cada detalle, estaríamos mejor preparados para dialogar con los científicos ateos quienes dependen del mismo cuidado.
Principios para dar testimonio
Primero, debemos recordar que el diálogo sobre la presencia de Dios en la ley científica no procede como los argumentos tradicionales de probar la existencia de Dios. En este caso no estamos deduciendo la existencia de Dios como conclusión final de un argumento procedente de otras premisas. En contraste con la forma tradicional de probar a Dios, nosotros mostramos lo que los científicos ya saben acerca de Dios como un aspecto de sus propias experiencias en sus tareas científicas. Así que, el enfoque no está en un debate intelectual, sino en ser un ser humano íntegro dentro del contexto de la investigación científica.
Segundo, recordemos que los científicos niegan a Dios dentro del mismo ámbito en que dependen de él. Su negación de Dios no proviene en última instancia de alguna falla intelectual, ni de la incapacidad de llegar bien a la conclusión de una cadena de silogismos, sino sencillamente de una falla espiritual. Nos rebelamos contra Dios, y no queremos servirle. En consecuencia, sufrimos su ira (Romanos 1:18), lo cual tiene efectos tanto intelectuales como espirituales y morales. Según Romanos 1:22, el rebelde es un “necio”.
Tercero, pero la persona intelectual es humillante ser desenmascarado como un necio. Y es más humillante, y aún insoportable psicológicamente, ser desenmascarado como culpable de rebeldía contra la bondad de Dios. Podemos esperar que los que nos oyen peleen tal conclusión con un esfuerzo tremendo de energía intelectual y espiritual.
Cuarto, es sólo el Evangelio con su mensaje de perdón y reconciliación por medio de Cristo que ofrece el único remedio para terminar con la lucha contra Dios. Y trae la última humillación, que mi reconciliación proviene enteramente de Dios, desde fuera de mis propios esfuerzos, a pesar y no por medio de, mis propias habilidades. Y como clímax final, yo era tan malo que requirió el precio de la muerte del Hijo de Dios para conseguir mi rescate.
Quinto, cuando nos acercamos a los científicos de esta manera, estamos entrando en una guerra espiritual. El idólatra es cautivo al engaño de Satanás (1 Cor. 10:20; 2 Tes. 2:9–12; 2 Tim. 2:25, 26; Efesios 4:17–24; Apoc. 12:9). Y no se libera de sus garras hasta que Dios le dé libertad (2 Tim. 2:25, 26). Debemos orar a Dios y depender del poder de Dios, y no en las sutilezas de argumentos humanos, ni la elocuencia de persuasión humana (1 Cor. 2:1–5; 2 Cor. 10:3–5).
Sexto, nos acercamos a estos temas como pecadores también. Los Cristianos mismos tenemos una carga inmensa de culpa al ser esclavizados nosotros mismos por la idolatría de ver las leyes científicas como algo impersonal. Dentro de nuestra propia esclavitud damos por sentado los beneficios y la belleza de “la ciencia”, cuando debemos ser llenos de gratitud y adoración a Dios.
¿Sería diferente este tipo de acercamiento basado en estos principios, que otros acercamientos que se dirigen a los intelectuales? Me parece que sí.
Ampliando nuestro enfoque
Hasta este momento hemos tratado a los científicos como posibles receptores del testimonio Cristiano. Pero, ¿hay implicaciones que podemos sacar cuando pensamos en un público más amplio?
En nuestro mundo tecnológico, todo habitante depende de los productos de la ciencia y la tecnología. Y las personas confían suficientemente en las herramientas de la tecnología como para depender de ellas. Confían no sólo para adquirir información y noticias del mundo en general, sino también para la preservación de sus vidas. No todos viajan en aviones, pero la mayoría de las persona viajan por lo menos en algún vehículo a alta velocidad, y compran alimentos en un mercado que representa el punto final de una larga cadena de pasos tecnológicos en la producción y la distribución.
¿De qué manera somos protegidos de los desastres? El testimonio bíblico claro a esta pregunta es: Dios. Contemplamos día con día el gobierno providencial de Dios. Dios hace bien, “dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones” (Hechos 14:17). La maravilla del crecimiento de las plantas manifiesta la fidelidad de Dios mientras envía su Palabra a ellas. También las maravillas de la química para hacer fertilizante y pesticidas, las maravillas de las ciencias de suelo informando y aconsejando a los agricultores, las maravillas de la biología en poder modificar genéticamente las plantas, y las maravillas de ¡la complejidad increíble de máquinas para cosechar, procesar, enviar y empacar las plantas!
Los científicos trabajan necesariamente con el carácter eterno y omnipotente de la ley científica, ¡ahí ante sus propios ojos! La población común sólo ve la fidelidad de Dios manifestada de manera menos obvia en la confiabilidad de todo el aparato tecnológico que la ciencia produce. Nosotros damos por sentado que las fuentes de comida son confiables, y creemos que nuestra comida nos nutrirá en lugar de matarnos.
Regresando a los atributos de Dios
En una medida, entonces, los atributos de las leyes científicas son visibles aún para las personas ordinarias que se benefician de la tecnología. Las personas ordinarias creen que los productos tecnológicos funcionarán de la misma manera en todo tiempo y en todo lugar. Es decir, todos realmente creen que la tecnología tiene un fundamento de consistencia. Y creen implícitamente que las leyes detrás de la tecnología son consistentes. Por supuesto, las personas comunes quizás no estén informadas acerca de todos los detalles de las leyes científicas que fundamentan algún producto tecnológico particular. Pero aún sin comprender las leyes en detalle, confían que estas leyes van a permanecer constantes en sus detalles (¡cuáles sean!). Es esta confiabilidad que garantiza el funcionamiento constante del producto tecnológico gobernado por estas leyes. Y esta consistencia de ley en el tiempo y el espacio señala el carácter eterno y omnipresente de las leyes.
Ahora, la persona común y corriente quizás no esté muy consciente de las implicaciones de este carácter eterno y omnipresente. No es una persona teórica, probando los límites de la física, formulando teorías acerca de rayos gamma en galaxias distantes o reacciones nucleares en el sol. Es mucho más práctico. Le importa mucho más, y confía en la permanencia de las leyes que afectan su mundo personal.
Pero podríamos hacer una observación similar del concepto tradicional acerca del carácter eterno y omnipresente de Dios. Las enseñanzas bíblicas se dirigen principalmente al mundo de la persona común, en su entorno limitado de espacio y tiempo. La biblia no pide en primer lugar que las personas crean en el carácter eterno y omnipresente de Dios como una teoría abstracta, sino las llama a confiar en Dios mientras practican y actúan en sus vidas cotidianas. Los atributos de “eterno” y “omnipresencia” son generalizaciones teóricas de la experiencia práctica. De modo que la persona común del mundo bíblico corresponde a la persona común hoy quien cree en la confiabilidad de las leyes. El teólogo que habla del carácter eterno y omnipresente de Dios, corresponde la científico teórico que habla de las leyes científicas en su perfecta generalización.

La providencia de Dios nos afecta en las dos esferas. Por lo tanto, los atributos de la ley científica ofrece un plataforma para dar testimonio tanto a las personas comunes, como al científico.



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