domingo, 16 de noviembre de 2014

La Singularidad de la Iglesia

La iglesia es única en los propósitos de Dios. Mientras que Dios se ha relacionado con otros grupos, Su actividad con la iglesia permanece distinta. “Edificaré mi iglesia”, dijo el Señor, y esa es Su obra especial en la actualidad. Esas palabras de Cristo indican distinciones específicas tocante a la iglesia: (a) sería una obra posterior a Su vida terrenal; (b) no sería lo mismo que el reino tocante al cual El también enseñó; (c) tenía que ser algo diferente de la teocracia de Israel. Examinaremos ahora estas y otras distinciones.
I. La Relacion de la Iglesia con el Reino
Existe mucha confusión debido a no haberse cuidadosamente definido, distinguido, y comparado la iglesia y el reino. El haberse basado en La ciudad de Dios de Agustín, al igualar a la iglesia con el reino, resultó en la autoridad absoluta de la iglesia en la tierra. El posmilenialismo edifica el reino terrenal sobre el crecimiento y el éxito de la iglesia. El concepto erróneo de la teonomía ve la misión de la iglesia como el establecer la ley de Dios del Antiguo Testamento en los reinos del mundo hoy en día. La teología reformada, menos frontal que la teonomía, edifica en el concepto del señorío de Cristo sobre todas las estructuras del mundo, y ve a la iglesia como el agente principal en llevar esto a cabo. ¿Qué relación hay entre la iglesia y el reino?
A. El significado del reino
El diccionario define “reino” como una comunidad política organizada. Por lo tanto, incluye gobernante(s), gobernados, y ámbito. Para definir un reino particular uno tiene que hacer varias preguntas: ¿Quién es el gobernante? ¿Quiénes son los gobernados? ¿Cuándo y dónde está el reino? Los varios reinos de la Escritura pueden y necesitan ser distinguidos haciendo semejantes preguntas.
B. Los varios conceptos del reino
1. El reino universal. Las Escrituras revelan a Dios como el Gobernante de todo el mundo (1 Crónicas 29:11; Salmo 145:13). Como tal, El tiene jurisdicción sobre las naciones del mundo, designando los gobernantes de Su elección y juzgando el mundo (Salmo 96:13; Daniel 2:37). En el pensamiento judío este concepto del reino comenzó con Adán, fue desfigurado cuando entró el pecado, no obstante, continuó hasta Abraham, que llamó a las personas al reino de nuevo con éxito parcial solamente (la rebelión de Sodoma y Gomorra). Sin embargo, cuando Israel aceptó la ley mosaica, este reino se restableció, aunque la rebelión brotó casi inmediatamente (con el becerro de oro) y repetidamente a través de la historia de Israel. Sólo el remanente piadoso revivió el reino. Unicamente el Mesías traería la realización completa de este reino.
La teología cristiana reconoce este concepto de un reino universal (aunque usualmente incluyendo a los ángeles, lo cual no hacía el judaísmo). Dios es el Gobernante de las naciones (Apocalipsis 15:3), y finalmente ellas darán cuenta a El cuando El las juzgue (Salmo 110:6).
En resumen, en el reino universal Dios es el Gobernante; El gobierna sobre todo; y lo hace en todo el tiempo y en la eternidad.
2. El reino davídico/mesiánico. Tanto el judaísmo como la teología cristiana premilenial le dan un lugar prominente a este concepto del reino. Es davídico porque las promesas concernientes al reino se hicieron en el gran pacto con David (2 Samuel 7:12–16). Es mesiánico puesto que el Mesías será el Gobernante. Se realizará en el segundo advenimiento de Cristo, cuando El establezca Su reino y cumpla aquellas promesas hechas a David. (Para discusión adicional, véase la parte que trata de la escatología.)
En resumen, en el reino mesiánico davídico Cristo será el Gobernante; El reinará sobre la tierra y sus habitantes durante los mil años siguientes a Su segunda venida.
3. La palabra misterios en cuanto al reino. En Mateo 13 Cristo reveló misterios concernientes al concepto del reino (v. 11). En cuanto a la palabra “misterios”, esto significa que El les dijo a Sus discípulos algunas cosas acerca del reino que previamente no se conocían. Entonces, esta idea del reino comenzó cuando el Señor estaba enseñando, y terminará en Su segundo advenimiento (vv. 39–40). En otras palabras, es el concepto de reino utilizado para abarcar el período entre los dos advenimientos de Cristo. El Gobernante es Dios. Los gobernados son las personas en la tierra que se han relacionado de manera positiva, neutral, o negativa con la “cristiandad” (incluyen creyentes verdaderos, personas profesantes, rechazadores, y aun oponentes). El tiempo es el período entre Sus venidas.
4. El reino espiritual. Espiritual puede que no sea la mejor clasificación (la tomo de James Buswell, Systematic Theology [Grand Rapids: Zondervan, n.d.], 2:346), pero nada parece mejor para caracterizar este aspecto del reino. Se refiere al reino dentro del cual todos los creyentes han sido colocados (Colosenses 1:13), y se entra en el mismo por el nuevo nacimiento. El Gobernante es Cristo; en este concepto del reino El reina sobre creyentes solamente; y la relación existe ahora.
C. La relación de la iglesia con estos reinos
1. Con el reino universal. En el sentido de que la iglesia está en el mundo, es parte del reino universal de Dios. El la diseñó, la trajo a la existencia, y reina sobre ella, como sobre todos los aspectos de Su universo.
2. Con el reino davídico/mesiánico. La iglesia no es parte de este reino en ninguna manera. Cuando se establezca este reino, la iglesia ya habrá sido resucitada y reinará con Cristo en el reino milenial.
3. Con los “misterios” del reino. Puesto que la iglesia es parte de la cristiandad, ella es parte de este concepto del reino.
4. Con el reino espiritual. La iglesia verdadera, el cuerpo de Cristo, es equivalente a este concepto del reino.
Si uno tratara de hacer un resumen de la relación de la iglesia con el reino, tendría que decir que está relacionada con el mismo, pero que no es equivalente a ciertos conceptos del reino; no está relacionada con algunos conceptos; y es equivalente a otro. El concepto del reino se tiene que definir antes que uno pueda determinar la relación de la iglesia con el mismo.
II. La Relacion de la Iglesia con Israel
La iglesia es distinta de Israel y no comenzó hasta el día de Pentecostés, y, por lo tanto, no existió durante el período del Antiguo Testamento.
La distinción entre Israel y la iglesia se verifica por varios hechos. (1) En el Nuevo Testamento se contrastan el Israel natural y los gentiles después que la iglesia fue claramente establecida (Hechos 3:12; 4:8, 10; 5:21, 31, 35; 21:19). (2) El Israel natural y la iglesia se distinguen claramente, lo que demuestra que la iglesia no es Israel (1 Corintios 10:32). La distinción que hace el apóstol no tuviera sentido si Israel fuese igual que la iglesia. (3) Gálatas 6:16 no aporta ninguna prueba clara de que la iglesia se iguale a Israel. Solamente si el kai es explicativo la frase igualaría a Israel con la nueva creación de Dios, la iglesia. Pero el kai puede que sea enfático, y se refiera especialmente a una parte importante (los creyentes judíos) en la bendición a la iglesia entera (como el kai en Marcos 16:7 y Hechos 1:14). O puede que simplemente conecte a los judíos cristianos con la nueva creación. El contenido del libro de Gálatas es contrario al uso explicativo (el único que identificaría a la iglesia con Israel). Puesto que Pablo había atacado severamente a los legalistas judíos, era de esperarse que destacara como objetos de una bendición especial a los judíos que hubieran dejado el legalismo y genuinamente seguido a Cristo.
III. La Relacion de la Iglesia con Esta Edad
La iglesia no existía en los tiempos del Antiguo Testamento sino que fue constituida el día de Pentecostés. Es peculiar a este período presente de tiempo. Cuatro puntos de evidencia respaldan esta conclusión.
(1) Nuestro Señor dijo: “[Yo] edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). El no dijo que agregaría a algo ya existente, sino que iba a hacer algo que todavía no había comenzado.
(2) La iglesia no podía tener ninguna Cabeza en función hasta después de la resurrección de Cristo; por lo tanto, no podía existir hasta algún tiempo después que El hubiera resucitado de los muertos (Efesios 1:20).
(3) La iglesia no podía haber sido una entidad operativa con el uso de dones espirituales hasta después de la ascensión de Cristo (Efesios 4:7–12).
(4) El carácter de misterio del cuerpo único era desconocido en los tiempos del Antiguo Testamento (Efesios 3:5–6; Colosenses 1:26). En el griego clásico musterion significa algo escondido o secreto. Designaba a los ritos sagrados de las religiones misteriosas griegas, secretos que solamente compartían los iniciados. En los Manuscritos del Mar Muerto las palabras pertinentes indicaban no tanto algo desconocido sino sabiduría que estaba muy por encima del entendimiento finito. En el Antiguo Testamento la palabra equivalente ocurre sólo en Daniel 2:18–19, 27–30, 47; 4:9. De modo que, el concepto de misterio es el de un secreto que solamente comparten los iniciados. También incluye dos ideas: (a) un tiempo cuando no se conocía el secreto, seguido por un tiempo cuando llegó a conocerse; y (b) sabiduría más profunda o más alta que se le revela a los iniciados.
¿Cuál es el contenido del misterio en estos pasajes? Es que los gentiles serían coherederos, miembros juntamente del cuerpo, copartícipes de la promesa en Cristo por el Evangelio. En el Antiguo Testamento se reveló que los gentiles tendrían parte en el plan redentor de Dios (Génesis. 12:3; Isaías 42:6–7), así que esa verdad no es misterio. Pero de que existiría un cuerpo unido en el cual compartirían judíos y gentiles, no se reveló en el Antiguo Testamento. Un examen, mediante una concordancia, del uso de la palabra “cuerpo”, rápida y conclusivamente revelará que la idea del cuerpo de Cristo, o de cualquier cuerpo en el cual se colocara a los redimidos, no se encuentra en ninguna parte del Antiguo Testamento. La primera vez que Pablo empleó la palabra “cuerpo” refiriéndose al cuerpo de Cristo fue en su extensa discusión de ese concepto en 1 Corintios 12:12–25. La próxima vez fue en Romanos 12:5, y todos los otros usos se hallan en Efesios y Colosenses. En Efesios 2:15 un sinónimo para ese cuerpo único (v. 16) es “hombre nuevo”. Claramente, este misterio era desconocido en el Antiguo Testamento, y porque el cuerpo es el hombre nuevo no es una continuación o un rehacimiento de Israel.
Aunque hay una continuidad entre los redimidos de todas las edades (simplemente porque ellos son redimidos y su destino común es el cielo), hay también una descontinuación, porque los redimidos de hoy son colocados en el cuerpo de Cristo y no en alguna especie de Israel. Similarmente, los redimidos antes del día de Abraham (como Enoc y Noé) no pertenecían a Israel, pero aún pertenecían a la familia de Dios. Así que, hay redimidos anteriores a Israel (santos preabrahámicos) y santos posteriores a Israel (cristianos en el cuerpo de Cristo).
Pero ¿no significa el “como” en 3:5 que este misterio de un cuerpo era sólo comparativamente desconocido en el Antiguo Testamento? Observe que no existe tal idea de “menos conocido/mejor conocido” en el pasaje paralelo de Colosenses 1:26, donde el contraste claramente es desconocido/conocido. Para armonizar estos dos pasajes, el “como” en Efesios 3:5 no puede ser comparativo. Por supuesto, os puede tener otros significados. Puede introducir una cláusula que aporta información adicional (como se ve claramente en Hechos 2:15 —los discípulos no estaban simplemente menos borrachos de lo que pensaba la gente). O, precedida de un negativo, la palabra puede significar “pero” (como en 1 Corintios 7:31). En otras palabras, el nuevo cuerpo era desconocido en otras edades, pero ahora es revelado. Y ya que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y puesto que el cuerpo no era revelado y operativo hasta la era del Nuevo Testamento, la iglesia es peculiar de esta edad.
IV. La Relacion de la Iglesia con Jesucristo
Durante Su ministerio terrenal, nuestro Señor anunció que El haría algo nuevo al edificar Su iglesia (Mateo 16:18). “Edificaré” está claramente en el tiempo futuro, lo que indica que esto era algo que Jesucristo todavía no había hecho hasta ese tiempo. En realidad, la iglesia no comenzó como una realidad funcionante hasta que vino el Espíritu en el día de Pentecostés. ¿Cuál, entonces, era la relación del Señor con la iglesia durante Su vida terrenal, ya que todavía no era operativa?
En una palabra, El fue el Fundador. Es Su iglesia (v. 18). El es el fundamento (1 Corintios 3:11). (1) Como el Fundador, El escogió los discípulos que también ocuparían un lugar en la fundación del edificio (Efesios 2:20). (2) Como Fundador, El instruyó a los discípulos acerca de áreas que llegarían a ser efectivas cuando la iglesia comenzara a funcionar. La mayor parte de esa enseñanza se encuentra en el discurso del aposento alto (Juan 13–17). Algunas de las enseñanzas de Cristo se relacionaban con la ley mosaica, bajo la cual El vivió; otras, al futuro reino milenial; y aun otras, a la iglesia futura. El discurso del aposento alto es como las semillas de aquello que después se encuentra en las epístolas del Nuevo Testamento. Algunas de las cosas nuevas que El reveló incluyen un nuevo mandamiento (13:34), una nueva esperanza en el rapto de la iglesia (14:1–3), una nueva relación (vosotros en mí y yo en vosotros, v. 17), y una nueva base para la oración (16:24).
(3) El Fundador también llegó a ser la Piedra Angular por Su muerte y resurrección (Hechos 4:11; Efesios 2:20). El compró a la iglesia con Su propia sangre (Hechos 20:28). Su resurrección y ascensión lo hizo a El la Cabeza sobre la iglesia (Efesios 1:20–23), en tal capacidad El, entre otras cosas, le da dones a los miembros de Su cuerpo (4:8).
(4) Como Fundador, El también fue quien mandó el Espíritu Santo, el cual activó a la iglesia para que fuera una entidad funcionante (Hechos 2:33).
¿Cuál es la Roca sobre cual la iglesia es edificada? (Mateo 16:18). Algunos entienden que se refiere a Pedro. Si es así, Cristo estaba haciendo un juego de palabras con petros (Pedro) y petra (piedra). La primera palabra es masculina y significa piedra, mientras que la segunda es femenina y significa masa rocosa. Debido a estas diferencias en palabras y géneros, parece improbable que la referencia sea a Pedro. A veces uno sospecha que algunos temen que semejante interpretación le preste apoyo a la alegación de la Iglesia Católica Romana de que Pedro es la roca sobre cual la iglesia es edificada (como indica la inscripción latina en la base de la cúpula de la iglesia de San Pedro en Roma, ya que en latín no se diferencian las distintas palabras y géneros). Sin embargo, los apóstoles sí constituyen el fundamento de la iglesia (Efesios 2:20), aunque Pedro, tan prominente como era, por cierto no tenía ninguna primacía papal (Hechos 2:14; 10:34; Gálatas 2:11).
Otros entienden que Cristo es la Piedra a la cual este pasaje se refiere. El lo es en otros pasajes de las Escrituras (1 Corintios 3:11; 1 Pedro 2:5–9). Sin embargo, esto parece crear una separación entre las dos piedras, contraria a la íntima conexión que se halla en el texto mismo. Una modificación de este punto de vista ve que la piedra es la confesión que Pedro hizo de Cristo (Mateo 16:16).
Posiblemente la verdad combina elementos de ambas ideas; es decir, la roca es Pedro al usar la llaves del reino (v. 19; Isaías 22:22) en proclamar la verdad acerca de Cristo a judíos y gentiles.
De modo que Cristo es el Fundador de Su iglesia porque El escogió el fundamento apostólico, dio enseñanza básica tocante a las relaciones en la iglesia, dio Su vida para llegar a ser la Piedra Angular, y entonces mandó el Espíritu Santo en el día de Pentecostés para activar a la iglesia.
V. La Relacion de la Iglesia con el
Espiritu Santo
El Pentecostés marca el comienzo de la iglesia como cuerpo funcionante, por el derramamiento del Espíritu en ese día. Antes de Su ascensión, el Señor prometió que los discípulos pronto serían bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 1:5). Aunque la palabra bautismo no aparece en el relato de Pentecostés en el capítulo 2, está bastante claro en 11:15–16 que el bautismo ocurrió por primera vez ese día. Puesto que, según Pablo (1 Corintios 12:13), el bautismo del Espíritu coloca a las personas en el cuerpo de Cristo, y ya que el cuerpo de Cristo es la iglesia (Efesios 1:22–23), la iglesia, el cuerpo, comenzó cuando aquellos primeros individuos fueron bautizados en Pentecostés.
Varias otras cosas ocurrieron el día de Pentecostés. Los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4). Tres mil fueron bautizados con agua (v. 41). La iglesia visible comenzó ese día (vv. 42–47).

Además de bautizar en el cuerpo a aquellos que creen, el Espíritu también habita en los cristianos individuales (1 Corintios 6:19), en iglesias locales (3:16), y en el cuerpo de Cristo (Efesios 2:22). El Espíritu fortalece, guía, consuela, y da dones a la iglesia (Hechos 1:8; 9:31; 1 Corintios 12:3). En un sentido muy real, el Espíritu es la vida energizante y el poder de la iglesia.


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