martes, 16 de diciembre de 2014

Eufemismo

Del griego euphemízein = usar palabras de buen augurio, esta figura consiste en el empleo de palabras o expresiones agradables, en lugar de otras desagradables, duras o mal sonantes. Aunque parezca extraño, la Biblia nunca usa eufemismos para hablar de las funciones naturales u ordinarias de la vida; sin embargo, hay en las Escrituras bellos eufemismos para expresar sentimientos tiernos y delicados. Tanto es así que una de las mayores pruebas de la inspiración divina de la Biblia es este marcado contraste entre el hebreo y otros idiomas a este respecto. Otros idiomas abundan en vocablos y expresiones indecentes, mientras que «las palabras de Yahweh son palabras puras». En cuanto a las «partes vergonzosas», como el Espíritu Santo las llama, no hay ningún vocablo en hebreo para expresar las de la mujer; para las del hombre, se usa un eufemismo. Por otro lado, mientras los hombres inventan eufemismos para cubrir pecados, la Biblia nunca dora el pecado con bellos nombres, sino que lo describe plenamente en toda su miseria y abominación, con lo que el lector no se llama a engaño por causa de adornos indebidos. Lo mismo digamos de la muerte, que para los mundanos es «lo irremediable», mientras que, para el creyente, es «dormición».
Gn. 15:15. «Y tú vendrás a tus padres»; en lugar de decirle: «morirás».
Gn. 42:38. «… haréis descender mis canas con dolor al Seol»; esto es, me mataréis.
Jue. 3:24. «… Sin duda él cubre sus pies»; es decir, está haciendo sus necesidades. V. también 1 S. 24:3.
Rut. 3:9. «… extiende el borde de tu capa sobre tu sierva»; es decir, recíbeme en matrimonio.
2 S. 18:32. «El rey dijo entonces al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal.» Con este bello eufemismo, el etíope le recordó a David la traición de Absalón, dando a entender claramente que el joven había muerto. 2 R. 22:20. «Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres (es decir, morirás), y serás llevado a tu sepulcro en paz.»
Neh. 4:23 (HB, 17). La última cláusula de este v. es sumamente difícil, debido a la tremenda concisión (y oscuridad) del hebreo. La lectura más probable es: «… cada uno tenía su recipiente de agua». A la vista del contexto anterior, entra dentro de lo probable que el agua fuese para lavarse, pero es también probable que se trate aquí de un eufemismo para designar un recipiente con el que poder hacer «aguas» menores, sin tener que abandonar el puesto de guardia.
Job 10:21, 22. Aquí tenemos dos bellas perífrasis, que son también eufemismos: «Antes que me vaya para no volver (e. d., antes que me muera) a la región de las tinieblas y de sombra de muerte. Tierra de oscuridad, lóbrega, etc.» (es decir, el sepulcro). Lo mismo, en 16:22.
Job 18:13. «… Y a sus miembros devorará el primogénito de la muerte»; es decir, la peste, que era tenida por la más cruel de las enfermedades. En el v. siguiente, la muerte es llamada «el rey de los espantos».
Sal. 94:17. «Si no me ayudara Yahweh, pronto moraría mi alma en el silencio»; es decir, yacería sepultado.
Is. 38:10. «… A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol»; es decir, moriré. Este v. arroja luz sobre Mt. 16:18, donde ocurre una expresión similar: «las puertas del Hades»: La muerte no prevalecerá contra el cumplimiento de los designios de Dios.
Ec. 3:21. V. en erótesis y en el Apéndice E.
Ec. 12:1–7. En esta porción tenemos una serie de perífrasis y eufemismos. Uno de ellos es digno de especial estudio. En el v. 5, hallamos la frase: «el deseo se perderá». Aquí parece haber una doble metonimia, por lo que podría haber sido clasificado en la metalepsis, pero es el eufemismo lo más notable. El vocablo para «deseo» significa propiamente «alcaparra», la cual se pone aquí en lugar del condimento que se hacía con ella; y del condimento, se pasa al apetito o deseo creado por el condimento. Pero a este condimento se le atribuían poderes excitantes del instinto sexual, con lo que el texto sagrado nos ofrece un eufemismo bello y elegante.
Mt. 8:11. «Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.» Éste es un bello eufemismo, con el que se evita ofender (en esta sazón del ministerio de Cristo) a los judíos, quienes se sentían celosos de los beneficios extendidos a los gentiles.
Mt. 11:9; Lc. 7:35. «… Pero la sabiduría queda justificada (esto es, acreditada) por sus hijos». Es un eufemismo por el cual el Señor condena veladamente a los que no le recibieron. La verdadera sabiduría se muestra en someterse al Hijo de Dios (comp. con Sal. 2:10); en especial, atendiendo a su condición de Mesías prometido; los realmente «sabios» se sometieron a él, mientras que los que le rechazaron son así reprendidos.
Jn. 2:25. «… pues él sabía lo que había en el hombre». Ésta es una solemne condenación del corazón humano, perverso y engañoso por naturaleza (v. Jer. 17:9).
Jn. 11:11. «… Nuestro amigo Lázaro se ha quedado dormido (es decir, ha muerto); mas voy a despertarle» (esto es, a resucitarle).
Hch. 2:39. «Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los que están lejos»; es decir, para los gentiles. Pedro no quiso entonces ofender a los judíos innecesariamente.

Hay muchos otros eufemismos que no requieren explicación, pues todo buen estudioso de la Biblia los advertirá fácilmente.



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