lunes, 22 de diciembre de 2014

La visita del Ángel

José ha tomado su decisión. Sin embargo, antes de que él pueda ponerla en práctica, algo ocurre que le hace cambiar de idea.

Tiene que haber sido algo muy importante. Debemos recordar que José ha sido ofendido en su honor por la mujer que amaba. También debemos recordar que, ante los ojos del pueblo, si él recibe a María en su casa, sería tanto como confesar la paternidad del niño y aceptar la vergüenza social del embarazo. Alguien que se siente profundamente dolido y traicionado, abrumado por la confusión emocional y sentimental, difícilmente va a asumir el peso moral y social de la situación de la cual él mismo es víctima, a no ser que algo intervenga para aclararle la confusión, sanarle la herida, y restaurlarle la confianza en la persona amada. Además, en el caso de José, algo importante habrá ocurrido para inducirle a dar al hijo de María el nombre de Jesús.

Mateo nos dice que lo que ocurrió fue un sueño, y la aparición del ángel del Señor en el sueño. Tiene que haber sido un sueño muy poderoso y real. Su impacto es tal que, inmediatamente, José se levanta y obedece las instrucciones del ángel, sin ni un momento de vacilación ni de duda.

Como hemos visto, esta es la primera de tres veces en las que el ángel aparece a José en la narración de Mateo. Curiosamente en el Evangelio de Lucas el ángel también aparece tres veces: a Zacarías, a María y a los pastores. En la narración de Mateo el ángel siempre aparece por la noche en sueños. En cambio, en Lucas aparece en el curso normal de la vida diaria: a Zacarías mientras realiza sus funciones sacerdotales en el Templo; a María en su casa; a los pastores cuando velan las ovejas. Pero el impacto en José no es menor que en los otros tres.

El ángel empieza su mensaje saludando a José con las palabras «Hijo de David». En seguida recordamos la tesis principal de la genealogía de la primera parte del capítulo: que Jesús es el heredero legítimo del trono de David, y el cumplimiento de las esperanzas mesiánicas prometidas a Israel desde tiempos de Abraham. Con este título el ángel ya anticipa el carácter mesiánico de su anuncio.

Luego procede a explicarle los hechos ocurridos, y su origen divino. Sus palabras coinciden plenamente con lo que José seguramente ya ha escuchado de labios de María: «Lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es». María no le había sido infiel.

Con estas palabras, lo que hasta ahora le parecía a José la mayor desgracia de su vida, se va conviertiendo en el mayor privilegio imaginable. Dios mismo ha visitado el hogar que él está en vías de formar, y lo ha hecho de una manera única en la historia. Como María, él ha sido elegido para cuidar del Hijo de Dios en su infancia indefensa.

El ángel no sólo da explicaciones. También da instrucciones:
No temas recibir a María tu mujer» Con esta frase, «no temas», tan típica del anuncio angelical (Lucas 1:13, 30; 2:10), el mensajero divino demuestra su conocimiento del corazón de José. Si José «temía» recibir a María, o bien era por las repercusiones sociales, o bien por desconfiar en María misma. Pero el solo hecho de temer indica que la inclinación de su propio corazón habría sido de seguir adelante con el matrimonio. El ama a María. Ahora, con las dudas aclaradas, el deber de José también se hace claro. María es su mujer. Necesita el abrigo de su marido y un hogar en el cual poder refugiarse de las críticas del pueblo. José debe asumir su responsabilidad conyugal, solidarizarse con María en su dificultad, y recibirla en su casa.

Y llamarás su nombre Jesús» (v. 21). Era función del padre nombrar a su hijo. El verdadero Padre de este niño ya ha determinado cuál ha de ser su nombre. Pero ahora el ángel dice a José que él ha de asumir la paternidad legal del niño ante la sociedad. No le corresponde a él elegir el nombre. Sí le corresponde declarar ante las autoridades del pueblo cuál será su nombre y así tomar sobre sí, delante de todos, la responsabilidad de cuidar y formar a este niño como si fuera hijo suyo.


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