viernes, 10 de enero de 2014

La Ley del cuadro completo

¿Cómo puede un grupo de personas empezar a ser un equipo más unificado? ¿Cómo pueden los individuos dejar de ser personas independientes para ser miembros de un equipo que actúa según la Ley del Cuadro Completo? No es algo que ocurre de la noche a la mañana. Toma su tiempo. He aquí mi mejor fórmula para desarrollar el proceso:
1. Observe el cuadro completo
Todo comienza con visión. Usted tiene que tener una meta. Sin ella, no puede tener un equipo verdadero. El receptor del salón de la fama Yogi Berra dijo bromeando: «Si no sabe hacia dónde se dirige va a ir a parar a cualquiera parte». Un individuo sin una meta va a parar a cualquier parte. Un grupo de personas sin una meta no va a ninguna parte. Por otro lado, si la visión por lograr el cuadro completo es sostenida por cada miembro del grupo, entonces estas personas tienen el potencial de llegar a ser un equipo efectivo.
Por lo general los líderes tienen la función de captar y comunicar visión. Ellos deben ser los primeros en verla y luego ayudar a que los demás también la vean. Es lo que Winston Churchill hizo cuando habló a los mineros del carbón durante la guerra. Es lo que el doctor Martín Luther King hijo, hizo cuando habló a la gente sobre su sueño desde las escalinatas del monumento a Lincoln, en Washington, D.C. Es lo que Jack Welch, alto ejecutivo de la GE hizo cuando dejó saber a su gente que un departamento de la GE que no fuera primero o segundo en el mercado no podría seguir siendo parte de la compañía. Las personas de un equipo se sacrificarán y trabajarán juntos solo si pueden ver hacia dónde se dirigen con el trabajo que ejecutan.
Si usted es el líder de un equipo, su función es hacer lo que solo usted puede hacer: pintar el cuadro completo a su gente. Sin la visión no van a encontrar el deseo de alcanzar la meta.
2. Mida su situación
Una de las ventajas de ver el cuadro completo es que ayuda a reconocer cuánto falta todavía para alcanzar la meta. Para alguien que está decidido a hacer todo solo, ver el abismo que hay entre lo que se ha hecho y lo que queda por hacer es a menudo deprimente. Pero a las personas que viven para levantar equipos, no les preocupa ver el tamaño de la tarea que queda por hacer. No se desaniman ante el reto, más bien saborean la oportunidad. Desean que llegue el momento de establecer un equipo y fijar un plan para alcanzar la visión.
Recientemente, en una reunión de los tres departamentos del Grupo INJOY, el ejecutivo Dave Sutherland se paró ante nuestra gente y resumió algunas de las metas que teníamos para el año que viene. (Algunas eran bastante grandes.) Durante ese proceso, Dave dijo: «Algunas personas ven el tamaño de la meta y se ponen a temblar. A mí eso no me preocupa en lo más mínimo. Ya hemos logrado formar un gran equipo. Para llevarlo al siguiente nivel solo necesitamos algunas otras personas como las que ya tenemos». ¡Esa es la mentalidad que debe tener un organizador de equipos!
3. Organice los recursos que se necesitan
Hawley R. Everhart cree que «es bueno apuntar alto si se tienen suficientes municiones». Esto es lo que son los recursos: municiones que le ayudarán a alcanzar una meta. No importa en qué clase de equipo está usted. No podrá hacer progresos sin el respaldo del equipo apropiado, facilidades, fondos, etc., tanto si su meta contempla ascender una montaña, como captar un mercado o crear un ministerio. Mientras mejores sean los recursos de un equipo, menores serán las distracciones que tendrán los integrantes en su intento de alcanzar su meta.
4. Procúrese los integrantes correctos
Cuando intente formar un equipo exitoso, los integrantes lo son todo. Usted puede tener una gran visión, un plan preciso, estar lleno de recursos y un liderazgo formidable, pero si no cuenta con las personas correctas, no va a llegar a ninguna parte. (Me referiré más a esto cuando aborde varias de las otras leyes.) Usted puede perder con buenos jugadores, pero no puede ganar con malos.
5. Renuncie a las agendas personales
Los equipos que ganan tienen jugadores que se están preguntando continuamente: «¿Qué es lo mejor para los demás?». Ellos continuamente están dejando de lado sus agendas personales cuando se trata del bien del equipo. Su motivación se puede expresar con las palabras de Ray Kroc, fundador de McDonald’s, quien dijo: «Ninguno de nosotros es más importante que el resto de nosotros».
«Ninguno de nosotros es más importante que el resto de nosotros».
—ray kroc

Una de las grandes historias deportivas desde hace varios años ha sido el exitoso equipo de balompié femenino de Estados Unidos. Muy cerca lo uno de lo otro, ganaron, en forma notable, la medalla de oro de los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial. Una de las jugadoras clave del equipo fue Mia Hamm. En su libro Go for the Goal ella da su perspectiva sobre este deporte y la actitud con que un jugador debe entrar en el juego para alcanzar la meta de llegar a ser campeones:
El balompié no es un deporte individual. Yo no hago todos los goles y el que logro hacer es generalmente producto de un esfuerzo de equipo. Yo no mantengo el balón fuera de la valla contraria en el otro lado del campo. Yo no planeo las tácticas que aplicaremos en el juego. Yo no lavo nuestra ropa de entrenamiento (aunque a veces he tenido que hacerlo) ni tampoco me encargo de hacer las reservaciones para nuestros viajes por avión. Yo soy una miembro del equipo y confío en él. Me abstengo y me sacrifico por él, porque es el equipo, no el individuo, el que finalmente será el campeón.
Mia Hamm entiende la Ley del Cuadro Completo. Y al hacer lo que fuera para ayudar a su equipo (incluyendo lavar el vestuario de entrenamiento), demostró que la meta era más importante que el desempeño individual.
6. Suba a un nivel superior
Solo cuando los jugadores se unen y renuncian a sus propias agendas un equipo puede subir a un nivel superior. Esta es la clase de sacrificio que se requiere para trabajar en equipo. Desafortunadamente, algunas personas prefieren pegarse a sus agendas y seguir el paso que le marca su propio ego inflado en lugar de olvidarse de eso para alcanzar algo mucho más grande que ellos mismos.

Es como lo dijo el filósofo Federico Nietzsche: «Muchos están listos para seguir su propio camino, pocos en ir tras la meta». Y eso es una lástima porque las personas que solo piensan en ellos mismos están dejando de ver el cuadro completo. Como resultado, su propio potencial no se desarrolla bien, y los que dependen de ellos también pierden.



jueves, 9 de enero de 2014

Cómo testificar a personas atrapadas en una secta (parte 1 de 2)

La primera vez que tuve que enfrentarme con alguien que pertenecía a una secta fue cuando mi esposa y yo recién habíamos iniciado nuestra tarea con la Asociación Evangelística Luis Palau. La junta directiva nos había enviado a trabajar en una iglesia local a fin de que nos preparáramos para nuestro futuro ministerio con Luis Palau. Un día recibimos la llamada de una mujer que esporádicamente se congregaba con nosotros. La estaban visitando integrantes de una secta y ella estaba confundida, sin saber qué creer o a quién creer. Nos invitó a nuestro pastor principal y a mí para que dialogáramos sobre lo que la Biblia enseña en contraste con lo que enseñaba aquel grupo.
Cuando llegamos estaban presentes dos integrantes de la secta, uno de los cuales era el maestro principal; estaba bien adoctrinado. Comenzamos el debate. El pastor de nuestra congregación hizo una brillante exposición de lo que es el cristianismo ortodoxo, y basándose en el idioma griego original del Nuevo Testamento hizo pedazos los argumentos de los sectarios. Tal era la derrota que yo mismo sentía lástima por ellos. ¿El resultado? Para nuestra sorpresa, la mujer decidió unirse a la secta.
Después del encuentro, comencé a analizar qué había pasado. ¿Fue acaso que el enemigo la había engañado tanto que ella ya estaba ciega? ¿Por qué no respondió positivamente a nuestra brillante (y créame, fue brillante) ponencia? ¿Quizá en nuestra presentación había faltado el elemento del amor?
Pocos días después me puse a hablar con un desconocido cuya esposa pertenecía a esa misma secta. Me invitó a su casa para conversar con su cónyuge. Con el esposo como espectador y buscando qué camino escoger, la dama y yo dialogamos. Esta vez mostré amor por su alma, escuché sus argumentos con sumo respeto, la felicité por su conocimiento de la Palabra de Dios, me valí del humor, quedé tranquilo confiando en el Señor, y me mantuve centrado en los temas principales: la persona de Cristo, su muerte en la cruz, el perdón de pecados, la vida transformada por Cristo. Cuando llegamos al tema de que el creyente puede tener la absoluta seguridad de su salvación (1 Juan 5:11–12), ella perdió los estribos y empezó a gritarme. Gracias a Dios pude mantener el dominio propio confiando en el Señor. Después de las tres horas que duró el encuentro salí convencido de que su esposo había notado la diferencia, tanto en doctrina como en comportamiento, entre el verdadero cristianismo y esa secta a que pertenecía su esposa. Al mismo tiempo es probable que la mujer, antes tan arraigada en la secta, haya vuelto a ella con muchas dudas.
Basado en mis observaciones, junto a los estudios y experiencias de otros, deseo compartir algunas ideas sobre cómo testificar a gente atrapada en una secta o semisecta como fue el caso de las dos mujeres mencionadas. No conozco ninguna técnica que sea válida para todos los grupos. Sin embargo, existen ciertos principios básicos.
1. Uno mismo debe tener certeza de su salvación, tanto en su doctrina como en su corazón. A menos que entienda con seguridad lo que Cristo hizo por usted por medio de su sangre en la cruz, no podrá testificar eficazmente a un «sectario«. El creyente inmaduro, con dudas de su salvación, en vez de ser un instrumento hábil en las manos de Dios a fin de ganar al sectario al reino de Dios, es en cambio candidato para ser persuadido por ellos.
2. Siempre hablar la verdad con amor (Ef. 4:15). Nunca es bíblico sacrificar la verdad por el amor, como tampoco es bíblico sacrificar el amor por la verdad. Con los sectarios tanta importancia tiene la actitud como la doctrina. Ese fue nuestro error principal cuando hablamos con la primera mujer. No es necesario ni aconsejable entrar en polémica. Uno de los principios para el diálogo es respetar las ideas ajenas, algo que se puede lograr sin sacrificar las convicciones doctrinales.
3. Practicar el evangelismo amistoso. El amor bíblico es más que simplemente actitudes. La tercera prueba de que somos verdaderos hijos de Dios según 1Juan es la social, es decir maneras prácticas de demostrar el amor de Dios.
En nuestra comunidad residen católicos, luteranos, adventistas, ortodoxos griegos, budistas, una familia de la iglesia de Cristo, y varias personas que no asisten a ninguna iglesia. Cuando una nueva familia llega al vecindario, mi esposa prepara una comida y se las lleva pero no utiliza vajilla descartable sino platos que les será necesario devolver. De esa manera estamos mostrando un amor práctico e iniciando contacto con la familia.
Los miembros de una secta están acostumbrados a pensar que son perseguidos por tener «la verdad». Cuando alguien les cierra la puerta en la cara o son marginados debido a que pertenecen a cierto grupo, se sienten dichosos de ser «perseguidos por la justicia». Por lo tanto, ellos necesitan saber que sus niños pueden jugar al fútbol con los míos, que somos de confianza para cualquier emergencia, que nos agrada invitarlos a comer a nuestra casa. Deben estar en contacto con nosotros para poder ver la diferencia que hace Cristo en nuestra vida diaria en forma especial durante los momentos difíciles, los tristes y las tragedias.
A primera vista pareciera que 2 Juan 9–11 nos exhorta a no tener nada que ver con los sectarios ni hablar con ellos. En el contexto de 2Juan, quienes traen las doctrinas extrañas son los autoproclamados maestros herejes. Probablemente han salido de la iglesia y están buscando hacer proselitismo y ganar más adherentes a sus doctrinas falsas. No se refiere, necesariamente, a los vecinos y familiares que están atrapados en una secta sino a los mandatarios de la secta.
En segundo lugar, la palabra aquí traducida «casa» probablemente se refiere a la iglesia casera donde se reunía la congregación (ver Romanos 16:5; 1 Corintios 16:19; Colosenses 4:15; Filemón 2). Está prohibiendo dar una bienvenida oficial a tal persona o darle una plataforma para propagar su causa.
4. Hacer un profundo estudio de la doctrina bíblica y manejar bien los fundamentos de la fe, como por ejemplo quién es Dios, qué sucedió en la creación del hombre, cómo afectó a la raza humana la caída del hombre, quién es Jesucristo, qué hizo Jesús en la cruz del Calvario, qué debe hacer el hombre para ser salvo. Además es importante entender y poder explicar la gracia del Señor en contraposición con el legalismo (Gálatas 3:3), como así también el propósito de la iglesia local en el proceso de santificación.
5. Ganar a un sectario para Cristo casi siempre es un proceso; no sucede de la noche a la mañana. La persona tampoco se afilia a una secta sin un proceso —a veces extendido— de lavado de cerebro. Muchos sectarios están tan atrapados que la primera presentación del evangelio no penetra. Algunos simplemente apelan a un profeta, apóstol o líder del grupo con palabra de autoridad que consideran al mismo nivel o quizá por encima de la Biblia.
Tal vez haya que hacerlos dudar de la validez de su grupo. Con amor, habría que comenzar a demostrar por ejemplo cómo el grupo ha mentido, ha sido culpable de falsas profecías o bien cómo se ha contradicho. Sin embargo, el líder de la secta es tan venerado por los seguidores que un ataque frontal generalmente resultará contraproducente. ¡El o ella representan a la secta y es como si equivalieran a ella!
El mencionado proceso resultó evidente cuando vivíamos en México, juntos con otros miembros ganamos para Cristo a un ex testigo de Jehová. Para él fue un proceso cognitivo de entender que la salvación es por gracia y no por obras. Aun después de su conversión, durante mucho tiempo siguió entendiendo ciertas enseñanzas doctrinales usando como filtro lo que había aprendido en aquel grupo.
Una vez me paré en una gasolinera para cargar combustible y el empleado me escuchó llamar a mi hijo Joel. ¡El hombre vio esto como su oportunidad!
—Es un nombre bíblico, ¿verdad?
—Sí —contesté—, un profeta menor del Antiguo Testamento.
—¿Usted lee la Biblia? —me preguntó.
—Sí, todos los días —respondí.
—¿Qué versión de la Biblia emplea? —preguntó, ya con más agresividad.
—Bueno —repliqué inocentemente—, leo varias versiones.
En ese momento me miró mordazmente y declaró: —La Reina Valera es la única bendecida por Dios. Las demás versiones son falsas y si uno las lee no es cristiano.
Suponiendo que este hombre estaba bien armado con argumentos para apoyar lo que decía, decidí no refutar su aserción. Entonces, con calma le pregunté: —Y si viviera en otro país que no habla español, ¿qué me sugeriría? ¿Aprender español para poder leer la versión Reina Valera de la Biblia?
Nadie le había hecho una pregunta así y me miró desconcertado respondiendo raquíticamente: —Bueno, tendré que pensarlo un poco, — y habiendo dicho esto no volvió a decir palabra. No estaba preparado para que alguien lo cuestionara de esa manera.

La idea es aflojar un ladrillo en el fundamento de la fe mal cimentada. Pero hay que hacerlo con amor. Una vez que la persona ha reconocido que el grupo no ha satisfecho sus necesidades del alma, estará dispuesta a oír el verdadero evangelio.


miércoles, 8 de enero de 2014

Merismo o Distribución

Esta figura consiste en la enumeración de las partes de un todo que ha sido anteriormente mencionado. Aunque los nombres con que esta figura se define expresan división, se halla clasificada entre las figuras de adición, porque la distribución de los miembros se lleva a efecto a fin de añadirlos uno a uno, de forma que se pongan mejor de relieve y se amplifique el sentido. Ejemplos:
Is. 24:1–3, donde, después de afirmar que «Yahweh vacía la tierra y la despuebla», la aserción es amplificada, y se va enumerando después la forma en que Dios va llevando a cabo el exilio y la dispersión.
Ez. 36:4. Después de decir: «Montes de Israel, oíd palabra del Señor Yahweh», el mensaje es dirigido no sólo a los montes, sino también a los collados, a los arroyos y a los valles, a las ruinas asoladas y a las ciudades desamparadas. Y todo ello, para mostrar cuán completa será después la bendición para la tierra de Israel.
Ro. 2:6–8. Después de decir, con relación al justo juicio de Dios «el cual pagará a cada uno conforme a sus obras», va enumerando Pablo los detalles de cada una de las dos grandes clasificaciones de obras.
Gá. 5:19–21. «Las obras de la carne» son mencionadas en general, para pasar inmediatamente a enumerarlas en detalle.

Gá. 5:22–23. A continuación de las «obras de la carne», se menciona «el fruto del Espíritu» y, a continuación, las nueve facetas o manifestaciones de dicho fruto. El «fruto» del Espíritu es designado en singular, a pesar de que consta de dichas nueve manifestaciones, por ser parecido a un racimo de uvas, que crecen todas al mismo tiempo y en la misma sazón.


martes, 7 de enero de 2014

Aprender a sacar beneficios de nuestras diferencias

Dios nos hizo diferentes para que nos ayudemos mutuamente y no para que tengamos conflictos constantemente. Seguro que podemos vivir con nuestras diferencias, siempre y cuando determinemos disfrutar de nuestra relación matrimonial con amor y con gran paciencia.
Las cosas que marchan juntas, a menudo son muy diferentes. Desde las más sencillas hasta las más complicadas. Cosas tan sencillas como los duraznos con crema, el aceite con el vinagre, lo blanco con lo negro son muy diferentes, pero pocos dudarán de la excelente combinación que hacen. Tendemos a casarnos con personas realmente diferentes. En la etapa del noviazgo generalmente somos atraídos a los caracteres opuestos, pero lamentablemente en muchos casos, después de la ceremonia nupcial y después de poco tiempo de matrimonio, las mismas cosas que nos atrajeron, son las que nos tienden a separar.
Quisiera que entienda que uno de los más grandes gozos del matrimonio lo logramos cuando aprendemos a amar a alguien diferente. Uno de los grados de mayor madurez en la vida matrimonial lo alcanzamos cuando estamos dispuestos a aceptar y apoyar las diferencias que son características propias y específicas de cada persona, características que si no son desarrolladas por esa persona no logrará su esperada realización. La vida nos enseña que es posible obtener beneficios de las diferencias. En realidad, por eso Dios nos hizo diferentes, para que nos beneficiemos, no para que nos ataquemos. Cada persona trae al matrimonio fortalezas que a menudo y dependiendo de la actitud de los cónyuges, sirven para complementar las debilidades del otro. Por supuesto, que no todas las diferencias son fáciles de manejar, a veces demandan mucho esfuerzo, comprensión y sacrificio, pero con sabiduría la pareja encontrará formas que les permitirá tener un buen equilibrio.
He pensado que los matrimonios son como una pareja de bailarines. Todos nosotros tenemos que actuar en la vida. Nuestro perfecto entrenador nos está observando. Él no es un malvado que busca destruirnos o que lleva en su mano un látigo y que está dispuesto a darnos latigazos cuando fallamos. No, Él está allí para deleitarse en nuestra armonía, para observarnos cuidadosamente y tomar notas de nuestra desarmonía.
Por momentos perdemos el ritmo, y Él está pendiente cuando cometemos errores, Él sabe cuando no queremos seguir actuando con la dedicación necesaria, cuando intentamos hacer lo que nosotros queremos sin tomar en cuenta a nuestra pareja y queremos danzar solos. A veces estamos tan metidos en la danza de la vida que inconscientemente vamos perdiendo la armonía con nuestra pareja, o a veces somos tan audaces que deliberadamente decidimos bailar solos. Él observa con paciencia y dedicación nuestros errores porque luego buscará, de acuerdo a su gran sabiduría, la forma de corregirnos, de enseñarnos, de meternos dentro de una disciplina, para que no volvamos a cometer los mismos errores.
A través de su Palabra, Él está listo a darnos instrucciones para que cada vez aprendamos a movernos mejor en el escenario con el ritmo, la belleza y la armonía que son indispensables para una actuación emocionante y genuina.
Por cierto, por momentos he sentido que a veces sus correcciones duelen, pero Él sabe que no aprenderemos de otra manera. En determinados momentos Él usa formas que no me agradan, pero lo real es que Él usa los métodos más efectivos de enseñanza aunque no estemos de acuerdo con ellos. Esta pareja de bailarines se mueve al mismo ritmo, siguen la misma armonía, por momentos sus movimientos son tan similares que parece que solamente uno de ellos estuviera danzando y que a uno de ellos sólo le acompaña una sombra. A veces, cada uno realiza movimientos libres, pero lo hacen con mucho cuidado y están comprometidos a esforzarse para no perder la armonía. La pareja no está actuando con absoluta espontaneidad, aunque hay movimientos espontáneos. No son movimientos rutinarios y aburridos pese a que tienen que seguir la rutina que fue diseñada por su entrenador. No son los dos los que tienen el liderazgo, ni tampoco son los dos los que hacen lo que quieren. Hay un líder pero van juntos en armonía. El ritmo está en ellos, se mueven con naturalidad, sintiendo en cada movimiento la música que su entrenador ha escogido, porque la música es parte de ellos y porque ambos siguen la misma música.
El ritmo está en ellos, se mueven con naturalidad, sintiendo en cada movimiento la música que su entrenador ha escogido, porque la música es parte de ellos y porque ambos siguen la misma música.
Creo que no he encontrado mejor descripción de lo que debe ser la relación matrimonial que ésta que alguna vez leí en algún libro. Esta es la mejor forma que he podido encontrar para describir un matrimonio cristiano que intenta cumplir su tarea con honestidad y dedicación, que ha decidido dedicar su actuación a su entrenador. Esta es una pareja adecuada en la que sus miembros, ambos, no sólo uno de ellos, ambos decidieron estar sometidos a aquel que sabe lo que necesitamos. En esta pareja ambos aportan cosas diferentes. Ella belleza, ternura, suavidad, fortaleza, liderazgo, seguridad. No es una pareja que compite el uno contra el otro, ambos están para aportar de sus fortalezas y apoyarse en sus debilidades. Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos y que siguen porque saben que no lo han alcanzado todo y que de la única manera que pueden seguir juntos es sirviéndose, apoyándose, sometiéndose mutuamente, trabajando juntos con mucho amor y paciencia, cada día y hasta el término de sus vidas. Este es el modelo adecuado de una pareja cristiana que ha aprendido a bailar con su pareja, que ha aprendido a valorizar las diferencias y sacar el mejor provecho de ellas para el beneficio mutuo. Ellos saben que el público y sus discípulos los observan, ellos saben que sus hijos, su familia, los amigos y el mundo están mirando su actuación y esperan seguir su hermoso ejemplo.
Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos …

Seguramente usted se está preguntando: ¿Qué es lo que necesitamos entonces para tener éxito como pareja, para realmente vivir como matrimonios?



lunes, 6 de enero de 2014

El desarrollo del potencial (parte 3 de 4)

Realzar la autosuficiencia
La autosuficiencia comienza con el reconocimiento de la plena suficiencia de Cristo. Solamente Dios es independiente. El resto debemos ser «Dios-dependientes». Ser autosuficiente no quiere decir ser independiente de Cristo o del resto de su cuerpo.
Según esta concepción, «auto» no es egoísmo. Más bien, habla de una responsabilidad personal. La «suficiencia» no es independencia sino tener lo suficiente para cubrir las necesidades propias sobre la base de las propias capacidades. Una organización autosuficiente (o independiente) crece y se desarrolla sobre la base de sus propias capacidades y necesidades.
De modo que la confianza en uno mismo no puede confundirse con la independencia. Más bien, es la condición necesaria para que haya comunión y colaboración con la comunidad cristiana global. Cada ministerio depende de una amplia gama de recursos, ya sea a nivel local, nacional o internacional. La ubicación precisa de esos recursos no importa tanto como el modo en que estos afectan la identidad de un ministerio y su fidelidad a Dios.
La autodeterminación es la capacidad de un ministerio de tomar sus propias decisiones y trazar su propio recorrido. Cuando la ayuda es impuesta, se viola la autodeterminación. Esto es verdad ya sea que la ayuda venga por coerción o por inexperiencia. Un ministerio puede sentirse obligado a aceptar ayuda cuando siente que el rechazo pondría en peligro la relación. Esto ocurre fundamentalmente cuando el socio financiador suministra gran parte del ingreso total del ministerio. En tal relación, el socio financiador tiene el poder de veto implícito.3
No debería confundirse el veto implícito con la rendición de cuentas. Es razonable esperar que quien provee los recursos financieros tenga algo de influencia sobre cómo se usarán esos fondos. El apóstol Pablo pretendía que los fondos recibidos de Macedonia fueran usados para el propósito por el cual eran enviados (2Co 8:16–24).
Las tenues diferencias entre ofrecer ayuda e insistir en dar ayuda son difíciles de identificar. Pero sólo al identificar correctamente esas diferencias sutiles se salvaguarda la autodeterminación y se refuerza la interdependencia.
La interdependencia es la capacidad de relacionarse exitosamente con la comunidad cristiana y de colaborar con otros miembros del cuerpo de Cristo.
Todo ministerio, sea eclesiástico o paraeclesiástico, es parte de una comunidad más amplia de cristianos. La comunión y la cooperación con los cristianos locales crean redes de interdependencia y, así, de rendición de cuentas. Cuando un ministerio es financiado principalmente desde el exterior, su lealtad puede trasladarse a esa fuente. Bajo esas condiciones, el ministerio puede volverse aislado e inmune a las correcciones de los cristianos locales, lo cual no es correcto.
La independencia financiera mide la proporcionalidad del financiamiento interno respecto del externo. Como regla general, un ministerio debería tener más ingresos desde fuentes de su propia región que de fuentes externas. Lo importante en la independencia no es la cantidad de dinero que se suministra a un ministerio sino la proporción de su ingreso. Cuando la mayor parte del sostén proviene de la propia región, estamos ante un caso de interdependencia saludable.
Sin embargo, se pueden perder muchas oportunidades sin esa considerable asistencia exterior. Los emprendimientos ministeriales y las grandes iniciativas pueden exceder rápidamente la regla. Las empresas misioneras transculturales casi siempre dependen fuertemente del financiamiento exterior. ¿Cómo podemos asegurar que un ministerio progresará hacia la independencia allí en donde el financiamiento exterior representa la mayoría del ingreso total?
Como regla general, puede ser de ayuda visualizar el financiamiento externo como una progresión de mayor a menor en función del crecimiento del financiamiento interno. El diagrama que se muestra a continuación ilustra esta progresión.