viernes, 28 de febrero de 2014

Fortaleciendo el equipo

Fortalecer la cadena
Los miembros débiles del equipo siempre absorben más del tiempo del equipo que los fuertes. Una razón es que las personas más competentes tienen que dar de su tiempo para compensar por aquellos que no llevan la parte de la carga que les corresponde. Mientras mayor sea la diferencia en competencia entre los grandes ejecutores y los débiles, mayor es el daño que se infiere al equipo. Por ejemplo, si usted califica a la gente en una escala de uno a diez, un «5» entre varios «10» realmente dañará al equipo, mientras un «8» entre varios «10» a menudo no incide en nada.
Déjeme mostrarle cómo trabaja esto. Cuando usted forma por primera vez un equipo, los talentos de las personas se unen en una forma que es análoga a una suma; de esta manera, un «5» entre varios «10» se ve así:
10 + 10 + 10 + 10 + 5 = 45.
La diferencia entre esta clase de equipo y uno muy bueno que tenga cinco «10» es igual a la diferencia entre 50 y 45. Es una diferencia de 10 por ciento. Pero una vez que se forma un equipo y empieza a desarrollar química, sinergia e ímpetu, la forma en que se unen los talentos de sus miembros es análoga a una multiplicación. Aquí es, precisamente, donde un eslabón débil empieza a perjudicar al equipo. Es la diferencia entre este
10 X 10 X 10 X 10 X 10 = 100,000
y este
10 X 10 X 10 X 10 X 5 = 50,000
¡Esa es una diferencia de cincuenta por ciento! El poder y el ímpetu del equipo son capaces, por un tiempo, de compensar el déficit de un eslabón débil, pero no para siempre. Un eslabón débil siempre terminará por afectar el ímpetu y el potencial del equipo.
Irónicamente, los eslabones débiles son menos conscientes de su debilidad y deficiencia que los miembros fuertes. También pasan más tiempo cuidando sus metros cuadrados, asegurando sus posiciones y defendiendo lo que tienen. Y sepa esto: cuando se trata de interactuar entre personas, por lo general los débiles controlan la relación. Por ejemplo, alguien con una buena autoimagen es más flexible que una persona con una pobre autoimagen. Una persona con una visión clara actúa más pronto que alguien sin ella. Una persona con una gran capacidad y mucha energía consigue más y trabaja más tiempo que una con menos capacidades. Si esas dos personas trabajan juntas, el miembro fuerte debe preocuparse constantemente del débil y esperar por él. Eso determina lo que ocurre en el proceso.
Si su equipo tiene un eslabón débil que no puede o no quiere ponerse a la altura del resto del equipo y usted ha hecho todo lo que ha podido para ayudar a la persona a mejorar, entonces ha llegado el momento de tomar una decisión. Cuando lo haga, atienda al consejo de los autores Danny Cox y John Hoover. Si necesita quitar a alguien del equipo, hágalo con discreción, con claridad, con sinceridad y sea breve. Luego, una vez que la persona haya salido, sea franco con el resto del equipo sin dejar de mostrar respeto y aprecio por la persona que se ha ido. Y si antes o después de la acción usted empieza a dudar, recuerde esto: Si el eslabón débil se mantiene como parte del equipo, todo el resto sufrirá.
¡nada de eslabones débiles!
Nadie quiere tener eslabones débiles en su equipo, que hagan que no se logren las metas y objetivos. No obstante, todos hemos tenido que trabajar con personas así. Y a veces hemos obtenido buenas experiencias: hay gran recompensa personal cuando ayudamos a compañeros a pasar de ser eslabones débiles a miembros fuertes del equipo, e incluso, a que terminen siendo verdaderos elementos estrellas. Pero, para bien o para mal, una parte inevitable de pertenecer a un equipo es tener que convivir con estas personas de bajo rendimiento. Podría decirse que no hay equipo que no tenga al menos a una de estas personas.
Como ya lo he mencionado, a menudo la meta de un equipo está determinada por la forma en que se puede trabajar con un eslabón débil. Otras veces, las demandas para un equipo son tan altas que sus miembros no pueden permitirse el lujo de tener un eslabón débil. Y ese es el caso de los SEAL de la Marina de Estados Unidos. La clase de trabajo que ellos hacen es tan exigente que una persona débil en el equipo puede significar la muerte de todo el grupo.
En años recientes los SEAL han generado un enorme interés popular. Han sido los protagonistas de numerosas novelas y películas. Han captado la imaginación de la gente debido a que son considerados lo mejor de lo mejor. Como un ex SEAL dijo: «Ningún grupo de hombres está tan cerca de la perfección en el campo de su elección como los SEAL».
Los SEAL fueron creados por el Presidente John F. Kennedy en 1962. Habían evolucionado de unos equipos de demolición submarina desarrollados durante la Segunda Guerra Mundial para limpiar de obstáculos las áreas de aterrizaje anfibio en playas como Omaha y Utah, en Normandía, y más tarde en las islas del Pacífico. Como todas las fuerzas de operaciones especiales en las diversas ramas de las fuerzas armadas de Estados Unidos, son expertos en armamento, combate cuerpo a cuerpo, demolición y también han sido entrenados para lanzarse en paracaídas. Pero su especialidad está en operaciones en el mar. Esto ha dado origen a su nombre: SEAL indica que ellos son capaces de operar en sea (mar), desde el air (aire) y en land (tierra).
Cómo se forja la cadena
La clave del éxito de los SEAL es su entrenamiento, cuyo énfasis real no es aprender sobre armas y adquirir habilidades técnicas, sino que tiene que ver con desarrollar la capacidad de la gente y establecer equipos de trabajo. Las armas cambian y de la misma manera los métodos para dirigir operaciones, pero el intenso entrenamiento mental y físico ha permanecido casi completamente inalterado por cincuenta años. El comandante en jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, el general Peter J. Schoomaker ha dicho: «Todo menos nuestros valores esenciales está sobre la mesa; para lograr llevar a cabo el trabajo tenemos que estar listos para cambiar lo que sea, menos estos valores. Los valores esenciales del equipo SEAL son las personas»
Para tener a las personas correctas en el equipo debe comenzarse con el proceso de selección. Solo cierta clase de personas estarán dispuestas a pasar por el entrenamiento de los SEAL. Y de los que deciden hacerlo solo uno de cada diez es aceptado. (La Marina recomienda que los candidatos corran al menos treinta millas en una semana y naden largas distancias antes que se consideren aceptables.) Los que son aceptados deben someterse a veintiséis semanas de intensas tensiones físicas, psicológicas y mentales. Las demandas físicas y emocionales del entrenamiento son tales que hacen que otros campos de entrenamiento de la Marina parezcan un paseo campestre. John Roat, que se sometió a este entrenamiento fue uno de los primeros miembros del equipo original formado en 1962. Dice que más de 1,300 hombres trataron de entrar, pero el programa aceptó a 134. La barra para el entrenamiento físico era tan alta que desde el primer día los candidatos empezaron a desertar. Para él, eso era bueno. Dice:
Todavía quedaban unos 130 hombres cuando los instructores nos dividieron en grupos de diez y nos dieron nuestros botes … Cada grupo tenía que llevar su bote sobre las cabezas de modo que cuando uno de los miembros del grupo desmayaba, eso repercutía en todos los demás. No había forma de aprender a trabajar como equipo mientras los hombres que tenían que salir, salieran. Mientras permanecían allí, eran un factor adicional de sufrimiento para todos. Suena duro, pero así es la vida.
Durante las primeras cinco semanas, el entrenamiento es tortuoso y las exigencias físicas son increíbles. Luego viene la «semana del infierno» que son cinco días de constantes desafíos físicos y mentales donde a los aprendices se les mantiene despiertos y activos durante la semana entera, salvo cuatro o cinco horas. Es la prueba que elimina a los eslabones débiles que todavía quedan y, al mismo tiempo, da forma al equipo definitivo. Roat describe así el impacto de esa parte del entrenamiento:
Cada grupo aprende las mismas cosas durante la «semana del infierno». Usted puede llegar a límites que no se había imaginado, pero no puede hacerlo solo y los que caen, se quedan ahí. La «semana del infierno» ha cambiado menos que otras partes del entrenamiento por una simple razón: Los instructores no pueden encontrar una forma mejor. No se puede seleccionar a la gente por lo bien que luce. No hay examen escrito que determine qué hombre está capacitado para ser parte del equipo. Si fuera posible conseguir buenos operadores reduciendo el entrenamiento a simples entrevistas y a respuestas de sí o no, la marina estaría encantada. El problema es que los psicólogos no pueden predecir quién va a sobrevivir después de cinco días sin dormir, con una presión constante y demandas físicas imposibles. Por eso se mantiene el programa.
El entrenamiento de los SEAL es tan intenso que ha habido grupos donde no ha aprobado nadie. En el caso del grupo de Roat se graduaron 49 de los 134 que comenzaron. El sentimiento de aquellos que aprobaron pese a las tensiones y al dolor puede bien estar representado por las palabras de uno de los compañeros de Roat: «No podía fallar. Habría afectado a todos mis compañeros. Simplemente no pude fallar».
Los SEAL de la Marina son considerados por muchos como la elite entre las ya compañías elite de las fuerzas de operaciones especiales en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Su interacción es la definición de equipo de trabajo y dependen el uno del otro a un grado que la mayor parte de la gente no puede entender y además nunca experimentará. Su sobrevivencia depende de ello. Y por tal razón, no pueden permitirse tener ni un eslabón débil.

Aunque usted seguramente nunca va a tener que enfrentar el tipo de presiones que deben soportar los SEAL, puede estar seguro de esto: Un equipo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil. No importa en qué clase de equipo se encuentre, esto siempre es verdad. Es la Ley de la Cadena.



jueves, 27 de febrero de 2014

Hare Krishna

Historia. La Sociedad Internacional para la Consciencia de Krishna, también conocida como HARE KRISHNA, llegó a los Estados Unidos en 1956, cuando BHAKTIVEDANTA SWAMI PRABHUPADA (1896–1977) pasó junto a la Estatua de la Libertad y llegó a Nueva York. Prabhupada recibió su educación de la escuela Vaisnava y del Colegio de la Iglesia Escocesa. Estudió filosofía, inglés, economía y empresariales. Estudió también el HINDUISMO con el GURU Srila Bhaktisiddhanta Saraswati Goswami Maharaja, de la línea de gurus que se remonta al Guru CHAITANYA, del siglo xvi, que había enseñado que KRISHNA (también escrito Krsna o Krisna) era el Señor supremo sobre todas las otras deidades, incluso VISNÚ. Chaitanya también se convirtió en un crítico de las tendencias filosóficas y académicas prevalecientes en el hinduismo de su tiempo y regresó hacia un énfasis más religioso y devocional. Chaitanya agrupó pronto muchos seguidores, de lo que nació consciencia de Krishna y se puso la base de lo que sería ISKCON. Eran habituales los cantos en el nombre de Krishna. Se desarrolló un sucesión de gurus dedicados a las enseñanzas de Chaitanya a través de varios siglos, formando la cadena a la que se uniría con el tiempo Swami Prabhupada.
En 1922 Prabhupada fue iniciado por su mentor Goswami en el BHAKTI YOGA. Las décadas siguientes lo encontramos extendiendo sus doctrinas y estudiando la BHAGAVAD GITA. En 1944 editó una revista titulada Back to Godhead [Volver a la Deidad] y 15 años después Prabhupada decidió que, para servir al Señor Krishna completamente, tenía que renunciar a todos los lazos familiares y en 1959 tomó los votos llamados SAMYASIN.
Prabhupada concentró la mayor parte de su atención en los Estados Unidos. En 1965, a su llegada (se cree que llegó con 8 millones de dólares de su posesión) empezó inmediatamente a difundir las enseñanzas de consciencia de Krishna hacia muchos de los grupos de la contracultura y consiguió pronto seguidores. Se establecieron centros en varias ciudades importantes como Los Ángeles, Berkeley y Boston (EE.UU.) El modesto número de seguidores creció a finales de los sesenta y principios de los setenta, una época de gran turbulencia social. George Harrison, uno de los Beatles, se convirtió en uno de sus seguidores y dedicó su canción «My Sweet Lord» a Krishna.
Prabhupada produjo muchas publicaciones aparte de Back to Godhead. En 1968 escribió un extenso comentario junto al texto completo de la Bhagavad Gita, con el título de BHAGAVAD GITA AS IT IS (Bhagavad Gita tal como es). Este es el libro que sus devotos leen fielmente.
Enseñanzas. El rasgo más distintivo del pensamiento de ISKCON es la creencia en que SANKIRTANA es el medio todosuficiente para alcanzar la salvación, o libertad del SAMSARA. Los adeptos se juntan a menudo en las calles de la ciudad, aeropuertos y otros lugares públicos. Se pueden distinguir por sus túnicas y sus cabezas rapadas (aunque dejan una coleta llamada SIKHA). El canto, llamado KIRTANYA, es un MANTRA de 16 palabras: Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna, Krishna, Hare, Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Hare, Hare.
La filosofía religiosa que representa la base de ISKCON es esencialmente idéntica al hinduismo en el que tiene sus origenes. Se enseña el DUALISMO entre cuerpo, o materia, y espíritu. De aquí que todos los deseos del cuerpo sean esencialmente malos y deben ser suprimidos. De hecho, la mera existencia del cuerpo humano es evidencia de que el KARMA había producido diferentes, si no mejores, resultados en una existencia previa.
Aquí se describen algunas doctrinas concretas de ISKCON:
Dios—ISKCON, como la religión de donde procede, es PANTEÍSTA. Krishna es todo y todo es Krishna. Solo él es la personalidad de la divinidad.
Jesucristo—Jesús es el hijo de Krishna, o una ENCARNACIÓN suya.
Infierno—El INFIERNO es un estado de castigo pero no de eterna condenación, como enseña el CRISTIANISMO tradicional. «Los que son muy pecadores en su vida terrenal tienen que experimentar diferentes tipos de castigo en diferentes planetas. Sin embargo, dicho castigo no es eterno».
Salvación—La salvación se obtiene mediante una completa devoción a Krishna.
Autoridad—Los textos autoritativos de ISKCON son los escritos sagrados hindúes así como los de Prabhupada.
Cuando ISKCON empezó a ganar popularidad y se establecieron centros y templos, algunos estudiantes, llamados BRAHMACARIN, hicieron voto de abstinencia de carne, licores, sexo, juego, etcétera. Vivían en templos establecidos. Cada día se levantaban a las tres de la madrugada para la PUJA. Este debía consistir principalmente en rondas de 16 cantos del mantra de Krishna. Una parte importante de la preparación del estudiante era someterse a la disciplina de un guru legítimamente reconocido (uno preparado por Prabhupada, quien a su vez procedía de Chaitanya a través de una línea de sucesión). Además de la preparación, el adepto debía emplear el resto del día en las calles y aeropuertos cantando el Kirtanya, pidiendo dinero y haciendo proselitismo. El 22 de junio de 1992, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictó que «los que piden donativos deben tener restringido el acceso a las terminales de aeropuertos». Un portavoz de la SECTA declaró que era «un serio golpe».
Un segundo grupo de adeptos, llamados GRIHASTHA, se distinguen de los brahmacarin en que viven fuera del templo. No obstante, su sumisión a un guru y su amor y devoción a Krishna no quedan comprometidos.
Conclusión. ISKCON no está exento de críticas en Norteamérica. El grupo se ha convertido en el objetivo de investigaciones legales sobre sus métodos de proselitismo. Como con cualquier movimiento, el tiempo ha tendido a institucionalizarlo y se han producido muchas modificaciones en los últimos años. Para la mayor parte ya no hay túnicas ni cabezas afeitadas (muchos siguen afeitándose la cabeza pero se ponen peluca). Ya no se exige a los miembros que vivan en templos en la medida en que la adoración se desarrolla en altares erigidos en las casas. Estas mejoras no han disminuido de forma significativa la desfavorable imagen de su pasado reciente, pero su membresía ha permanecido estable en los Estados Unidos durante los ochenta.
En 1977, una vez de regreso en Bombay (India), Prabhupada tuvo un infarto cardíaco que le produjo la muerte. Dejó atrás a unos 6.000 devotos sólo en el templo de Bombay, sin mencionar los muchos seguidores de templos de todo el mundo. La membresía total incluye a unos 2. 500 monjes, 250.000 sacerdotes laicos y 1 millón de miembros adoradores. ISKCON no ha crecido en ninguna parte con la rapidez que lo ha hecho en los Estados Unidos. Once gurus han sucedido a Prabhupada desde su muerte.

En España y los países hispanoamericanos también realizan una intensa labor de captación, aunque con poco éxito. Para los datos referidos a España, véanse los libros de Pepe Rodríguez, César Vidal y Ramón Vallés en la bibliografía.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Huye, sigue, pelea

(1 Timoteo 6:4–12)
Pablo le dio tres «F» a Timoteo cuando quiso ponerle en guardia. Miremos unos momentos a estas tres «F».
1. «Huye de estas cosas» (vv. 4–11):
a) Henchirse de orgullo (o inflarse).
b) De la locura de la ignorancia.
c) Delirios acerca de cuestiones.
d) Contiendas de palabras.
e) Envidias y celos.
f) Rencillas de hombres corruptos de entendimiento.
g) Injurias de incriminación.
h) Conjeturas de maldad.
i) Amor al dinero.
2. «Sigue» (vv. 6, 11):
a) La «justicia» de vida.
b) La «piedad».
c) La «fe» de la devoción.
d) El «amor» de la fidelidad.
e) La «paciencia» que todo lo soporta.
f) La «mansedumbre» en la forma de ser.
g) El «contentamiento» de la gratitud.
3. «Pelea la buena batalla de la fe»:
a) Por medio de una «buena profesión» (v. 12).
b) Manteniendo «el mandamiento» (v. 14).
c) Mandando a los ricos «que no sean altivos» (v. 17).
d) Siendo «ricos en buenas obras» (v. 18).
e) Echando mano «de la que realmente es vida eterna» (v. 19).
f) Manteniendo «la fe» del Evangelio (vv. 20, 21).

g) Estando «prontos a compartir» (v. 18).

martes, 25 de febrero de 2014

El Amor Eficaz

El Amor Concede Belleza
Una suposición común en el mundo es que las mujeres tienen que “conservarse lindas” para guardar un hombre. En el mundo de atraer y ser atraída, se les enseña a las mujeres que se consideren a sí mismas principalmente responsable de su propia atracción, o belleza. Ese punto de vista se les inculca desde el principio. Antes, las muchachitas jugaban con muñecas bebé, viéndose en papel de la madre criante; ahora se pueden hallar jugando con muñequitas Barbie, viéndose a sí mismas en lugar de la muñeca. Y por supuesto, la muñeca es a la vez guapa y también curvosa. Las chicas vienen a sentirse presionadas, y así se queda la situación.
No queremos decir que es mal que las mujeres deseen ser atractivas o bellas. La perversión queda en la separación moderna de la belleza de la mujer, de la relación de su padre y su marido con ella. No hay nada malo en desear un jardín precioso; hay muchísima necedad en desear un jardín precioso que se atienda y se mantenga a sí mismo. La Biblia enseña que el marido cristiano es responsable de la belleza de su esposa. Antes de casarse la mujer, su padre es el responsable de su belleza. Cuando se casa la mujer, su marido asume esa responsabilidad. El ejemplo para el marido en ese amor es Jesucristo.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Ef. 5:25–27)
Por lo tanto Dios exige que los maridos amen a sus esposas con efecto. Al amar a nuestras esposas, no hemos de imitar ese amor superficial y sentimental de aquél ídolo moderno, “jesús suavecito,” más bien debemos de imitar el amor eficaz del Señor Jesucristo quien vino a la tierra para redimir a su pueblo, salvándolo de sus pecados. En la gracia de Dios, Cristo hizo a su pueblo bello; no los halló bellos – “Porque Cristo, cuando aun éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom. 5:6–8). Cristo vino y sufrió para asegurar la salvación de su pueblo de sus pecados. No vino para tratar de salvarlos.
Así que cuando un hombre aloja a una mujer en su hogar, todos que los conocen han de suponer que ella florecerá y crecerá en belleza durante los años siguientes. Si su ceremonia de boda se refirió en lo más mínimo al quinto capítulo de Efesios, ¿no fue esto lo que él prometió hacer? Mientras el marido trata a su esposa en la manera bíblica, es de esperarse que ella crezca más y más bella; no porque el marido se lo ha merecido, más bien porque mediante la gracia de Dios, ha sido bienaventurado. La única causa de crecimiento alguno es Dios mismo (1 Cor. 3:6). Mas el Dios soberano utiliza los medios designados, y para el cultivo de la belleza en las esposas, es el amor atento y abnegado de parte de los maridos.
En este pasaje de Efesios, Pablo no exige que los maridos imiten al Señor en su mero sentimiento para con su iglesia; han de imitarlo en Sus obras respecto a ella. Y esas obras son eficaces: logran el propósito. En esta imitación, al marido se le exige primero, que “se entregue a sí mismo para ella.” Ha de imitar a Cristo que santifica y limpia la iglesia, así aplicando a su manera, el lavamiento del agua mediante la Palabra, con el fin de presentársela a sí mismo como una gloriosa y hermosa mujer. Ningún marido es suficiente para estas cosas, y sin embargo la gracia de Dios es fuerte y poderosa, y puede obrar en maridos pecadores, y puede transformar matrimonios pecaminosos. El necesario punto de partida es el reconocimiento del patrón de imitación requerido por Dios para el matrimonio. Es crucial que los maridos lleguen a entender que tienen que asumir la responsabilidad completa de la belleza de sus esposas.
La Realidad de la Belleza Física
Tocaremos la importancia de la belleza interior en la sección siguiente. Pero viviendo nosotros en una cultura que está obsesionada con la belleza exterior, los cristianos a veces han reaccionado y pensado que cualquier atención a la belleza física es “mundana”, y que los cristianos deben preocuparse solamente por las cualidades espirituales. También viviendo en una época del igualitarianismo difundido, otros cristianos se han objeccionado a ciertos ideales de la belleza femenina como “injusto.” Ambos enfoques pueden parecer muy espirituales y muy santos, pero en realidad, ninguno es el cristianismo espiritual en absoluto. De un lado, es el menosprecio gnóstico del mundo material; y del otro, es la rebeldía envidiosa contra los designios divinos.
Una consideración breve de muchos pasajes bíblicos demuestra que la belleza femenina es una realidad. Abraham, por ejemplo, tuvo una esposa muy guapa. “Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto.” (Gén. 12:11). Y cuando llegaron a Egipto, la reacción de los egipcios demostró que Abraham no estaba imaginando algo no real. “Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.” (Génesis 12:14)
Isaac también se casó con una mujer bella: “Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen…” (Gén. 24:16). Ella era en realidad tan bella, que Isaac repitió el mismo engaño que hizo Abraham con respecto a su relación como marido y mujer – por su seguridad (Gén. 26:7).
En cuanto a este tema general, los patriarcas sabían lo que hacían: Jacob también amó a una mujer hermosa. Fue engañado a casarse con Lea, pero su primera preferencia fue Raquel. “Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer.” (Gén. 29:17). Esta historia bíblica de la belleza fenomenal de las esposas de Abraham, Isaac, y Jacob será de importancia más adelante cuando lleguemos a la enseñanza de Pedro sobre el tema de la belleza, y las santas mujeres del “otro tiempo.” La belleza que provino de un espíritu afable y apacible no se puede considerar como el equivalente bíblico de tener una “personalidad simpática.” Mas bien se relacionaba con una belleza exterior – una que cautivaba a sus maridos, y a veces, tropezaba a otros.
Dios también se refiere a la belleza femenina de algunas de las cautivas de Israel. Habla de tal manera: “…y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer…” (Deut. 21:11).
El historial de la Escritura también nos da un relato de una emparejada tremendamente mala la cual se mencionó antes. Nabal era un bruto que tenía una esposa sinceramente muy buena para él. Abigail era bella e inteligente a la vez. “Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras;” (1 Sam. 25:3).
David cayó en adulterio y el encubrimiento de homicidio porque Betsabé era hermosa. “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.” (2 Sam. 11:2).
También hay otros ejemplos bíblicos iguales. La hermana de Absalón, Tamar, era hermosa (2 Sam. 14:27). La Escritura está de acuerdo con el gran rey de Persia: la reina Vasti era una mujer hermosa (Ester 1:11). La mujer que la sustituyó, Hadasa o Ester, también era hermosa y de buen parecer (Ester 2:7). Las hijas de Job no solamente eran hermosas, eran más hermosas que todas las mujeres en toda la tierra (Job 42:15). La novia del Cantar de Salomón también es “hermosa… como Tirsa; de desear, como Jerusalén; imponente como ejércitos en orden” (Cant. 6:4). Dios compara a la infiel nación de Israel con una mujer muy hermosa que se deja seducir y apartar por su misma hermosura (Eze. 16).
Quizás todo esto parezca como extendernos sobre lo obvio – “todo el mundo sabe que hay mujeres bonitas” – pero es algo importante para los maridos entender. Cuando los maridos emprenden la responsabilidad asignada de amar a sus esposas de tal manera que ellas crecerán en belleza, tienen que entender que los resultados serán visibles. Esto no quiere decir que, con el marido correcto, todas las mujeres podrán ser igualmente hermosas. Algunas mujeres tienen la ventaja de una mayor hermosura natural, y otras han tenido padres excepcionales – hombres que trataron bien a sus hijas. Pero sí quiere decir, que el hombre que se casa bíblicamente debe esperar que su esposa sea visiblemente más bella en su décimo aniversario – y si ella no lo es, se sabe que él es el responsable. Y como el responsable, tiene que saber de donde comienza la hermosura verdadera.
Hermosura Verdadera
Jesús comparó a los Fariseos a sepulcros bonitos por fuera, que por dentro estaban llenados de corrupción. “¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.” (Mat. 23:27). Desde el principio hasta el fin, la Biblia nos enseña que el varón mira al exterior, mientras Dios mira al corazón. Pero la Escritura no presenta el corazón como lo único digno de la consideración, sino más bien es el punto de comienzo. La verdadera belleza femenina no empieza y termina con el corazón; más bien, comienza con el corazón y termina con un verdadero atavío exterior.
Pues, aunque no debemos aceptar al concepto pagano que solamente lo “espiritual” tiene valor, también debemos guardarnos de la contraria trampa pagana. Esto es la idea que solo lo material y lo exterior tiene valor alguno, y que la belleza espiritual e interior no tiene importancia. A veces, se cree que la mujer nada más tiene que usar la crema hidratante indicada, el maquillaje propio, que vestirse bien, que mantenerse apuesta, y así entonces será hermosa. La Biblia enseña que eso no es necesariamente cierto – una mujer hermosa que no tenga discreción presenta la misma clase de incongruencia que un camello con barra de labios (Prov. 11:22). La Biblia también les prohibe completamente a las mujeres cristianas tomar ese enfoque externo a la belleza.
Por ejemplo, Pablo enseña que las mujeres cristianas “se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos” (1 Tim. 2:9). Lo importante es notar que él no está prohibiendo el atavío; más bien está exigiendo que las mujeres se atavíen de cierta manera. Está prohibiendo cierta clase de pompa ostentosa. En el siglo primero, las mujeres trenzaban su cabello con alhajas, o lo rociaban con polvo de oro. Esta clase de ostentación le repugnaba a Pablo; es hoy día una cosa repugnante, y le fue igualmente repugnante al profeta Isaías. Aparentemente él veía a las hijas de Sión, sin vergüenza, paseando coqueteando. “Asimismo dice Jehová: ‘Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y los ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies” (Isa. 3:16). Porque eran orgullosas y altaneras en su belleza exterior, el Señor juró que les quitaba el cabello (v. 17), su dignidad (v. 17), su gala (v. 18), los adornos de los pies (v. 18), las rendecillas y las lunetas (v. 18), los pendientes, los brazaletes, y los collares (v. 19), las cofias (v. 20), los atavíos de las piernas y las cintas (v. 20), los frascos de perfume y los amuletos (v. 20), los anillos (v. 21), los adornos de la nariz (v. 21), los vestidos elegantes (v. 22), los mantos y las capas (v. 22), las bolsas (v. 22), los espejos (v. 23), las telas finas (v. 23), las gasas y los tocados (v. 23).
En otras palabras, cuando las mujeres son bellas e impías, su belleza es una provocación al Señor. “Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; y en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura.” (Isa. 3:24). Dios no puede ser burlado; Él odia la hermosura cuando es fea interiormente. Además, causará que lo exterior corresponda con la contaminación interior.
A la inversa, cuando una mujer es bella en su espíritu, su belleza no se puede contener. Hasta encanta a su marido – aún aquellos que no tienen temor de Dios.
Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza. (1 Ped. 3:1–6)
Ahora pues, este mansedumbre interior es algo que Pedro le exhorta a las esposas. Pero teniendo en cuenta toda la enseñanza de la Escritura, entendimos que la mujer se fija en esto bajo la vigilancia amorosa de su marido. Mientras él la ama, ella da fruto. Mientras ella da fruto, él se deleita. En ese deleite él la ama más, y ella da más fruto. La esposa debe cooperar completamente, recibiendo ese amor, pero él tiene la responsabilidad de dárselo.
La Cortesía
El marido bíblico ha de intentar cultivar la hermosura de su esposa en todas las cosas, sean cosas grandes o pequeñas. Una área que les parece insignificante a los hombres modernos es la costumbre de la cortesía con respecto a las mujeres. En el libro de Romanos, el apóstol Pablo instruye a todos los cristianos sobre la obligación que tenemos de ser cortés los unos a los otros. “El amor sea sin fingimiento; aborreciendo lo malo, llegandoos á lo bueno; Amandoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos a los otros…” (Rom. 12:9–10 versión antigua).
Pedro también exige que los maridos se comporten con consideración atenta y cortés para con sus esposas. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Ped. 3:7).
Pero los maridos modernos han caído en la trampa de igualar y de reducir. Este reduccionismo se demuestra en la tendencia igualitaria en cuanto a los modales o cortesía. Creen que todo el mundo tiene que ser igual, y todo tiene que ser idéntico. No creemos que es necesario someternos (con señal manifiesta) en ninguna manera a nadie. Por lo tanto, hay mucha gente hoy en día que jamás le han demostrado acción de honor y deferencia a nadie. En tal ambiente cultural, no parece asombroso que muchos maridos nunca han honrado a sus esposas.
Si se le pregunta a un hombre cristiano, diría que sí honra y respeta a su esposa en su corazón. Pero la Biblia no nos exige simplemente a honrar y respetar a otros en nuestros corazones. Nos exige a honrarlos y respetarlos. Claramente el corazón es donde todo debe comenzar, pero si no se demuestra en comportamiento exterior, no es el honor y respeto bíblico. El honor bíblico se debe demostrar en manifestaciones verbales y visibles que vienen del corazón, pues no se mantienen encerrados en el corazón.
Puesto que somos criaturas, y Dios nos ha dividido en diversas naciones y culturas, las señales de respeto y honor que demostramos variarán de cultura a cultura. Evidentemente, no hay problema bíblico ninguno con estas diferencias culturales. Pero no se prescinde tan fácilmente del requisito a honrar. Por ejemplo, los militares británico saludan de otra forma que los militares estadounidenses. La Biblia no nos dice qué tipo de saludo debemos usar, pero sí exige tal cosa como el saludo. La Escritura nos exige a demostrar la deferencia y el respeto. No hay tal cosa como honor o respeto invisible.
Todos somos pecadores y naturalmente bajo la ira de Dios. Pero si Dios nos ha cambiado, esa nueva creación se va a manifestar visiblemente al mundo, así como el hombre viejo se manifestó visiblemente. El marido no puede decir, “A pesar de mi comportamiento, aún honro a mi esposa, aunque nunca lo demuestro.” Los maridos tienen que honrar a sus esposas.
Esta demostración dentro del matrimonio es una actitud que deberíamos observar también en la iglesia:
Y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. (1 Cor. 12:23–25)
La Biblia exige que los fuertes honren y respeten a los débiles. En el mundo, los fuertes abusan de los débiles; pero en la iglesia, los fuertes han de respetar a los débiles. Esto no cambia nada de la línea básica de la autoridad que ha creado Dios. Cabezas de familia deben ser respetados por sus esposas, y es una obligación bíblica que las esposas sean sumisas a sus maridos. La Escritura no está invirtiendo el significado de la fuerza y la debilidad. Pero lo extraordinario del cristianismo es que el honor y el respeto se exigen en ambas direcciones. Es natural que el débil le rinda honor al fuerte. Pero que el fuerte le rinda honor al débil requiere la gracia de Dios.
A través de los años, nuestra cultura ha iniciado unos modos tradicionales de demostrar esta clase de honor. Muchas de estas expresiones de honor se han destruido casi completamente durante los últimos decenios. Demostraciones culturales del honor y el respeto se han desaparecido en gran medida en el mundo contemporáneo. Con respecto al matrimonio, recuperarlas es una responsabilidad bíblica de los maridos cristianos. Esa recuperación quizá sea torpe y dificil, pero será mejor recuperarlas que inventar alguna señal de honor y respeto de la nada. Y aunque han recibido una paliza, todavía hay algunas cosas profundamente establecidas en nuestra cultura, las cuales se pueden recuperar con éxito. Los maridos cristianos tienen que comenzar la recuperación de las costumbres corteces en su relación con sus esposas.
Aquí tocamos el tema de la etiqueta o del amor en las nádires, el amor en las pequeñeces. Los minimalistas dirán, “No importa si el marido le abre la puerta del coche a su esposa.” Por supuesto, en el esquema cósmico, Dios no le ordena a los maridos a que les abran las puertas a sus esposas. Pero, sí les ordena que honren a sus esposas. ¿Y cómo obedecerá el marido a esa orden, mostrándole a su esposa y al mundo que la honra y la respeta, si no en lo que dice y lo que hace?, puesto que la biblia no le dice algún modelo cultural de comportamiento específico.
Esto quiere decir que los hombres deben honrar a sus esposas en maneras palpables. “¡Cómo! ¿Que tengo que caminar al otro lado del coche para abrir las puertas?” Sí, y esto constituye solamente una parte. El tiene que honrarla delante de los niños, e insistir que ellos lo imiten en ese honor. En sus palabras y sus hechos, él debe cubrirla de alabanzas y honrarla en público continuamente (Prov. 31:28).
Esta revolución de modales no comienza exigiendo que los otros que nos deben respeto a nosotros empiecen a mostrarlo. Comenzará cuando nosotros empecemos a mostrar respeto y honor cuando sea necesario. Si se cultiva esta clase de honor, los resultados son hermosos. Forman parte de la cultivación de la belleza y hermosura de su esposa, por cual el marido es responsable. Mucho se ha perdido; nos va a dificultar el volver a las normas de cultura sin sentir alguna incomodidad. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el corazón de la cortesía verdadera es la manera que tratamos a otros. Y el mejor lugar para comenzar a recuperar semejante benevolencia constante, es la manera en que el marido trata a su esposa.
El Amor Romántico
En su libro, La Alegoría del Amor, C.S. Lewis hizo comentarios sobre la tradición del amor romántico en la cultura occidental. Dijo:
Si al principio esta cosa nos escapa, será porque estamos tan acostumbrados a la tradición erótica de Europa moderna que equivocamos el amor por algo natural y universal, y por lo tanto no preguntamos de su origen.… Nos parece …natural que el amor (bajo ciertas condiciones) sea considerado una pasión noble y ennoblecido: sólo es cuando nos imaginamos tratando de explicarle este concepto a Aristóteles, Virgilio, San Pablo, o el escritor de Beowulf, que nos damos cuenta de cuán lejos es de lo natural.
La sección anterior trató de la importancia del amor cortés en el matrimonio cristiano. Se hizo en primer lugar porque la Biblia lo enseña (y que es importante), pero también se hizo como preparación para el campo minado sobre cual caminaremos ahora. Esto es, la enseñanza bíblica sobre el amor romántico.
El amor romántico, así como se sobreentiende comúnmente, es un ídolo moderno de la mente, de las emociones, y del corazón. Porque muchos de los maridos y de las esposas sirven a este ídolo, no se sorprende que les causa gran descontento a los matrimonios, expectativas imposibles, disputas, peleas, y por supuesto, divorcios. La idolatría sucede cuando miramos a la cosa creada con la esperanza de que sea y haga lo que solamente el Dios viviente puede ser y hacer. Esta idolatría en particular es la de confundir la reacción emocional y biológica muy normal (mas transitoria) con el amor duradero y obediente que nos da Cristo.
La cortesía, el honor y el amor visible naturalmente se les exige a los maridos en la Escritura. También se les exige tener ardor y ternura para con sus esposas. Pero aún diciendo esto, nuestro error moderno del amor se pone a manifiesto, porque la reacción muy común a esta manera de expresarse sería, ¿Se exigen? ¿El ardor y la ternura se exigen? ¿Pero no deben ser estas cosas espontáneas y naturales? La respuesta es que no.
Cuando los maridos obedecen a Dios en la manera en que tratan a sus esposas, sus hogares son agradables, y sus esposas se mantienen cuidadas. Pero esta práctica constante del amor sacrificado en el hogar, no es igual al calor inicial que llamamos “enamorarse.” Es una cosa completamente distinta.
Se nos dice, y no solamente por unos pocos, que los cristianos tienen que mantener las “chispas románticas” en sus matrimonios. Si quiere decir que los cristianos deben tener matrimonios buenos, el punto está bien, y no debemos sutilizar sobre palabras. Pero a menudo quiere decir que los cristianos deben esperar y exigir que el mismo nivel e intensidad de emoción romántica inicial se mantenga durante todo el matrimonio, y que si no es así, algo está muy mal.
La debilidad de este concepto se demuestra por dos problemas básicos. El primero es la imposibilidad de mantener la intensidad emocional de “la primera vez” durante el curso de una relación. La relación debe madurarse. Esta madurez significa el crecimiento y mejoramiento, no el murmullo constante del arrebato inicial.
El segundo problema referente es que no considera los diferentes papeles en la naturaleza de la relación que Dios ha incorporado en sus hijos e hijas. La Biblia enseña que los hombres y las mujeres están orientados el uno al otro en forma distinta. “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón. Porque tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.” (1 Cor. 11:8–9). Las preposiciones en estos versículos tienen importancia. La mujer fue creada por causa del varón. El varón no fue creado por causa de la mujer. Pues, Pablo nos habla aquí de la manera en que Dios nos hizo. Sus instrucciones también sobre los deberes de hombres y mujeres están basadas en lo que somos como hombres y mujeres, y en cómo estamos orientados. La orientación fundamental del hombre obediente es su vocación bajo de Dios. En circunstancias normales, no puede realizar su llamamiento solo – necesita ayuda. La orientación fundamental de la mujer obediente es dar esa ayuda. O en otras palabras, la orientación del hombre es hacer su tarea con la ayuda de ella, mientras la orientación de ella es ayudarlo a realizar esta tarea. El está orientado a la tarea, y ella está orientada a él.
Ahora pues, ¿qué tiene que ver todo esto con lo romántico? Cuando un hombre al principio emprende a cortejar una mujer, parece que está orientado de la misma manera que lo está ella. Sin embargo, cortejar y casarse son simplemente su tarea inicial, pero ella supone que su comportamiento refleje una orientación permanente y compartida. Y poco después de casarse, ella se encuentra preguntándose que le ha pasado a él y a toda esa atención romántica que le prestaba. Pero él, habiendo terminado su “tarea” de conseguir una esposa, ahora la está descuidando neciamente, y se ha envuelto en otras tareas.
Ella está descontenta porque se cree que su orientación debe gobernar la relación. El está inconsciente del descontento de ella, porque se cree que la orientación de él debe gobernar la relación. Los dos están equivocados. Ella quiere que él tome mucho más tiempo dedicado directamente a ella. El quiere tomar demasiado tiempo en su trabajo. Ella tiene la suposición tradicional (y empalagosa) que el hombre y la mujer fueron creados por Dios para tener orientación igual el uno al otro – aquél de estar perdidos en mirándose el uno al otro hasta el fundido de la película. Por otro lado, él quiere tomar mucho menos tiempo amándola de lo que requiere la Biblia.
En épocas pasadas, las expectativas masculinas de la relación matrimonial eran las normativas. En estos días, la expectativa femenina es la normativa. Esto no quiere decir que las mujeres reciben lo que esperan, sino simplemente que las expectativas femeninas determinan lo que nuestra cultura en general llama “un matrimonio bueno.” Pero ambas son falsas. Como cristianos, debemos conformarnos al patrón y las normas bíblicas. No nos debe sorprender que la Biblia prohibe tanto la tiranía de las expectativas masculinas, como la usurpación de las expectativas femeninas – y coloca cada conjunto de expectativas en su propio lugar.
Por supuesto, esta verdad no se debe usar por ningún marido cristiano como excusa para descuidar a su esposa y familia. La orientación de ella respecto a él es algo creado por Dios, y es lo que la hace tan capaz de ayudarlo en la tarea que Dios le ha llamado a realizar. Si él la descuida, se está realmente destruyendo a sí mismo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo (Ef. 5:28). Pero es de igual importancia que el hombre no descuide su vocación – lo que Dios le ha llamado a realizar.
Así que el marido y su esposa no han de estar hombro a hombro, marchándose a trabajar en la tarea juntos. Ni tampoco han de estar ellos dos en la casa todo el tiempo, eternamente cara a cara y perpetuamente “enamorados.” Más bien, con el hombre y la mujer igualmente comprendiendo sus respectivos papeles, él mira hacia el futuro y su vocación bajo de Dios, y ella, a su lado, mira hacia él.

Los hombres han de amar a sus esposas como Cristo amó a Su esposa – sacrificándose. Han de hacerlo reconociendo que el amor comprendido bíblicamente, no se refiere al sentimiento ni a la emoción; más bien el amor es una serie de acciones que transforman a ambos. El amor bíblico es eficaz. Los maridos han de amar a sus esposas, reconociendo que les afectará en la esfera del espíritu. Mientras la esposa cultiva un espíritu afable y apacible, se vuelve más bella. El la trata en la manera de Cristo en todo, tanto lo grande como lo pequeño. Ella crece en belleza, y esa belleza es atractiva a su marido. Pero este amor no es igual al enamoramiento que sentían cuando por primera vez se conocieron – no lo puede ser. Es algo mucho más maduro. Por lo tanto, no se debe confundir con el amor romántico; es algo mucho mejor.



lunes, 24 de febrero de 2014

La superación de los obstáculos (parte 6 de 7)

Error 6
Olvidar desarrollar la independencia
Es un error subestimar el potencial destructivo de una ayuda exterior. Las agencias de ayuda a los damnificados de una catástrofe y las agencias de desarrollo han batallado con esto durante años. Sigue siendo un desafío en el sostén de misioneros nacionales o de movimientos autóctonos. Debemos tener mucha precaución para asegurarnos que la independencia de los socios no sea socavada.
La independencia tiene tres cualidades que se encuentran entrelazadas: la autodeterminación administrativa, la interdependencia relacional y la independencia financiera. Un ministerio independiente es capaz de tomar sus propias decisiones, colaborar con una comunidad cristiana más grande y subsistir con recursos autóctonos.
La independencia es socavada cuando un socio interviene unilateralmente en la administración del otro, cuando un socio es perjudicado en su relación con cuerpos cristianos locales o cuando un socio no puede sobrevivir sin el otro.
En las alianzas complementarias, donde cada socio llega a la relación desde una posición de autonomía, las cuestiones de autodeterminación e interdependencia no constituyen generalmente el problema principal. Las alianzas eficientes complementarias se logran solamente con organizaciones verdaderamente independientes. La cuestión de la independencia aparece con el flujo de dinero. Cuanto más grande es la proporción de financiamiento de una única fuente, más dependiente se vuelve la organización.
Por ejemplo, un ministerio fundó iglesias exitosamente durante más de treinta años, tiempo durante el cual varios socios del exterior que lo apoyaban financieramente fueron aumentando periódicamente el sostén. Cuantas más iglesias se establecían, más pedidos de subvenciones se aprobaban. Sin ninguna otra meta que fundar iglesias, la alianza parecía estar logrando su propósito.
No fue sino hasta que el ministerio evangelístico experimentó un cambio de liderazgo que los socios que apoyábamos aquel ministerio comenzamos a reevaluar nuestro impacto sobre ellos. Aunque el ministerio había tenido éxito al establecer cientos de iglesias, se había vuelto dependiente los de recursos externos. Si bien se había alcanzado la meta principal de la alianza, también se había pasado por alto la importancia de la independencia.
Remedio: incluir a la independencia en sus metas para la alianza
Por regla general es conveniente proveer un pequeña parte del ingreso total del socio. Un ministerio que recibe la mayoría de su sostén de fuentes locales presenta generalmente un nivel saludable de interdependencia. Hay que reconocer que esto no siempre es posible. Las situaciones iniciales casi siempre cambian por completo estas proporciones. Las situaciones especiales o las necesidades primordiales alteran la proporción durante un período de tiempo. La cuestión es ser consciente del impacto y trabajar decididamente hacia un objetivo realista.
Cada tanto, háganse unos a otros las siguientes preguntas:
1. ¿En qué sentido es el ministerio más fuerte y eficiente que cuando entró en la alianza?
2. ¿Qué sucedería si hoy tuviésemos que disolver la alianza?
3. ¿Quedaría el socio destruido, lisiado de por vida o perjudicado por un tiempo?
4. ¿Qué haría que el socio se recupere?
Al fin y al cabo, su meta es capacitar al ministerio de tal manera que sea capaz de crecer sin su ayuda.