viernes, 14 de marzo de 2014

La Ley del Catalizador (parte 2 de 3)

Tres clases de jugadores
Un catalizador se vuelve crucial en momentos difíciles, ya sea que se trate del vendedor que logra la meta «imposible», el jugador que realiza la jugada magistral o el padre que lleva a su hijo a creer en sí mismo en un instante crítico en la vida. Un equipo no puede lograr sus metas más importantes, y ni siquiera ganar terreno si no tiene un catalizador.
Mi experiencia con equipos me ha enseñado que lo aplicable a los deportes también se aplica a las relaciones de negocios, ministeriales y familiares. Cuando el tiempo se acaba y el juego está en peligro, en realidad solo hay tres clases de personas en un equipo:
1. Los individuos que no quieren la pelota
Algunas personas no tienen la capacidad de ser confiables para el equipo en situaciones de suma presión, y lo saben. En consecuencia no quieren la responsabilidad de llevar al equipo a la victoria. Y ésta no se les debería dar. Solo se les debe permitir jugar en sus áreas de fortaleza.
2. Los individuos que quieren la pelota pero no deberían tenerla
Un segundo grupo contiene personas que no logran llevar al equipo a la victoria. El problema es que no saben que no pueden. A menudo la causa es que el ego de estos jugadores es más grande que su talento. Esta clase de sujetos es peligrosa para un equipo.
3. Los individuos que quieren la pelota y deberían tenerla
El grupo final, el cual siempre es el más pequeño, consta de personas que quieren ser el «soporte» a la hora de la verdad y que en realidad pueden hacerlo. Son capaces de empujar, arrastrar o llevar al equipo a nuevos niveles en momentos de dificultad. Estos son los catalizadores.

Todo equipo necesita catalizadores si quiere tener alguna esperanza de ganar continuamente. Sin ellos hasta un equipo repleto de talentos no puede lograr el nivel más elevado. Vi esto con los Bravos de Atlanta a finales de la década de los noventa, y de nuevo en el 2000. Tenían los mejores lanzadores de inicio en el béisbol. Tenían firmes bateadores, fildeadores de primera plana, y gran talento en las reservas. Algunos miembros del equipo habían recibido reconocimientos de jugadores más valiosos de la liga o de novatos del año. Sin embargo, no tenían los jugadores catalizadores necesarios para convertirse en campeones de la serie mundial.



jueves, 13 de marzo de 2014

Budismo

LOS BUDISTAS
Imágenes de Buda pueden encontrarse en muchos lugares por todo el mundo, como ésta en una tienda de Hawai. Cortesía de Verlyn D. Verbrugge.

Uno de los budistas contemporáneos más célebres es el Dalai Lama, un budista tibetano. Aquí aparece dando una conferencia en Madison (Wisconsin). Sus seguidores creen que es Dios encarnado. Cortesía de Jack M. Roper/CARIS.
Historia. El budismo fue fundado por Gautama (563–483 a. C.). Los relatos de su vida están repletos tanto de hechos como de añadidos. A los 29 años, renunció a su derecho legítimo al poder político, dejando a su esposa e hijos para convertirse en mendigo, yendo de un lugar a otro en busca de la verdad (véase la GRAN RENUNCIA). Pasó algún tiempo probando con el BRAHMANISMO aunque le desilusionó totalmente. Poco después, se ocupó en un período de intensa meditación y recibió la ansiada ILUMINACIÓN que le concedió el título del BUDA. Gautama pasó el resto de su vida de viaje, enseñando la religión o, mejor dicho, la filosofía que atraería multitud de adeptos en los siglos posteriores.
En el año 245 a. C., un concilio de 500 monjes budistas recogió las tradiciones orales de más de tres siglos y las recopiló por escrito en la lengua Pali. Dichas escrituras reciben el nombre del TRIPITAKA.
El budismo se extendió rápidamente bajo el liderazgo de ASOKA (274–236 a. C.), quien envió misioneros a Siria, Egipto, Macedonia e incluso hasta Birmania y Ceilán. En aquellos tiempos el budismo era básicamente un movimiento unificado, no obstante, como suele ocurrir cuando un líder militar de gran poder fallece, hay división entre sus seguidores, quienes forman sus propias facciones y el imperio de Asoka no fue una excepción. Poco después de su muerte se produjo una división geográfica y filosófica, dando lugar a dos sistemas de pensamiento: el TERAVADA al sur, que mantenía el idioma Pali, y el BUDISMO MAHAYANA al norte, donde la literatura y el idioma eran sánscritos. Estas dos facciones principales siguieron fragmentándose hasta formar las múltiples sectas que constituyen el budismo de la actualidad.
En sentido estricto, el budismo no es una religión, si se define la religión como creencia en una deidad divina o sobrenatural que tiene como constituyentes vitales la oración, los sacrificios y los conceptos sobre la vida futura. Gautama no rechazó la existencia de deidades pero sí negó su utilidad para la vida cotidiana. El budismo, por lo tanto, ha sido llamado la religión del ateísmo práctico. Sin embargo, Nancy Wilson Ross ha señalado con acierto que es incorrecto etiquetar al budismo como ateísmo en el sentido puro del término.
Las enseñanzas budistas respecto a la verdadera naturaleza del alma, o yo, pueden responder en parte a la acusación de que es una forma de ateísmo. En realidad, el budismo no es más ateo que teísta o panteísta. La acusación de ateísmo apenas se puede esbozar respecto a un Maestro que afirmaría del universo, o del cosmos, en su totalidad: «Hay un no nacido, un originado, un no hecho, un no compuesto. Ojalá, mendigos, que no hubiera escape del mundo de lo nacido, lo originado, lo hecho y lo compuesto».
El budismo ha tenido un fuerte impacto en los Estados Unidos (y el mundo occidental), particularmente en la Costa del Pacífico. El primer templo budista de Norteamérica se edificó en 1898 en San Francisco (California). En 1942, las Iglesias Budistas de Norteamérica contaban con 100.000 miembros. Hasta la fecha (1990), se estima que hay 270.000 budistas en los Estados Unidos. Se formó, además, un movimiento aparte conocido como BUDISMO NICHIREN SHOSHU de Norteamérica, que resultaba atractivo a muchos americanos no asiáticos. Otra modificación del budismo que ha tenido y tiene un considerable impacto en los Estados Unidos, como Nichiren Shoshu, ha sido reconocida como una denominación distinta en el budismo ZEN. Cada movimiento cuenta con ramas en muchas ciudades importantes de todos los Estados Unidos.
Enseñanzas. Como los brahmines, Gautama abrazó la idea de la REENCARNACIÓN. La salvación consiste en el escape final del ciclo de renacimientos. No obstante, rechazó otros conceptos hindúes como el SISTEMA DE CASTAS y la validez de las escrituras védicas.
Una idea central en el pensamiento oriental es la noción de que AVIDYA (la ignorancia) es la raíz de todo lo malo. El budismo asume plenamente este concepto. Gautama descubrió una manera de liquidar la ignorancia muy singular y distinta de todos los enfoques formulados hasta su día. Después de considerar los rigores del ASCETISMO, por un lado, y el hedonismo sin rienda por el otro, como medios factibles para alcanzar la autodisciplina y el control, rechazó ambos por su incapacidad para destruir lo que es fundamental a la naturaleza humana, es decir, la pasión y el deseo. Su filosofía queda definida en las CUATRO NOBLES VERDADES:
1. El sufrimiento es universal.
2. El sufrimiento es causado por los deseos.
3. La eliminación del sufrimiento se produce por la eliminación de los deseos.
4. Es necesario seguir un camino para conseguir esto (para acabar con la sucesión de nacimientos).
El camino propuesto por Gautama se compone de ocho puntos conocidos popularmente como la «ÓCTUPLE SENDA»: (1) recta visión, (2) recta intención, (3) recta palabra, (4) recto obrar, (5) recto modo de vida, (6) recto esfuerzo, (7) recta atención, y (8) recta meditación o concentración. Si uno sigue dichos principios, se convertirá en ARHAT. Una vez eliminada la ignorancia, el budista está libre para entrar en el NIRVANA. El KARMA se rompe y el ciclo de renacimientos se termina.
El budismo también distingue entre cinco modos de ser: (1) los «budas» o aquellos que han llegado a ser budas; (2) BODHISATIVAS (budas futuros); (3) budas pratyeka, es decir, aquellos que han buscado iluminación personalmente pero que todavía no han pasado tan grandes conocimientos a otros; (4) aryas (los que ya están en el camino hacia el nirvana); y (5) prithagjanas, la mayoría de los discípulos, que no aspiran a las altas metas de los arhat.
Además de cumplir los requisitos de la Óctuple Senda, el monje budista que aspira a ser un seguidor verdadero y fiel de Gautama sigue los diez mandamientos que prohíben: (1) el asesinato; (2) el robo; (3) la fornicación; (4) la mentira; (5) las bebidas alcohólicas; (6) comer durante los tiempos señalados para la abstinencia; (7) el baile, canto, y toda forma de entretenimiento mundano; (8) el uso de perfumes y atavíos de adorno; (9) dormir en camas que no estén en el suelo; y (10) aceptar limosnas de oro o plata.
A continuación se presenta una comparación y contraste del budismo con el cristianismo respecto a Dios, el pecado, la salvación, el futuro y la moralidad.
Dios—En radical contraste con el cristianismo, el budismo no admite la noción de un Dios personal que es a la vez INMANENTE y TRASCENDENTE. En lugar de un Dios consistente en una personalidad con tres facetas (Trinidad), la noción budista de Dios es más un proceso de transformación. Tradicionalmente la iglesia cristiana ha clasificado a los budistas como ateos (véase más arriba). La apologética cristiana clásica se ha moderado en los tiempos modernos con una actitud mucho más tolerante y liberal. El sello del cristianismo influido por el existencialismo y el idealismo especulativo ha resultado en un cambio a un paradigma más amplio en los últimos 150 años. La presencia de una cosmología científica moderna ha provocado un repensamiento por parte de muchos teólogos, tanto católicos como protestantes, de toda la doctrina de la existencia de Dios. El resultado ha sido una actitud de tolerancia y apertura, posición que Hans Küng articula claramente:
actualmente la perspectiva cristiana del budismo enfatiza la información en lugar de la denuncia, la complementariedad en lugar del antagonismo, el diálogo en lugar del proselitismo, el «hablar de Cristo con gente de otras creencias» en lugar de «ganar inconversos para Cristo».
Aunque los cristianos más conservadores rechazan los paradigmas modernistas, también desean mantener un diálogo activo con budistas y fieles de otras confesiones. Sin embargo, para las iglesias que sólo abrazan las doctrinas tradicionales del cristianismo, simplemente no cabe lugar para cuestionar la existencia de Dios.
Pecado—El pecado para el budista es un concepto conocido como TANHA. La palabra a menudo se traduce como «lascivia» y significa toda la lascivia o deseo que surge en la vida de cada uno. El cristianismo no enseña que todo deseo sea pecaminoso; sólo el deseo que se centra en servirse a uno mismo viola las leyes morales de Dios. El cristianismo mantiene que el pecado es «original» y «real», es decir, que es parte íntegra de la naturaleza y acciones de cada persona. La raza humana se concibió en pecado y rebelión activa contra el Dios viviente.
Existe una marcada similitud entre cuatro de los diez mandamientos del pensamiento budista y cuatro de los Diez Mandamientos del JUDAÍSMO y el cristianismo. Ambos prohíben robar, matar, fornicar y mentir. Pero romper ayunos obligatorios, bailar o dormir en una cama elevada no constituyen una violación de la ley moral de Dios en la BIBLIA y, por lo tanto, no son pecados. Para el budista, todos y cada uno de los deseos resultan en pecado, mientras el pensamiento cristiano señala que es pecado no desear lo justo (amar a Dios, amar a su prójimo, etcétera).
Salvación—Para el budista, la salvación tiene dos áreas de énfasis. En primer lugar, consiste en la liberación del ciclo de renacimientos, o sea, «dejar de existir». «Mediante la destrucción de la sed (tanha), se destruye el Apego. Mediante la destrucción del Apego, se destruye la Existencia» (Vinaya Pitaka). En segundo lugar, la salvación también se considera como el cultivo del carácter y de la estatura ética en esta vida mediante el cumplimiento de la ley y una obediencia diligente a la Óctuple Senda. La salvación debe alcanzarse por el budista mismo sin ninguna ayuda externa. «Por uno mismo se hace lo malo. Por uno mismo se sufre. Por uno mismo el mal queda sin hacer. Por uno mismo se purifica la persona. He aquí, ningún hombre puede purificar a otro».
El contraste entre budismo y cristianismo se muestra aquí muy evidente. En contraste con la idea budista de la autoconsecución de la salvación, el cristianismo enseña que Dios envió a su único Hijo, Jesucristo, al mundo, para vivir una vida sin pecado, morir en una cruz y resucitar de entre los muertos para terminar la obra de expiación y proclamar la victoria sobre la muerte. El cristiano no busca dentro de sí mismo para la salvación, sino que mira hacia afuera, en fe, hacia Cristo. El tercer artículo del Credo de los Apóstoles resume en pocas palabras la doctrina cristiana de la salvación: «Creo en … la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amen». Efesios 2:8–9 afirma: «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios; no a base de obras, para que nadie se gloríe». La iglesia, por lo tanto, está compuesta de la «comunión de los santos», es decir, todos aquellos que han creído que mediante la fe han recibido perdón de sus pecados, y que han sido bautizados. Al final del mundo habrá la «resurrección de los muertos». El cuerpo se levantará de la tumba como cuerpo incorruptible.
Esta noción es opuesta a la doctrina budista de la salvación en varios puntos. En primer lugar, como hemos mencionado anteriormente, para el cristiano la salvación se encuentra en la persona y obra de Jesucristo, mientras para el budista uno alcanza la salvación a través de esfuerzos personales y celoso seguimiento de la Óctuple Senda. Segundo, para el cristiano la muerte representa el preludio al traslado inmediato hacia la presencia de Dios. No es así en el pensamiento budista, donde la muerte constituye sólo una parte en un ciclo o serie de muertes y renacimientos. Tercero, la idea de una resurrección corporal, parte fundamental de la doctrina cristiana, no se halla en el sistema budista. El cuerpo se ve como un vaso que meramente contiene lo permanente y queda atrás en tanto que uno va creciendo y acercándose a la desaparición del ciclo de reencarnaciones.
Los budistas Mahayana y Theravada difieren en sus ideas acerca de la salvación y de la vida futura. Los budistas Mahayana creen que un buda, que ellos denominan BODHISAT, vive actualmente en un reino celestial y espera encarnarse en forma humana. Dicha figura es el objeto de su oración y devoción. Es curioso que, en este punto, el budismo presenta un estrecho paralelismo con el cristianismo en ciertos aspectos. Se cree que el bodhisat ha acumulado un tesoro de méritos que se emplearán para aquellos que dirigen su fe hacia él. Del mismo modo, son el mérito y la justicia de Cristo los que justifican al pecador que confía en él por fe. Segundo, el bodhisat viene a la tierra encarnado, como hizo Jesús. Finalmente, la creencia en un reino celestial en la religión del llamado ateísmo práctico puede sonar algo paradójico, pero es ciertamente un punto en el que convergen el budismo y el cristianismo.
Moral—La moral budista se ha desarrollado como una reacción contra el hinduismo. En protesta contra el SISTEMA DE CASTAS y su ordenación de la sociedad en clases superiores e inferiores, el budismo propuso una ética de igualdad. En lugar de conductas y ritos externos, se concibe como un énfasis en el estado interior del alma. Igual que en el cristianismo, el amor se convierte en principio fundamental de la conducta ética y moral del budista. No obstante, carece de una ética de amor dirigido hacia Dios. El amor es el medio para superar el odio y toda clase de maldad.
Otro contraste a destacar entre el budismo y el cristianismo es la mezcla que hace este primero de las leyes morales y ritos ceremoniales. La enseñanza de que es malo matar o robar está al mismo nivel que el mandamiento de abstenerse de dormir en una cama elevada del suelo o de ayunar durante ciertos períodos de tiempo. Para el cristiano, las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento se han abolido en Cristo (Col. 2:20–23). Para el cristianismo, Cristo es el fundamento sobre el que se construye toda la moral, y cuando se quebrantan los mandamientos y se comete un pecado, el creyente tiene un recurso en el arrepentimiento y la absolución por medio de Cristo, quien se sacrificó en expiación por el pecado (1 Juan 1:9). Dicho recurso no existe para el budista.
Los budistas Mahayana, como se ha mencionado anteriormente, creen en la existencia de un bodhisat celestial a quien se deben dirigir las oraciones; sin embargo, no existe el concepto de la expiación con derramamiento de sangre por el pecado. Para el budista que no observa las leyes morales y ceremoniales sólo hay dos alternativas. Una es el deseo de guardar las leyes y seguir los Ocho Pasos, lo cual representa una contradicción ya que el deseo mismo está prohibido. Así pues, la alternativa que queda es la de permanecer en la indiferencia ética, que es el camino más noble para el budista.
Conclusión. Existen muchos sistemas de budismo, igual que hay muchas denominaciones dentro del cristianismo. Los dos grupos más importantes, los budistas Mahayana y Theravada, están divididos geográficamente entre Asia del Norte y Asia del Sur. El budismo, al contrario que el cristianismo, es una religión no misionera, lo cual significa que sus esfuerzos de hacer proselitistas son mínimos. No obstante, ocupa la cuarta posición entre las grandes religiones mundiales, detrás del cristianismo, el ISLAM, y el hinduismo, contando con más de 311 millones de adeptos.
El budismo ha disfrutado de un resurgimiento de popularidad en los últimos años. Se puede citar el ejemplo del gobierno de Camboya que, en el año 1989, reconoció al budismo como la religión oficial del estado. Simultáneamente, los budistas Theravada y BUDISMO NICHIREN SHOSHU extendieron sus enseñanzas en Singapur. Por otro lado, no todos los países han recibido tan bien a los monjes budistas. Se han levantado persecuciones contra los budistas en Sri Lanka a causa de manifestaciones antigubernamentales protagonizadas por sus monjes. La China sigue con su persecución del budismo en su intento de extender la Revolución Cultural.
La desintegración de la Unión Soviética y posterior suavización de la persecución religiosa ha afectado tanto al budismo como al cristianismo. Se pueden encontrar templos budistas en construcción en las ciudades de Moscú, San Petersburgo, y otras poblaciones localizadas dentro de la antigua Unión Soviética, que además celebró en julio de 1991 los 250 años de budismo como religión reconocida en Rusia.
Respecto a otros lugares, en noviembre del 1990, se descubrió una estatua de unos diez metros del Buda en Baltimore, en el estado norteamericano de Maryland, como muestra del deseo de diplomáticos y empresarios japoneses de mejorar las relaciones entre ambos países. En octubre del mismo año se celebró la XVII Conferencia General de la Comunidad Mundial de Budistas en Seúl (Corea Del Sur).

La sede norteamericana de las Iglesias Budistas de Norteamérica se encuentra en el 1710 de Octavia St., San Francisco (California) 94109. EE.UU.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Aprobado por Dios

(2 Timoteo 2:15)
INTRODUCCIÓN: palabras escritas a Timoteo, discípulo de Pablo (véase las circunstancias especiales del joven, hijo de madre y abuela creyentes en la fe de Moisés, y de padre griego, escéptico). En su entrenamiento fue probado, incluso sufrió prisión (He. 13:23). La exhortación de Pablo, es literalmente: «procura hacerte aprobado de Dios» (ej. el afán de los estudiantes por obtener su diploma). Muy superior es el diploma celestial que:
1. Será dado sin recomendación ni soborno: sólo según los méritos del alumno (véase 2 Co. 5:10).
a) Tiene una duración eterna. Los títulos humanos sólo duran una temporada.
b) Toda la enseñanza de Cristo coincide en que la vida es una prueba y que nos conviene asegurarnos un aprobado (véase Mt. 10:42; Mr. 9:41). ¿Qué importancia tendría que todo el mundo aplaudiera, si Dios dijera no? Del Anticristo se dice: «Todo el mundo se maravillará», pero ¡ay de él! De los héroes de la fe que murieron en tiempos antiguos dice el inspirado autor de Hebreos: «De los cuales el mundo no era digno»; pero recibieron el «Bien, buen siervo y fiel …, entra en el gozo de tu Señor». Es imposible imaginarse lo que sentirá el alma en aquellos supremos momentos, por los cuales hemos vivido y sufrido algunas veces. ¿Queremos tener este aprobado?, ¿lo deseamos? Véanse las condiciones según este texto, aplicado a Timoteo y a nosotros.
2. Entrar en la escuelas de Cristo (v. 19): según la condición puesta por el propio Señor cuando respondió a sus contemporáneos que preguntaron: «¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?» (Jn. 6:28). Ciertas carreras están cerradas para los pobres o de mente débil, pero Cristo recibía y recibe a todos, porque ama a todos, es el Maestro por excelencia (Jn. 6:37 y 13:13).
3. Hacer buen uso de la palabra de verdad (v. 15): lo esencial para todo alumno después de un buen maestro son los libros de texto. La Sagrada Escritura es nuestro libro, escrito por instrumentos humanos, pero sin errores en el sentido espiritual. La característica de los cristianos evangélicos es que conocen la Biblia, así lo afirman los mismos sacerdotes católicos; pero no se trata sólo de conocer, sino de vivir. La expresión «que corta bien la Palabra de verdad» es una figura algo rara, pero muy gráfica; se refiere al sastre que sigue la línea trazada por el yeso. Nuestra vida es la tela, la Palabra de Dios el yeso que debemos seguir, el Espíritu Santo el artista que lo dibujó. Debemos cortar nuestra conducta y carácter según la línea trazada por el Espíritu Santo en todo el N.T. (Ro. 12).
4. Aplicación absoluta y completa: Pablo toma como ilustración el servicio voluntario de los romanos; la abstención no se refiere a los medios honrados de ganar el pan (2 Ts. 3:10). El mismo Pablo a temporadas no pudo dar todo su tiempo a la obra (Hch. 18:3). y no es que fuera mal soldado, sino, al contrario, procuraba en todo agradar a su Señor Pablo dice que Cristo no se agradó a sí mismo, justo es que nosotros le agrademos a Él.
5. Sinceridad en los procedimientos (v. 5): las reglas de los juegos en los deportes modernos pueden servir de ejemplo. En el deporte de la eternidad leemos: «Tú amas la verdad en lo íntimo» (etimología de la palabra sinceridad. Sincera o sin fingimiento o disimulo); como se hacía para borrar los defectos de las estatuíllas que se vendían en los mercados, pero el calor derretía la cera y volvían a aparecer).
6. El divino objetivo del alma creyente: evitar las penas del infierno es el primero y principal para muchos cristianos, pero no es el objetivo de Dios, sino el primer paso para formar almas regeneradas y dignas del Cielo. Es un plan de Dios desde la eternidad (véase Ro. 9:29; Ef. 1:4). Es algo como lo que procura el fundidor, hasta que ve su imagen misma reflejada en el metal que está acrisolando. Dios está fabricando pequeños Cristos (Ro. 8:29; 1 Co. 15:49). Como dice el gran predicador Pegny: «Dios prueba, para aprobar». No hay prueba sin objeto; pero Dios mismo viene en nuestra ayuda, como fue en el caso de Pedro (Lc. 22:31). El Señor intercede (Ro. 8:34) y actúa en nuestras vidas (anécdota: el pintor novel ayudado por su maestro cuando él dejaba el cuadro por la noche). 
Así el Señor endereza nuestros errores y nos habilita si le dejamos obrar, es el Maestro por excelencia.

CONCLUSIÓN: Dios haga que al final de nuestra vida podamos oír un «Bien, buen siervo y fiel», o por lo menos como Jesús dijo de María «Ésta ha hecho lo que podía» (Mr. 14:8).

martes, 11 de marzo de 2014

Misceláneas Tentaciones (parte 1 de 3)

El Síndrome del Tipo Simpático
María cree que el hombre con quien se casó es un tipo muy simpático, así que ella no sabe exactamente por qué se siente tan frustrada con él. Cada vez que se enfada con él, se siente culpable – no por causa del enojo, sino porque ello no tiene ningún motivo aparente. Ella se siente profundamente descontenta, y sin embargo le parece que nadie le podrá explicar por qué se siente tan frustrada. ¿Cómo podrían otros entenderlo, cuando ella no lo entiende? ¿Por qué será que se siente tan enfadada con un tipo tan simpático?
En el mundo cristiano de hoy en día, incontables matrimonios realmente no han sido consumados espiritualmente. Se ha hecho el pacto matrimonial, y se ha realizado consumación física, pero el matrimonio aún no está bien. No está bien porque ningún matrimonio se puede consumar espiritualmente si el marido se comporta como un eunuco espiritual. Tal eunuco es uno que está impotente de su masculinidad – algo que se distingue de ser varón, lo cual es algo simplemente biológico.
Cuando el marido tiene este problema, el resultado para la esposa es una tentación a la frustración profundamente arraigada y rencorosa. Cuando ella cede a esa tentación, los síntomas de la frustración se pueden manifestar de varias maneras, pequeñas y grandes. Algunas de las manifestaciones más grandes pueden incluir la glotonería y la borrachera.
Lo irónico es que tales eunucos espirituales casi siempre son tipos simpáticos. Y como los síntomas de este abandonamiento espiritual aparecen evidentemente en la esposa, el mundo observante normalmente se pregunta “¿Qué le ha pasado a ella?” Por consiguiente, ella se siente aún más frustrada y resentida. Hay más que suficiente ejemplos de este modelo para darle un nombre – el Síndrome del Tipo Simpático.
Ahora pues, por supuesto es importante definir esto. No todos los maridos con esposas agitadas son “tipos simpáticos.” La Biblia aconseja a los hombres que no sean ásperos con sus esposas (Col. 3:19). Pero este Síndrome del Tipo Severo no es difícil de identificar; cuando una mujer tiene un hombre que la trata como a una zapatilla, no hay misterio de por qué ella está infeliz. Este capítulo se trata de aquellas situaciones en que la mujer se siente completamente frustrada en el matrimonio con un hombre simpático – y por consiguiente está confundida.
Innumerables hombres cristianos simpáticos tienen esposas en esta condición de frustración continua. Y entre más frustrada que se sienta la esposa, más simpático trata de ser el marido. Desafortunadamente, esta “simpatía” no es la bondad bíblica. No es el amor de que se habla más arriba; es abdicación, o ser un “pelele”. De vez en cuando, la situación se vuelve demasiado molesta aún para él, y se pone furioso a causa de la frustración de ella. Pero él sabe que eso está mal, y por consiguiente se disculpa, y regresa a su costumbre de consentir los caprichos de su esposa, en vez de amarla mediante la jefatura.
Como enseña Pedro, las mujeres deben entender que están dirigidas por un señor. “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotros habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.” (1 Pedro 3:6). Lamentablemente, muchas mujeres son dirigidas (si a esto se le puede llamar dirección) por hombres que lucen como nada más que “disculpas” caminantes, hablantes, vivientes y respirantes. ¿A cuántas mujeres cristianas hoy en día se les puede considerar como hijas de Abraham? ¿Cuántas de ellas se pudieran imaginar diciendo a sus maridos señor sin reírse? ¿El? Pero un marido es uno que cultiva el respeto con autoridad.
Pues, huelga decir que esa autoridad se debe ejercer por el hombre, con la disposición semejante a Cristo para servir. No debe ejercer su autoridad en una manera egoísta. Pero la tiene que ejercer; él es marido. Es una tragedia que en nuestra cultura, la palabra marido no se entiende más que un varón enlazado legalmente (por unos pocos años) a una hembra particular. Pero la palabra trata de mucho más. Ser marido es administración cuidadosa de recursos – es mayordomía. Y cuando un varón se responsabiliza de casar con una mujer, debe entender que no lo puede hacer a menos que se comporte con autoridad.
El debe actuar como uno que tiene todo derecho a estar donde está. El es señor del jardín, y ha sido ordenado por Dios a atenderse a que ese jardín dé mucho fruto. Eso no se puede realizar por “haraganear” en el jardín, siendo simpático. El jardín se tiene que administrar, y gobernar, y mantener, y cultivar. Para muchos de los maridos, esto es un concepto extraño; ellos seguramente pasan todo su tiempo en el jardín, disfrutando de cualquier fruto que por casualidad crece allí, pero siempre tienen el aspecto furtivo de uno que es culpable de haberle entrado ilegalmente.
Para tener un jardín lleno de maleza, no se necesita cultivo. Y para tener una esposa llena de frustración, tampoco hay necesidad de hacer nada. Lo único que un hombre tiene que hacer es dejarla sola. Y los tipos simpáticos son expertos en dejar sus esposas solas.
El hombre severo entra al jardín para pisotear todo. Tiene una presencia destructora. Trágicamente, hay hombres que corresponden a esta descripción. Pero en la iglesia cristiana de hoy, muchos más tienen el problema contrario. Estos no hacen nada directamente destructivo, pero haraganean mirando mientras crece la maleza. Están inseguros de su derecho de estar allí, y al empezar a arrancar esa maleza significará que han asumido alguna responsabilidad de la condición del jardín – ¡ay! mejor no hacer eso. Tal abdicación es abdicación de mayordomía; es abdicación de cultivo. Y la esposa se siente frustrada porque tiene un marido en nombre, pero es eunuco espiritual.
Algunos hombres objetarán diciendo que sus esposas exigen que las dejen en paz, y por eso simplemente buscan respetar el deseo de sus esposas. A esto se le puede dar dos contestaciones. Primera, sea o no que la esposa exige que la deje en paz, eso no cambia el mandato de Cristo que exige que a ella no se le deje sola. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” (Ef. 5:25). La cabeza del hombre es Cristo. Y Cristo ha mandado a los maridos que lo imiten a El – y esto exige un amor que no se marcha, y que no haraganea. Segunda, las esposas se tienen que dirigir con una mano firme. A menudo ellas ponen a prueba a sus maridos en alguna cosa, y son profundamente desilusionadas (y frustradas) si él se rinde. Es crítico que el marido le de a su esposa lo que la Biblia dice que ella necesita, y no lo que ella dice que necesita.
Así pues el marido piadoso es un señor piadoso. La mujer que entiende esta verdad bíblica y dice marido a cierto hombre, también le está diciendo señor. Lo trágico es que la abdicación total de parte de los hombres modernos ha hecho la idea del señorío en el hogar una cosa tan ridícula. El hombre no puede progresar solamente con buenas intenciones. No puede progresar simplemente con una conducta simpática. No puede progresar con una disposición afable. No puede progresar con la buena reputación que tiene en la iglesia o en el vecindario de ser un buen tipo. En un mundo de eunucos espirituales, es bueno hallar a un hombre que es más que simplemente macho.
Así pues, esta es la naturaleza del problema: muchos varones cristianos son tipos simpáticos, pero no proveen la fuerza de jefatura que Dios exige y que sus esposas necesitan. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.” (1 Cor. 11:3).
Pero la diagnosis del problema no es lo mismo que resolverlo. Muchos maridos pueden entender fácilmente que abdican el liderazgo y la mayordomía en una manera que no deben, pero no saben precisamente lo que hacer. La primera cosa que hacer es confesar el problema general a Dios como pecado. Dios ha establecido la clase de gobierno en la familia, y nosotros no tenemos la autoridad para cambiar o modificar lo que El ha hecho. No importa si el cambio se hizo deliberadamente por rebelión, o si se hizo sencillamente por debilidad. Se tiene que confesar si no está conforme con el patrón que Dios ha establecido.
La segunda cosa es identificar áreas específicas de abdicación. Cuando se identifiquen, también se lo tiene que confesar como pecado. Algunos ejemplos específicos se dan más abajo, pero son sólo ejemplos. De ningún modo se debe considerar esta lista como completa:
· Cuando la esposa pide consejos: Hay muchas ocasiones cuando la esposa se siente en apuros con respecto a alguna dificultad, y viene a su marido y le dice, “¿Qué debo hacer?” El marido que abdica su responsabilidad le dirá, que a él no le importa y que ella debe hacer lo que quiera. Pero cuando una esposa pide consejos de su marido, siempre debe recibir los consejos. Cuando ella viene a su marido y le pide una decisión, él siempre debe tomar una decisión.
Cuando una mujer viene a mi esposa a pedir consejos, una de las cosas que ella le pregunta generalmente es, si su marido sabe y ha aprobado de que ella esté buscando este consejo. Y cuando están hablando sobre lo que les preocupe a las mujeres, a menudo mi esposa les pregunta lo que dice su marido sobre ello. Regularmente ha oído tales cosas como, “El me dijo que la decisión era mía.” Y esta clase de abdicación no está limitada a cosas triviales – ha incluido cuestiones de importancia vital, como el uso del control de la natalidad.
· Yo lo intenté una vez: Los maridos que están dispuestos a abdicar se defenderían de la manera siguiente: “Una vez mi esposa hizo esto. Me vino para que yo tomara una decisión, y yo tomé la decisión. Pero luego, ella la resistió. Yo concluía que ella realmente no quería mi decisión, así pues dejé el asunto como estaba.” Esto es un error fácil de cometer, pero un error no obstante. En esta situación la esposa no necesita que él simplemente tome una decisión; necesita que él tome una decisión firme.
A menudo las esposas quieren que sus maridos tomen jefatura en el hogar. Así pues, les piden una decisión, y el marido toma una decisión. Pero luego, la esposa se pone a pensar si esa decisión era una a la cual su marido se ha comprometido realmente, o si es una que él tomó solamente para callarla a ella. Así pues, ella resiste la decisión. A veces, no es porque rechaza su jefatura, sino porque ella quiere asegurarse de que él está ejerciendo una jefatura verdadera. Si entonces él se derrumba, ella entiende que él realmente no tomó ninguna decisión.
· Te lo dije: Supongamos que se tiene que tomar una decisión, y el marido y su esposa difieren en opiniones. Después de discutirlo, el marido abdica, y ellos hacen lo que la esposa quería hacer. Supongamos además que de consecuencia todo les sale mal. La abdicación del marido se puede ver en su reacción al desastre. Si dice (o piensa), “Mira lo que ha pasado por hacerlo ‘de tu manera,’ ” entonces demuestra que él ha abdicado su jefatura.
Ahora bien, un marido piadoso podrá decidir, después de tomar en cuenta las preocupaciones de su esposa, a hacer todo “de la manera de ella.” Pero en un hogar piadoso, tan pronto como él hace esto, se vuelve la decisión de él. El se responsabiliza completamente de ella. Una vez que se toma la decisión, esa decisión es suya. Si su esposa trata de echarse la culpa de como resultaron las cosas, él debe impedirla – “No, mi amor. Esto lo hice yo.” Puede que era la idea de ella en la discusión, pero en el hogar bíblico, la idea de hacerlo fue la de él.
· Haciendo su propia cosa: Algunos maridos dispuestos a abdicar pensarán que son decisivos porque hacen sus decisiones y acciones sin consultar con sus esposas en absoluto. “¿Que compraste qué?” Tal cosa está demasiado lejos de la jefatura bíblica; si piensa que hace bien con alguna cosa, el marido piadoso no huye de discutirlo con su esposa antes de hacerla. Cuando el marido actúa sin consultar con su esposa, es comúnmente porque reconoce que ella tiene derecho de veto en el hogar. Y puesto que esta cosa en particular es algo que él realmente quiere hacer, la hace sin dejarle saber a ella antes. Eso no es jefatura; eso es abdicación egoísta.
¿Cómo puede un hombre escaparse de este modelo? Ya hemos demostrado la importancia de confesar el problema como pecado. Mientras el problema se atribuye a nada más que diferencias de personalidad, o excusado como diferentes orígenes culturales entre marido y esposa, el problema permanecerá. Pero un hombre que no ha sido el jefe de su hogar tiene que confesar su abdicación como pecado – tiene que tratarlo igual que trataría el robo o el adulterio. Es desobediencia.
Al confesar todo pecado reconocido que esté relacionado con el problema, el próximo paso es analizar y orar concerniente al problema. El marido responsable debe preparar una lista con dos categorías.
La primera categoría debe enlistar todas las áreas en la casa en que suceden cosas contrarias a los deseos expresados del marido. Por ejemplo, supongamos que él ha dicho en varias ocasiones, que cree que los niños no deben mirar la televisión. Ellos miran la televisión de todos modos, así pues él debe incluir eso en la lista. Si él expresa que su esposa no debe pedir tanto consejo a su padre, pero ella se empeña en eso, entonces se debe incluir en la lista. Así, él incluye aquellas áreas en que sus decisiones no se respetan.
La segunda categoría debe ser una lista de todas aquellas áreas en que las acciones en la casa suceden por causa de la ausencia de jefatura de parte de él. Supongamos que la esposa establece las normas de la disciplina para los niños, pero sin querer – ella le ha pedido a él repetidas veces por su consejo, y él solamente le ha dicho, “No sé. Me parece que tu lo estás haciendo bien.” Supongamos que ella le ha pedido tiempo en la Palabra juntos, pero él nunca parece tener tiempo para ello. También debe incluir eso en la lista.
Mientras organiza esta lista, él debe ponerse concienzudo. La primera categoría contendrá aquellas áreas de la vida familiar en que su jefatura no se respeta. La segunda categoría incluirá todas aquellas áreas en que su jefatura nunca se ejerció. Mientras piensa sobre su lista, debe recordar de nuevo su necesidad de perdón. Debe darle gracias a Dios por Su gracia a los pecadores, y fiarse del hecho de que Dios nos ha concedido la justicia perfecta de Su Hijo.
Es importante no permitir que su lista se convierta en una lista de quejas contra su esposa. El motivo no es salir del pecado de la abdicación, para entrar luego en el pecado de la amargura y el resentimiento. El marido es el culpable que abdicó su jefatura, y ahora simplemente está identificando aquellas áreas específicas que se tienen que corregir.
Al terminar la lista, él debe orar por ella varios días. Durante este tiempo, quizás se hallará añadiendo o quitando cosas. Así, tomando el tiempo para hacer esto, evitará una confrontación irreflexiva o poco atinada con su esposa. Cuando tenga confianza de que la lista describe el problema precisamente, él debe sentarse con su esposa y hablar con ella. Probablemente tendrá que reservar unas cuantas horas para poder discutir a fondo el problema con ella. Si tienen hijos mayores (adolescentes), quizá será necesario sentarse con ellos en una manera semejante.
El debe decirle a su esposa que ha confesado su pecado de abdicación a Dios, y que quiere pedirle perdón a ella también. No debe atacarla o culparla. La conducta debería ser una de humildad. El ha sido injusto con ella, y ahora tiene que hacer enmienda. Si ella también ha pecado en el asunto (como es probable), él todavía no es capaz de servir como el que corrige (Gál. 6:1).
Deberían examinar la lista juntos. La parte más importante es la categoría en que las decisiones o los deseos expresados no se respetaron, y el marido no hizo nada para corregirlo. El debe pedirle a ella perdón y su ayuda mientras trata de corregir el pecado. Al terminar, deberían orar juntos.
Al hacer esto, es muy probable que tanto el marido como la esposa se sentirán mucho mejor. Pero el problema no se ha solucionado todavía. Dentro de una semana, el marido debe escoger de la lista, una de las áreas de menos importancia en que han tenido problemas. Luego, debe tomar una decisión sobre aquello. Si la costumbre antigua de no hacerle caso se empieza a manifestar, él debe tomarle aparte a su esposa y reconvenirle de que no quiere volver a caer en su costumbre anterior de abdicación. Ocurra lo que ocurra, no debe cambiar su decisión. Si su esposa se enfada, él no debe echarse atrás. Si ella explica que ésta situación es diferente porque… él no debe de cambiar su decisión. Esto es crucial.
Por supuesto, él debe prepararse suficientemente en reflexión y oración ante esta decisión para asegurar que su decisión no sea necia o egoísta. Pero aún si su decisión no fue la mejor posible, la cuestión en sí no es su capacidad para hacer la decisión perfecta, sino su derecho y responsabilidad para tomarla. El asunto de que se trata es la recuperación de jefatura piadosa en el hogar.
La razón por la cual él debe comenzar con una cuestión de relativamente poco importancia es sencilla. Si uno fuera a empezar el ejercicio de pesas, no empezaría con todos los pesos del gimnasio sobre la barra. Si uno fuera a empezar a correr, no lo haría corriendo veinticinco kilómetros. Tales cosas aseguran el fracaso, y uno se desanima de hacer intentos futuros. Lo mismo vale con esto. El marido sencillamente está quitándose una mala costumbre. Esto será difícil sin todas las complicaciones adicionales que resultan por una decisión mayor. Por lo tanto, él debe comenzar con la cuestión de cual restaurante visitarán esa tarde, y no con la de vender la casa y mudarse al Yukon.
Y cuando ha tomado una decisión con éxito, tiene que tomar otra. Está aprendiendo a ejercer jefatura, y pronto descubrirá que es como aprender a caminar – se hace poco a poco.


lunes, 10 de marzo de 2014

Principios básicos para hacer negocios (parte 1 de 6)

1. Refleje a Cristo en su práctica comercial
Déjeme advertirle de frente, que si se decide a adoptar este principio en sus negocios le costará dinero. Vivimos en una sociedad que prospera gracias al engaño y a los contratos fraudulentos. Cualquiera que desee operar de la manera que complazca a Cristo se enfrentará a muchas situaciones que le causáran sufrimiento.

Tome por ejemplo la práctica de la honestidad total. Proverbios 3:32 dice: «Porque Jehová abomina al perverso; mas su comunión íntima es con los justos». Más adelante señala: «Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios» (Proverbios 4:24). Ambos versífculos reflejan este mismo principio: La honestidad se premia y la deshonestidad se castiga. Si la cuestión fuera entre robar y no robar, la mayoría del pueblo de Dios no tendría problemas en obedecerlo. Pero en las situaciones reales de la vida, las cosas se vuelven un tanto complejas.

Pablo era un ejecutivo retirado que se mudó a México para encargarse de una gran hacienda ganadera. Su negocio prosperaba porque había decidido pagar bien a sus empleados mexicanos y dirigía las cosas de manera que agradara a Dios. Su único problema consistfa en que debía comprar equipos y repuestos en Estados Unidos y enviarlos a México. Pronto advirtió que si no pagaba un «plus» a los aduaneros y a otros empleados vinculados al proceso de importactión, era probable que su equipo nunca llegara a la hacienda.

Pablo sabía que esas «gratificaciones» eran ilegales en México. Pero también sabía que se trataba de un estilo de vida y una práctica comercial tácitamente aceptada por todos … excepto por los canales oficiales, como es natural.

Durante una visita a Estados Unidos, Pablo asistió a uno de los seminarios sobre «Los negocios y la Biblia», realizado en Texas. Se sintió culpable de no estar honrando a Dios en este aspecto de sus negocios y tomó la decisión de no pagar el plus a nadie que trasladara el equipo que acababa de comprar. Tal como era de esperar, en la primera oficina de la frontera detuvieron la carga por «irregularidades». Después de muchas tentativas de tratar de liberar el equipo, Pablo les preguntó: «¿Cuánto me costaría arreglar esos formularios?»

Le contestaron que la demora podría eliminarse pagando un «honorario» de doscientos dólares, una suma pequeña si se compara con el valor del equipo.

Pablo ya había decidido que no pagaría dinero ilegal, no importa cuál fuera el precio, de modo que rehusó hacerlo. Como resultado, tuvo que ir a su hacienda dejando el equipo atrás. Varios días después decidió hacer averiguaciones. Después de muchos esfuerzos por localizarlo descubrió que le habían sustraído al equipo muchas de sus partes, para venderlas en el mercado negro. Lo que finalmente logró recuperar representaba una fracción de su valor original.

Debido a este tipo de cosas, Pablo decidió vender la hacienda, mudarse de nuevo a Estados Unidos y reiniciar allí las operaciones. Este paso significó un desembolso de miles de dólares y la pérdida de más equipos al tratar de cruzar la frontera y sacarlo del país. Pero sintió que no le quedaba otra alternativa, después de tomar la decisión de no pagar más dinero a personas deshonestas.

Dicho sea de paso, esta historia tuvo un final feliz. Unos meses después de salir de Méxicó recibió la noticia de que el gobierno mexicano incautó muchas de las haciendas que pertenecían a extranjeros, en el mismo distrito donde él trabajó. Si se hubiera quedado allí más tiempo, quizás hubiera recibido una fracción del valor de su propiedad.