sábado, 17 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 5 de 5)

Mentira pagana #5:
un escape hacia adentro
En el Rey León, el pequeño Simba, angustiado por el conflicto y una falta de identidad, se echa en el campo contemplando las estrellas. Simba experimenta la madurez gracias a la sabiduría profunda y mística de Rafiki, el médico-brujo. Tiene una revelación de la madre tierra e identifica como su padre a las estrellas y luego a su propio reflejo en una laguna.
Los monistas nos dicen que completemos el círculo mirando adentro de nosotros mismos. Tu yo reside en el centro. El entendimiento espiritual surge cuando eliminas las distinciones y los controles racionales, para tomar tu lugar en la unidad de todas las cosas.
Los rebeldes de la década de los sesenta se descubrieron a sí mismos en las drogas. Hoy en día, la meditación ha reemplazado las drogas peligrosas como el camino para descubrir al yo y a Dios. La meditación te permite apartarte de las limitaciones del cuerpo y descubrir una conexión con el todo a través de una experiencia mística de verdadero conocimiento (gnosis). En la medida de que más individuos encuentren su identidad divina, el planeta se convertirá en un estado de consciencia alterado y unificado.
Pero sucede algo más en un “viaje” espiritual que sólo un éxtasis parecido a un trance. El ir más allá de las limitaciones de la mente también va más allá de las definiciones racionales de lo bueno y lo malo. Todo está bien para tí. Todos tus instintos son válidos. Como decían los hippies de los años sesenta: “si se siente bien, entonces hazlo”. O como C.G. Jung dijo, nuestros instintos son arquetipos espirituales, o poderes, que debemos aceptar para poder ser personas totalmente integradas. Cuando vamos hacia adentro, desaparecen las nociones tales como la del bien y el mal, culpa y mala consciencia. Al abrazar el mal, la espiritualidad pagana produce una euforia temporal y falsificada de redención virtual.
En una ocasión se me desarrolló una infección dolorosa de oído. El especialista tomó una herramienta llamada la fresa, la insertó en mi oído, y punzó un absceso. El dolor desapareció, pero también algo de mi audición, ¡para siempre! La consciencia es tan delicada como el oído. Aquellos que se meten con ella, como dice Pablo, tienen “cauterizada la consciencia” (1 Tim. 4:2).
La experiencia poderosa de abrazar el mal puede parecer algunas veces más atractiva que la fidelidad común de la vida cristiana genuina en el mundo real del bien y el mal. Se nos dice que tal liberación de la auto-duda es la clave para el futuro espiritual del planeta. La gente está descubriendo su identidad divina y libre de culpabilidad. En una escuela pública de Los Angeles, una maestra le dijo a sus niños: “Imagina que estás haciendo algo perfecto …Imagina que estás lleno de luz. Ahora siente paz porque eres perfecto, inteligente, magnífico, porque toda la sabiduría del universo está dentro de ti.”
La experiencia mística subjetiva se ha convertido en el ideal de la espiritualidad. Aún los cristianos se sienten insatisfechos o culpables porque su obediencia diaria no parece ser lo suficientemente espiritual. Anhelan un conocimiento profundo y místico que los lleve a un nivel superior. Están mirando hacia su propia experiencia como la prueba de su salvación o crecimiento espiritual.
Si identificas ciertas experiencias emocionales y físicas como señales de tu salvación, en vez de confiar en la muerte y resurrección de Cristo, ten cuidado de no caer en el trance de Simba. Tu deseo de una comunión perfecta con Dios es buena. El anhelo en sí es creado por el Espíritu de Dios, y si has puesto tu fe en Cristo, conoces el sabor de la fe, del amor, de la esperanza y la paz producida por la comunión con Dios. El Espíritu te dará la fe para perseverar en obediencia, y para esperar pacientemente el día cuando ya no veremos a Dios “como por espejo, oscuramente” (1 Cor. 13:12). Un día le veremos cara a cara y estaremos totalmente satisfechos.
Cuando mi nieto aún estaba en el vientre de su madre, él ya podía sentir su presencia. Ella lo llevaba, cuidaba de él, lo amaba. Pero no pudo ver su rostro hasta el día en que tuvo que pasar por el túnel oscuro del canal del nacimiento y salir a la luz del día. Sólo hasta entonces pudo mirar sus ojos y conocerla. Un día pasaremos por las aguas oscuras de la muerte y llegaremos a la luz del cielo. Sólo hasta entonces veremos a Cristo a los ojos, libres al fin de nuestra esclavitud al pecado, capaces por fin de conocer la intimidad completa con nuestro querido Señor. Hasta entonces, no debemos ser engañados por promesas falsas de intimidad con Dios, las cuales sólo pueden llevarnos más profundo en nuestro propio pecado. Como en el parto, para salir tienes que atravesar el camino hasta la salida.


Verdad bíblica #5:
un escape hacia él
Cuando mi hija mayor tenía tres años, le retiraron algunos puntos de sutura de su barba. Al estar sentada petrificada al borde de la mesa del doctor, observé la mirada con que ella veía el rostro de mi esposa. La confianza absoluta, el amor y la dependencia que mostró en sus ojos azules profundos permanece grabada en mi memoria. Es esa mirada de confianza y amor la que le debemos a Dios. Esa mirada absorta nos salvará al mirar a nuestro Dios para retirar los puntos de sutura de pecado. Jesús dijo que para entrar al Reino de Dios debemos ser como niños pequeños, mirando por la fe el rostro de Cristo.
Pero los paganos desdeñan la necesidad de buscar al Dios de la Biblia. De acuerdo con el cristianismo, tal dependencia en Dios es la única solución posible. Los paganos miran hacia adentro, lo cual la Biblia declara que es la esencia del pecado y es la cumbre de la necedad. Estas dos soluciones difícilmente pueden ser más contradictorias. Los cristianos van a Cristo, el Creador todopoderoso y Redentor (Col. 1:15–20), porque ir a aquel que hizo los cielos y la tierra y que tiene el poder para redimirlos, es tanto bueno como sabio.
Cuando era un hombre joven de veintinueve años, estaba atormentado por una profunda sensación de indignidad. Aunque había crecido en un hogar cristiano, y estaba a la mitad de un doctorado en teología, me despertaba cada mañana con un sentimiento de náusea en mi estómago, causado por el horror de mi inseguridad.
Un día fue diferente. Estando incapaz de funcionar, me di cuenta de que estaba al final de mis recursos. Habían fallado todos mis intentos de resolver mi pasado pecaminoso y aterrador. En mi situación de total desesperación, clamé a Cristo. Fijé mis ojos en el Hijo de Dios, y le vi estando clavado en la cruz por mi pecado. Me quedé dormido, con un sentido abrumador de que este acto había sido por mí, sin intereses de por medio.
La siguiente mañana fue el primer día del resto de mi vida, y fue diferente porque salté de la cama con la poesía de un himno en mis labios:
Con manos vacías vengo yo,
me aferro a tu cruz.
Vísteme tú, desnudo estoy
Indefenso a tu gracia voy
Fui inmundo a la fuente do
Lavóme Cristo que moría yo
Por la obra poderosa del Espíritu Vivificador de Dios, estaba vivo, y cada mañana, desde entonces mi vida ha seguido de la misma manera, tan gloriosamente diferente.
Los cristianos van a Cristo para recibir la única solución satisfactoria para su pecado y culpa. Puesto que es la solución de Dios, existe una verdadera liberación del tormento de una mala consciencia. Estas son las buenas nuevas increíbles del Evangelio. La liberación no viene de aceptar el mal de uno como si fuera algo bueno. Viene de postrarse ante la cruz de Cristo, pues allí se realizó el pago verdadero y único por el pecado. Cristo, el que no pecó, lleva nuestros pecados al morir por nosotros en un tiempo y lugar específicos en la historia de la humanidad. En ese momento, el precio de nuestro pecado fue pagado. Nuestra cuenta delante de Dios es limpiada, no cuando aceptamos, sino cuando confesamos nuestros pecados, y al ponernos la toga de la justicia de Cristo. En toda la historia humana esta es la única transacción que satisface la norma de la justicia de Dios.
Todos creen en la redención, pero las perspectivas sobre la redención difieren dramáticamente. Los paganos creen que la redención es la liberación del Creador. Los cristianos creen que la redención es la reconciliación con el Creador, a través de sus actos salvíficos. De acuerdo con la verdad del evangelio, no puedes hacer nada, excepto extender tu mano. Dios hace todo. El Padre en amor concibe la redención; el Hijo en sumisión la completa; y el Espíritu Santo, en poder la aplica a los corazones humanos indignos, al levantar el cuerpo muerto de Jesús de la tumba, y al dar a los creyentes el anticipo de su futura vida de resurrección. ¿Puedes crear un universo físico fabulosamente complejo como en el que vivimos? ¿Puedes devolver la vida a un muerto, o manejar tu propio pecado? Si eres honesto tu respuesta es “¡No!”Necesitas al Dios del evangelio. Los dos eventos de la creación y la resurrección definen nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Las mentiras del paganismo nunca podrán falsificarlos.
Al conocer al Dios todopoderoso de la Biblia y su amor que obra por nosotros, descubrimos quiénes somos en realidad: criaturas redimidas, enteramente dependientes del amor del Creador. La primera gran verdad que aprendemos acerca de nosotros mismos es la distinción entre el Creador y la criatura. Esta distinción es tanto verdadera como vivificadora. Todas las demás distinciones creadas por Dios (algunas de las cuales descubriremos a continuación) también son verdaderas y vivificantes. Al aceptar nuestro lugar entre ellas, damos gloria a Dios, Creador y Redentor. El tesoro del evangelio es expresado en vasos creados y terrenales (2 Cor. 4:7). Reconciliados con el Creador, recibimos sus distinciones y vivimos con agradecimiento gozoso al estar esperando el nuevo cielo y la nueva tierra.
creador/criatura
Por la salud del planeta y el bien de la humanidad, Dios debe reinar sobre su creación, y las criaturas deben someterse a su reinado. Cuando Dios es eliminado, como en la perspectiva pagana de la ecología de hoy en día, las cosas se enloquecen. Como dijo una feminista prominente adoradora de la tierra, “la naturaleza estaría mucho mejor sin nosotros”. Cuán diferente es esto a la Biblia, la cual le da a la humanidad el señorío y la administración de la tierra. En el mundo que Dios creó, puso estructuras para recordarnos que él no puede ser confundido con las cosas que creó.
dios/hombre
Como en muchas religiones del mundo, el monismo cree que el hombre es Dios, o al menos que la suma total de toda la obra y valor humanos es igual a Dios. El hombre no le debe adoración u obediencia a un Dios que esté fuera de la creación, que se revele a sus criaturas, que las ame y se comunique con ellas con verdad objetiva.
animales/humanos
Un profesor prominente de ética de la Universidad de Princeton, autor de muchos libros sobre los derechos de los animales, argumenta que un bebé de un mes no es más valioso que un caracol. Si no hay distinciones, los seres humanos serán tratados como animales, y los animales, como humanos. El Dios de la Biblia ha ordenado amorosamente el mundo: los animales sirven a la humanidad, lo cual simboliza la manera en la que los seres humanos deben servir a Dios. Los animales son evidencia del poder creativo de Dios. Los seres humanos responden ejerciendo una mayordomía sabia de todo lo que Dios hizo para su bien.
bueno/malo
Cuando lo bueno y lo malo están presentes, la vida moral es posible, la existencia humana es significativa y la sociedad es preservada. Sin esta distinción, la sociedad se denigra. La verdadera experiencia espiritual está basada en la justicia, no en el pecado.
vida/muerte
La Escritura denuncia a la muerte como una horrible influencia maligna en la creación. Es “el último enemigo”, una expresión real de la maldad que ha sido conquistada por la resurrección de Cristo. La ignorancia de este hecho produce un triste engaño.
cristo/satanás
El conocimiento de Cristo trae la esperanza de la vida eterna: Satanás es el engañador, disfrazado como un “ángel de luz”, pero realmente es un león rugiente. El hacer esta distinción es crucial para la supervivencia espiritual. No damos la bienvenida al anticristo, sino lo resistimos, manteniéndonos firmes en la fe. Jesús mismo, nos muestra cómo defendernos de las estratagemas de Satanás, y esto es por medio de vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios. La mejor defensa del cristiano para defenderse de los falsos cristos es conocer al Cristo de la Escritura.
cielo/infierno
Si estuvieras en un barco pequeño, sin estar consciente de que unos kilómetros más abajo en el río están unos rápidos mortales, y una persona de la localidad no te lo hubiera dicho, su silencio sería un silencio escandaloso. Algunos países considerarían tal silencio como un delito: «negación de ayuda a personas en peligro». El conocimiento acerca del cielo y del infierno y sus consecuencias eternas es esencial si la humanidad ha de encontrar un escape del peligro espiritual. Los cristianos que advierten a sus amigos acerca de la existencia del infierno no son orgullosos o fariseos. Sino están tirando una cuerda para aquellos que están navegando de frente hacia los rápidos.
pecado/santidad
Para resolver nuestro problema necesitamos conocer la verdad acerca del pecado. “La paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23). También es cierto que sin santidad nadie verá a Dios. Estas son nociones cruciales. Debido a que somos pecadores, sólo la santidad de Cristo, que nos cubre cuando confiamos en su sacrificio a nuestro favor, nos permitirá “ver a Dios”. Nuestro pecado sólo nos conducirá al desastre social y eterno.
la biblia/otras escrituras
A pesar de la sabiduría terrenal que pueda contenerse en las tradiciones religiosas, la Biblia es el único texto escrito que es “inspirado por Dios”, por el Dios que está fuera de la creación, y por lo tanto, es la única Escritura capaz de hacernos “sabios para salvación” (2 Tim. 3:15).
ortodoxia/herejía
Existe una creencia correcta y una creencia incorrecta, aún si la creencia incorrecta pretende ser cristiana. Como dice el apóstol Pablo con gran énfasis, «si alguien os predica otro evangelio distinto al que han recibido, sea anatema» (Gal. 1:9)
cristianismo/paganismo
La Biblia condena las formas falsas de la fe cristiana, pero se opone con mayor vigor contra las religiones no cristianas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento. En el Antiguo leemos: “Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera” (Jueces 3:7). Pablo también tiene palabras duras para los cristianos tentados a participar en ceremonias paganas: “Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios” (1 Cor. 10:20). No hay terreno en común, a pesar del llamado de los teólogos “cristianos” radicales a adentrarse en la espiritualidad de las religiones no cristianas con el fin de experimentar “verdadera” espiritualidad y tolerancia. La Biblia no es ambigua: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios” (1 Cor. 10:21).
hijo/padre
La Biblia presenta un hermoso cuadro del hijo obediente y feliz, y de un padre amoroso y responsable, en el cual los papeles no se confunden y las expectativas son claras. Tal orden no sólo es fundamental para la salud mental y espiritual de la familia como Dios la creó, sino también expresa algo profundo acerca de la persona del Dios trino, quien se revela a sí mismo especialmente como el padre sabio, amoroso Hijo, y poderoso Espíritu (Ef. 6:1–4).
familia tradicional/familias alternas
El mantener el modelo familiar bíblico patriarcal y heterosexual, honra a Dios, el gran patriarca, y también preserva la sociedad. Esta familia es el bloque esencial de una civilización madura. Cuando se abandona, el colapso social rápidamente ocurre. El amor de un padre que protege a su esposa y a sus hijos, refleja el amor de Dios para su hijos. El amor de un hombre por su esposa refleja el amor de Cristo por su iglesia. Deja de mostrarnos un vistazo de la futura familia celestial de Dios debido a que los pecadores abusan de esta estructura.
autoridad/sumisión
La gente a menudo odia la autoridad, no obstante es esencial para la manera en la que Dios nos hizo, y para la manera en la que él puso juntas todas estas distinciones enriquecedoras. Las estructuras de autoridad son parte de la variedad de la creación, de la rica paleta de colores de Dios. No hay nada degradante en la sumisión. Tal y como el Hijo se somete a su Padre amoroso para ganar salvación para nosotros y un día se someterá a Dios el Padre (1 Cor. 15:24–28), así también nosotros nos sometemos unos a otros: los ciudadanos a los gobernantes (Rom. 13:1–14), las esposas a los esposos (Ef. 5:22–24), los hijos a sus padres (Ef. 6:1–4), los empleados a sus patrones (Ef. 6:5–9) y la iglesia a Cristo (Ef. 5:24).
conclusión
La solución final no es la destrucción de estas distinciones creadas sino la resurrección/transformación en el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios. Al estar esperando el milagro final y transformador de la resurrección, debemos saber que la vida cristiana no siempre es espectacular exteriormente. La Biblia pone los pies sobre la tierra y es muy honesta. Pablo describe la posición cristiana en el mundo de esta manera: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom. 8:18). Jesús promete que los cristianos serán odiados y perseguidos como lo hicieron con él. Aunque todos deseamos una espiritualidad completa que nos satisfaga completamente, no experimentaremos la paz y el gozo perfectos sino hasta que la última batalla con el gran mentiroso y engañador haya terminado y Cristo regrese para recibirnos en el hogar que ha preparado para nosotros. Mientras tanto, somos llamados a obedecer fielmente en las luchas concretas y diarias de la vida, siendo fieles a Dios, nuestro Creador y Redentor, en las distinciones que él ha establecido. El conocimiento y amor a Dios es la perla de gran precio, el tesoro que ahora tenemos en vasos de barro, sin el cual la vida no tendría sentido.

Con tal tesoro en nuestras manos, vivimos por fe en lo que Dios ha hecho cuando resucitó a Jesús de entre los muertos, y en lo que hará cuando nosotros y toda la creación sea transformada (Ro. 8:22–25). Como dice la Biblia, en esta vida “andamos por fe … ” (2 Cor. 5:7).


viernes, 16 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 4 de 5)

Mentira pagana #4:
un problema de amnesia
La imagen es clásica: allí yace recostado en el sofá el hombre con su lata de cerveza en una mano, con la boca llena de comida chatarra y su cabeza llena de basura televisiva. Por favor ¿habrá alguien que le alerta al hecho de que hay más en la vida que la NFL y la NBA y la temporada sin fin de béisbol?
Los monistas pulcros y alertas espiritualmente están en lo correcto en querer despertar a la gente del olvido a la realidad espiritual, por medio de la cual piensan que pueden arreglar al mundo. Los monistas creen que las cosas no son como deberían ser. Y están en lo cierto. Tristemente, no se dan cuenta que están proponiendo un engaño aún mayor.
Uno podría esperar que los monistas fueran tranquilos. Si todo es uno y uno es todo, ¿qué podría alguien cambiar? Pero los monistas, a menudo, son personas apasionadas que desean transformar la realidad. Los monistas desean despertar a sus hermanos, hermanas, y a la tierra, a la realidad de la unidad universal. Como el pequeño león Simba en El Rey León, la tierra no ha entendido que las estrellas son su padre.
El monismo odia a los que hacen distinciones porque rompen la unidad del círculo. Hacer distinciones nos ha entumecido, nos mantiene en un estado espiritual de olvido. Dejamos de recordar que pertenecemos al todo. Para unir de nuevo el círculo debemos dejar de dividir el mundo en categorías. El monismo señala con el dedo acusador a las estructuras que otrora considerábamos como algo natural, tales como la autoridad amorosa de un padre en su hogar, o el liderazgo amoroso de un esposo hacia su esposa.
El monismo identifica el pensamiento anticuado del tipo negro y blanco con la cultura cristiana occidental. Encuentran la Biblia llena de patriarcados (responsabilidad masculina/ paterna) y jerarquía (estructuras de autoridad), y acusan a los cristianos de hacer muchas otras distinciones que, según ellos, despedazan al mundo.
El mensaje del monismo es claro: debemos erradicar las distinciones en el mundo y entrar a la unidad mística de todas las cosas. Aquí tenemos una lista parcial que los monistas desearían eliminar. Al estar reflexionando en la lista, te darás cuenta de que hay muchas otras distinciones cristianas que están siendo atacadas a tu alrededor.
creador/criatura
El monismo destruye la distinción entre Dios, que existió desde siempre, y la creación, que tuvo un principio. Si el mundo es divino, habiéndose creado a si mismo a través de la evolución, entonces los seres humanos podemos crearnos a nosotros mismos, evolucionando en una raza mejor, sin necesidad de un Creador. Esta es la distinción mayor que debe ser eliminada para que la eliminación de las otras distinciones pueda proseguir sin oposición real.
dios/hombre
Como en muchas religiones del mundo, el monismo cree que el hombre es Dios, o al menos que la suma total de toda la obra y valor humanos sea igual a Dios. El hombre no le debe adoración u obediencia a un Dios que esté fuera de la creación, que se revele a sus criaturas, que las ame y se comunique con ellas con verdad objetiva.
animales/humanos
¿Qué niño no ama a su mascota? Los animales tienen un lugar especial en nuestra vida y la naturaleza en la que vivimos es hermosa y asombrosa. Los monistas correctamente notan que los humanos a menudo maltratan a los animales y destruyen la naturaleza. Ellos ofrecen un programa para sanar la situación: eliminar las distinciones entre animal, planta y vida humana, puesto que todo es divino. Las brujas llevan al extremo la deificación de la naturaleza al adoptar mascotas familiares que las ayudan a comunicarse con el espíritu del mundo.
bueno/malo
En el círculo monista, todos los puntos son relativos. Si te das cuenta de que tu propia maldad en verdad no es maldad, entonces conocerás la libertad. En una ocasión conocí a un miembro de iglesia que descubrió el libro A Course in Miracles (Un Curso sobre milagros). En éste leyó que el pecado no existía y que la culpa era una ilusión. Él dio testimonio de estar «andando en volandas». Mucha gente clasificada como pecadora (tales como pro-abortistas y homosexuales) pueden encontrar un lugar sin culpa en la sociedad. La experiencia espiritual y mística del monismo te libera de una consciencia culpable porque tu propia maldad es buena.
vida/muerte
Los monistas casi reverencian a la muerte por su lugar necesario en el círculo de la vida. Su fuerte sentido de la unidad del universo a veces está ligado a la noción de la reencarnación, en la cual el proceso natural de la muerte les lleva más cerca de la perfección. La medicina moderna enfatiza la “muerte con dignidad”. Algunos creen que el espíritu de un bebé pequeño toca a la puerta de la matriz de su madre. Si él escucha que ella dice “todavía no”, se regresa al mundo de los espíritus para esperar una matriz más acogedora. El espíritu del bebé ríe, los pájaros cantan y todos están delirantemente felices.
cielo/infierno
Mi camarada de la «vieja escuela» John Lennon, cantaba «imagina que no hay cielo …[y] no hay infierno debajo de nosotros» y con esto dirigía a la generación de los sesenta a la espiritualidad oriental. Los monistas no tienen el sentido de un mundo celestial, es decir, el propio dominio de Dios, cuyos valores y realidades están más allá de lo que ahora experimentamos. El único infierno es el estado creado por el hombre en el que se juzgan unos a otros. Culpan a los cristianos de estropear la fiesta con sus distinciones, que desencadenan odio y causan sufrimiento.
cristo/satanás
El monismo asevera que Satanás y Cristo son como gemelos. Como el Yin y el Yang del que hablamos anteriormente, ellos expresan lados diferentes de la misma realidad. Debido a esto, los monistas no valoran el nacimiento histórico, la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, lo cual da a Cristo una identidad muy específica. Para ellos, el espíritu de Cristo es cualquier cosa útil, ya sean técnicas de sanidad, satisfacción sexual o meditación. Cristo y el anticristo se vuelven uno y el mismo.
pecado/santidad
La simple palabra pecado ya no está de moda. Inclusive algunos grupos cristianos han comenzado a acobardarse cuando la usan. Los monistas prefieren palabras como ‘plenitud’ en vez de ‘santidad’. Desean evitar el conflicto a toda costa. La medición del comportamiento de acuerdo con los estándares objetivos de Dios es demasiado forzado. Tendremos una mejor oportunidad para tener paz si hacemos nuestros propios estándares menos rígidos. Mientras todos estén felices con alguna acción, esta no puede estar mal.
la biblia/otras escrituras
Pronto encuentras compendios de Escrituras de todas las religiones del mundo en las librerías. No te sorprendas. A medida que el mundo se globalice y el pensamiento monista gane terreno, tendrás más dificultades para explicar porqué confías en la Biblia en vez de otras escrituras. Puesto que no debe haber ninguna distinción y puesto que todas las religiones al final de cuentas son una, ninguna revelación puede proclamar autoridad absoluta sobre nosotros. Además, el dios en nuestro interior no necesita una escritura. Él o ella se especializa en la revelación directa.
ortodoxia/herejía
Inclusive algunos eruditos supuestamente cristianos quieren expandir las Escrituras, añadiendo libros tales como el libro gnóstico “El Evangelio de Tomás”. Ellos creen que no existe doctrina cristiana falsa o verdadera. Esos que imponen estándares doctrinales son de mente cerrada y mezquinos. Algunas veces los monistas pueden confundir a los cristianos, al dar la apariencia de aceptar creencias cristianas tales como el amor y la tolerancia y el rechazo del fanatismo.
cristianismo/paganismo
Los monistas creen que las distinciones entre cristianismo y paganismo son miopes, mal intencionadas e intolerantes. Sólo una comunión profunda entre todas las formas de espiritualidad – cristianismo, budismo, hinduismo, brujería, adoración a la naturaleza, adoración del cuerpo como un organismo divino y autosanador – puede reunir al mundo y promover una espiritualidad en común para el bien de todos.
hombre/mujer
Al ver las injusticias tales como el maltrato a las mujeres por todo el mundo, y la violencia hecha contra los homosexuales, los monistas proponen dos soluciones:
1. Eliminar nuestra definición de humanos como hombre o mujer, la cual es realmente una manera de mantener el patriarcado anticuado, y
2. Tolerar todas las preferencias sexuales, enfatizando el androgenismo (ser tanto hombre como mujer) como la expresión ideal de la espiritualidad monista.
familia tradicional/familias alternas
El monismo cree que la familia tradicional es un obstáculo para la unidad espiritual. Necesitamos todo tipo de familias: hombres y mujeres no casados viviendo juntos, matrimonios homosexuales, inclusive tres homosexuales en una relación seria y duradera. Una bruja local, que crió a su hija viviendo con dos esposos al mismo tiempo, pregunta: «¿por qué el gobierno va a decirme cómo manejar mi familia?» La gente debe ser libre para descubrir sus propias formas enriquecedoras de relaciones.
hijo/padre
A medida de que se incrementan los casos de abuso infantil, los monistas sugieren que el estado debe intervenir para proteger a los niños. El paganismo quiere limitar la autoridad paterna y con el tiempo, eliminarla, con el fin de liberar a los padres y proteger a los niños. Argumentan que la estructura familiar tradicional, especialmente la noción de que el padre tiene autoridad sobre la familia, es denigrante de lo humano y asesina la espiritualidad.
autoridad/sumisión
Cuando ven el mal uso de la autoridad y el poder en el mundo, los monistas asumen que tales abusos surgen por la existencia misma de las estructuras de autoridad. Para proteger el valor de igualdad de cada ser humano, desafían la legitimidad de toda estructura de autoridad, tales como: profesor/estudiante, patrón/empleado, padre/hijo, esposo/esposa, ministro y ancianos/miembros de la iglesia, etc. Los monistas creen firmemente que la igualdad radical y la destrucción de todas las nociones de autoridad y sumisión son la clave para la felicidad humana y la justicia social.
conclusión
Estoy seguro que has visto en cada una de las áreas mencionadas arriba, cómo el monismo ha cambiado nuestra forma de pensar. De lo que tal vez no te habías dado cuenta es que todos los cambios en nuestra sociedad están ligados unos a otros. ¡Esto tiene sentido para un monista! Hay fuerzas poderosas en nuestro mundo comprometidas a eliminar estas distinciones por el bien del planeta. Por supuesto, no existe una conspiración universal humana cuya sede esté en un lugar escondido en el desierto de Arizona, dirigida por un sr. Grande que planea una conquista pagana. Pero detrás de esta ideología seductora hay una conspiración suprahumana en contra de Dios.
No tenemos lucha contra sangre y carne …sino contra principados, potestades, contra fuerzas espirituales de maldad en los lugares celestes (Ef. 6:12).
Las naciones están atrapadas en esta conspiración, como dice el Salmo 2: “Los reyes de la tierra conspiran …contra el Señor y contra su Ungido”. Los cristianos necesitan identificar la conspiración para poder ayudar a aquellos atrapados en ella para hacer la paz con Cristo. Los no cristianos no son tan independientes como piensan. Las fuerzas espirituales de maldad se deleitan en engañar a la gente para alejarla de Cristo.
Al finalizar una conferencia una noche, un homosexual vino a hablar conmigo. Al percibir enojo en su rostro, esperaba que denunciara mi mensaje intolerante. En lugar de eso, me dijo cuán enojado estaba de enterarse de que las fuerzas oscuras del engaño espiritual lo hubieran dominado por tanto tiempo. Me pidió que orara para que Dios lo rescatara de ellos.
Honrad al hijo para que no se enoje, y seáis destruídos en el camino. Bienaventurados aquellos que en él confían (Salmo 2:12).
Verdad bíblica #4:
un problema de muerte y pecado
Todos recordamos el pánico que hubo en el sistema del tren subterráneo de Japón hace algunos años. Unas cuantas gotas del gas letal “sarín”, amenazó con matar a miles de personas. Imagina que te ofrezco un vaso de agua y te digo que sólo hay una gota de sarín en él: si no fuera por eso, el agua estaría perfectamente pura. ¡Oh! sarín no es algo placentero pero ¿qué te puede hacer una gota? ¿Aceptarías mi lógica? No obstante argumentamos que unas cuantas gotas de pecado en nuestras vidas no nos hacen pecadores. La Biblia muestra que el pecado es tan letal y tóxico en un nivel espiritual como el sarín es en el nivel físico. Unas cuantas gotas son suficientes para destruir a toda la raza.
Los monistas nos llaman a despertar. También la Biblia lo hace. “Despiértate tu que duermes y levántate de entre los muertos” (Ef. 5:14). La Biblia nos despierta no de la ignorancia sino “de entre los muertos”. El día que los humanos se rebelaron contra la autoridad de Dios al principio del tiempo, el veneno del pecado entró a la fuente de la vida y volvió tóxicas sus aguas. El estado natural del hombre no es el círculo de la vida, sino el círculo de la muerte. Estamos separados de Dios, somos enemigos, ciegos, necios y malos. El corazón humano es desesperadamente perverso, lleno de corrupción y continuamente malo (Gen. 6:5). Este no es el cuadro de un cachorro inocente de león, como Simba, dormido en cuanto a su verdadera naturaleza.
Nuestros corazones necesitan convertirse, no despertar. Si movemos el corazón humano para que viva sin la transformación del Espíritu Santo de Dios, sólo mostrará maldad, odio y engaño. Inclusive nuestros mejores esfuerzos de ayuda humanitaria son tan atractivos como trapos de inmundicia (Is. 64:6). Ningún acto de amor es aceptable para Dios a menos que sea hecho por medio de Su poder y para Su gloria.
El paganismo cree que hacer distinciones es pecado. La Biblia enseña precisamente lo opuesto. El pecado original es el rechazo de las distinciones divinas, en particular, la primera distinción de todas, la distinción absoluta entre el Creador y la criatura. Así está la cosa. La serpiente astuta insinúa que la palabra del Creador es ambigua (“¿En verdad dijo Dios?”) y por lo tanto, difícilmente sea confiable. Eva cae en la mentira de que para ser libre, ella debe tomar su propia decisión independientemente, y crear su propio mundo. Eva escoge creer la mentira pagana y diabólica de que si se apoya en ella misma, si mira hacia adentro de ella misma, podrá ser divina.
Sólo el Creador sabe cómo debe ser la creación. Sólo Dios sabe lo que es la verdadera pureza. Él ha colocado todas las distinciones en la creación para recordarnos de la primera gran distinción que debe hacernos postrar humildemente sobre nuestras rodillas delante de Él. Todos los demás pecados son consecuencia del rechazo de esa primera distinción.
Destruir la distinción entre el pecado y la bondad nos permite tranquilizar nuestras consciencias. Pero en algún lugar bajo la superficie, todavía reconocemos el mal objetivo. Sabemos que los dos niños de once años que tiraron al niño de cinco años desde la ventana del cuarto piso hicieron algo malo. Aun más importante, reconocemos como algo malo la ira y el egoísmo que vemos cuando miramos honestamente dentro de nuestros corazones.

¿Pero qué hacemos con esta maldad? ¿La abrazamos, la aceptamos, llegamos a amarla? ¿O caemos sobre nuestras rodillas y reconocemos nuestra necesidad de la Gracia de Dios, confesando con la iglesia “sólo por gracia”?



jueves, 15 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 3 de 5)

Mentira pagana #3:
las religiones son una
En Chicago, los delegados del Parlamento de las Religiones del Mundo se tomaron de las manos y danzaron alrededor del cuarto al sonido de tambores tocados por indios americanos. Seis mil delegados compartieron su experiencia de la divinidad interna. Si toda la humanidad es una, entonces todas las religiones son una.
La unidad mística está en el corazón de la espiritualidad para el monismo. Todas las religiones comparten una experiencia mística en común, y los verdaderos creyentes en una religión llegarán a la misma unio mystica (unión mística con Dios en la cual nos volvemos divinos). Todas las religiones son pedazos de un pastel que se une en el centro. Si crees en esta unidad, debes despojarte de la racionalidad, pues la unión mística es un asunto irracional. Si crees en esta unidad, debes despojarte de la doctrina. No importa si eres cristiano, judío, hindú o una bruja; eres parte del mismo todo, el cual es Dios. Puedes encontrar la unión con ese todo, y el camino a tal unión es la experiencia. ¡Sólo come el pastel!
Esta unidad de las religiones aumentará en los años venideros. La tecnología ha acercado a nuestro mundo. Adicionalmente, muchas organizaciones religiosas (el Concilio Mundial de iglesias, las Religiones Unidas, el Parlamento de las Religiones Mundiales, y el Movimiento de la Interfe, por ejemplo), están trabajando duro para lograr la realidad de un solo mundo. Un erudito “cristiano” eminente, Huston Smith, cree que la obra actual del Espíritu es producir una “geometría invisible para forjar todas las religiones del mundo en una sola verdad”. Algunas personas en las iglesias establecidas, incluyendo a los Presbiterianos, Metodistas y Bautistas del Sur, creen que Smith es un profeta para la iglesia del tercer milenio.
Esta visión religiosa de un solo mundo se vuelve algo político porque el paganismo adora sólo a la tierra. Mikhail Gorbachev, el último líder de la Unión Soviética atea, ahora organiza una reunión anual del Foro del Estado del Mundo en San Francisco, al que asisten muchos líderes religiosos y políticos. Gorbachev ahora tiene una visión espiritual para el planeta. Él hace un llamado para “una nueva síntesis de valores democráticos, cristianos y budistas”. Traduciendo esto quiere decir una unión de las religiones del Oriente y el Occidente en una nueva estructura política global que finalmente traerá paz al mundo. ¡Qué proposición tan atractiva! ¿Pero será verdadera?
Verdad bíblica #3:
una sola verdad
Algunos de mis amigos de la década de los sesenta abandonaron las drogas y el misticismo oriental para entregarse a Jesús, haciéndose llamar la Gente de Jesús (Jesus People). Ellos apuntaban hacia el cielo con su dedo índice, declarando a todo el que quisiera escuchar (y a muchos que hubieran preferido no escuchar) que Jesús era el único camino. La gente normal se mofaba de ellos, pero cuando examinas las cosas, la Gente de Jesús tenía razón.
La Biblia enseña que hay sólo una religión verdadera, todas las demás son hechas por el hombre. Jesús declaró que era el único camino al Padre, de esta manera tu actitud hacia Él es la prueba de la verdadera religión. La espiritualidad actual ofrece servicio a Cristo de labios para fuera, pero lo deforma de tal modo que no se le puede reconocer. Él se ha convertido en el espíritu de la época, o el espíritu detrás de Jesús, uno que es compartido por cualquier gran profeta o gurú.
En el Antiguo Testamento, se le advirtió al Pueblo de Dios que no experimentara con las religiones paganas, y son juzgados por estar llenos de las supersticiones del Oriente, por practicar la adivinación y por darse las manos con los paganos (Isa. 2:6). Jesús nos dijo específicamente que no practiquemos la religión como lo hacen los paganos (Mat. 6:7). Cristo es el único camino porque Él es el único Hijo de Dios. Él creó el mundo, un evento único en nuestra historia humana. Sin Él, nada fue hecho. Pero Cristo estaba en el centro de otro evento único cuando Él redimió al mundo. Él fue el primero en conquistar la muerte y tener un cuerpo resucitado. El es el primer evento de la nueva creación de Dios.
El autor de estos dos grandes actos, la creación física y la transformación futura del universo, es el mismo que declara: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino es por mí” (Juan 14:6). Ante la majestuosidad de estos actos del Cristo divino, el paganismo queda mudo. No puede crear el universo físico ni resucitar un cuerpo muerto de la tumba.

Sólo existe una verdadera espiritualidad. Sólo una religión nos lleva a Dios. Es la religión que el Dios verdadero revela en la Biblia. Por esto la iglesia confiesa “Sólo la Escritura”.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 2 de 5)

Mentira pagana #2:
la humanidad es una
El Club Bahai (una religión que busca unir todas las religiones) en UC Davis usa un círculo dentro de otro círculo. Alrededor del círculo podemos leer: “Dios es uno; la humanidad es una; todas las religiones son una”. Este segundo principio del monismo fluye naturalmente del primero. Si todo es uno y uno es todo, entonces, la humanidad es una parte de Dios, una expresión de la unidad divina. Los humanos son un tipo de energía concentrada que crean su propia realidad. La creencia de que los humanos son divinos, y esencialmente buenos, explica la búsqueda de hoy por el descubrimiento personal espiritual y la esperanza de que podemos crear el cielo en la tierra. Este humanismo monista se vuelve un sendero atractivo para la utopía religiosa y social.
Ya en un número del Humanista en 1983 se puede ver un punto de vista profundamente religioso del humanismo que reemplaza al ateísmo. El artículo le pide a los profesores que peleen una batalla por el futuro de la humanidad. “El salón de clases se debe convertir en la arena del conflicto entre lo viejo y lo nuevo – el cadáver pudriéndose del cristianismo … y la nueva fe del humanismo resplandeciente con su promesa de un mundo en el que será logrado por fin el ideal cristiano de “ama a tu prójimo” que nunca se realizó”. Por medio de encontrar a Dios en nosotros mismos, los monistas esperan romper las divisiones en nuestro mundo y lograr la obra amorosa de Dios uniéndose unos con otros.
Si somos pequeños hologramas de divinidad – versiones pequeñas y clonadas del gran círculo divino – entonces no somos creados y somos eternos. ¡Somos tan antiguos como Dios! Estamos fuera de cualquier jurisdicción de autoridad, somos una generación sin rey. ¿Qué necesidad tenemos de someternos a un regidor externo? Si somos Dios, si somos tan antiguos como Dios, entonces podemos hacer nuestras propias reglas.
También decidimos nuestra propia verdad. Cada persona contribuye con su pieza de verdad al construir su propia verdad, al construir su propia versión de la realidad. Cuando esto se junta, se vuelve un tipo de algo místico sin sentido. Esto explica por qué la tolerancia es tan importante. Cada persona es una fuente de verdad, por lo tanto cada uno debe ser tolerado, y aún animado.
Este pensamiento monista explica tales programas como el de “la clarificación de valores” en las escuelas públicas. En el distrito educativo de LA, un profesional, usando dinero gubernamental, le enseña a los niños: “cada persona crea su propia realidad al escoger qué percibe y cómo lo percibe… Una vez que comenzamos a percibir que todos somos Dios… el propósito total de la vida es recobrar la divinidad interior”. Los niños se refieren a su Fuerza natural e interna y se abandonan a sí mismos a lo que se siente correcto. Se les anima a descubrir su sexualidad natural al igual que su propio sistema de creencias. El individuo es juez final de todo. La intuición es el puente atrayente por el cual paseamos, en una autoafirmación tranquila, hacia la libertad humana y la unidad con el universo.
El monismo rechaza un sistema que establezca categorías y haga distinciones. Por supuesto, el monismo, a pesar de proclamar la tolerancia, también crea distinciones, especialmente entre aquellos que están de acuerdo en que sólo hay un círculo y aquellos que no creen así. ¡No existe mucho lugar para los cristianos en este suave pero sofocante círculo!


Verdad bíblica #2:
uno en Cristo solamente
La Biblia enseña que todos los humanos son creados por Dios. En este sentido, toda la humanidad es igual. Ningún ser humano tiene, intrínsecamente, más valor que otro ante los ojos de Dios. Pero existe una distinción entre la gente. Algunos no sólo son criaturas de Dios, sino Sus hijos. Esta verdad se ha vuelto ofensiva para la mayoría de la gente; a nadie le gusta la idea de que alguien pueda quedar fuera de la familia. Pero los hijos de Dios le reconocen como el Creador, distinto a Su creación. Han aceptado Su revelación en su palabra, al igual que su ofrecimiento de perdón que borra su pecado, y han puesto su fe en Jesús, Su hijo. Han venido a Dios no en sus propios términos, sino en los de Él.
Los no cristianos piensan que los cristianos son orgullosos cuando crean estas categorías entre las personas. Sin embargo, cada cristiano sabe que si han sido adoptados en la familia de Dios, fue por la bondad inmerecida de Dios. No existe el orgullo en la fe. La fe es simplemente la creencia de que no podemos hacer algo para salvarnos a nosotros mismos, pero descansamos totalmente en el regalo de Dios. Así que, esta definición de familia no se hace en orgullo, sino en humildad. ¿Qué orgullo puede haber en admitir que no eres Dios?
¿No es acaso el orgullo lo que caracteriza a la persona que se ve a sí mismo como divino, y que determina él mismo lo que es verdad y falsedad? Un cristiano recibe la verdad proveniente de Dios a quien somete su entendimiento finito. Un pagano crea su propia verdad, pretendiendo interpretar el mundo desde el trono que le ha usurpado al creador. En Jeremías leemos: “La palabra de cada uno le será por profecía; pues pervertisteis las palabras del Dios viviente” (Jer. 23:36). Aquí vemos la diferencia entre el cristianismo y el paganismo. A través de su palabra, Dios define la verdad para su pueblo. Los paganos la definen por ellos mismos.
Hoy en día escuchamos mucho acerca de multiculturalismo. Puesto que nuestro globo ha quedado tan pequeño, estamos comenzando a ver que todos los hombres y mujeres comparten los mismos gozos y tristezas, las mismas luchas en contra de la enfermedad y el desastre, y el mismo deseo por una vida más feliz. No obstante, la verdadera unidad sólo puede venir en Cristo. No estoy diciendo que sólo los cristianos saben cómo ser amables con otros, o tomar una posición de autosacrificio. Algunos cristianos fallan en mostrar el amor que Dios hace posible, y algunos no cristianos son generosos y ayudan a otros. Pero debemos definir la unidad como Dios la define, no como desearíamos verla. Dios es el único que puede ver y juzgar los motivos de nuestros corazones.
Dios divide a la gente en dos categorías: aquellos que creen en su hijo Jesucristo, para quienes no hay condenación, y aquellos que son condenados por su falta de fe (Juan 3:18). Aquellos que pertenecen a Jesús vivirán en perfecta armonía para siempre en el reino que Él está preparando. Los cristianos no son uno con los paganos, porque cada uno sirve a diferente amo.
En una ocasión tuvimos el infortunio de caer en las manos de un vendedor exitoso de tiempos compartidos. Al estarnos pintando un cuadro embelesador de diversión bajo el sol, tenía un pedazo de papel arrugado en el que había escrito algunos cálculos equivocados. Podía ver que deseaba deshacerse de él. La conversación se había tornado momentáneamente sobre el tema de la fe cristiana. Le dije, “Tony, la fe cristiana es como esto: tienes una basura en tu mano de la que deseas deshacerte. Ahora, piensa que esa basura es tu pecado. Supón que te propongo un trato. Me llevaré tu basura y por ello te daré una casa perfecta para vacaciones, en la que tendrás mucho más que una semana cada dos años. Podrás vivir allí para siempre con aquellos que amas más. ¿Qué me dices? ¿Cerramos el trato?”

Tony se rió. Y al principio todos nosotros lo hicimos, cuando escuchamos las condiciones del trato que Jesús nos ofrece. ¿Renunciar a nuestra basura para heredar el reino? Suena demasiado bueno para ser cierto, no obstante, los cristianos son aquellos que han “sucumbido” ante esta oferta. Por cierto, sí compramos el tiempo compartido, y efectivamente, también lo lamentamos. Pero no lamentamos el habernos humillado lo suficiente como para intercambiar nuestras cuentas torcidas por una escritura en el Reino de Jesús. Solamente Él abre la puerta a su reino. Por esto la iglesia confiesa: “Sólo Cristo”.

martes, 13 de mayo de 2014

Mentiras paganas, verdad bíblica (parte 1 de 5)

Mentira pagana #1:
Todo es uno y uno es todo
En 1998, una mujer que representaba al partido de la Ley Natural, se postuló para la Secretaría de Estado en California. Ella cree que el gobierno es la “reflexión de la consciencia colectiva, y necesita un principio unificador … de armonía, positividad y plenitud, en la cual nadie puede equivocarse y todos estarán en lo correcto espontáneamente”. Para obtener esta unidad ella propone un programa de “educación para desarrollar estados superiores de consciencia”.
Puedes ver que ese monismo pagano no es sólo una teoría. Tal espiritualidad ya es parte de la política nacional. Puesto que el paganismo se relaciona con este mundo, el paganismo religioso debe tomar una forma política, tal y como lo indica la Biblia (Apoc. 17). Este principio unificador de plenitud es otra forma de unismo. Por esto al monismo le encanta el simbolismo del círculo inclusivo.
En la película de Disney, El Rey León, todo en el universo es una parte de la masa de energía. No hay un creador: el círculo de la vida se traga a Dios. Muchos credos no-cristianos usan el círculo como un medio para expresar esta filosofía de todo-es-uno. El hinduismo, la adoración a las diosas, la física Nueva Era / Taoista, la brujería, y el Parlamento de las Religiones del Mundo, todos muestran la unidad universal por medio de círculos. Esta noción circular de “todo-es-uno” inspira una ecología profunda y la adoración de la circular y encantadora Madre Tierra.
Una novela de un adulto joven que recientemente llegó a mi escritorio, hace eco de esta espiritualidad de la unidad de la Madre Tierra. El Indio Americano que es el guía espiritual del joven héroe le dice:
Es lo mismo para todas las cosas: los círculos pequeños de la vida individual y el espíritu dentro del gran círculo, el cual es la pauta de toda la vida, todo espíritu… Debemos recordar el círculo que conjuga todas las cosas.
Una noción similar aparece en la película La Guerra de las Galaxias. Obiwan Kenobi, el guerrero Jedi, le explica al joven Luke Skywalker, en un lenguaje similar al de un sacerdote o sacerdotisa pagano:
La fuerza es el campo de energía que crean todas las cosas vivas: nos rodea, nos penetra; mantiene la galaxia unida…es omnipotente [y] todo lo controla.
Cuando Luke se deja llevar por sus intuiciones, es capaz, en armonía con la Fuerza, de pilotear una máquina de vuelo compleja en un bombardeo de la sede del Imperio Maligno. Si crees eso, ¡tengo una casa de playa para venderte en el centro de Montana!
Algunos que se dicen cristianos argumentan que nuestro pensamiento es demasiado lineal. La diosa o Madre Tierra debe ser restaurada en el cristianismo. Puesto que la Madre Tierra es todo, no deberíamos ver las cosas como opuestas, sino como diferentes lados de la misma cosa. ¿No podríamos finalizar los conflictos cambiando nuestra forma de pensar? De esta manera en La Guerra de las Galaxias el lado oscuro de la Fuerza no es malo, sino simplemente el otro lado de la misma, igual que el Yin y el Yang del Budismo. George Lucas, el director de la Guerra de las Galaxias, dijo que la hizo para introducir el budismo al Occidente.
Estas son ideas espirituales, pero ¿son espiritualidad verdadera?
Al considerar a Dios y a su creación como parte del mismo círculo, el monismo conduce a la confusión no sólo acerca de quién (o qué) es Dios, sino también acerca de la identidad de los seres humanos, y de su lugar en el mundo.


Verdad bíblica #1:
Un Dios, el Creador
Para representar a Dios y al resto de la realidad, el monismo dibuja un círculo que lo incluye todo. El teísmo dibuja dos círculos: un círculo menor representa todo excepto a Dios, y el círculo mayor representa a Dios mismo. Los cristianos no creen que Dios es su creación. Dios no tuvo principio. La creación, sí. Aún si pudiéramos entender todo lo que se puede conocer acerca de la creación, no descubriríamos totalmente a Dios. La Biblia nos advierte que no debemos adorar a la creación, sino adorar y servir sólo al Creador. El punto de partida del evangelio es que Dios es el Creador, en las tres personas de la trinidad divina – Padre, Hijo y Espíritu Santo – es uno y el único Dios, y que todo lo que no es Dios, fue creado por Él.
La fe cristiana sostiene una separación entre Dios y su creación. Nunca llegaremos a ser Dios, y Dios permanece siendo el Señor Soberano. Dios le dice a Israel, “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Salmo 50:21), y les recuerda: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos vuestros caminos” (Is. 55:8). Por supuesto los cristianos se unen a Dios, en una relación personal comparable a un matrimonio. Como en un matrimonio, ninguno abandona su identidad en la unión de amor profundo.
A diferencia del monismo, la fe cristiana puede explicar por qué los seres humanos son personas y no rocas; porque podemos cantar, amar, pintar y escribir poesía. Dios es personal e hizo al hombre y la mujer para reflejar su naturaleza personal. Cuando escuchamos la palabra de revelación escrita de Dios descubrimos el camino que nos abre para unirnos a él en amor eterno.
En una ocasión estaba parado de frente a una cascada reluciente y gloriosa con un amigo que cree que Dios es demasiado grandioso como para ser personal. Ambos teníamos un sentido abrumador de adoración, al estar maravillados por la pared de agua brillante que colgaba medio congelada en el aire fresco. Mi amigo dijo, “Tú tienes una posición muy cómoda como cristiano”. Y tenía razón. Los cristianos se sienten en casa en el universo. Dios nos hizo. Dios hizo todo lo demás, y nos puso aquí para conocerle y agradarle.

La iglesia reconoce la posición suprema de Dios en su confesión “a Dios sea la gloria.”


domingo, 11 de mayo de 2014

El auto-examen

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos (2 de Corintios 13:5a).
Si yo me justificare, me condenaría mi boca; si me dijere perfecto, esto me haría inicuo. Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo (Job 9:20–21).
A esa justicia siempre se dirige el ojo del creyente; sobre esa justicia tiene que descansar; en esa justicia tiene que vivir; en esa justicia tiene que morir; en esa justicia tiene que presentarse ante el tribunal de Cristo; en esa justicia tiene que morar siempre en la presencia de un Dios justo.
Robert Haldane

Hasta aquí hemos visto dos pasos preventivos para evitar el fracaso en medio de la tribulación prometida. Si nuestro conocimiento de Dios es algo superficial y nuestro amor hacia Él es debido a sus bendiciones y no a su gloriosa Persona, es casi inevitable que nuestra experiencia difícil produzca una gran ansiedad, un dolor arduo y profundo, un enojo destructivo y una amargura que contamina a muchas otras personas. Por esta razón es imperativo examinarnos con frecuencia, haciéndonos unas preguntas penetrantes: ¿Qué gozo hallo en los atributos de Dios? ¿Cómo se manifiesta este gozo? ¿Qué es lo que amo de Dios? ¿Cómo influye mi relación con Dios a mi vida diaria? Para Job, Dios era la vida, y la muerte era ganancia. Él entendía las grandes doctrinas de las Escrituras y se consolaba con ellas. Pero a Job le quedaba una pregunta que le atormentaba durante sus largos discursos con sus amigos: “¿Por qué le hizo sufrir Dios?”
Hay ciertas respuestas que no le hubieran consolado. Él no hubiera aceptado la idea del dualismo que dice que hay una guerra entre el dios de las bondades y el dios de las maldades. Tampoco hubiera considerado el deísmo como una respuesta que enfatiza la idea de la fortuna, la suerte, y la casualidad. Había aprendido que Jehová es el Creador y Sustentador de toda la creación. Él sabía que todo acontecimiento tiene una razón. Tampoco pudiera pensar en que Dios estaría en contra de él como sus amigos le decían. Él sabía que Dios conocía su corazón y su fe en Él. Job no recibió la respuesta a su pregunta hasta el fin del libro cuando contempló a Dios en una manera no previamente entendida. Sabemos que Job había aprendido algo verdaderamente valioso por su manera de actuar. La Biblia dice que él se humilló, se arrepintió, confesando su débil condición y reposó sobre Dios. Job aprendió como ya hemos visto que Dios permite los sufrimientos para que estimemos hoy a Dios más que ayer.
Como cristianos tenemos hoy muchas ventajas que Job no tenía. La mayor de todas es acceso a la Revelación impresa de Dios. Job no tenía acceso a la primera epístola de Pedro. Tampoco sabía que el cristiano es llamado a sufrir tribulación como Pablo enseñó. El concepto prevaleciente en los tiempos de Job fue que toda aflicción es el resultado del pecado. Es interesante que los predicadores más populares, como los tres amigos de Job, dicen casi lo mismo: los sufrimientos se deben a una falta de fe.
No sabemos que opinaba Job acerca de los sufrimientos antes de su experiencia. Es posible que él compartía la misma opinión que sostenían Elifaz, Bildad, y Zofar y muchos predicadores modernos. Pero, cuando Job enfrentó una tragedia tras otra, él se frustró y eventualmente pecó porque no pudo comprender los motivos de Dios.
Job entendía que Dios castiga a los hipócritas y los perversos. Además él entendía que Dios disciplina a sus hijos. También él entendía algo del proceso de la santificación personal por medio del sufrimiento. Lo que no entendía Job era cómo Dios podría permitir tanto dolor al que es justo. Él no era el único para pensar sobre esto. Habacuc también enfrentó este dilema cuando su pueblo Judá fue castigado por el pueblo inicuo y pagano de Babilonia. Enfrentando una situación así, Job hizo la pregunta normal y esperada: ¿qué he hecho para que me sucediera tal circunstancia?
Esta pregunta no es mala, pero las respuestas son muy peligrosas porque hay una tendencia a caer en la trampa de la auto-condenación o en la trampa de la auto-justificación. Ambas son evidencias de inmadurez, orgullo y pecado. Aquí es donde el gran santo de la paciencia se equivocó.
Aquí es importante destacar que si un hombre espiritualmente maduro como Job cayó al considerar este asunto, nosotros también estamos advertidos del peligro de este punto. Sin embargo, este paso no puede ser ignorado. Dios permite las pruebas siempre para nuestro bien. Si la Biblia existe para enseñar, redargüir, corregir, e instruir (2 de Timoteo 3:16), es obvio que tenemos que concientizarnos de nuestra condición espiritual delante de Dios. Tenemos que examinarnos y saber que lo que Él ha decretado para nuestras vidas es también para nuestra enseñanza, corrección, e instrucción.
Debido al evangelio de la prosperidad promovido en tantos libros, existe la tendencia de pensar que la aflicción es el fruto feo del pecado escondido en nuestras vidas. Un libro popular sobre la oración, por ejemplo, dice que Dios tiene muchas bendiciones que le gustaría darles a sus hijos, pero debido a su falta de oración y el pecado en la vida de uno, Él no puede. Otros libros promueven más de este evangelio falso, enseñando que Dios quiere indudablemente prosperar a sus hijos con salud y plata. Otros autores son más sutiles, citando a los patriarcas como ejemplos de la bendición de la prosperidad de Dios. Dicen que Dios bendecía a los patriarcas porque diezmaban y reconocían a Dios en sus éxitos al nombrar pozos y altares en su nombre. En una palabra, muchos hoy en día promueven que podemos sacar de Dios lo que queramos si solamente cumplimos con sus requisitos. Dicen que si somos suficientemente espirituales, podemos eliminar todo dolor emocional, físico, y espiritual de nuestras vidas.
En el segundo capítulo, ya vimos que no es así. Antes de pasar por el huracán de las pruebas que Dios permitió para Job, él no tenía pecado escondido en su corazón. La Biblia lo describe como recto, temeroso de Dios, y apartado de la maldad. La conducta de Job era ejemplar y demostraba su amor y confianza en el Dios verdadero. Entonces, ¿cuál debe ser nuestra actitud hacia nosotros mismos al enfrentar la tribulación?
Establezcamos de una vez donde Job se equivocó. Empezó bien, pero conforme el relato avanza, vemos la armadura de la espiritualidad de Job más débil que al principio. La Biblia no le condena porque él era hipócrita o con necesidad de crecimiento espiritual. Job no era hipócrita y aunque Job faltaba madurez espiritual en ciertos aspectos de su relación con Dios, también reconocemos que todo cristiano tiene necesidad de crecimiento espiritual. Pablo nos dice que no sabemos nada como debemos saberlo (1 de Cor. 8:2). Entonces, debemos afirmar que Job no enfrentó sus pruebas debido al pecado en su vida. Los últimos once capítulos de este libro revela dónde y cómo Job se equivocó. Al principio de estos últimos capítulos, vemos al joven Eliú enojado por la falta de sabiduría en sus discursos. Él expuso el gran error tanto de Job como de sus tres amigos insensatos. El pecado de Job fue que se justificaba a sí mismo más que a Dios, y el de los tres amigos fue en condenar a Job sin razón (Job 32:2–3).
Este es el peligro de este auto-examen en medio de la crisis. Tendremos la tendencia de condenarnos o justificarnos cuando, sobre todo, debemos defender el carácter de Dios contra toda injusticia porque Él no es capaz de la maldad. En otras palabras, estamos más dados a defender nuestras acciones, nuestros pensamientos, y nuestras actitudes más que a Dios. Por supuesto, Job no tenía la intención de negar la justicia de Dios. Nosotros, como él, lo hacemos porque sencillamente porque nuestras emociones son activas y sensibles, los cuerpos cansados, y, a veces, hemos sido abandonados por los que más amamos.
Job sabía que era inocente de las acusaciones de sus tres amigos. Él no pecó al defenderse, pero sí se equivocó al pensar que él, en su justicia y juicio propio, podría demandar de Dios una razón por sus acciones. Sus palabras acusaron a Dios de haberle tratado injustamente. Él tuvo que aprender que Dios no está sujeto a nuestros juicios de la justicia y la razón.
Veo que hay tres pasos para evitar los dos hoyos de la autocrítica y la auto-justificación: la comprensión de la justificación por la fe, la necesidad de abandonar el pecado y la realización de la santificación progresiva. El primero y el tercero son pasos realizados por la fe en la obra infalible de Dios. El segundo es un paso difícil porque es fácil quitar los ojos del Señor y ponerlos en nosotros mismos. Sin embargo, este paso como los otros dos son facilitados por la fe.
Primer paso de la auto-evaluación: la justificación por la fe
Uno de los versículos más consoladores de toda la Biblia es Romanos 8:1:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
Sin embargo, este versículo no es ninguna generalización universal dada a todo el mundo. Los que están sin condenación son los que están en Cristo Jesús. El estar en Jesús se hace posible por medio de la gracia de la fe. Si no sabemos si estamos en Cristo, el Apóstol define este estado de la gracia como “andar no conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” No hay ninguna pregunta más importante para toda persona que ésta: ¿estoy en Cristo?
Hay solamente dos clases de personas: los que están en Cristo Jesús y los que no están en Cristo Jesús. Los que están en Él son justificados y sin condenación, pero los que están fuera de Cristo Jesús ya son condenados y si siguen en su condición enfrentarán a Dios como un Juez sin misericordia. El creyente, sin embargo, está siempre en Cristo, y por esta razón está sin condenación.
¿Qué significa ninguna condenación en este versículo querido? El contexto de este capítulo es la sublime doctrina de la justificación de la fe. La salvación es por la fe para que sea por la gracia (Romanos 4:16). Esta gracia divina aplicada a nuestras vidas por medio de la obra propiciatoria de Jesucristo quiere decir que para el hijo de Dios no hay nada que pueda hacer para que Dios le ame más y no hay nada que pueda hacer para que Dios le ame menos. El amor de Dios es libre y soberano, no merecido.
Cuando nos examinamos en medio de la prueba, todo cristiano puede asegurar que Dios lo ama y lo amará hasta el fin. Él es fiel, aún cuando nosotros no lo somos. No hay ningún ejemplo en la Biblia de un cristiano que viva en condenación, sencillamente porque no hay ninguna condenación para el hijo de Dios. Dios no abandona a sus hijos en los momentos más duros. Sus tonterías, debilidades y pecados no pueden separarlos del amor de Dios por la verdad indestructible de la justificación de la fe.
Muchos psicólogos dicen que lo mejor que se puede hacer en medio las pruebas es afirmar su propio valor, pero la justificación por la fe es mejor noticia que el auto-estima y una actitud positiva porque estas cosas tienen su fuerza en la capacidad mental humana. Esta capacidad mental es tan fluctuante como la superficie de un lago en una tempestad ventosa. Es así porque depende del carácter poco estable de la mente humana. Pero la justificación por la fe es como un ancla que sostiene el barco en medio de la tormenta. La mente de Dios no cambia. Él es siempre igual, el mismo ayer, hoy, mañana (Hebreos 13:8). Muchísimo mejor que mi justicia imaginada es el valor de la justicia imputada a mi vida por medio de la obra hecha una vez y para siempre por nuestro Redentor. La justificación por la fe es el juramento de Dios de que sus hijos están puros ante sus ojos. Es inmutable porque Él que nos justifica no cambia. La vida del cristiano tiene sus altos y bajos, pero Dios permanece igual y es su opinión acerca de sus hijos la que vale.
Esta justificación involucra dos partes inseparables. En primer lugar, cada creyente se declara justificado porque sus pecados han sido expiados por medio de la cruz de Cristo. En otras palabras, los deméritos nuestros han sido pagados y borrados. Esto se llama la imputación de nuestros pecados a la cuenta de Jesucristo. Sin embargo, esta condición de neutralidad no nos encomienda a la presencia de Dios. Dios exige una santidad perfecta o sea méritos intachables. Gracias sean dadas a Dios que él también proveyó una justicia perfecta para su pueblo por medio de Jesucristo. Esto se llama la imputación de su justicia a nosotros.
¡Qué maravilla! Dios me ve a mí, el pecador perdonado, vestido en la perfecta justicia de Jesucristo. Sus obras perfectas son vistas por su Padre como si fueran las mías. Esto es lo que Pablo quería celebrar en su carta a los corintios:
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 de Corintios 5:21).
Entonces, ¿como debemos examinarnos al enfrentar la tribulación? Debemos preguntarnos si hemos sido justificados mediante la fe en la obra de Jesucristo en el Calvario. Si la repuesta es sí, tenemos donde pararnos y esperar la victoria en la adversidad. Esto es para cada cristiano, incluso si sufre como malhechor. Padecerá las consecuencias de su pecado pero delante del tribunal de Dios, él está sin acusador. La justificación por la fe entendida correctamente evitará que nos justifiquemos o nos critiquemos. Dado que es Cristo que nos justifica, no hay crítica, y dado que hemos recibido la justicia imputada de Cristo es tonto adularnos.
Pero, un momento ¿cambia la doctrina de la justificación según las razones por nuestras pruebas? ¿Es la doctrina de la justificación menos consoladora, menos vital para la persona que sufre como resultado de su propio pecado? La respuesta bíblica es no. No hay nada que podamos hacer que nos separe del amor justificador de Dios.
Esta pregunta, sin embargo, nos lleva al segundo paso en nuestro examen de nosotros mismos: ¿estoy sufriendo debido a mis propios errores? Esta pregunta es necesaria, pero ¿cómo podemos tener una respuesta correcta a esta pregunta?
El segundo paso de la auto-examinación: el pecado no confesado
En primer lugar, la Biblia nos enseña que el arrepentimiento es un don divino (2 de Timoteo 2:24–25). Por consiguiente, es imperativo que hallemos nuestra respuesta por medio de la Biblia y la oración. Una pequeña petición que sale del corazón nos ayudará aquí.
Señor, yo sé que soy Tu hijo, no porque soy bueno, ni por ninguna obra que he hecho. Soy Tu hijo únicamente por la fe que tengo en Jesucristo. Ahora, Padre, Tú conoces lo que estoy pasando. No te pregunto, ¿por qué? Sin embargo, Padre, si he menospreciado Tu ley y he pecado contra Ti, revélamelo. Si no, Padre, dame la gracia para soportar esta prueba de una manera que te glorifique. A Ti sea la gloria. Amén.
Entendamos que es probable que no seamos iluminados por un rayo mental que nos diga que hace tres años, cuatro meses, y dos días, mentimos a nuestro vecino acerca del daño que nuestro perro hizo a sus flores. Pero si el Señor nos revela muchas cosas, le pedimos perdón porque el pecado es una abominación a sus ojos.
Hace muchos años, mi padrastro y yo tuvimos una discusión acalorada. Le grité y le falté el respeto. Cuatro años más tarde, una hija nuestra murió. ¿Me estaba castigando Dios? No sé. Quizás. Quizás no. Empero, creo que no. En ese tiempo ni me acordé del desacuerdo con mi padrastro. Nuestra relación era buena. Fueron unos años después que fui el recipiente de mal trato, y el Espíritu Santo me recordó de mis acciones unos ocho años antes. Tan pronto como fue posible, le pedí perdón a mi padrastro y di gracias al Señor por ayudarme.
Nunca debemos pensar que Dios tiene un ángel marcando todo lo que hacemos mal y después de una cantidad de notas de reprobación, Dios nos envía un castigo. No hay ninguna relación matemática entre el pecado y la gracia. El salmista escribió, “Jah, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en Ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:3–4). Y Pablo escribió más o menos lo mismo a los Romanos cuando dijo que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Debemos recordar que la misericordia de Dios es grande. Él nos da más bondades y gracia de lo que merecemos. Él no nos ha pagado conforme a nuestras rebeliones.
Una nota importante aquí es enfatizar que mantengamos cuentas cortas con Dios. Quiero decir que estemos delante de su rostro todos los días, confesando nuestra pecaminosidad y pidiendole perdón. Pero debemos admitir también, que nosotros ni estamos conscientes de la mayor parte de los pecados que cometemos. Juan Bunyan dijo una vez que había pecado suficiente en una de sus oraciones para condenar al mundo entero.
Ciertamente cuanto más cerca del Señor estemos, más capaces seremos de ver el pecado en nuestras vidas. Casi todos hemos tenido la experiencia de limpiar la casa en la noche y sorprenderse de telas arañas, suciedad, manchas en el vidrio cuando el sol sale. Por lo menos en mi vida, tengo que decir que estoy frustrado con el viejo hombre que está viciado entre mis miembros. Lamento muchas veces que mi santificación sea tan lenta.
Si es así, ¿cómo sé si mi prueba es resultado del pecado o un medio de refinarme? Si ninguno de nosotros cristianos somos perfectos, ¿como sé si el Señor me está disciplinando como a un hijo desobediente o si estoy sufriendo por la causa del reino? Creo que estas cosas nos ayudarán.1
1. Dios contempla el corazón más que las acciones. Romanos 7:24–25. Dios está consciente de nuestra debilidad. Él conoce la condición humana y se compadece de nosotros. El salmista escribió, “Porque Él conoce nuestra condición y se acuerda de que somos polvo (Salmo 103:14). Esta condición no es ningún detrimento a la obra de Dios. Pablo recordó a los corintios que estamos en vasos de barro para que Dios reciba toda la gloria para lo que realice en nosotros. (2 de Corintios 4:7).
2. No todos los pecados son iguales. El refrán popular de que todos los pecados son iguales en los ojos de Dios no es bíblico. Hay niveles de pecado. El libro de Proverbios nos enseña que hay pecados que son abominaciones en sus ojos y estas cosas son especialmente el objecto de suodio divino. Si uno comete uno de estos pecados, provocará la ira y la disciplina del Señor. Pedro además nos define como es sufrir por motivos indignos del cristiano: “como homicida, ó ladrón, ó malhechor, ó por entremeterse en lo ajeno.” Fijémonos que estos pecados son públicos, no privados y violan su ley moral. Es cierto que todo pecado es una afrenta a Dios, pero además hay ciertos pecados cuyas consecuencias son más abiertas.
3. Dios castiga a los que blasfeman su nombre. Junto con el segundo punto, es importante entender que Dios castiga mayormente el pecado que trae reproche a su nombre. Si nuestra conducta hace que los inconversos lleguen a menospreciar la justicia y la gloria de Dios, podemos asegurarnos la disciplina y castigo dolorosos del Señor. Esta verdad es una advertencia en particular para los que ocupan un puesto en liderazgo. Santiago 3:1 nos advierte, “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” Con el privilegio de guiar al pueblo de Dios hay una sobria responsabilidad de declarar la gloria de Dios.
Por esta razón David fue severamente castigado por su relación pecaminosa con Betsabé. El profeta Natán le dijo a David que su pecado había sido perdonado. Sin embargo, por haber servido como un instrumento para que los enemigos de Dios blasfemaran el nombre de Dios, Natán le dijo que Dios mataría al hijo de él y Betsabé (2 de Samuel 12:13–14). Tal vez por esta razón el profeta de 1 de Reyes 13 fue muerto por el león al desobedecer al Señor cuando comió con el profeta engañador. Él, como profeta, habló con autoridad contra el rebelde rey Jeroboam, pero él, desechó la palabra autoritaria de Dios cuando se permitió ser persuadido para hacer lo que Dios le había prohibido. Sus acciones, como las de David, trajeron reproche al oficio que él ocupaba, un oficio que existía para manifestar la gloria de Dios entre todas las naciones.
4. Dios odia mayormente los pecados interiores de la rebelión y el orgullo. Ananías y Safira, por ejemplo, mintieron al Espíritu Santo. Fueron soberbios y egocéntricos. Se preocupaban más por la alabanza de los hombres que por la aprobación de Dios, y murieron por causa de su pecado. Para nosotros este pecado del egocentrismo es algo que enfrentamos diariamente. Ciertamente Dios castigará a sus hijos si andan jactanciosos. No hay nada que Dios odie más que el orgullo. Este pecado ha sido el pecado predominante en todos los mayores santos de la iglesia. Spurgeon, Edwards, Calvino, y Taylor—todos, iguales a nosotros, se dieron cuenta de esta abominación en sus corazones. Si es así, ¿cómo podemos tener consolación cuando somos atribulados, sabiendo que este enemigo, el orgullo, tiene una fortaleza en nuestros corazones?
Nuevamente, la Biblia nos ayuda aquí. Tenemos la bendita amonestación y consolación en 1 de Corintios 11:31–32, “Si, pues nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.” De modo que cada cristiano enfrenta dos opciones con sus pecados y este pecado de orgullo en particular: juzgarse a sí mismo o ser juzgado por Dios. Esta segundo opción de ser juzgado por Dios se toca en el siguiente versículo donde dice Pablo, “mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
Si no nos vemos menesterosos de la misericordia diaria de Dios, no hay duda de que andamos soberbia y orgullosamente delante de Dios. Somos candidatos de ser objetos de la disciplina divina. En cambio, el cristiano que lucha con su pecaminosidad interior y es repudiado por la debilidad de su corazón enaltecido no será juzgado por el Señor. Al vivir dependiendo del perdón gratuito de Dios, el hijo de Dios no será un objeto de la disciplina de Dios.
5. Dios usa el pecado de sus hijos para que crezcan. Con todo lo que hemos dicho aquí, es importante destacar que a pesar de nuestra débil condición en que es imposible que vivamos sin pecar, Dios usa los frutos de nuestro pecado para enseñarnos y hasta bendecirnos. Tal vez, esto le parezca contradictorio, pero no lo es. David, cosechó el fruto amargo de su asesinato y adulterio. Su hijo Absalón se rebeló contra él, dividiendo el reino por un tiempo. David fue forzado a huir de Jerusalén para salvar su vida. Sin embargo, cuando Simei, un hombre perverso, maldijo al ungido de Dios, David descansó sobre dos verdades. En primer lugar, él sabía que merecía la maldición de Simei. Él afirmó que esta maldición severa fue lo que Dios había decretado para él. Fue parte de las consecuencias de su pecado de adulterio. Pero también, él entendía que su conducta humilde y paciente al sufrir este reproche serviría como un medio de bendición. Él dijo a sus siervos que le acompañaron, “Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy” (2 de Samuel 16:12). En otras palabras, es posible glorificarle a Dios y ser recompensado por cómo llevamos su castigo y disciplina por nuestro propio pecado.
Ahora, para volver al tema, si el Espíritu Santo me revela que hay pecado en mi vida y por este motivo estoy atribulado, ¿cómo debo responder? Obviamente, tenemos que confesar y abandonar el pecado. 1 de Juan 1:9 nos dice:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Hay mucha enseñanza mala sobre este punto. Fijémonos en que nuestra reacción correcta al pecado es recibir el perdón que Dios da. No somos llamados a perdonarnos a nosotros mismos. La misma fe que acudió a Cristo para ser justificado es la misma fe necesaria para recibir el perdón del pecado en nuestras vidas. El cristiano que se queja de que no es capaz de perdonarse está menospreciando el poder, la gracia, y la misericordia de Dios. Sus sentimientos subjetivos son más importantes en su opinión que la obra objetiva del Redentor realizado en la cruz. Nuestra contrición no cancela el pecado. Solamente la fe en Cristo el Mediador entre nosotros y el Padre Celestial nos purifica de las manchas de nuestro pecado.
El tercer paso de la auto-examinación: mi crecimiento espiritual
Hemos visto que al contemplar nuestras vidas espirituales, cada uno debe examinarse para averiguar lo siguiente: su relación con Dios el Juez (la justificación por la fe) y su relación con Dios como Padre (la disciplina por el pecado no confesado). Pero la meta de estos dos pasos es el tema de nuestra tercer paso.
El fin divino de todo lo que nos sucede como los elegidos de Dios–sin ninguna excepción–es nuestra conformidad a la imagen de Cristo. Una vez que nos hemos examinado para determinar si somos justificados por la fe y después de haber confesado cualquier pecado que el Espíritu haya revelado, podemos enfrentar toda circunstancia como un medio de crecimiento espiritual en nuestras vidas. Este tercer paso se ocupa de la pregunta: ¿estoy creciendo en medio de esta prueba?
Siempre es más importante estar consciente de cómo reaccionamos delante de las pruebas que saber por qué somos probados. Una serie de preguntas aquí servirán como una guía para determinar como estoy creciendo espiritualmente. Por ejemplo, ¿qué he aprendido de Dios y de mí mismo en medio de la prueba? ¿he servido como un buen ejemplo para mis hermanos en la fe o he sido más bien un desánimo? ¿Amo más al Señor ahora que antes de la prueba?
A pesar de haberse justificado demasiado, Job entendió que su prueba fue para su propio refinamiento. Él dijo, “Mas Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).
Job salió de su prueba un mejor Job. Fue más humilde y amaba más a Dios. Él vio que el propósito de Dios en probarlo fue para su propio bien. Espiritualmente él creció. Volveremos a este tema más tarde, pero por ahora, entendamos que cada uno tiene la necesidad de adversidad porque estas pruebas depositan en las cuentas bancarias de nuestras vidas la paciencia necesaria para heredar el reino de Dios. El autor de Hebreos escribió:
Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36).
Somos llamados a perseverar en la fe. Recientemente, una persona me envió una carta preguntándome, ¿es que los santos perseveran o es que Dios los preserva? La respuesta es que son las dos cosas. Nosotros somos preservados por la fidelidad constante de Dios. Él no permite que el enemigo nos arrebate de sus manos. A la vez, nosotros somos llamados a perseverar hasta el fin. No es un trabajo compartido con Dios haciendo sesenta por ciento y nosotros contribuyendo el cuarenta por ciento restante. Más bien, nosotros actuamos todo y Dios actúa todo.
Cuando Pablo habló de su ministerio, él dijo que él había trabajado más que los demás apóstoles. Él sudó, él sufrió, él predicó. Pero él no deja de escribir como si no hubiera existido otra explicación por la bendición de su ministerio, sino que agrega, “pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo,” (1 de Corintios 15:10). ¿Fue Pablo o fue Dios? La respuesta es que fueron los dos: Pablo mismo golpeaba su cuerpo y laboraba para la santificación personal, pero en todo esto él fue un instrumento del poder de la gracia soberana de Dios que actuaba en él.
En conclusión, cada tribulación exige que nos examinemos con ojos críticos, pero no severos. Es posible que hallemos “amigos” que piensan que Dios les ha entregado la tarea de hacer un análisis de nuestra relación con Dios. Los tres pasos de auto-examinación se resumen en estas tres preguntas: ¿he sido justificado por la justicia perfecta de Jesucristo? ¿Hay rebelión en mi vida? Y, ¿veo que estoy en necesidad de crecimiento espiritual? Una respuesta honesta y sobria es sumamente importante antes de dirigir su mirada hacia una resolución de la situación.
Preguntas de Reflexión
1. ¿Cuál hubiera sido la mejor manera de tratar Job las acusaciones de sus amigos? (Lea Salmo 35:1 y Salmo 43:1.)

2. Lea primero Salmo 106:32–33 y después lea Números 20:1–13. ¿Por qué estaba Moisés especialmente vulnerable en este momento? ¿Qué podemos aprender de los ataques de Satanás?


3. Conforme a lo que hemos aprendido en este capítulo, ¿cuáles son dos razones negativas por las cuales es posible que un creyente siga pasando prueba tras prueba?