sábado, 14 de junio de 2014

LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA

Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.

1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.

2) El espíritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia.

Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera.

Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado.

Hace poco un médico muy respetado y supuestamente cristiano había abandonado a su esposa y a sus tres hijos, yéndose con una de las enfermeras del centro médico donde trabajaba. Después de la sacudida inicial, entró en toda la familia la realización de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedió algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdonó de corazón a su (ahora) ex esposo y buscó el consuelo del Señor. Ella todavía tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no está amargada. Sin embargo, los demás familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor.

3) El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “… entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.

Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impios (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).

En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.

Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios.

4) El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3:14–15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona! La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron.

5) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.

6) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que porviene de dos palabras que significan “decir de nuevo". Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para el espíritu de amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.


7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.


viernes, 13 de junio de 2014

LA DEFINICION DE LA AMARGURA

En el griego del Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.

La amargura no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción no bíblica (es decir pecaminosa) a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.

La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizá los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es triple: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “El/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima".

El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.

En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho", lo cual nos convence aun más de que estamos actuando correctamente.

Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “Amigo, estás amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte", da la impresión de que al consejero le falta compasión (recuerde, que el ofendido piensa que es víctima). Me pasó recientemente en un diálogo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre.1 Ella lleva más de 30 años cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (Gálatas 6:1) le mencioné que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atrás (Filipenses 3:13), me acusó de no tener compasión. Peor todavía, más tarde descubrí que se quejó a otras personas, diciendo que como consejero carecía de “simpatía” y compasión.

Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra cómo la amargura puede dividir a amigos y familiares. Florencia, una joven de 21 años, pertenece a una familia que durante años ha sufrido una contienda familiar. Ella es la única que no desea culpar a los demás ni demostrar que tiene razón sino que anhela ver reconciliación. La pelea comenzó poco después del nacimiento de Florencia, sobre lo que al principio fue algo insignificante. Veinte años más tarde, alimentada por imaginaciones vanas, rencor y paranoia, existe una gran brecha entre dos grupos de la familia. A pesar de que casi todos son cristianos, la lucha es más fuerte que nunca. Florencia, tomando en serio lo que dice la palabra de Dios sobre la amargura, con toda el alma quiere que la familia se reconcilie. Se siente impotente, sin embargo, porque está bajo la amenaza de no poder volver a casa de sus padres si pisa la propiedad de su hermana y su cuñado.


Finalmente, el lector notará una característica interesante en casi todos los ejemplos de este libro: por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.


jueves, 12 de junio de 2014

LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO

Hace tiempo prediqué en una iglesia donde el pastor deseaba que yo hablase con Alberto, uno de los diáconos de su congregación.

Tres años antes la esposa de Alberto había hecho abandono del hogar y se había ido con otro hombre a la ciudad capital, dejando a su marido y a sus dos hijos. Me explicó el pastor que los esposos eran buenos cristianos y que “no había motivo” para que ella abandonara a su familia. Aproximadamente seis semanas después, la mujer entró en razón y volvió a casa arrepentida. En forma inmediata, pidió perdón a Alberto, a los hijos y hasta se presentó ante la congregación para mostrar públicamente su arrepentimiento y su disposición a sujetarse a la disciplina de la iglesia.

Alberto me explicó en palabras terminantes que aunque había permitido que su esposa regresara al hogar, no la había perdonado y no la perdonaría. Peor todavía, declaró que estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario (hasta que los hijos de 6 y 9 años crecieran y se hicieran mayores) para entonces vengarse de ella. Aunque había transcurrido poco tiempo desde el incidente con su esposa, ya se veían huellas de amargura en el rostro de Alberto.

La amargura no se ve solamente en casos tan extremos. Conozco centenares de otros ejemplos de personas que sufrieron ofensas por cosas que parecieran triviales. Menciono sólo tres: (1) Una mujer se ofendió porque el pastor no estaba de acuerdo con su definición de “alabanza", y desde aquel momento empezó a maquinar para sacarlo de la iglesia; (2) un hombre vivió amargada desde que lo pasaron por alto para un ascenso en su empleo. (3) El intercambio de cartas con una profesora de Centroamérica ilustra cuán sutil puede ser la amargura en la vida del creyente. El problema de presentación era que esta mujer se sentía sola y triste porque su hija, yerno y nietos se habían mudado a los Estados Unidos de América. En su segunda carta no utilizó la palabra “sola” sino “abandonada", y en lugar de “triste” surgió el término “enojada". En las siguientes misivas se hizo evidente que estaba sumergida en autocompasión y amargura. No sólo se sentía herida porque su hija vivía en otro país, sino además resentida porque (según ella) los otros familiares que vivían cerca no la tomaban en cuenta “después de todo lo que ella hizo por ellos".

En lo personal, empecé a estudiar el tema de la amargura poco después de un grave problema que tuvimos en la iglesia a que asistimos desde hace varios años. La dificultad radicaba en una seria diferencia de filosofía de ministerio entre los diáconos y los ancianos. Pero lo que causó la desunión no fue el problema en sí –que se habría podido resolver buscando a Dios en oración, en su Palabra y con un franco diálogo entre las partes – sino las personas ofendidas, los chismes, y la amargura resultante.

En medio de esa crisis en nuestra iglesia, tuve que viajar a otro país para enseñar sobre el tema “Cómo aconsejar empleando principios bíblicos". Era domingo por la mañana y esperaba que me pasaran a buscar para llevarme a la iglesia. Puesto que el culto comenzaba tarde contaba con un par de horas para descansar, y prendí la televisión para escuchar la transmisión del sermón del pastor de la iglesia más grande de la ciudad. No podía creer lo que oía: ese pastor estaba predicando sobre el tema que yo había enseñado el día anterior, el perdón. Como si un rayo penetrara en mi corazón, el Espíritu Santo me mostró que yo también era culpable de estar dejando crecer una raíz de amargura en mi vida por lo que ocurría en nuestra congregación. En forma inmediata me arrodillé para confesar el pecado, recibir el perdón de Dios y perdonar a los que me habían hecho daño. ¡Qué alivio trajo a mi alma! Era como si alguien sacara un peso enorme de mis hombros.

Ese problema que viví en la iglesia tiene todos los elementos que este libro desea tratar. Quizá por esa razón el Señor me permitió experimentarlo.

La amargura es el pecado más fácil de justificar y el más difícil de diagnosticar porque es razonable disculparlo ante los hombres y ante el mismo Dios. A la vez, es uno de los pecados más comunes, peligrosos y perjudiciales y –como veremos– el más contagioso.


miércoles, 11 de junio de 2014

Todo líder tiene topes

Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero.
(1 Samuel 13:13–14)
Todo líder tiene topes en su vida. Nadie nace sin ellos. No desaparecen cuando la persona recibe un título, alcanza una posición o es investido de poder. El asunto no es si tiene topes o no. El asunto es lo que va a hacer con ellos.

Los topes que limitaron a Saúl

Cuando Dios hizo a Saúl rey de Israel, quitó todos los topes externos de la vida del nuevo gobernante. Saúl recibió la unción de Dios, asumió la posición de rey y tenía el potencial de convertirse en un gran líder. Aunque no tenía topes exteriores en su liderazgo, aun quedaban en él los internos. Y eran muchos:
Miedo. Comenzó su reinado escondiéndose entre el bagaje, y tuvo miedo de enfrentar a Goliat.
Impaciencia. Se negó a esperar a Samuel y tuvo el atrevimiento hacia Dios de ofrecer con sus manos el holocausto que debía ser presentado exclusivamente por un sacerdote.
Rechazo. Cuando Samuel le dijo que había sido desechado como rey, Saúl siguió como si todo estuviera bien.
Impulsividad. En forma imprudente e irreflexiva hizo un juramento que casi le costó la vida de su hijo Jonatán.
Fraude. Usó a su hija Mical como soborno al ofrecerla a David como esposa si vencía a los filisteos, pero la esperanza de Saúl en realidad era que David muriera en la batalla.
Celos. Se puso furioso cuando el pueblo lo comparó con David. De allí en adelante su ojo celoso estuvo puesto sobre el hombre que consideró como enemigo.
Enojo. Más de una vez intentó matar a David con su lanza mientras éste tocaba el arpa para él.
La mayoría de los topes de Saúl tenían que ver con la debilidad de su carácter. Desafortunadamente estaba más preocupado en guardar las apariencias que en pulir su carácter. Aun cuando fue desechado como rey, Saúl estaba muy preocupado por el qué dirán. Suplicó a Samuel: «Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel» (1 Samuel 15:30). Puesto que nunca quitó los topes de su liderazgo, Dios lo sacó del trono de Israel.

Los topes que no limitaron a David
Cuando usted examina la vida de David ve que también tenía diversos topes en su vida, internos y externos:
1. Su familia
Las limitaciones de David comenzaban en su hogar. Cuando se le pidió a Isaí, su padre, que reuniera a todos sus hijos para que Samuel eligiera al nuevo rey de Israel, David no fue invitado a participar. Su padre lo despreció y lo pasó por alto.
Lo mismo hicieron sus hermanos. Cuando David fue al frente de batalla a visitarlos, se hizo evidente el desprecio de ellos hacia él. Cuando David habló con firmeza contra el blasfemo desafío de Goliat, sus hermanos lo insultaron y le pidieron que se fuera a casa.
2. Su líder
Saúl trató continuamente de impedir el liderazgo y eficacia de David. Cuando David se ofreció para pelear con el gigante, Saúl le dijo: «No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él» (1 Samuel 17:33). Entonces trató de ponerle su pesada armadura al muchacho. Más tarde Saúl declaró que David era su enemigo. Por muchos años, Saúl trató de matarlo repetidas veces.
3. Su trasfondo
Saúl provenía de una familia buena y poderosa. Se describe a su padre como «Cis, hombre valeroso, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita» (1 Samuel 9:1). Sin lugar a dudas, era terrateniente, líder en su tribu y comandante militar en los tiempos de guerra. Por otra parte, David era de una familia pobre de pastores. Se le describe como hijo de Isaí de Belén, hombre sin linaje elevado y sin una poderosa posición. David tampoco era el hijo mayor. Era el octavo y menor de la familia.
4. Su juventud e inexperiencia
Cuando fue ungido por Samuel, David era solamente un muchacho y no tenía otra experiencia sino la de cuidar ovejas. Cuando avanzó para enfrentarse a Goliat, se le consideró «sólo un muchacho» y nunca había peleado en una batalla. Una y otra vez la gente lo menospreció y le faltó el respeto por tales razones.

Finalmente David se convirtió en gran líder; sin embargo no fue porque no tuviera limitaciones en la vida. Logró mucho porque se dedicó a levantar sus topes.



martes, 10 de junio de 2014

Aprendamos griego del N.T. - Lección 1

1. La importancia del idioma griego
Está iniciando usted el estudio de uno de los idiomas más importantes del mundo. Su importancia no se basa en el número de personas que actualmente lo usan, porque la clase de griego presentada en estas lecciones ya no se habla, ni se escribe, ni se lee como medio de comunicación moderno. Su importancia se basa más bien en la literatura que en él se ha conservado de Homero en adelante, de la cual la parte más conocida es el Nuevo Testamento. Su importancia se encuentra también en las contribuciones que ha hecho y que hace al vocabulario del idioma español. Un porcentaje grande y creciente de nuestras palabras es derivado del griego, en muchos casos términos inventados para designar descubrimientos científicos. Conforme usted vaya progresando en el dominio de este idioma, aumentará su comprensión tanto de la lengua castellana como del griego usado en el Nuevo Testamento.
2. La importancia de aprender el alfabeto griego
El primer paso en el estudio de griego es aprender el alfabeto. El aprender los nombres, el orden, y los sonidos de las letras griegas le ayudará en diversas formas. La barrera de cosas extrañas entre usted y el griego comenzará a desvanecerse. Entonces, cuando vea las letras griegas o sus nombres, experimentará el placer del reconocimiento. Cuando quiera buscar una palabra en el léxico griego-español, su conocimiento del orden de las letras en el alfabeto le capacitará para encontrar la palabra y para aprender el significado. Cuando su profesor pronuncie una palabra griega pausadamente, tendrá alguna idea de la forma en que se escribe. Aunque no se espera que usted hable este idioma o que entienda a otra persona que lo habla, sin embargo, frecuentemente es necesario en la clase hablar de palabras y expresiones griegas. Para esas discusiones se necesita un conocimiento de los sonidos de las letras.
3. El alfabeto griego
Mayúscula

Minúscula

Nombre

Sonido

Α

α

alfa

«a» como en «pago»

Β

β

beta

«b» como en «baúl»

Γ

γ

gamma

«g» como en «gato»
(cuando está combinada con -γ, -κ, o -ξ, como -γγ, -γκ, o -γξ, el sonido cambia a «ng» como en «ángulo»)

Δ

δ

delta

«d» como en «dato»

Ε

ε

épsilon

«e» como en «estar»

Ζ

ζ

dseta

«dz» como el sonido de una abeja, «dzzz»

Η

η

eta

«e» como en «freno»

Θ

θ

theta

«z» española

Ι

ι

iota

«i» como en «si»

Κ

κ

kappa

«c» como en «codo»

Λ

λ

lambda

«l» como en «al

Μ

μ

mu

«m» como en «más»

Ν

ν

nu

«n» como en «n

Ξ

ξ

xi

«x» como en «éxito»

Ο

ο

ómicron

«o» como en «dorado»
(es un sonido corto, pronunciada entre una «a» y una «o» en español)

Π

π

pi

«p» como en «para»

Ρ

ρ

rho

«r» como en «par

Σ

σ,
ς

sigma,
sigma final

«s» como en «sin»
se usa la σ en medio de una palabra y la ς  al final de una palabra

Τ

τ

tau

«t» como en «taco»

Υ

υ

úpsilon

«iu» como en «ciudad»

Φ

φ

fi

«f» como en «faz»

Χ

χ

ji

«j» española

Ψ

ψ

psi

«psi» como en «pépsi»

Ω

ω

omega

«o» como en «¡ooh!»
(es un sonido largo, como dos «o», distinto del sonido de la ómicron)

4. Clasificación de las letras
a. Las vocales
Las vocales son α, ε, η, ι, ο, υ, ω.
Para saber cómo pronunciar las palabras, las vocales se clasifican como «largas» o «cortas». Estos términos se refieren al tipo de sonido. Una vocal «larga» se pronuncia con la boca más abierta, y una vocal «corta» se pronuncia con la boca más cerrada. Esta clasificación ayudará cuando estudiemos los acentos.
Note el largo de cada una:
siempre corta

larga o corta

siempre larga

ε
ο

α
ι
υ

η
ω

En las tablas, las vocales α, ι, υ estarán subrayadas para indicar cuando son largas. (α, ι, υ)
b. Las consonantes
Las letras que no son vocales son consonantes.
(β, γ, δ, ζ, θ, κ, λ, μ, ν, ξ, π, ρ, σ, τ, φ, χ, ψ)
5. Los diptongos
a. Los diptongos propios son combinaciones de dos vocales pronunciadas en sucesión rápida. Se pronuncian como las letras subrayadas en las siguientes palabras españolas:
αι

aislar

ηυ

ei más u (eiu)

αυ

cautivo

οι

oiga

ει

afeitar

ου

supo

ευ

europa

υι

suiza

b. Los diptongos impropios constan de α, η, y ω, con una pequeña iota debajo:
(ᾳ, ῃ, ῳ). Esta pequeña letra ι se llama iota suscrita. Los diptongos impropios se pronuncian iguales a la α larga, la η, y la ω, respectivamente.
c. El largo de los diptongos y las sílabas
Todos los diptongos son largos, y todas las sílabas que contienen diptongos son largas, con ciertas excepciones. (La -αι final y la -οι final se consideran cortas para efectos de la colocación de acentos.)
6. Los espíritus
Toda palabra griega que comienza con una vocal tiene que llevar un «espíritu rudo» o un «espíritu suave», en la vocal o en el diptongo inicial. El espíritu «rudo» se pronuncia como la «j» española y se escribe como una sola comilla introductiva (‘). El espíritu suave se pronuncia sin cambiar el sonido de la vocal o el diptongo y se escribe como un apóstrofe (’).
ὅτι

joti


oh

εὗρον

jeuron

οἴνους

oinus

εἰ γὰρ λέγει

ei gar legei

Note (1) que tanto los espíritus como los acentos se colocan sobre la segunda vocal de los diptongos, (2) que un acento circunflejo se coloca sobre el espíritu que lo acompaña, y (3) que todos los otros acentos se colocan después de los espíritus que llevan las palabras.
7. Los acentos
Tres clases de acentos se emplean al deletrear palabras griegas: agudo (ά), circunflejo (ᾶ), y grave (ὰ). Se acentúan únicamente las tres últimas sílabas.
No hay diferencia en la pronunciación de los tres acentos. Cada uno indica énfasis en la sílaba con acento.
8. Ejercicios
a. Aprenda las letras del alfabeto de manera que en treinta segundos pueda repetir sus nombres en voz alta en el orden correcto.
b. Practique la escritura de las minúsculas.
Minúscula

Nombre


      

      

      

      

      

      
α

alfa













β

beta













γ

gamma













δ

delta













ε

épsilon













ζ

dseta













η

eta













θ

theta













ι

iota













κ

kappa













λ

lambda













μ

mu













ν

nu













ξ

xi













ο

ómicron













π

pi













ρ

rho













σ,
ς

sigma,
sigma final













τ

tau













υ

úpsilon













φ

fi













χ

ji













ψ

psi













ω

omega













c. Identifique estas minúsculas. Escriba sus nombres.
γ

                                                       

δ



α



ω



ζ



σ



ς



ρ



τ



φ



ξ



ψ



β



ν



μ



λ



κ



ξ



θ



ι



ο



υ



η



ε



π



d. Capacítese pare reconocer las mayúsculas.
e. Practique la escritura de las mayúsculas.
Mayúscula

Nombre


      

      

      
       


      
Α

alfa











Β

beta











Γ

gamma











Δ

delta











Ε

épsilon











Ζ

dseta











Η

eta











Θ

theta











Ι

iota











Κ

kappa











Λ

lambda











Μ

mu











Ν

nu











Ξ

xi











Ο

ómicron











Π

pi











Ρ

rho











Σ

sigma











Τ

tau











Υ

úpsilon











Φ

fi











Χ

ji











Ψ

psi











Ω

omega











f. Identifique estas mayúsculas. Escriba sus nombres.
Κ

                                                       
Λ



Μ



Ν



Σ



Ρ



Ε



Τ



Θ



Ι



Π



Α



Δ



Β



Φ



Γ



Η



Ξ



Ζ



Ο



Υ



Χ



Ψ



Ω



g. Pronuncie las siguientes palabras griegas. Note la semejanza entre ellas y ciertas palabras castellanas. ¿Qué nota en cuanto a las posiciones de los espíritus? No hay que aprender de memoria estas palabras o su significado, pero el conocimiento de los sonidos de las letras griegas será de mucha ayuda.
1) φωνή   sonido (audífono, teléfono)
2) ἀπόστολος   apóstol
3) ἄγγελος   ángel, mensajero
3) καρδία   corazón (cardíaco, cardiólogo)
5) φόβος   miedo (fobia )
6) Μᾶρκος   Marcos
7) Νικόδεμος   Nicodemo
8) Πέτρος   Pedro
9) Ῥώμη   Roma
10) ὕδωρ   agua (deshidratado)
11) ἐπιστολή   epístola
12) μαργαρίτης   Margarita, perla
13) Γαλατία   Galacia
14) Φίλιππος   Felipe
15) ἔξοδος   éxodo, salida
h. Busque el significado de las siguientes palabras en el vocabulario griego-español al final de este libro.
1) λαμβάνω
2) θάνατος
3) ζωή
4) ἔρχομαι
5) τίθημι
6) δίδωμι
Para animarse:
Lea Juan 1.1 en voz alta:
Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος, καὶ ὁ λόγος ἦν πρὸς τὸν θεόν, καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος.
«En el principio estaba la palabra, y la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios.»
¿Puede reconocer algunas palabras y adivinar su significado? ¿Puede pensar en palabras españolas que son derivadas de estas palabras griegas? (por ejemplo: ἀρχή, λόγος)
Un proverbio griego:
Ἀρχὴ ἥμισυ πάντων

«El principio es la mitad de todo.»