sábado, 5 de julio de 2014

¿Importa estudiar teología?


Estas 10 razones no tienen ningún orden especifico:
  • Tú ya eres un teólogo:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque  teología no es algo solo que el profesor de teología tiene. Todos nosotros creemos algo acerca de Dios y por lo tanto somos teólogos por derecho propio. Sin embargo, necesitamos preguntarnos si lo que creemos es correcto, y el estudio de la teología puede ayudarnos a responder esta pregunta
  • Tu amor por Jesús esta intrínsecamente ligado con tu conocimiento sobre Su Palabra:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn 14:15) He escuchado a alguien decir que un cierto cristiano tal vez no es teológicamente correcto, pero que esta bien porque el realmente ama a Jesús. Sin embargo, Jesús dijo que si lo amábamos, obedeceríamos sus mandamientos, ¿Cómo podemos obedecerle si no vamos a Su Palabra para conocer sus mandamientos?
  • Tu doctrina determinara la manera en que vives:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque aquello que crees (tu doctrina) determinara como vives (tu practica). Esto se puede ver todos los días. Si tú crees que algo es venenoso, simplemente no lo beberás. De manera similar, tus creencias acerca de Dios y Su Palabra determinan como vives día a día. Por ejemplo si tú crees que Dios solo habla a través de Su Palabra entonces tú la estudiarás diligentemente, sin embargo si crees que Dios habla a través de sentimientos, impresiones y cosas así, entonces tú escucharas estas vocecitas. El ejemplo anterior drásticamente cambia como una persona determina la voluntad de Dios para su vida, y esto ilustra porque tu necesitas estudiar teología.
  • Tus amores determinan que estudias
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque tus amores determinaran en que vas a invertir tu tiempo estudiando. Si tu hobby es la fotografía tú vas a querer estudiar para saber como mejorar tus fotografías e incrementar tu amor y tu aprecio por este pasatiempo. Así mismo, si tu eres un cristiano y tu principal amor es por Dios, ¿Por qué no estudiar su palabra para incrementar tu amor y tu aprecio por El y Su Evangelio?
  • Tu humildad depende de ello:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque sin estudiar teología es posible que tu tengas conceptos demasiado altos de ti mismo y no tan altos de Dios. Es verdad que “el conocimiento envanece” (1 Co 8:1), sin embargo Las Escrituras correctamente entendidas y aplicadas, te dará, por ejemplo, el conocimiento de la depravación y la miseria del hombre delante de Dios, y también de la magnificencia de Dios, su santidad, soberanía y gracia, lo cual solo sirve para poner a un verdadero convertido sobre sus rodillas en humildad.
  • Tu pensamiento se volverá menos individualista:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque si lo haces, tú te darás cuenta de que no eres el primer cristiano, Grandes hombres de Dios han existido antes que tu. Grandes mentes, grandes teólogos, hombres que han considerado a Dios en una profundidad que tal vez nunca alcances, han existo antes que tú. Tú te darás cuenta de que no todo es sobre ‘ti’, ni todo es sobre los hombres de Dios antes que tú. En ultima instancia todo es sobre tu Soberano Dios, Aquel que esta construyendo Suiglesia (Mat 16:18).
  • Tu discernimiento será agudizado:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque cuando estudias teología tu conocerás mejor “la fe que ha sido una vez entregada a los santos” (Jud 3) y consecuentemente tu discernimiento será agudizado. Judas conocía bien que el error abundaba en su tiempo y abundaría en el tuyo y la única manera de “que contendáis ardientemente por la fe” (Jud 3) es, como el mando, volver a la Palabra de Dios y estudiar. Sin eso tú no serás agudo, capaz de discernir la verdad del error.
  • Tu visión de La Biblia ha cambiado:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque tu visión de La Biblia ha cambiado. La Biblia no es mas un libro de historias y mitos que pertenece a la antigüedad. Tu ahora ves La Biblia como la Palabra del Dios Viviente, quien condescendientemente y lleno de gracia decidió revelarse así mismo al hombre. Solo este entendimiento debería ser suficiente para conducirte a la Palabra, para estudiarla, para conocer lo que Dios ha dicho a lo mejor de tu habilidad.
  • Tu defensa de la fe depende de ello:
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque nos ha sido ordenado “presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pe 3:15)  y los no creyentes preguntaran acerca de lo que crees; esto es teología. Desafortunadamente, cuando los cristianos respondes preguntas de la gente dan respuestas pobres, respuestas confusas o peor aun respuestas que no son bíblicas, todo porque ellos no  se han tomado tiempo para estudiar teología. Dios te usará a pesar de tu debilidad, sin embargo el evangelio ya es lo suficientemente chocante sin ti representando mal a Aquel que te ha enviado como embajador.
  • Tu teología ha sido formada probablemente debido a “donde” escuchaste el Evangelio
    ¿Por qué necesitas estudiar teología? Porque la mayoría de lo que crees ha sido formado probablemente debido a donde escuchaste el Evangelio. Por ejemplo, si examino lo que creo ahora en comparación con lo que creía cuando era un recién convertido, ¡mis creencias son bien diferentes! Entonces, ¿por qué crees en lo que crees? Es porque era lo que creían en la primera iglesia donde escuchaste el evangelio, o es porque tú has estudiado Las Escrituras y estudiado teología por ti mismo.


viernes, 4 de julio de 2014

13 Cosas que su Profesor de Griego debe decirle, por David Alan Black

Los apóstoles escribieron los 27 libros del Nuevo Testamento en griego koiné. Aquí ayuda del professor David Allen Black. Es autor de un texto de griego y otros libros del campo, http://www.daveblackonline.com/greek_portal.htm.
  1. El griego no es la única herramienta que necesitará para interpretar el Nuevo Testamento. De hecho, es un componente entre muchos. Aprenda griego; sin embargo, no pare allí. Necesitará, por ejemplo, el Antiguo Testamento hebreo y la Septuaginta.
  2. El griego no es el “¡Ábrete, Sésamo!” de la interpretación bíblica. Lo que hace es delimitar las opciones: le dice qué es posible, y luego el contexto y otros factores sirven para aclarar el texto.
  3. El griego no es superior a los demás idiomas del mundo. No crea cuando le dicen que el griego es más lógico que, por ejemplo, el hebreo. No es así.
  4. No es que Dios tuviera que emplear el idioma griego para darnos el Nuevo Testamento, supuestamente debido a su sintaxis complicada. La verdad es que existe una sola razón por la cual el Nuevo Testamento fue escrito en griego y no en otra lengua (digamos, latín): es por un hombre llamado Alejandro Magno, cuya visión era conquistar el mundo habitado y luego unirlo por medio de un proceso conocido como la “helenización”. En gran medida, tuvo éxito; entonces el uso del griego como la lengua franca a través del mundo mediterráneo en el primer siglo no debe sorprendernos hoy. Enfatizo este punto, solamente porque hay algunos hoy en día que quieren resucitar la noción de un supuesto “Griego del Espíritu Santo.” Su perspectiva es, a mi parecer, obviamente una calle sin salida.
  5. Una palabra griega no tiene un solo significado. Sin embargo, ¿cuántas veces escuchamos en un sermón que, “La palabra en el griego es…”? La gran mayoría de las palabras griegas son “polisémicas”; es decir, tienen muchos posibles significados, uno de los cuales es una contribución semántica a cualquier pasaje donde ocurra. (Es más – La práctica de usar todos los significados de una palabra griega dentro de un pasaje en particular donde ocurre es llamada por los lingüistas “transferencia ilegítima de la totalidad”)
  6. No es difícil aprender griego. Lo digo otra vez: no es difícil aprender griego. Me gusta decirles a mis alumnos, “El griego es un idioma fácil; somos nosotros los maestros de griego quienes nos metemos en el camino. El punto es que todo el mundo puede aprender griego, hasta este surfista hawaiano con poca educación. ¡Si yo puedo dominar el griego, todos pueden!”
  7. Se puede aprender griego de varias maneras, incluso con la mayoría de los textos para principiantes. Es cierto que prefiero mi propio libro, Aprenda el Griego del Nuevo Testamento (Learn to Read New Testament Greek) en mis clases, pero el mío no es el único texto. Cuando vivía en California, enseñé en una institución que requería que todos sus maestros de griego usaran el mismo texto para griego básico. Yo rotundamente me opuse a esa política. Creo muy fuertemente que los maestros deben tener el derecho de usar cualquier texto que prefieran. Afortunadamente, el año cuando salí de California para mudarme a Carolina del Sur, ellos cambiaron la política, y ahora los maestros pueden escoger los textos del primer año a su gusto. (A propósito, ¡el texto que ellos habían requerido era el mío!).
  8. Algunos estudiantes de griego opinan que pueden salir bien librados tras haberse atrasado en sus estudios. Amigos, ¡no se puede! Les digo a mis alumnos que es casi imposible ponerse al día en el trabajo aunque se trate solo de un capítulo del texto. El estudio de un idioma requiere disciplina y la habilidad de gestión del tiempo, quizás más que cualquier otro curso académico.
  9. ¡El griego es divertido! Al menos, cuando uno lo enseña de manera divertida.
  10. El griego sirve para mucho más que el estudio de palabras. De hecho, en los últimos años he iniciado una cruzada para apartar a mis alumnos de una exégesis que es meramente de palabras. Cuando estaba en el seminario, me enseñaron un poco más que cómo llevar a cabo estudios de palabras griegas. Por lo tanto, pensé que había “usado el griego en mi ministerio” si había consultado a Wuest, A. T. Robertson, Kittel, Colin Brown, Vincent o Vine. Desde luego he descubierto que este análisis léxico es el siervo, no el rey, de la exégesis neotestamentaria. El griego nos permite que veamos cómo el texto está estructurado, cómo se incluye la retórica, cómo las construcciones sintácticas son las claves hermenéuticas, entre otras cosas.
  11. El griego puede causar que pierda su fe. Le sucedió a un famoso profesor del Nuevo Testamento en los Estados Unidos, cuando él descubrió que había variantes textuales en el Nuevo Testamento Griego, y le puede pasar a usted. Cuando el texto de la Escritura llega a ser nada más que “otro dato analizable de interpretación lingüística,” desde entonces pierde su poder como la Palabra de Dios. Esto es lo que me emociona tanto de mis alumnos de griego en el seminario, la mayoría de los cuales tiene muchas ganas de colocar todo su aprendizaje a los pies de Jesús, en servicio humilde dentro de su reino.
  12. Uno puede aprender griego en un ambiente informal. La verdad es que uno no tiene que tomar una clase formal de este tema ni de cualquier otro. Conozco a montones de estudiantes que estudian en casa y usan mi texto de manera autodidacta, muchos de ellos también usan mis DVD a la vez.
  13. El griego no es griego. En otras palabras, el griego moderno y el griego koiné son dos idiomas bastante diferentes. Entonces, no crea que podría ordenar comida en Atenas solamente porque ha tomado un año de griego koiné. Por otro lado, una vez que haya dominado el koiné, es relativamente fácil aprender el clásico y el moderno.


jueves, 3 de julio de 2014

Discrepancias doctrinales (parte 1)

DIOS
Justicia
Dios es justo

Injusto

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío; y que sea el injusto tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (Gn. 18:25).

Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado (Mt. 13:12).

Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto (Dt. 32:4).
Jehová es recto, es mi roca, y en él no hay injusticia (Sal. 92:13).
Oíd ahora, casa de Israel: ¿Es mi camino el que no es recto? ¿No son vuestros caminos los que son torcidos? (Ez. 18:25).

(Pues no habían aún nacido, ni habían obrado aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no en virtud de obras, sino de Aquel que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí (Ro. 9:11–13).

En cuanto a Mt. 13:12, Barnes dice: «Se trata de un modo de hablar proverbial. Significa que un hombre que crece en aquella luz, gracia y oportunidades que tiene lo verá aumentado. Para aquel que no crece en ello, es apropiado que le sea quitado».
Alford: «El que tiene—aquel que no sólo oye con el oído, sino que además comprende con el corazón, es aquel a quien se le da más.… Pero a aquel que no tiene, en quien no hay ni un destello de deseo espiritual ni idoneidad para recibir la palabra implantada, se le quita incluso aquello que tiene («que le parece tener», Lucas 8:18), incluso las míseras y confusas nociones de la doctrina celestial que le permitan una vida sensual y descuidada quedan adicionalmente oscurecidas y confundidas mediante esta simple enseñanza, en las profundidades de la cual no puede penetrar ni hasta allí como para poder determinar que existen».
En la traducción de Juvenal por Dryden encontramos un buen paralelismo con el contenido de este texto:
«Cierto es que el pobre Codrus nada tenía de que jactarse,
Pero el pobre Codrus todo este nada llegó a perder».
Stuart dice que Ro. 9:11–13: «se refiere al otorgamiento y retención de bendiciones temporales».
John Taylor, de Norwich: «La elección a los privilegios presentes y a las ventajas externas del reino de Dios en este mundo, y la reprobación o rechazo, en tanto que significa que no es favorecido con aquellos privilegios y ventajas».
Barnes: «El prefirió a Jacob, y retuvo de Esaú aquellos privilegios y ventajas que había conferido sobre la posteridad de Jacob».
Es innegable que los privilegios y las bendiciones temporales están muy desigualmente distribuidos. El hecho es evidente para el observador más superficial. «¿Qué, pues, diremos? ¿Acaso hay injusticia en Dios?» Si este hecho constituye una objeción en contra de la justicia del Juez de este mundo, se trata de una objeción que el incrédulo tiene tanta obligación de contestar como el cristiano. La verdad es que el todo sabio Soberano tiene un derecho indiscutible a otorgar sus favores como él lo considere mejor.
Castiga por los pecados de otros

No castiga de este modo

Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus hermanos que estaban fuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre … y así no vieron la desnudez de su padre. Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que había hecho con él su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos» (Gn. 9:22, 24, 25).
Visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen (Éx. 20:5).
Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda, y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor … Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira (Jos. 7:24–26).
¿Qué queréis decir vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera? (Ez. 18:2).

Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado (Dt. 24:16).
He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que peque, ésa morirá.… El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él (Ez. 18:4, 20).
(El) justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras (Ro. 2:5, 6).

En cuanto al caso de Canaán, los hay que suponen que Canaán no recibió la maldición por la mala conducta de Cam, su padre. Bush piensa que la gran falta de respeto de Cam hacia su anciano padre vino a ser «bajo el impulso de la inspiración, una ocasión sugeridora de la maldición ahora pronunciada.… Por ello, Noé pronunció estas palabras como una profecía inspirada de los pecados y abominaciones del abandonado grupo de los cananeos».
Keil: «Noé, mediante el espíritu y poder de aquel Dios con el que andaba, discernió en la naturaleza moral de sus hijos, y en las diferentes tendencias que ya exhibían, el comienzo germinal del curso futuro de la posteridad de ellos, y pronunció palabras de bendición y de maldición que constituían una profecía de las tribus que descendieron de ellos». La razón de que Canaán fuera el único de los hijos de Cam en ser especificado, según este autor: «tiene que recaer bien en el hecho de que Canaán ya estuviera caminando en los pasos de la impiedad y pecado de su padre, o bien en el significado del nombre «Canaán», en el que Noé discerniera, mediante el don de la profecía, una significativa premonición; suposición esta última decididamente apoyada por la analogía de la bendición pronunciada sobre Jafet, también basada sobre el nombre».
Lange cree que la maldición de Noé debe «ser sólo explicada sobre la base de que, en el espíritu profético, se adentró en el futuro, y que la visión tuvo como punto de partida el entonces estado natural de Canaán».
Aben Ezra, Rashi, los Talmudistas, Scaliger, y otros, con Tayler Lewis, sostienen que Canaán vio a Noé en su condición de desnudez y que cometió un cruel ultraje, o algún acto contra natura en la persona del patriarca dormido, y que esta vil indignidad fue la que atrajo la severa condena pronunciada sobre el ofensor.
Sin embargo, esta sugestión no se puede basar en el lenguaje del relato. La frase «vió la desnudez de su padre» aquí significa evidentemente este mero hecho, sin más connotaciones, por cuanto acto seguido el relato prosigue: «Sem y Jafet tomaron la ropa, y … cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre». Es evidente que aquí las palabras no pueden tomarse más allá de su significado natural.
¿Por qué fue entonces Canaán objeto de la maldición de Noé, y no su padre, Cam? Custance, en su obra Noah’s Three Sons (págs, 144–150) ofrece una clara explicación de la razón y de la naturaleza de la maldición. En diversos pasajes de la Biblia vemos que el honor de un hijo recae sobre el padre, y la deshonra del hijo asimismo recae sobre el padre (p.e., 1 S. 17:50–58; 1 R. 11:9–12). La maldición de Noé sobre Cam hubiera deshonrado al mismo Noé; en cambio, al maldecir a Canaán, la deshonra recaía sobre Cam. Ello no milita en contra de las anteriores observaciones de Bush, Keil y Lange, sino que más bien añade luz a la cuestión. Por otra parte, Custance hace la pertinente observación que en el gobierno de Dios, esta maldición sobre Canaán, «siervo de siervos», no tiene por qué ser leída en un aspecto negativo, sino que en hebreo puede ser leída como «siervo por excelencia», siendo que la duplicación de palabras en hebreo en este sentido se emplea siempre en este sentido; el superlativo negativo demanda otra estructura lingüística, no hallada aquí. Custance pasa a sugerir, y a documentar en un extenso artículo, que el significado histórico de esta maldición es que los descendientes de Canaán desarrollaron un gran servicio en el desarrollo de las artes y las ciencias, que en último término no fueron para beneficio de ellos sino de los descendientes de Sem y Jafet.
Es de notar que así como la maldición recae sobre Canaán para deshonra de Cam, asimismo la bendición recae sobre Sem y Jafet, para honra de Noé.
En todo caso, Canaán recibió maldición en su aspecto profético, y su castigo fue por su propio pecado. Se debe recordar que los descendientes de Caaán no recibieron castigo de Dios hasta que fue colmada la medida de su iniquidad (Gn. 15:16, 18–21; cp. 10:15–19).
En cuanto a Éx. 20:5, podemos decir que Jehová «visita» la maldad de los padres sobre sus hijos en tanto que permite que estos sufran las consecuencias de los pecados de aquellos. El ha establecido tales leyes de la materia y de la mente que los pecados de los padres tienen como resultado dolencias físicas y mentales y el sufrimiento de la descendencia de ellos. El borracho lega a sus hijos pobreza, vergüenza, miseria, mala salud, y no en pocas ocasiones una ardiente sed por las bebidas embriagantes. El libertino frecuentemente transmite a su impotente descendencia sus depravados apetitos y repugnantes enfermedades. Y esta transmisión o «visitación» de mal tiene lugar en conformidad a las inflexibles leyes del universo. Es evidente que la «injusticia» es no menos atribuible al Autor de «las leyes de la naturaleza» que al Autor de la Biblia.
Incluso si el texto citado comunica no sólo la idea de sufrimiento, sino también de castigo, sin embargo, el lenguaje «hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen» hace referencia a hijos culpables como sus padres. Hengstenberg: «La amenaza va contra aquellos hijos que caminan en las pisadas de sus padres». Es evidente que aquí se hace referencia a aquellos hijos que imitan y adoptan los hábitos y prácticas pecaminosas de sus padres; por ello, al ser moralmente, lo mismo que físicamente, los representantes y herederos de sus padres, pueden ser, en cierto sentido, castigados por los pecados de sus padres. Bush: «Las muestras del desagrado de Dios debían fluir por la línea de aquellos que siguieran siendo aborrecedores de Dios».
Con respecto al caso de los hijos e hijas de Acán, el canónigo Browne dice: «La cruenta severidad de las naciones orientales, de la que no estaban en absoluto libres los judíos, ha involucrado en todas las edades a los hijos en el castigo de los padres.» Muchos, sin embargo, creen que los hijos e hijas de Acán fueron llevados al valle para que fueran espectadores del castigo aplicado al padre, para que les sirviera de advertencia. Otros explican la ejecución de la familia entera sobre la base de la soberanía de Dios, y su consiguiente derecho de enviar la muerte en cualquier momento y en cualquier forma que él quiera.
Keil y otros sostienen que los hijos e hijas de Acán fueron cómplices en su crimen. «Las cosas mismas habían sido robadas del botín por Acán a solas; pero las había ocultado en su tienda, las había enterrado en la tierra, lo que difícilmente hubiera podido hacer tan en secreto que sus hijos e hijas no supieran nada acerca de ello. Al hacerlo así hizo de su familia participantes en su robo; por ello mismo cayeron bajo la maldición junto con él, junto con su tienda, su ganado y el resto de su propiedad, todo lo cual quedó involucrado en las consecuencias de su crimen».
Edersheim añade: «La mayor parte de los comentaristas leen Jos. 7:24, 25 como implicando que los hijos e hijas de Acán fueron apedreados con él, suponiendo que su familia no hubiera podido estar en ignorancia del pecado de su padre. De esto último, empero, no hay indicación en el texto. Se señalará también que en el versículo 25 se emplea el número singular (comparar la V.M): «Todo Israel le apedreó» «Y levantaron sobre él un gran montón de piedras». En tal caso, el número plural que sigue, «y los quemaron», etc. se referiría sólo a los bueyes, asnos, ovejas, y todas las pertenencias de Acán.»
John Rea razona: «Acán, al robar objetos bajo anatema se puso a sí mismo en la posición de anatema, esto es, bajo sentencia de destrucción. Cualquiera que toque b걥m viene a ser b걥m y por ello mismo dedicado a muerte (cp. 1 Re. 20:42). Toda la casa de Acán, incluyendo sus hijos e hijas, fueron maldecidos con él (cp. Dt. 13:12–17). Viviendo bajo la misma tienda, no podían sino ser sus cómplices …». La estructura de los versículos 25 y 26 se puede entender bien en el sentido de que en primer lugar se pone énfasis en la lapidación de Acán, y sólo después se dirige la atención a la de todos los suyos junto con su destrucción total por fuego.
El «proverbio», Ez. 18:2, implicaba que el sufrimiento de los judíos, en aquella época del exilio babilónico, no se debía en absoluto a los propios pecados de ellos, sino que era exclusivamente consecuencia de los pecados de sus antecesores: una falsa y peligrosa idea, que recibe la justa reprensión de parte de Dios.
Da muerte a los justos con los malvados

Preserva a los justos

Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume (Job. 9:22).
Dirás a la tierra de Israel: Así dice Jehová: He aquí que yo estoy contra ti, y sacaré mi espada de su vaina, y cortaré de ti al justo y al impío. Y por cuanto he de cortar de ti al justo y al impío, por tanto, mi espada saldrá de su vaina contra toda carne, desde el sur hasta el norte (Ez. 11:2, 3).

Que camine en mis ordenanzas, y guarde mis decretos para obrar rectamente, éste es justo; de seguro vivirá, dice el Señor Jehová… Puesto que el hijo ha obrado según el derecho y la justicia, y ha guardado todos mis estatutos y los ha cumplido, de cierto vivirá (Ez. 18:9, 19).
Y cuando el impío se aparte de su impiedad y practique el derecho y la justicia, vivirá por ello (Éx. 33:19).
Mas el justo vivirá por la fe (He. 10:38).


Los primeros textos no enseñan que Dios, sin fijarse en el carácter, corte juntos al justo y al injusto. Las dos clases pueden asemejarse en las circunstancias externas de su muerte; pero son totalmente desemejantes en cuanto a su destino. Los justos son, en la muerte y por la muerte, «librados del mal que ha de venir» (cp. Is. 57:1). Puede ser la mayor de las posibles bendiciones, y la más grande señal del favor divino, que un hombre piadoso sea quitado, repentina y permanentemente, de los dolores y males que se avecinan sobre la tierra a la gloria inefable y reposo del cielo. La segunda serie de textos se refieren a vida espiritual, y no terrena. Por cuanto las dos series de pasajes contemplan cosas totalmente diferentes, no chocan entre sí.


Los Atributos de Dios - Dr. Evis L. Carballosa



miércoles, 2 de julio de 2014

Israel: Trasfondo Histórico

La historia de Israel no tuvo lugar en un vacío. El mundo por el que anduvieron los patriarcas era un mundo antiguo, lleno de ambiciones y de conflictos, de las maravillas del arte y de los horrores de la vejación humana. Era un mundo en el que algunas de las más grandes civilizaciones de la historia ya habían florecido y habían desaparecido sin dejar huella.
Olvidadas bajo el polvo de los siglos, muchas de las más extraordinarias concepciones de la mente humana quedaron sepultadas en el silencio del pasado hasta que la arqueología moderna las descubrió y las trajo a la luz en el mundo contemporáneo. Hoy esos antecedentes históricos iluminan la historia de Israel y nos aclaran muchos conceptos e imágenes de la Biblia.

Porque está donde se encuentran las rutas que unen a los continentes de Asia, Africa y Europa, la Palestina fue escenario de la presencia humana desde los albores mismos de la humanidad. Son muchos los sitios arqueológicos que atestiguan su actividad en esta región, comenzando con el Período Paleolítico o la «Antigua Edad de Piedra». Con el lento devenir de los siglos avanzó el conocimiento y la creatividad humana hasta que, al llegar al Período Neolítico Pre-cerámico, la primera parte de la «Nueva Edad de Piedra», nos encontramos con la ciudad más antigua que se conoce en todo el mundo, Jericó. Pero es con el arribo de la Edad de Bronce que dio comienzo a la historia.

Las tradiciones patriarcales de Israel sitúan el comienzo de la migración de Abrahán en la ciudad de Ur, en el sur de Mesopotamia, al extremo este del Creciente Fértil. Fue precisamente en esta región, llamada Sumer, donde comenzó la historia humana. Lo que distingue a la historia de la prehistoria es la presencia de materiales escritos, y fueron los sumerios quienes inventaron la escritura hace unos 5000 años. A la civilización sumeria, que comenzó a florecer ca. 3500 a.C., debemos así mismo las primeras bibliotecas, los primeros catálogos de libros, los primeros mapas y el sistema sexagesimal mediante el cual hoy todavía contamos 60 minutos en cada hora y 60 segundos en cada minuto, así como nuestra división del círculo en 360 grados. Poco después, bajo la influencia de Sumer, Egipto comenzó el desarrollo de su extraordinaria civilización. La región de Siria-Palestina, situada entre esos dos grandes polos de la antigüedad no pudo menos que recibir el impacto de ellos, destacándose sobre todo los grandes centros urbanos de Ugarit y Ebla.

La primera conquista del Creciente Fértil por invasores «semitas», como se llama a los pueblos oriundos del Desierto de Arabia, fue la de los acadios. Bajo el liderazgo de Sargón de Acad, estos conquistaron a los sumerios ca. 2360 a.C. y establecieron el primer imperio de la historia que se extendía desde el Golfo Pérsico por toda Mesopotamia hasta remontarse en la Península de Anatolia. Aún cuando el Imperio Acadio duró poco tiempo, pues fue destruído por la invasión de los «guteos» ca. 2200 a.C., su impacto cultural duró muchos siglos puesto que su lengua fue el idioma que hablaron tanto los asirios como los babilonios de los tiempos bíblicos.
Los guteos vinieron de los Montes Zagros, al norte de Mesopotamia.

 La destrucción causada por los guteos facilitó un resurgimiento sumerio bajo la 3a dinastía de Ur (ca. 2060–1950 a.C.), que duró hasta el advenimiento de los «amoritas» o «amorreos». La gran civilización sumeria, que había hecho tan grandes contribuciones a la cultura universal, y que floreció por unos 1500 años, ya era cosa olvidada cuando Abrahán emprendió su viaje rumbo a Canaán.

Egipto, mientras tanto, había seguido un proceso paralelo. Una vez unificados los reinos pre-dinásticos del Alto y Bajo Egipto bajo el dominio de la 1ra. dinastía (ca. 3000 a.C.), el país comenzó su extraordinario desarrollo cultural. Si bien en un principio lo hizo bajo la influencia de Mesopotamia, ya para la 3ra. dinastía (ca. 2600 a.C.) comenzó a desarrollar sus formas tipicamente egipcias que habrían de perdurar por miles de años. Este período, conocido como el Reino Antiguo, fue la era de las pirámides. La primera de ellas fue la pirámide escalonada del rey Zóser, de la 3ra. dinastía. De las muchas que le siguieron se destacan principalmente las Grandes Pirámides de Guiza, de los reyes de la 4ta. dinatía Jeops, Jefren y Mikerinos. Pero las más importantes, a pesar de ser mucho más pequeñas y no tan bien construídas, son las de las dinastías 5ta. y 6ta., pues es en ellas donde se encuentran los «textos de las pirámides», los textos religiosos más antiguos que nos ofrece Egipto.

Hacia fines de la 6ta. dinastía (ca. 2200 a.C.), al tiempo que los gutios ponían fin al Imperio de Acad, Egipto cayó en un período de crísis y depresión que llamamos el Primer Período Intermedio. La centralización del gobierno y la administración faraónica se desintegraron como resultado de las luchas entre faraones rivales aspirantes al trono de Egipto. Los gobernadores provinciales se tornaron en reyezuelos independientes. Dada la falta de gobierno central el sistema de irrigación dejó de funcionar debidamente lo que resultó en hambre y colapso económico. Fue entonces que, debido a la falta de protección de la frontera, pueblos seminómadas asiáticos se adentraron en la región del Delta. La literatura egipcia del período revela el pesimismo y desconcierto que prevalecía en el país. Muchos creían que las glorias de Egipto eran ya cosa del pasado que nunca más habrían de verse.

Por fin la 11va. dinastía (2040–1991 a.C.), oriunda de Tebas, comenzó la restauración que fue llevada a su culminación por la 12va. dinastía (1991–1786 a.C.). Este período, el Reino Medio, fue el tiempo de mayor prosperidad y estabilidad en la historia de Egipto. La capital se trasladó a Menfis, se puso fin al feudalismo de los reyezuelos provinciales, y se consolidó el poder central del faraón y la burocracia administrativa de la corona. Pero no se regresó al absolutismo del Reino Antiguo. Esto se evidencia en que los «textos de las pirámides», que originalmente habían servido para asegurar la vida eterna del faraón, ahora reaparecen, modificados y aumentados, en la forma conocida como «textos de los féretros» en los sarcófagos de los nobles. La vida más allá de la muerte ya no era propiedad exclusiva del faraón. Esta época es la Edad de Oro de la literatura egipcia, mientras que, al mismo tiempo, florecen la medicina y las matemáticas. Durante este período Siria y Palestina se encontraron, si no bajo el dominio directo de Egipto, bajo una influencia constante y un control esporádico.

A partir de la 13va. dinastía comenzó un nuevo declinar en Egipto que resultó eventualmente en el establecimiento de otra autoridad rival, la 14va. dinastía, radicada en el oeste del Delta.

A fines del tercer milenio comenzó a infiltrar a Mesopotamia un nuevo grupo de semitas venidos del Desierto de Arabia. Los habitantes de las tierras de Sumer y Acad les llamaron amurru, que en acadio significa «occidentales», de cuyo término se derivan los vocablos sinónimos «amorreos» y «amoritas». Al principio llegaron pacíficamente, pero eventualmente fueron apoderándose de las ciudades de la región, estableciéndose como reinos independientes por toda la región. El séptimo rey de la primera dinastía amorrea de Babilonia fue Hammurabi (1728–1686 a.C.), quien conquistó a sus vecinos y forjó un imperio que se extendió a lo largo de los valles del Éufrates y del Tigris entre los Monte Zagros y el Desierto de Arabia. Por el sur llegaba al Golfo Pérsico mientras que por el Norte llegaba hasta Nínive, a orillas del Tigris, y hasta Mari, en las riberas del Éufrates. Bajo Hammurabi la pequeña ciudad de Babilonia se transformó en el centro de un imperio. Su dios Marduc fue elevado a la categoría de «rey de los dioses», y el ziggurat o torre sagrada que servía de contacto entre cielo y tierra, Etemenanki, era la maravilla arquitectónica de su tiempo. La literatura floreció abundantemente con la producción del poema épico de la creación, Enuma Elish, y muchas otras obras de gran importancia. La obra cumbre de Hammurabi, sin embargo, fue la codificación de las antiguas leyes semitas que se remontaban a siglos atrás, fijándolas como la norma para la administración de justicia en su imperio. Este Antiguo Imperio Babilónico vió su fin cuando el rey hitita, Mursilis, lanzó una campaña desde su capital, situada en el centro de Anatolia, y descendió rápidamente a lo largo del Éufrates destruyendo a la ciudad de Babilonia en 1530 a.C.

Es en el contexto de este marco histórico, conocido en la arqueología como el Bronce Medio, en que se sitúan las migraciones de los patriarcas de Israel.


Tanto Egipto como Mesopotamia están en un período del declinar de sus pasadas glorias. Numerosos pueblos se mueven a lo largo del Creciente Fértil. Algunas de las grandes civilizaciones de la historia son cosa del pasado, pero su impacto social, económico, político y cultural está destinado a influir en la historia de Israel. Fue en este mundo, ya viejo y cargado de historia, donde, según las tradiciones de Israel, Abraham emprendió su marcha que le llevaría a la Tierra Prometida.


martes, 1 de julio de 2014

Israel: Trasfondo Geográfico

La Biblia nos llega enmarcada por la situación histórica de su tiempo y, aunque no hay que conocer esa historia para captar lo esencial de su mensaje, lo cierto es que mientras mejor la conocemos, mejor entendemos lo que la Biblia nos dice. La historia, por su parte, es un drama actuado sobre el escenario de la geografía. Por eso es que en las biblias se incluyen mapas que nos ayudan a entender mejor lo que dice la Palabra Sagrada. Y es por ello que, antes de adentrarnos a explorar la historia del pueblo del Antiguo Testamento, tenemos que hacer un esbozo de la geografía de la región en la que ocurrieron los grandes hechos que narran las Escrituras.

La región que nos interesa se conoce por distintos nombres: la Tierra Santa, la Tierra Prometida, Canaán, Israel, la Palestina y otros más.

En este Bosquejo usaremos «Palestina» cuando deseamos referirnos a los elementos geográficos de la comarca, y usaremos otros nombres cuando las condiciones históricas así lo demanden. En cierta forma esto resulta paradójico porque lo que estamos interesados es en la historia de Israel, pero la palabra Palestina se deriva de Filistia, y los filisteos eran enemigos acérrimos de los israelitas.

Esta tierra donde se asentó la nación de Israel y donde vivió la mayor parte de su historia, está situada entre dos regiones de gran importancia en aquellos tiempos: al norte el «Creciente Fértil», y al sur el «Valle del Nilo».

La Palestina se encuentra en el extremo suroeste del «Creciente Fértil», región ésta que se extiende a lo largo de la costa oriental del Mar Mediterráneo hasta que llegando a Siria se ensancha y se adentra hacia el este, para seguir el valle aluvial de los ríos Tigris y Éufrates hasta que estos desembocan en el Golfo Pérsico. Rodeado por afuera por el Mar Mediterráneo, los Montes Tauros, las montañas de Armenia y los Montes Zagros, el Creciente Fértil tiene en su centro la región norte del Desierto de Arabia. Esta configuración, que se semeja al creciente de la luna, y el contraste de sus fértiles tierras con las arenas del desierto por una parte, y por la otra con las desoladas y agrestes sierras que le rodean, inspiraron al historiador James Breasted a llamar a la región «El Creciente Fértil».

Más allá de la Palestina, ya fuera del Creciente Fértil, está el «Valle del Nilo». Cruzando la Península de Sinaí junto a la costa del Mediterráneo, se llega al Delta del Nilo, el llamado Bajo Egipto, y siguiendo río arriba, desde el Delta hasta la Segunda Catarata, yace el Alto Nilo. La distancia desde el extremo norte del Creciente Fértil, hasta el extremo sur de Egipto, en la Segunda Catarata del Nilo, es de unos 1700 kms. o algo más de 1000 millas, mientras que desde el extremo oeste del Delta hasta el extremo este del Creciente Fértil hay 1600 kms. o unas 960 millas. Esta región, y las tierras en su periferia, fueron el escenario donde tuvo lugar el drama bíblico.

La Palestina, por su parte, es apenas un pequeño fragmento del Creciente Fértil, pero en esa estrecha faja de tierra encontramos una extraordinaria diversidad en cuatro zonas geográficas que corren paralelas a la costa del Mediterráneo orientadas de norte a sur: la «Llanura Costera», la «Sierra Central», la «Gran Falla del Jordán», y la «Meseta de Transjordania».

Los límites tradicionales de la Tierra Santa, de norte a sur, van «desde Dan hasta Beerseba», unos 250 kms. o 150 millas. A la altura de Acco la distancia desde el Mediterráneo hasta el Mar de Galilea es apenas 45 kms. o 27 millas, mientras que a la altura de Gaza la distancia desde el Mediterráneo hasta el Mar Muerto es solamente unos 75 kms. o 45 millas.

Moviéndonos del oeste al este, y examinándolas de norte a sur, tenemos primeramente la «Llanura Costera». En su extremo norte está Fenicia, región abierta al mar que goza de abundantes puertos, y al sur del Carmelo reaparece la zona Costera en la estrecha Llanura de Sarón que poco a poco se ensancha más y más hasta formar la región de Filistia. En los tiempos del Antiguo Testamento no había puertos al sur del Carmelo que merecieran mención. El gran puerto de la Llanura de Sarón, Cesarea Marítima, no fue construído hasta tiempos de Herodes el Grande (22 a.C), y Jope, que había sido puerto de gran importancia en el Siglo XIII a.C., no volvió a florecer hasta que fue reconstruído por el mismo Herodes. Aparte de Jope había apenas algunas pequeñas ensenadas que servían para dar albergue a embarcaciones pequeñas.

La segunda zona es la llamada «Sierra Central», cuyas colinas, de unos 600 a 1000 m (2000 a 3300 pies) de altura, formaron el corazón de Israel. Al extremo norte está Galilea, separada de Samaria por el Valle de Jezreel, a unos 50 m (165 pies) sobre el nivel del mar. Entre el macizo central de Samaria y la región de Judea no hay frontera ni división natural, pero al sur los montes se tornan más agrestes y elevados. Al sur de Judá disminuye la elevación hasta que se convierte en las colinas del Negev para dar paso a la Península de Sinaí. Entre las serranías de Judá y la región de Filistia hay una región de transición de colinas de piemonte que se conoce como la Sepela.

La tercera zona es la «Gran Falla del Jordán». Esta comienza en los valles de donde surgen los primeros tributarios del Jordán. Estos valles separan a los Montes del Líbano de los del Anti-Líbano, con la cima de su punto culminante, el Monte Hermón a 2814 m. (9232 pies) de altura, perennemente cubierto de nieve. Estos tributarios descienden rápidamente hasta detenerse por un momento en el Lago de Hule, conocido en tiempos del Nuevo Testamento como el Lago Semeconitis. El lago ya no existe, puesto que ha sido desecado por el Estado de Israel para dedicarlo a la agricultura, pero en tiempos bíblicos quedaba a 68 m. (223 pies) sobre el nivel del Mar Mediterráneo y era sumamente pequeño, de apenas 5 kms. (3 millas) de ancho. Por su extremo sur sus aguas se desbordaban dando nacimiento al Río Jordán cuyas aguas descendían rápidamente cayendo 280 m. (919 pies) en 18 km. (11 millas) de distancia hasta detenerse en el Mar de Genesaret, conocido en el Nuevo Testamento como el Mar de Galilea o el Lago Tiberíades; de ahí el nombre del río, Jordán, que significa «el que desciende». El Mar de Genesaret se encuentra a 212 m. (695 pies) bajo el nivel del mar. De ahí el río sigue rumbo al sur recorriendo una distancia en línea recta, entre el Mar de Genesaret y el Mar Muerto, de 105 km (65 millas), pero ésta se convierte en una distancia total de 320 km (199 millas) debido a los numerosos meandros que lo prolongan. Al principio de su recorrido el valle del Jordán es una región fértil, pero a lo largo de su descenso el Jordán se torna en un río que corre por un desierto, cada vez más árido y desolado según se acerca a su desembocadura. Sus riberas están cubiertas de abrojos y pequeña vegetación que ofrece un marcado contraste con la región desértica por la que corre. Solamente el Oasis de Jericó ofrece un ambiente salubre y agradable al aproximarse al Mar Muerto.

El nombre Mar Muerto no se menciona en ningún pasaje bíblico pues se usó por vez primera en el Siglo II de nuestra era. En el Antiguo Testamento se le llama «Mar del Arabah», «Mar Oriental» o «Mar Salado», mientras que los autores clásicos le llamaron «Lago de Asfalto». Sus dimensiones, apenas 76 km (47 millas) de largo por 17 km (11 millas) de ancho a duras penas le merecen el título de «mar». Pero lo que sí le distingue es el encontrarse a 392 m (1285 pies) por debajo del nivel del Mar Mediterráneo. Está dividido por una península hacia el sur de su costa oriental. Al norte de ella el mar llega a una profundidad máxima de 396 m (1300 pies), mientras que en la parte sur tiene una profundidad máxima de unos 10 m (33 pies). Hacia el sur del Mar Muerto la Gran Falla del Jordán continúa por la región del Arabah hasta adentrarse por el Golfo de Aqaba y seguir por todo el Mar Rojo hasta Africa donde forma los lagos de donde nace el Nilo.

La cuarta y última zona es la «Meseta de Transjordania», la región al este del Jordán. Este es un enorme altiplano que se eleva de 643 a 1286 m (2109 a 4218 pies) sobre el nivel del mar, y que está cortado por una serie de ríos cuyas cañadas se vuelven más y más profundas según nos movemos de norte a sur. Las aguas de estos ríos buscan el nivel de las aguas del Jordán y del Mar Muerto, y forman por lo tanto, barreras naturales entre diversas secciones de la meseta. Al norte del Río Yarmuc está la región de Basán, comarca de tierra fértil y centro de cría de ganado vacuno en tiempos bíblicos. Al sur está Gilead, que en la antigüedad contaba con extensos bosques y abundantes pastos. En medio de Gilead estaba el Río Jaboc, y al este, hacia las fuentes del Jaboc estaba el territorio de Amón. El Río Arnón, que desemboca en el Mar Muerto, marcaba la frontera norte de Moab mientras que el Río Zered, al sur, era su límite con Edom. Esta enorme meseta de Trasjordania desciende abruptamente hacia el Jordán, pero por su lado oriental desciende paulatinamente para desaparecer en el Desierto de Arabia.

Tres rutas fueron las principales vías de comunicación por estas tierras:el «Camino del Mar», el «Camino Real», y el «Camino de la Sierra».

La primera en importancia es la que los romanos llamaron «via maris», o «Camino del Mar». Esta partía de Egipto y seguía la costa del Mediterráneo por toda Filistia hasta que al llegar a la Llanura de Sarón se encaminaba tierra adentro en busca del Paso de Meguido para cruzar por allí la espuela de la Sierra Central que forma el Monte Carmelo. Al norte del Paso de Meguido dobla hacia el este siguiendo el Valle de Jezreel y se encamina al norte por el Valle del Jordán, cruzando al oeste del Mar de Genesaret hasta que poco antes de llegar al Lago de Hule cruza la región de Basán para llegar a Damasco.

La segunda ruta es la que se conocía como el «Camino Real». Esta comenzaba en el extremo norte del Golfo de Aqaba y, remontándose a la Meseta de Transjordania, seguía por el altiplano cruzando por los territorios de Edom, Moab y Ammón para venir a dar también a Damasco.

La tercera y última era el «Camino de la Sierra», la de más difícil acceso, la más tortuosa y abrupta, pero para los israelitas era la más importante. Esta seguía la cresta de los montes de la Sierra Central y servía para comunicar entre sí las ciudades principales de todo Israel: Beerseba, Hebrón, Jerusalén, Bet-el, Siquem y Dotán, hasta descender al Valle de Jezreel.


Por estas rutas anduvieron los patriarcas, los ejércitos invasores, las caravanas venidas de lejanas regiones, profetas, reyes y conquistadores. Y en todo ese transcurrir de la historia la geografía del lugar fue dejando el sello característico de su presencia.


domingo, 29 de junio de 2014

Relaciones que «afilan»

El hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre.
Proverbios 27.17 (NVI)
El hierro era un metal de relativamente bajo valor en los tiempos bíblicos, pero de gran utilidad en la vida cotidiana. Del hierro se fabricaban cuchillos, espadas, arados, clavos y otros elementos para las diferentes actividades de la vida diaria. El hierro, sin embargo, debía ser trabajado cuidadosamente para adquirir el filo y la forma que lo convertía en una herramienta útil en las manos del hombre. Este trabajo se realizaba mayormente mediante un proceso en el cual un pedazo de hierro era limado con otro.

El autor de Proverbios utiliza la imagen de este trabajo para hablar del proceso que ayuda a un hombre a adquirir el «filo» necesario para ser contundente y eficaz en las cosas que hace. Debemos notar, primeramente, que la analogía de Proverbios descarta la posibilidad de la formación aislada, por el mismo esfuerzo del individuo. A pesar de esto, muchas personas están empecinadas en limitar el esfuerzo por crecer y madurar en la vida, a sus propios proyectos individuales. Vivimos rodeados de multitudes pero nuestra existencia es solitaria, evitando un contacto significativo con otros.

Sin ese contacto no es posible adquirir esa forma y ese filo que convierten nuestras vidas en herramientas útiles en las manos del Señor. Al igual que en el trabajo de afilar hierro con hierro, el contacto con otros debe ser deliberado, sostenido y esforzado. No son los encuentros fugaces y ocasionales los que producirán oportunidades de crecimiento. Es necesario que los encuentros no solamente tengan continuidad, sino que también no sea librado al azar el cultivo de este tipo de relaciones. Como sabemos, es posible que nos encontremos con otros y pasemos un largo tiempo conversando sin que necesariamente se hable de asuntos que conduzcan a un intercambio de vida. Para que ocurra esto es necesario que, en acuerdo común con la otra persona, estemos dispuestos a conducir nuestra relación por caminos que normalmente no escogeríamos. Dejemos espacio para preguntas que invitan al otro a abrirse, o para hacer comentarios que obligan a examinar actitudes o comportamientos en la vida de uno mismo. También permitamos incorporar a nuestra relación, dentro de un marco de amor y compromiso, la exhortación, la corrección, la reprensión, la instrucción y la enseñanza. Todos estos elementos ayudarán a que nuestro encuentro con los demás no deje como resultado simplemente haber pasado un buen momento juntos.

Para los que ocupan un lugar de responsabilidad dentro de la iglesia esto es especialmente importante. El ministerio tiende a aislarnos. Debemos, por lo tanto, cultivar con algunas personas clave una relación de intimidad que permita este tipo de intercambio. Personas con las cuales nos sintamos invitados y desafiados a seguir estirándonos para alcanzar nuestro máximo potencial en Cristo.
Para pensar:

¿Puede pensar en dos o tres personas con las cuales comparte este tipo de relación? ¿Qué elementos ayudan a que la relación sea tal que se «afilen» mutuamente? ¿Qué cosas puede introducir en la relación para crecer más en este aspecto?