sábado, 12 de julio de 2014

La oración

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias,
sin ira ni contienda.”
1 Timoteo 2:8

“Y propúsoles también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar.” 
Lucas 18:1
La oración es el asunto más importante para vivir la vida cristiana. Otras cosas son muy importantes; la lectura de la Biblia, guardar el día del Señor, asistir a la Iglesia, escuchar la predicación y participar de la cena del Señor. Pero ninguna de estas cosas es tan importante como la oración secreta. Ahora voy a dar siete razones que confirman esto, y le pido que las considere cuidadosamente.
1. La oración es absolutamente necesaria
La oración es absolutamente necesaria para nuestra salvación. Ninguno que profesa ser creyente puede ser salvo sin orar. Yo sostengo tan fuertemente como cualquier otro, que la salvación es un don gratuito de Dios. Podría hablar al pecador más grande que jamás ha vivido, aún si estuviera viejo y muriéndose, y le diría “cree en el Señor Jesucristo, aún ahora, y serás salvo”. Pero no puedo encontrar que la Biblia enseñe que alguien puede ser salvo sin pedirlo. Aunque nadie será salvo por el mérito de sus oraciones, nadie será salvo sin la oración.
No es absolutamente necesario para la salvación que uno lea la Biblia. Puede ser que uno no haya aprendido a leer o que nació ciego, y sin embargo puede tener a Cristo. Un hombre sordo, o alguien que vive en donde el evangelio no es predicado, puede ser salvo sin escuchar la predicación pública del evangelio. Pero nadie puede ser salvo sin la oración.
Hay ciertas cosas que uno tiene que hacer por sí mismo. Cada uno tiene que atender a las necesidades de su propio cuerpo y su propia mente. Nadie puede comer, beber, o dormir en nuestro lugar. Y si usted tiene que aprender algo, nadie lo puede aprender en su lugar. Y es lo mismo en cuanto a sus necesidades espirituales. Nadie puede arrepentirse en su lugar. Nadie puede venir a Cristo en lugar suyo. Y nadie puede orar en lugar de usted. Usted mismo tiene que orar.
Llegamos a conocer a otras personas en este mundo hablando con ellas. Si no hablamos con ellas no les podemos conocer realmente. En forma semejante, no podemos conocer a Dios sin orar a El, y si no le conocemos, ciertamente no podremos ser salvos por El.
Algún día, el cielo será lleno con una “gran multitud la cual nadie podía contar.” (Apo. 7:9) Pero todas estas personas cantarán a una misma voz. Su experiencia habrá sido la misma. Cada uno habrá creído en Cristo. Cada uno habrá sido lavado en su sangre. Cada uno habrá nacido de nuevo. Y cada uno habrá orado. A menos que oremos en la tierra, nunca podremos llegar a alabar en el cielo.
En pocas palabras entonces, no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin el cielo. Es estar en el camino hacia el infierno.
2. La oración es una de las marcas más fuertes de un cristiano
El hábito de la oración es una de las evidencias más claras de que uno es un verdadero cristiano. Hay un aspecto en el cual todos los hijos de Dios son iguales; todos ellos oran. La primera señal de vida en un infante recién nacido es que respira. En la misma manera, como es parte de la naturaleza de un niño llorar, también es parte de la naturaleza del creyente orar. El creyente ve su necesidad de misericordia y gracia, siente su incapacidad y su debilidad, por lo tanto siente que tiene que orar. No puedo encontrar en la Biblia ningún ejemplo de un hijo de Dios que no orara. Es una característica del pueblo de Dios que “invocan al Padre”. (1 Pe. 1:17) Y ellos “invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (1 Cor. 1:2) Y al mismo tiempo es una característica de los impíos, que “a Jehová no invocan”. (Sal. 14:4)
He leído las biografías de muchos creyentes destacados que han vivido desde que la Biblia fue escrita. Ellos han diferido en muchas cosas, pero han tenido una cosa en común: Han sido personas de oración.
Conozco perfectamente bien que un hombre puede orar sin sinceridad. El mero hecho de que una persona ore, no prueba nada acerca de su estado espiritual, porque simplemente pudiera ser un hipócrita. Pero esto lo puedo decir con certidumbre: No orar, es una prueba clara de que una persona no es un creyente verdadero. Es obvio que no siente realmente sus pecados, ni ama a Dios, ni siente una deuda de gratitud hacia Cristo, ni anhela ser santo. No importa cuanto pudiera hablar acerca de su religiosidad, no puede ser un creyente verdadero si no ora.
Déjeme decir también que el hábito de la oración secreta y sincera, es una de las mejores evidencias de que el Espíritu Santo ha obrado realmente en la vida de una persona. Un hombre puede predicar o escribir libros o hacer muchas otras cosas, todo impulsado por motivos erróneos; pero casi nunca se apartará para derramar su alma ante Dios en lo secreto, a menos que sea sincero. Dios mismo nos ha enseñado que ésta es la mejor prueba de una conversión real, porque cuando dijo a Ananías que buscara a Saulo en Damasco, la única evidencia que mencionó del gran cambio de corazón que Saulo había experimentado, fue ésta: “He aquí, él ora”. (Hech. 9:11)
Yo sé, por supuesto, que muchas personas vienen a la fe lentamente. Pueden pasar por muchas convicciones, deseos, sentimientos, resoluciones, esperanzas y temores. Pero todas estas cosas pueden terminar en nada. Una oración sincera de corazón que fluye de un corazón quebrantado y de un espíritu arrepentido, vale más que todas las cosas juntas mencionadas con anterioridad. El primer acto cuando tenemos la fe verdadera, es que hablaremos con Dios. La oración es a la fe, lo que la respiración es a la vida. Tal como no podemos vivir sin la respiración, tampoco podemos creer en Cristo sin la oración.
3. La oración es el deber cristiano más descuidado
Ningún deber cristiano es descuidado tanto como la oración secreta. Antes yo creía que la mayoría de las personas que se llaman cristianas oraban, pero ahora he llegado a una convicción distinta. Creo que la gran mayoría de los que dicen ser cristianos nunca oran del todo. La oración es un asunto estrictamente personal entre Dios y nosotros, el cual nadie más observa y por lo tanto, existe una gran tentación a descuidarla.
Creo que muchos nunca dicen ni una sola palabra en oración. Ellos comen y beben, se duermen y se despiertan, viven en la tierra de Dios y disfrutan de sus misericordias. Tienen cuerpos y tienen que morir, y tienen el juicio y la eternidad por delante. No obstante, nunca hablan con Dios. Viven como si fueran animales en vez de hombres que poseen almas eternas.
También creo que para muchos otros, la oración no es más que la pronunciación de unas cuantas palabras de memoria. Algunos usan una fórmula de palabras, sin un deseo sincero por las cosas que están orando. Aún cuando la fórmula sea buena (como por ejemplo el Padre nuestro), muchos lo repiten rápidamente sin ni siquiera pensar acerca de lo que están diciendo. Podemos estar seguros de que Dios no considera esto como la oración, aunque los hombres lo hagan. La oración incluye mucho más que las meras palabras pronunciadas con nuestros labios. Incluye nuestros corazones o no es la oración verdadera. Sin duda Saulo de Tarso, había hecho muchas largas oraciones antes de conocer al Señor en el camino a Damasco. Pero fue solamente cuando su corazón había sido quebrantado, que nuestro Señor dijo: “He aquí, él ora”.
Si a usted le sorprende todo esto, considere los siguientes hechos:
La oración no es algo natural. El deseo natural de nuestros corazones es alejarse de Dios. Por naturaleza no amamos a Dios, sino que le tememos. Por naturaleza no tenemos una convicción de pecado, ni tampoco sentimos nuestras necesidades espirituales, ni tenemos fe en las cosas que no podemos ver. Por naturaleza no deseamos ser santos. Por estas razones, los hombres no oran naturalmente.
La oración no es popular. Todo tipo de actividades mundanas son populares entre los hombres, pero la oración no es popular. Muchos harían cualquier cosa, menos admitir públicamente que tienen el hábito de orar. A la luz de estos hechos, creo que muy pocas personas oran.
Considere el tipo de vida que muchas personas viven. Cuando vemos cuán fácilmente se hunden en el pecado, ¿Cómo podemos creer que están orando constantemente contra el pecado? Cuando vemos que los hombres están completamente ocupados con las cosas del mundo, ¿Acaso podemos creer que están pidiendo a Dios por su gracia para servirle? ¿Cómo puede ser así cuando no muestran ningún interés en Dios del todo? La oración y el pecado jamás pueden permanecer juntos en el mismo corazón. La oración acabará con el pecado o el pecado acabará con la oración. Cuando me acuerdo de esto y veo el estilo de vida de muchos, concluyo que hay muy pocos que oran.
Considere también la forma en que muchas personas mueren. Muchos moribundos parecen completamente extraños a Dios. No tiene ni siquiera la capacidad para hablar con El; dan la impresión de que realmente nunca han hablado con El. Lo que yo he visto con mis propios ojos de los moribundos, me convence de que muy pocas personas oran.
4. Tenemos muchos motivos que nos animan a orar
Tenemos más motivos para orar que los que tenemos en cuanto a los demás deberes cristianos. Dios ha hecho todo lo necesario para que la oración sea fácil, si tan sólo lo intentáramos. Dios ha hecho provisión para cada dificultad, de tal modo que no tenemos excusa alguna si no oramos.
Hay un camino por el cual cualquier hombre, no importa cuán pecaminoso o indigno sea, puede acercarse a Dios el Padre. Cristo ha abierto el camino a través de su sacrificio por nosotros en la cruz. La santidad y la justicia divinas no debieran espantar o impedir a los pecadores. Sino más bien, deberían hacerles clamar a Dios en el nombre de Jesús. Deberían rogar basados en la sangre de Cristo que ha hecho una propiciación por el pecado, y entonces encontrarán que Dios está dispuesto a escuchar. El nombre de Jesús asegura infaliblemente que Dios escuchará nuestras oraciones. En su nombre podemos acercarnos a Dios con confianza y orar con denuedo. ¿No nos anima esto a orar?
Hay un abogado e intercesor que siempre está listo a presentar las peticiones de aquellos que acuden a El. El presenta nuestras oraciones ante el trono de Dios. Nuestras oraciones son en sí mismas débiles, pero cuando son presentadas por el Señor Jesús son poderosas. Su oído siempre está abierto al clamor de todos aquellos que buscan misericordia y gracia. ¿No nos anima esto a orar?
Además el Espíritu Santo siempre está listo para a ayudarnos a orar, porque esto es una parte de su oficio. (Rom. 8:26) El es “el Espíritu de gracia y de oración”. (Zac. 12:10) Nosotros solo tenemos que buscar su ayuda.
Hay grandísimas y preciosas promesas para todos aquellos que oran. Lea Mateo 7:7–8 y 21:22; Juan 14:13–14; Lucas 11:5–13 y 18:1–8. Medite acerca de estos pasajes porque contienen los estímulos más grandes para animarnos a orar.
Hay ejemplos maravillosos en la Escritura del poder de la oración. La oración abrió el mar rojo, sacó agua de la roca, hizo que el sol se detuviera. Cosas que eran imposibles se convirtieron en realidades a través de la oración.
¿Necesitamos más que esto para animarnos a orar? ¿Pudiéramos hacer algo más necio o más tonto que descuidar la oración?
5. La oración es el secreto de la santidad
La diligencia en la oración es el secreto de una santidad eminente. Sin lugar a dudas, existe una gran diferencia entre los logros de los creyentes verdaderos. Algunos progresan más que otros. Algunos que son verdaderamente convertidos, parecen permanecer cono niños espirituales toda su vida. De un año a otro parece que crecen muy poco. Son perturbados por los mismos pecados; y todavía necesitan la leche de la Palabra en lugar del alimento sólido. Sus intereses espirituales permanecen como muy reducidos y limitados a su propio círculo. Pero hay otros creyentes que siempre están creciendo y avanzando en la vida cristiana. Ellos crecen en fe, crecen en buenas obras, intentan grandes cosas y hacen grandes cosas. Cuando fracasan, vuelven a intentarlo, cuando caen en pecado, se levantan pronto. Piensan de sí mismos como siervos débiles e inútiles, sin embargo son las personas cuyas vidas recomiendan la fe cristiana a otros.
Ahora, ¿Cómo podemos explicar esta diferencia que existe entre el pueblo de Dios? ¿Porqué algunos son mucho más santos que otros? Creo que la diferencia en la mayoría de los casos es debido a los diferentes hábitos de oración en lo secreto. Creo que aquellos que no son eminentemente santos, oran sólo un poco, mientras que aquellos que son muy santos oran mucho. Creo que una vez que alguien es convertido a Dios, su crecimiento en la santidad dependerá principalmente del uso diligente de los medios que Dios ha señalado. El medio principal por el cual los creyentes han avanzado en santidad es el hábito diligente de la oración privada. Lea las vidas de los grandes siervos de Dios y se dará cuenta que esto es cierto. Ningún creyente ha llegado a ser un creyente destacado sin ser primero un hombre de oración. Si usted desea crecer como cristiano, tiene que aprender el valor de la oración secreta.
6. El descuido de la oración es la causa del retroceso espiritual
El descuido de la oración es una de las causas principales del retroceso. Es posible ir para atrás en la vida cristiana después de haber empezado bien. Los creyentes de Galacia progresaron bien por algún tiempo, pero después fueron desviados por los falsos maestros. Pedro afirmaba fuertemente su amor para con el Señor, pero en el tiempo de la prueba lo negó. Ser uno de los que retroceden es miserable. Es una de las peores cosas que pueden suceder a un hombre. Sé que la gracia salvadora en un creyente no puede ser destruida. Sé que la verdadera unión con Cristo es inquebrantable. Pero también creo que una persona puede caer tan drásticamente que pierda la vista de su posición en Cristo y que llegue a desesperarse de su propia salvación. Este estado, es la condición más cercana al infierno. Una conciencia herida, una mente fastidiada de sí misma, una memoria llena de reproches de autocondenación, un corazón traspasado con las saetas del Señor, un espíritu quebrantado por el peso de una mala conciencia; todo esto es un sabor del infierno. Considere estas solemnes palabras: “De sus caminos será harto el apartado de razón.” Proverbios 14:14 (“el que retrocede en su corazón”, traducción de la Versión KJV en inglés) Ahora, ¿Cuál es la causa el retroceso espiritual? Creo que por lo general es causado por el descuido de la oración privada. Es mi opinión que el retroceso generalmente empieza con el descuido de la oración.
El descuido de la oración en la vida cotidiana y en nuestras decisiones, ha conducido a muchos creyentes a una condición de parálisis espiritual, o al punto en que Dios les ha permitido caer horriblemente en pecado.
Podemos estar seguros de que los hombres caen en privado mucho antes de que lo hagan en público. Igual como Pedro, primero descuidan la advertencia del Señor respecto a velar y orar, y entonces como Pedro se les acaban las fuerzas y cuando la tentación viene caen en pecado. Entonces el mundo se fija y se burla de ellos. Pero el mundo no reconoce la causa verdadera de su caída la cual es el descuido de la oración.
Si usted es un creyente, espero que nunca retroceda en la vida espiritual. Pero si usted quiere evitar esto, debe tener mucho cuidado con relación a sus oraciones.
7. La oración obtiene la felicidad y el contentamiento
La oración es una de las formas más seguras para obtener felicidad y contentamiento. Este mundo es un mundo de tristeza. Desde que el pecado entró en él, ha sido imposible que los hombres escapen completamente de alguna clase de tristeza u otra. Ahora, la mejor manera para afrontar esto es llevando todas las cosas a Dios en oración. En el Antiguo Testamento leemos: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará.” (Salmo 55:22) En el Nuevo Testamento también leemos: “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6–7) Esta ha sido la práctica del pueblo de Dios en todos las edades. Cuando Jacob estaba atemorizado por su hermano Esaú, oró (Gén. 32:22–32) Cuando Pablo y Silas estaban encarcelados en Filipos, oraron (Hech. 16:23–25) El único camino para estar verdaderamente feliz en un mundo como éste es echar siempre todas nuestras preocupaciones sobre Dios. Cuando los creyentes fallan en hacer esto, y tratan en cambio de llevar sus propias cargas, se vuelven infelices.
Si sólo acudiéramos a El, el Señor Jesús está siempre dispuesto a escuchar y ayudarnos. El sabe todo acerca de las pruebas y las tristezas de este mundo, porque vivió en él durante más de treinta años. Si confiamos en El y le invocamos, El nos puede hacer felices verdaderamente cualquiera que sea nuestra condición. La oración puede aligerar la cruz más pesada. La oración puede iluminar nuestra obscuridad. La oración puede traernos consuelo en medio de la tristeza y soledad más grandes. Quiero que todos los lectores de este libro sean creyentes verdaderamente felices. Pero si usted ha de ser feliz, no existe otro deber más importante que el de la oración.
Conclusión
Algunos consejos para las diferentes clases de lectores:
1. Hablaré a aquellos que no oran. Amigos que no oran, debo advertirles de su peligro. Si ustedes mueren es este estado estarán perdidos. Están completamente sin excusa, porque no pueden dar ninguna sola razón del porqué deberían vivir sin orar. No digan que no saben cómo orar. La oración consiste simplemente de hablar con Dios. Usted no necesita ser educado para orar, sino sólo necesita el deseo de hacerlo. El infante más pequeño puede orar cuando tiene hambre. Si usted está consciente de su necesidad, pronto encontrará algo que tiene que decir a Dios. No diga que usted no tiene un lugar para orar. Cualquiera puede encontrar un lugar adecuado si realmente lo desea. No diga que no tiene tiempo para orar. Usted tiene bastante tiempo, si tan sólo lo usara correctamente. El profeta Daniel tenía que tratar con los asuntos de un imperio muy grande, pero aún así oraba tres veces al día. (Dan. 6:10) No diga que no puede orar porque no ha nacido de nuevo y no tiene fe. Si le hacen falta estas cosas tiene que invocar a Dios y pedírselas. “Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6) No lo deje para mañana. La salvación le está muy cerca hoy. No la pierda por no buscarla.
2. Hablaré a aquellos que desean ser salvos pero no saben que hacer. Les aconsejo que acudan ahora mismo al Señor Jesús. Busque el lugar privado más cercano, y ruéguele en oración que le salve. Dígale que usted ha escuchado que recibe a los pecadores y que ha dicho que “ninguno que venga será echado fuera”. Dígale que usted es un pecador perdido, y que acude a El basado en su propia invitación. Dígale que usted está enteramente en sus manos y que a menos que El le salve, usted no tiene esperanza alguna. Pídale por la liberación de la culpa, del poder y las consecuencias de sus pecados. Pídale que le perdone, y que le conceda un corazón nuevo y que ponga en usted su Espíritu Santo. Pídale que le ayude a ser su discípulo y su siervo desde ahora y para siempre. Si usted tiene preocupación verdadera por su alma, haga esto hoy. Recuerde que El está dispuesto a salvarle porque usted es un pecador y El vino al mundo a salvar a los pecadores. (Luc. 5:32, 1 Tim. 1:15) No se detenga debido a que se siente indigno. Entre más enfermo que esté, más necesita el doctor. Usted no se alejaría del doctor por sentirse muy enfermo. No se preocupe por las palabras que usará, Jesús le entenderá. Y no se desespere porque pareciera que no recibe una respuesta inmediata. El le escucha, siga pidiendo y la respuesta vendrá. Si usted desea ser salvo, recuerde lo que le he dicho y actúe en base a ello, y seguramente Dios le salvará.
3. Finalmente, hablaré a aquellos que oran. No permitan que ninguna cosa les desanime. Quizás frecuentemente se sentirán muy desanimados y sus tiempos de oración puedan convertirse en tiempos de conflicto. Pero esto es muy común puesto que el diablo odia verlos orar. Entonces, ustedes tienen que perseverar. Déjenme ofrecer algunas palabras de consejo acerca de sus oraciones.
Recuerden la importancia de la reverencia y la humildad en la oración. Piense quien es Dios y quien es usted.
Recuerden la necesidad que tienen de que el Espíritu Santo les ayude en la oración, tengan cuidado de que sus oraciones no se vuelvan mera formalidad.
Recuerden cuán importante es orar regularmente. Ustedes deben considerar la oración como una de las actividades más importantes de cada día. Tiene que apartar tiempo para orar como parte de su rutina cotidiana.
Recuerden la importancia de perseverar en la oración. A menudo serán tentados a dejar o acortar sus oraciones. Esta tentación siempre viene del diablo, no importa cuán plausibles parezcan las razones para hacerlo.
Sean fervientes en la oración. Es la oración eficaz la cual logra mucho. (Stg. 5:16)
Recuerden la importancia de orar con fe. Debemos creer que si pedimos conforme a la voluntad de Dios, nuestras oraciones serán contestadas. (1 Jn. 5:14) Usted debe esperar respuestas a sus oraciones.
Consideren la importancia del denuedo en sus oraciones. Esto no significa una familiaridad indebida, sino más bien el argumentar con Dios en base a su Palabra y sus promesas.
Recuerden la importancia de pedir mucho. Cuán frecuentemente es cierto que los creyentes “no tienen porque no piden”. (Stg. 4:2)
Sean específicos en sus oraciones. Confiesen sus pecados específicos, oren por sus debilidades específicas, y hablen con Dios de sus necesidades específicas.
Recuerden la importancia de orar los unos por los otros. Tenga cuidado de que sus oraciones no se vuelvan egoístas.
Sean agradecidos en la oración. Tenemos muchas cosas por las cuales debemos estar agradecidos. No considero una oración como verdadera sino incluye las acciones de gracias.

Y finalmente, déjenme recordarles la necesidad de vigilar sus oraciones. La experiencia cristiana verdadera comienza con la oración y florece con ella; y también decae con el descuido de la oración. La oración es como un tipo de pulso espiritual, por medio de ella usted puede saber si está sano espiritualmente. Vigile su vida de oración, y me sorprenderá mucho si las cosas se tornan mal en su progreso espiritual. 



viernes, 11 de julio de 2014

Herederos de Dios

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Romanos 8:14–17

Las personas de las cuales Pablo habla, son las personas más ricas de la tierra. Ellos poseen la única herencia realmente valiosa, una herencia que nunca les dejará desilusionados o insatisfechos. En contraste con las herencias terrenales las cuales se tienen que dejar al morir, esta herencia puede ser guardada para siempre. Además, esta herencia está al alcance de todos. Está disponible a todos aquellos que estén dispuestos a recibirla bajo los términos que Dios establece.
¿Desea tener parte en esta herencia? La forma para recibirla es perteneciendo a la familia de los creyentes verdaderos, ya que esta herencia les pertenece a los miembros de la familia. Si usted todavía no es un hijo de la familia de Dios, quiero persuadirle a que lo sea. Si al presente tiene solamente una esperanza incierta de que es un creyente, le quiero persuadir a asegurarse de su relación con Dios. Recuerde que solamente los verdaderos hijos de Dios tienen parte en esta herencia.
1. La relación que todo verdadero cristiano tiene con Dios
Los creyentes verdaderos son “hijos de Dios”. Ser llamado un siervo o un amigo de Dios, sería un privilegio grande; pero no hay nada más alto que ser llamado un hijo. Normalmente se considera una gran ventaja y un privilegio el ser hijo de una persona importante, pero ¡Es mucho mejor ser un hijo del Rey de reyes y Señor de señores!
¿Cómo pueden personas pecaminosas como nosotros llegar a ser hijos de Dios? Ciertamente no lo somos por naturaleza. Llegamos a ser hijos de Dios solamente cuando el Espíritu nos guía a creer en Cristo para salvación. La Biblia dice: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál. 3:26) Es solamente la fe lo que nos une con Cristo y nos da el derecho de ser “llamados hijos de Dios”.
Quiero enfatizar este punto. Aunque los hijos de Dios son escogidos desde la eternidad y predestinados para ser adoptados como hijos, no es sino hasta que ellos son llamados por Dios en un momento en el tiempo, y ejercen la fe en Cristo, que realmente llegan a ser hijos de Dios. Los ángeles de Dios se regocijan cuando un pecador se arrepiente y cree, pero no se regocijan sino hasta que se arrepiente y cree, porque es sólo hasta entonces que llega a pertenecer a la familia de Dios.
No debemos ser engañados acerca de esto. Sé que hay un sentido en que Dios es el Padre de toda la humanidad. Nos creó a todos, y es en ese sentido en que es nuestro Padre, no importa si somos creyentes o inconversos. “Porque en El vivimos, nos movemos y somos,” y “porque linaje suyo somos.” (Hech. 17:28) Sé también que Dios ama a toda la humanidad con un amor general y de compasión. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.” (Sal. 145:9) Pero, al mismo tiempo, niego por completo que Dios sea un Padre que se haya reconciliado y perdonado a nadie, salvo a aquellos que creen en el Señor Jesucristo. La santidad y la justicia de Dios hacen imposible que personas pecaminosas se acerquen a El, excepto a través de un mediador. Nadie debería consolarse pensando que Dios es su Padre, a menos que tenga fe en el Señor Jesús.
Nadie debería pensar que esta enseñanza sea muy cerrada y dura. El evangelio pone una puerta abierta delante de todos. Sus requerimientos son claros y simples. El evangelio dice a todos: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”. Nadie es excluido. Pero, ¿Qué podemos decir acerca de la gente soberbia que no quiere someterse a Cristo? ¿Qué decimos de la gente mundana que está decidida a seguir su propio camino y a permanecer en sus pecados? Estos, sin lugar a dudas, no son hijos de Dios. Dios está dispuesto a ser su Padre, pero solamente bajo ciertas condiciones. Ellos deben acudir a El a través de Cristo. Deben arrepentirse y someterse a El. Si los hombres no cumplen con estas condiciones, ¿Cómo pueden llamar a Dios su Padre? Tales personas están exigiendo que Dios sea su Padre bajo sus propios términos. Quieren a Cristo como su salvador bajo sus propias condiciones. ¿Qué cosa pudiera ser más soberbia e irrazonable? Debemos rechazar tales ideas y aferrarnos a las enseñanzas de la Biblia. Nadie puede ser hijo de Dios sino a través de Cristo. Y nadie tiene parte con Cristo, sino es a través de la fe.
Quisiera que no fuera necesario enfatizar tanto este punto. Pero tengo que hacerlo debido a la enseñanza falsa que es tan popular. Esta enseñanza falsa habla sólo de la misericordia y el amor de Dios. Pasa por alto su justicia y santidad. Nunca habla del infierno. Considera casi a todos como salvos. Habla acerca de la fe, pero quita su significado bíblico a esta palabra. Esta enseñanza falsa considera que todos aquellos que dicen creer en algo poseen la fe. Habla del Espíritu Santo, pero considera que casi todos tienen al Espíritu Santo. ¡Todos tienen razón y nadie está equivocado! Nos dice que si uno cree mucho o poco de lo que la Biblia enseña es lo de menos; y que lo único que importa es que “sea sincero”.
Le advierto solemnemente que tenga cuidado de tal enseñanza. Los hechos están en contra de esta enseñanza. Sodoma y Gomorra están sumergidas bajo las aguas del Mar Muerto a causa del juicio de Dios. El lugar donde una vez existió Babilonia está ahora desolado a causa del juicio de Dios. La conciencia humana se opone a tales enseñanzas, porque no pueden traer paz a una conciencia culpable. La enseñanza bíblica acerca del cielo está en contra de tal enseñanza. Imagínese un cielo en donde los santos y los no santos, los puros y los impíos, los buenos y los malos están todos reunidos en un mismo lugar. Imagínese un lugar donde Abraham y los sodomitas, Pedro y Judas Iscariote tuvieran que vivir juntos para siempre. Esta clase de cielo no sería mejor que el infierno. La santidad y la moralidad testifican en contra de tal enseñanza. Si todos son hijos de Dios no importando como viven, y si todos están en el camino al cielo, entonces ¿Qué caso tiene el buscar la santidad? De principio a fin, la Biblia está en contra de tal enseñanza. Esta enseñanza falsa rechaza por completo la autoridad de la Biblia, pero no tiene nada que ofrecer a cambio. Querido lector, le ruego que tenga cuidado de esta enseñanza falsa. Aférrese a la clara enseñanza de la Palabra de Dios. No hay una herencia gloriosa para ninguno que no es hijo de Dios. Y nadie es hijo de Dios sin la fe personal en Jesucristo.
¿Desea saber si usted es hijo de Dios? Entonces, pregúntese a sí mismo si se ha arrepentido y creído en Jesús. ¿Está usted unido en su corazón a Cristo? Si no es así, entonces usted no es un hijo de Dios, usted no ha nacido de nuevo y aún está en sus pecados. Dios es su creador y en este sentido es su Padre, pero no es su Padre celestial que le ha perdonado y está reconciliado con usted.
¿Desea llegar a ser un hijo de Dios? Si se arrepiente de sus pecados y acude a Cristo para salvación, entonces hoy será colocado entre los hijos de Dios. Tome la mano que Cristo le extiende hoy y llegará a ser un hijo de Dios con todos los privilegios que esto involucra. Cuando usted tomó este libro, era un hijo de ira, pero esta noche puede acostarse como un hijo de Dios. Las cosas viejas pasarán y todas serán hechas nuevas. ¿Desea realmente ser un hijo de Dios? ¿Está cansado de sus pecados? ¿Tiene algo más que un deseo flojo de ser librado? Entonces, existe un consuelo real para usted. Crea en el Señor Jesús y usted será salvo y será un hijo de Dios.
¿Ya es usted un hijo de Dios? Entonces regocíjese y alégrese de su privilegio. Usted posee todas las razones para ser agradecido. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios…” (1 Juan 3:1) Que importa si el mundo no le comprende. Que importa si se ríe de usted. Déjelos que se rían. ¡Dios es su Padre y no tiene de que avergonzarse! ¡No hay dignidad más grande que la de ser un hijo de Dios!
2. Las evidencias de esta relación con Dios
¿Cómo puede alguien estar seguro de que es un hijo de Dios? Los versículos que estamos considerando (Rom. 8:14–17) nos dan una respuesta a esta pregunta.
Todos los hijos de Dios son guiados por su Espíritu, “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios”. (Romanos 8:14) El Espíritu Santo está guiando y enseñando a todos los hijos de Dios. Les guía a apartarse del pecado, del mundo y de la justicia propia. Les conduce a Cristo, a la Biblia, a la oración y a la santidad. Desde el principio hasta el final les está guiando. Es el Espíritu Santo quien les guía al Sinaí y les convence de su culpabilidad ante la ley de Dios, y es el mismo Espíritu Santo quien les guía al calvario y les enseña a Cristo muriendo por sus pecados. Es el Espíritu Santo quien les muestra su incapacidad y también les muestra algo de la gloria venidera.
Todos los hijos de Dios tienen el sentimiento de ser adoptados como hijos por su Padre celestial. “Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.” (Romanos 8:15) Por naturaleza todos son culpables y condenados, y tienen un temor de Dios que es como un tipo de esclavitud. Pero cuando llegan a ser hijos de Dios, esto cambia. En vez de temor, tienen paz con Dios y confianza hacia El como su Padre celestial. Saben que el Señor Jesucristo es su pacificador para con Dios. Saben que pueden acercarse El confiadamente y hablarle como su Padre. El espíritu de esclavitud y temor es cambiado por un espíritu de libertad y amor. Están todavía conscientes de ser pecadores, pero saben que no tienen que temer pues están revestidos con la justicia de Cristo.
Admito que algunos creyentes experimentan estos sentimientos más que otros. Algunos todavía experimentan temporalmente sus viejos temores que les inquietan. Pero, pocos de los hijos de Dios nos podrían decir que sus sentimientos no sean muy distintos de los que antes tenían.
Todos los hijos de Dios tienen el testimonio del Espíritu de Dios en sus conciencias. “Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16) Los hijos de Dios tienen algo en su corazón lo cual les dice que hay una relación entre ellos y Dios. Existe mucha variación en el grado en que cada uno posee esto. Con algunos es un testimonio claro y fuerte de que pertenecen a Cristo y Cristo a ellos. Con otros es como un suspiro débil y parpadeante, el cual el diablo y la carne a menudo no les permiten oír. Algunos de los hijos de Dios disfrutan de mucha certidumbre, mientras que para otros les resulta difícil creer que tienen la fe verdadera. Pero ningún creyente verdadero, ni aún aquellos que son acosados con dudas y temores acerca de ello, estarían de acuerdo en renunciar a esta esperanza, ni cambiarla por la vida fácil de un hombre descuidado y mundano.
Todos los hijos de Dios participan de los sufrimientos de Cristo. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:17) Todos los hijos de Dios experimentan pruebas y tribulaciones por causa de Cristo. Experimentan pruebas provenientes del mundo, de la carne y del diablo. Frecuentemente ellos son malentendidos y maltratados por amigos y parientes. Tienen que sufrir las calumnias y las burlas. Pueden sufrir por colocar a Cristo por encima de sus intereses terrenales. También conocen las pruebas que surgen de sus propios corazones pecaminosos. Hay muchos y distintos grados de sufrimiento, algunos sufren más que otros. Algunos sufren en una forma y otros en otra. Pero no creo que ningún hijo de Dios haya llegado jamás al cielo, sin haber sufrido del todo.
El sufrimiento es una parte de la experiencia de toda la familia de Dios. “Porque el Señor al que ama castiga… Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.” (Hebreos 12:6–8) El sufrimiento es una parte del proceso divino de hacernos santos. Sus hijos son disciplinados para apartarlos del mundo y para hacerles participantes de la santidad. Esta es una de las marcas que identifica a los discípulos verdaderos. Cristo mismo fue crucificado y sus discípulos también tienen que llevar la cruz.
Le advierto entonces del peligro de creer que usted es un hijo de Dios si no tiene las marcas espirituales de un hijo. No es suficiente que usted haya sido bautizado y sea miembro de una Iglesia cristiana. Las marcas que identifican a los hijos son destacadas en Romanos 8; y usted no tiene motivo para suponer que es hijo de Dios a menos que posea estas evidencias.
3. Los privilegios de esta relación
Los cristianos verdaderos son “herederos de Dios y coherederos con Cristo”. Estas palabras hablan de un futuro glorioso para todos los hijos de Dios. Si significa mucho ser el heredero de una persona rica en la tierra, cuánto más significará ser un hijo y heredero del Rey de reyes. Los creyentes son “coherederos con Cristo”. Participarán de su majestad y gloria cuando sean glorificados juntamente con El. Y esto no es solo para unos pocos creyentes, sino que es para todos los hijos de Dios.
Conocemos solo un poco de la herencia que aguarda al pueblo de Dios. La Biblia no nos dice mucho sobre esto, porque nuestras mentes no podrían captarlo todo. Pero nos dice lo suficiente para traernos mucho consuelo y para estimularnos a pensar mucho acerca de estas cosas.
¿Nos es deseable el conocimiento? ¿Nos es precioso el poco conocimiento que tenemos de Dios en Cristo? ¿Anhelamos conocer más? En la gloria, tendremos este conocimiento. “Mas entonces conoceré como soy conocido.” (1 Corintios 13:12)
¿Nos es deseable la santidad? ¿Anhelamos una conformidad completa a la imagen de Cristo? En la gloria la tendremos. Cristo se dio a sí mismo por la Iglesia, no solo para santificarla aquí en la tierra, sino también “para presentársela gloriosa para sí, una Iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha”. (Efesios 5:27)
¿Nos es deseable el reposo? ¿Anhelamos un mundo donde no nos será necesario velar y luchar? En la gloria lo tendremos. “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.” (Heb. 4:9) Nuestro conflicto cotidiano y de cada momento con el mundo, la carne y con el diablo habrá terminado para siempre.
¿Nos es deseable el servicio a Dios? ¿Nos deleitamos en la obra de Cristo, aunque seamos obstaculizados por un cuerpo débil? ¿Encontramos a menudo que el espíritu está presto, pero la carne es débil? En la gloria, estaremos capacitados para servir perfectamente sin ningún cansancio. Están delante de Dios y “le sirven día y noche en su templo”. (Apo. 7:15)
¿Deseamos la satisfacción de nuestros anhelos más profundos? ¿Encontramos vano y vacío el mundo? ¿Anhelamos que cada vacío en nuestro corazón sea llenado por Dios? En la gloria tendremos todo esto perfectamente. “Estaré satisfecho cuando despierte a tú semejanza.” (Salmos 17:15)
¿Nos es deseable la comunión con el pueblo de Dios? ¿Sentimos que nunca somos tan felices como cuando estamos con el pueblo de Dios? En la gloria estaremos con ellos para siempre. “Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:41) “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:31) ¡Alabado sea Dios! Estaremos con los santos de los cuales leemos en la Biblia, y cuyo ejemplo hemos tratado de seguir. Estaremos con los hombres y las mujeres de los cuales este mundo no fue digno. Estaremos con aquellos que han conocido y amado a Cristo en la tierra, y estaremos con ellos para siempre.
¿Nos es deseable la comunión con Cristo? ¿Es su nombre precioso para nosotros? ¿Se llenan de fervor nuestros corazones al pensar de su amor que le llevó a morir por nosotros? En la gloria tenemos la comunión perfecta con Cristo. “Y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tes. 4:17) Le veremos en su reino. Donde El está, allí estarán sus hijos con El. Cuando El se siente en su trono de gloria, ellos se sentarán a su lado. ¡Cuán gloriosa es esta expectativa! Soy un hombre que se está muriendo en un mundo que muere. El mundo venidero en gran parte me es desconocido, pero Cristo está allí y esto basta. Si hay descanso y paz en seguir a Cristo en la tierra, cuanto más habrá cuando le veamos cara a cara.
¿Todavía no pertenece usted a los hijos y los herederos de Dios? Entonces, me compadezco de usted con todo mi corazón. Usted está perdiendo mucho y su vida a fin de cuentas no tiene ningún propósito. ¿No escuchará la voz de Cristo y no aprenderá de El ahora?
Si usted está entre los hijos y los herederos de Dios, entonces ¡Cuán grandes motivos tiene para regocijarse y alegrarse! No se preocupe demasiado por sus circunstancias en esta vida. Su tesoro está en el cielo. Gloríese en su herencia.
Conclusión
1. En conclusión, le pregunto a cada lector ¿De quién es hijo? ¿Es un hijo natural o es un hijo de la gracia? ¿Es un hijo del diablo o es un hijo de Dios? Le ruego que conteste sin retraso esta pregunta. ¡Qué necio es permanecer en la incertidumbre respecto a este asunto tan importante! El tiempo es corto. Usted está yendo rápidamente hacia la muerte y el juicio. No descanse hasta que pueda decir con seguridad, “¡Yo sé que soy hijo de Dios!”.

2. Si usted es un hijo de Dios, le ruego que viva con la dignidad de la familia a que pertenece. Hónrele en su vida, obedeciendo sus mandamientos y amando a sus hijos. Viva como uno que ya no pertenece a este mundo, sino como un peregrino que va camino a la gloria. Deje que otros vean cuán bueno y feliz es ser un hijo de Dios. Mantenga sus ojos fijos en el Señor Jesús, recordando que sin El no puede hacer nada, pero con El, puede hacer todas las cosas. (Vea Jn. 15:5 y Fil. 4:13) Vele y ore. Pronto vendrá el tiempo cuando escuchará las palabras: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:34)


jueves, 10 de julio de 2014

El mundo

“Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré.”
2 Corintios 6:17
La separación del mundo es un deber muy importante. Todos los que profesan ser creyentes deberían considerarlo seriamente, porque la separación del mundo siempre ha sido una de las evidencias de la obra de la gracia de Dios en el corazón. Aquellos que realmente han nacido del Espíritu de Dios, siempre se han separado del mundo, mientras que aquellos que son creyentes solamente de nombre, siempre han rehusado salir de él y separarse. Este asunto es especialmente importante hoy en día, cuando muchos están tratando de hacer que el cristianismo sea fácil y están tratando de evitar la necesidad de la autonegación. Muchos piensan que pueden comportarse como quieran y continuar siendo buenos creyentes. Quiero advertirle claramente en contra de esta manera de pensar.
1. El mundo es la fuente de grandes peligros para el alma
Por “el mundo”, no quiero decir el mundo físico en donde vivimos. Nada de lo que Dios ha creado en el universo es en sí mismo dañino para el alma humana. Toda la creación es “buena”. (Gén. 1:31) La idea de que algo físico sea en sí mismo pecaminoso es un tonto error. Cuando yo hablo del “mundo” quiero decir aquellas personas que piensan solo o principalmente en las cosas de este mundo, y descuidan el mundo venidero. (Aquellos que piensan más acerca del cuerpo que del espíritu, más acerca de como agradar a los hombres que a Dios) Por el “mundo” me refiero a aquellas personas, junto con su estilo de vida, sus opiniones, sus gustos, sus ambiciones y su perspectiva. Esto es el mundo que es peligroso para el alma. Este es el mundo del cual debemos “salir y separarnos”.
¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de este asunto? El apóstol Pablo dice: “No os conforméis a este mundo.” (Rom. 12:2) Vea también 1 Cor. 2:12, Gál. 1:4, Ef. 2:2 y 2 Tim. 4:10. Santiago dice: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4) Vea también Santiago 1:27. El apóstol Juan dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15) Vea también 1 Jn. 2:16–17, 3:1, 4:5, 5:4 y 5:19. El Señor Jesucristo hablando acerca de sus discípulos dijo: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” (Juan 17:16) Vea también Mat. 13:22, Jn. 8:23, 14:17, 15:18–19 y 16:33.
Estos textos hablan por sí mismos. Ninguna persona racional puede negar que enseñan que “el mundo” es el enemigo del creyente y que la amistad del mundo y la amistad de Cristo, se oponen mutuamente.
Aún más, la experiencia cristiana confirma que el amor del mundo es lo que ocasiona más daño a la causa de Cristo. Miles que piensan que son creyentes, sufren naufragio en este punto. Ellos no escogen deliberadamente el mal, ni rechazan ninguna doctrina bíblica, pero aman el mundo y son amigos de él. Es el amor del mundo lo que les conduce al camino ancho que lleva a la destrucción.
2. Ideas equivocadas respecto a la separación del mundo
Déjeme mostrarle lo que la separación del mundo no significa. Es importante ser claros acerca de esto, porque a veces los cristianos hacen mucho daño motivados por un mal entendimiento de lo que significa la separación del mundo.
Cuando Dios dice: “Salid de en medio de ellos y apartaos” (2 Cor. 6:17), esto no significa que los creyentes deban abandonar su empleo en el mundo. Cornelio el soldado, Lucas el doctor y Zenas el abogado son ejemplos de creyentes en su empleo secular. De hecho, es un pecado ser ocioso y frecuentemente la ociosidad nos conduce a la tentación. Entonces es correcto que tengamos un empleo legítimo. No debemos dejar ninguna vocación (a menos que sea pecaminosa en y de sí misma) por temor de que nos hará daño. Esta sería una conducta negligente y cobarde. Lo que debemos hacer es llevar nuestro cristianismo a nuestros lugares de empleo en el mundo.
No significa que los creyentes no deberían tener nada que ver con las personas inconversas. Nuestro Señor y sus discípulos asistieron a la fiesta de bodas. Comieron en la casa de un fariseo. En 1 Cor. 10:27 el apóstol Pablo nos dice cómo debemos comportarnos si un incrédulo nos invita a comer en su casa, y no dice que no vayamos. No debemos apartarnos de las oportunidades de hacer bien. Si Cristo está con nosotros, donde quiera que vayamos, podemos ser instrumentos para influir a otros sin hacernos daño a nosotros mismos.
Esto no significa que los creyentes no deberían interesarse en ninguna otra cosa, salvo su religión. Algunos piensan que es muy espiritual no hacer caso de la ciencia, el arte, la literatura y la política. Estas personas no leen libros que no sean cristianos, no leen el periódico y no saben nada de lo que está sucediendo en el gobierno de su país. Yo pienso que esto es un descuido egoísta y tonto de su deber. Pablo valoraba un buen gobierno (1 Tim. 2:2); y citaba de escritores paganos en sus sermones; él sabía las leyes y las costumbres del mundo como podemos ver en las ilustraciones que usaba. Los creyentes que se jactan de ser ignorantes traen el reproche al cristianismo.
Esto tampoco significa que los creyentes debieran ser excéntricos en su manera de vestirse o de hablar. Nunca debemos atraer la atención hacia nosotros mismos por estos medios. No hay ningún motivo para suponer que nuestro Señor y sus discípulos se vistieron y se condujeron en forma distinta de las demás personas de aquel entonces. El Señor condenó a los fariseos “porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos” (Mateo 23:5) para ser vistos de los hombres.
Esto no significa que los creyentes deberían retirarse de la sociedad y vivir en la soledad. Nuestro Señor pedía claramente, “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (Juan 17:15) No podemos mantener al diablo fuera de nuestros corazones refugiándonos en un rincón. El verdadero cristianismo y la mundanalidad se distinguen más claramente cuando mantenemos nuestra posición, y mostramos el poder de la gracia sobre el mal, en vez de huir y abandonar el puesto en donde Dios nos ha colocado.
Esto no significa que los creyentes deberían retirarse de cada Iglesia imperfecta. En las epístolas de Pablo vemos que las fallas y las corrupciones de las iglesias fueron reprendidas, pero los creyentes no fueron aconsejados a dejar esas iglesias debido su imperfección.
Le pido que considere cuidadosamente estos seis puntos. He visto a muchas personas equivocarse en relación con cada uno de ellos y mucha miseria e infelicidad causada por estos errores. Le quiero poner en guardia en contra de esto. Evite un curso precipitado de acción del cual después se lamentará. Déjeme darle (especialmente si usted es un creyente joven) dos consejos:
Primero, recuerde que el camino más corto no es siempre el camino de su deber. Usted puede pensar que es correcto discutir con todos sus parientes inconversos, cortar el contacto con todos sus amigos, retirarse completamente de la sociedad, abandonar todo acto de cortesía normal y dedicarse enteramente a la obra de Cristo. Esto pudiera satisfacer su conciencia y evitarle muchos problemas. Pero, a menudo éste es el comportamiento más egoísta, flojo y orgulloso posible. Frecuentemente el comportamiento correcto consiste de llevar la cruz, negarnos a nosotros mismos y adoptar un curso de acción completamente diferente.
Segundo, si usted quiere separarse del mundo, tenga cuidado de un comportamiento amargo, no atractivo, melancólico y desagradable. No se olvide de que existe tal cosa como “siendo ganados sin palabra”. (1 Pe. 3:1) Esfuércese para mostrar a otros que sus creencias (no importando lo que ellos opinen) le hacen alegre, agradable, de buen humor, no egoísta, considerado de los demás y listo a interesarse en todo aquello que es inocente y bueno. No caiga en el error de una separación innecesaria. En muchas cosas debemos separarnos, pero tenga cuidado de que sea una separación correcta. Si el mundo se ofende por la separación que la Biblia exige, no podemos evitarlo, pero tenga cuidado de no ofenderlo por una separación tonta y antibíblica.
3. El significado verdadero de la separación del mundo
Déjeme enseñarle lo que significa la verdadera separación del mundo. Trataré de explicar los principios generales los cuales usted tiene que aplicar en detalle a su caso particular.
1. Usted debe rehusar consistentemente el ser guiado por las normas mundanas del bien y del mal. No haga ninguna cosa simplemente porque los demás lo hacen. Sus normas deben ser solamente las de la Palabra de Dios.
2. Tenga cuidado de cómo ocupa su tiempo libre. Esto es muy importante, porque a menudo nuestro tiempo libre es el tiempo de la tentación. Tenga cuidado de cómo ocupa sus noches y asegúrese de apartar tiempo para leer la Biblia y orar.
3. Usted debe resolverse a no ser tragado y absorbido por los negocios de este mundo. Como un creyente, debe esforzarse para hacer sus negocios terrenales en la mejor manera posible. Pero no debe permitir que sus negocios se conviertan en un obstáculo entre usted y Cristo. Si sus quehaceres terrenales empiezan a estorbar el uso correcto del día domingo, o afectar su lectura bíblica y su oración, entonces se están apoderando de su vida. Como Daniel, usted debe estar preparado a apartar tiempo para la comunión con Dios, cueste lo que cueste. (Dan. 6:10)
4. Usted debería abstenerse de todas las formas de entretenimiento que estén relacionadas inseparablemente con el pecado. Este es un asunto difícil pero debemos considerarlo. Es verdad que algunas formas de entretenimiento pueden ser en sí mismas consideradas como inocentes. Pero también debemos considerar la cuestión de si en la práctica son acompañadas inevitablemente con el pecado. Si es así, tiene que abstenerse de ellas.
5. Usted debería ser moderado en el uso de las diversiones lícitas y su tiempo de esparcimiento. Todos necesitamos diversiones tanto para nuestros cuerpos como para la mente. Aún las diversiones buenas e inocentes llegan a ser algo malo cuando nos quitan demasiado tiempo o atención. Debemos usarlas para fortalecer la mente y el cuerpo a fin de que sirvamos mejor a Cristo. Pero si ellas comienzan a interferir con nuestro servicio cristiano, debemos tener cuidado.
6. Usted debería tener cuidado respecto a sus amistades y relaciones íntimas con las personas del mundo. No estoy diciendo que usted no debería tener nada que ver con las personas inconversas. En la vida cotidiana tenemos que tratar con ellas y siempre les debemos tratar con cortesía, bondad y amor. Pero la amistad íntima es otro asunto muy diferente. Si usted escoge como sus amigos íntimos a personas que no se preocupan por la salvación, por Cristo, por la Biblia, no veo como puede tener esperanza de progresar como creyente. El creyente consistente pronto descubrirá que sus gustos no son los mismos como los de ellos, y tendrá que escoger entre los dos. Esto es particularmente importante cuando se trata de escoger un esposo o una esposa. Un creyente no puede escoger casarse con una pareja del mundo sin causarse un daño a su vida espiritual y felicidad. Si usted no es casado, resuélvase a nunca considerar el casarse con una persona que no es un creyente verdadero.
Le pido que considere seriamente estos seis principios. Pero ¿Qué debería hacer cuando exista incertidumbre de cómo aplicarlos a una situación particular? Primero, usted debería orar y pedir sabiduría, pidiendo a Dios que le dé sensatez. Entonces, recuerde que siempre la vista de Dios estará sobre usted y que El le ayudará a tomar la decisión correcta. Pregúntese a sí mismo en cuál curso de acción quisiera encontrarse si Cristo viniera. También, es correcto tomar en cuenta cómo otros creyentes santos se han comportado en circunstancias semejantes. Si no podemos ver claramente el camino correcto, no podemos equivocarnos si imitamos el buen ejemplo de otros.
4. El secreto de la victoria sobre el mundo
Déjeme mostrarle el secreto para obtener la victoria sobre el mundo.
El primer secreto es un corazón recto. Los deseos y los gustos de un hombre serán espirituales solamente cuando su corazón haya sido renovado por el Espíritu Santo. Si usted quiere separarse del mundo asegúrese de tener un corazón nuevo.
El segundo secreto, es una fe viva y práctica en las cosas que no se ven. La Escritura dice: “esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. (1 Juan 5:4) Entre más que nos demos cuenta de las cosas espirituales (Dios, Cristo, el cielo, el infierno, el juicio, la eternidad, etc.) estaremos más capacitados para dejar las cosa del mundo.
El tercer secreto es el hábito de confesar a Cristo con denuedo siempre y cuando sea necesario hacerlo. No debemos estar avergonzados de confesar a Cristo. Amable y respetuosamente debemos dejar que los hombres vean que actuamos bajo principios cristianos y que no tenemos la menor intención de apartarnos de ellos. Al principio esto pudiera ser difícil, pero a la larga hará que nuestra vida sea más fácil. Cuando los inconversos comprenden claramente que servimos a Cristo, tendrán la expectativa de que vivimos diferente, y esto hará que nos sea más fácil hacerlo.
Conclusión
Déjeme terminar con algunas palabras de aplicación.
1. ¿Está usted venciendo al mundo o está siendo vencido por él? ¿Se ha separado del mundo o no? Esta pregunta es importante, porque el mundo está pasando y aquellos que se le aferran, perecerán con él. Le ruego que despierte y huya de la ira venidera.
2. Si usted quiere salir del mundo pero no sabe como empezar, debería acudir directamente al Señor Jesucristo y poner todo el asunto en sus manos. Cristo “se dio á sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo”. (Gál. 1:4) Le pudiera parecer que es difícil separarse del mundo, pero descubrirá que con Cristo nada es imposible. Usted, sí, digo usted, puede vencer al mundo.

3. Si usted ya se ha separado del mundo, entonces tome consuelo y persevere. Usted está en el camino correcto, continúe en él. No se avergüence de estar solo. Recuerde que los creyentes más decididos siempre serán los más felices. Nunca se avergüence de salir del mundo y vivir separado de él.



miércoles, 9 de julio de 2014

Religiosidad

“Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella…” (2 Timoteo 3:5)
“Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.” 
Romanos 2:28–29

Estos textos nos enseñan al menos tres importantes verdades: Primero, que el cristianismo externo no es el cristianismo verdadero. Segundo, que el cristianismo verdadero debe existir en el corazón. Tercero, que no debemos esperar que el verdadero cristianismo sea popular.
1. El cristianismo externo no es el cristianismo verdadero
La primera cosa que debemos aprender es que el cristianismo externo no es el verdadero cristianismo, y que el cristiano que lo es solo en lo externo, no es un creyente verdadero. Por un cristiano “externo”, me refiero a alguien que lo es de nombre pero no en realidad, es decir; que lo es en su práctica externa pero no en su corazón.
Hay muchas personas cuyo cristianismo consiste solamente de asistir a las reuniones de la Iglesia. Ellos asisten regularmente, pero no están familiarizados con las Escrituras, y no se deleitan leyéndolas. Sus vidas no están separadas del mundo. No están realmente interesados en las doctrinas y no se preocupan por la clase de enseñanza que escuchan. Estas personas son solamente “creyentes externos”.
Hay otras personas cuyo cristianismo consiste solamente de palabras. Conocen la teoría del evangelio y sostienen firmemente la sana doctrina, pero no saben nada de la piedad práctica. No son personas honestas, amables, humildes, bondadosas, generosas, etc. Son creyentes de nombre, pero lo son solamente en lo externo.
Las Escrituras hablan claramente acerca de tales personas. Escuche las palabras de Pablo: “Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.” (Romanos 2:28–29) Estas son palabras muy fuertes. Un hombre podría ser un descendiente físico de Abraham, circuncidado, observador de las fiestas judías, un asistente regular al templo, y sin embargo ante los ojos de Dios no ser un judío verdadero. En la misma manera, alguien puede profesar el cristianismo en forma externa, ser bautizado, asistir regularmente a los cultos y sin embargo, ante los ojos de Dios no ser un creyente verdadero.
Vea Isaías 1:10–15 donde Dios declara que los sacrificios del pueblo fueron inútiles, y que aborrecía sus fiestas. Sin embargo, aquellos sacrificios y fiestas habían sido ordenadas por Dios mismo. Dios está declarando que aún las ordenanzas de su adoración resultan inútiles cuando no se observan de corazón. De hecho, son menos que inútiles, son ofensivas a Dios y El las aborrece.
Escuche ahora al Señor Jesucristo mismo, El dijo a los judíos de aquel entonces: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran…” (Mateo 15:8–9) Repetidas veces El denunció la religión externa de los fariseos y advirtiendo a sus discípulos contra ella. Jesús siempre tenía una palabra tierna para los peores de entre los pecadores y les invitaba a acudir a El para salvación. Pero, descubría y condenaba con fuertes términos a todos aquellos que tenían solo la apariencia externa de la religión.
Podríamos citar fácilmente otros textos en la Biblia que hablan acerca de esto. La Biblia nos enseña claramente, que no solo debemos evitar el pecado, sino que también debemos evitar el peligro de tener nada más que el cascarón o la apariencia del cristianismo.
Esta clase de cristianismo externo es muy común. Llega a invadir toda clase de iglesias y es altamente peligroso. Los actos externos del cristianismo sin el corazón, tienen un efecto endurecedor sobre el corazón y la conciencia. Esta clase de “cristianismo” es también muy necio. ¡Cuán necio es suponer que la forma externa del cristianismo traerá consuelo en el tiempo de la enfermedad o en la hora de la muerte! La chimenea de una pintura no puede calentar a un hombre porque no es real. Tampoco el cristianismo externo puede traer paz al alma. Dios lo ve como fraudulento, aunque nuestros amigos cristianos y pastores sean engañados por él. Dios conoce los secretos de nuestros corazones. El juzgará los secretos de los hombres en el día final.
2. El cristianismo verdadero debe existir en el corazón
La verdadera prueba del carácter del hombre y su religión está en su corazón. Es en el corazón en donde el cristianismo verdadero debe vivir. Los hombres se fijan en las cosas que las personas dicen y hacen, pero una persona puede hacer y decir lo que es correcto por motivos falsos. Pero Dios se fija en el corazón, es ahí donde el verdadero cristianismo debe comenzar. Dios dice: “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.” (Ezequiel 36:26) La fe salvadora es un asunto del corazón. “Con el corazón se cree…” (Rom. 10:10) La santidad proviene solo de un corazón renovado. Los cristianos hacen la voluntad de Dios de corazón.
Quizás algún lector piensa que una religión correcta en lo externo sea suficiente. Si es así, usted está completamente equivocado. El apóstol Pablo dice: “Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.” (Gálatas 6:15) Aquí Pablo quería decir más que el mero hecho de que la circuncisión ya no es un requisito bajo el nuevo pacto. Quería decir que el cristianismo verdadero no es algo externo sino interno. No consiste de ceremonias externas de ningún tipo, sino en la gracia de Dios obrando en nuestros corazones.
Cuando nuestros corazones están mal, ante los ojos de Dios todo está mal. Las observancias externas son inútiles si nuestros corazones están mal. Bajo el Antiguo Testamento, el arca fue el objeto más sagrado en el tabernáculo. Pero cuando los israelitas confiaron más en el arca que en Dios, fueron derrotados por sus enemigos. Estaban confiando en un objeto externo en vez de confiar en Dios mismo. Estaban mal en sus corazones. Nuestra adoración puede ser exteriormente correcta, pero será rechazada por Dios si nuestros corazones están mal.
Cuando nuestros corazones están bien, Dios pasará por alto muchas imperfecciones en nosotros. Josafat y Asa fueron reyes de Judá quienes estaban muy lejos de ser perfectos. En muchas maneras fueron hombres débiles, pero a pesar de todas sus fallas, estaban bien en sus corazones. La Pascua que Ezequías guardó tenía muchas irregularidades. Pero, nosotros leemos que Ezequías oró diciendo: “Jehová, que es bueno, sea propicio á todo aquel que ha apercibido su corazón para buscar á Dios” (2 Crónicas 30:18) y Dios respondió su oración. Dios está mucho más interesado en el estado de nuestros corazones que en la observancia externa.
Déjeme exhortarle: resuélvase a ser un cristiano de corazón. Usted no debería descuidar los aspectos externos de la adoración, pero sobre todo, asegúrese de preocuparse por el estado de su corazón.
3. El cristianismo verdadero nunca es popular
Quiero que usted sea un cristiano de corazón. Pero quiero que se dé cuenta de que este cristianismo nunca será popular. Nunca lo ha sido y nunca lo será, mientras que la naturaleza humana permanezca como no regenerada. Las mayoría de la gente está satisfecha con una religión externa. Dicha religión satisface la conciencia que nunca ha visto su gran necesidad de Cristo. Una religión externa agrada a nuestra propia justicia. También agrada a nuestra flojera natural, porque el cristianismo de corazón no es fácil, en cambio el cristianismo externo no nos causa necesariamente grandes problemas.
La historia de la religión demuestra lo que estoy diciendo. La historia de Israel en el Antiguo Testamento y los cuatro evangelios ponen esto de manifiesto. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban al pueblo continuamente porque practicaban la religión externa, sin el corazón. El Señor Jesús denunciaba a los escribas y fariseos por la misma cosa. Después de los días de los apóstoles, el cristianismo en su mayor parte, pronto se convirtió en algo meramente externo. Esto siempre ha sido la forma popular de cristianismo, mientras que el cristianismo de corazón ha sido algo raro.
El cristianismo de corazón es demasiado humillante para ser popular. Le deja al hombre sin ningún motivo para la jactancia. Le dice que está muerto en pecados y que tiene que nacer del Espíritu. Le dice que es culpable y merecedor del infierno y que debe acudir a Cristo para ser salvo. Pero el orgullo humano se rebela cuando se le habla de estas cosas.
El cristianismo de corazón es demasiado santo para ser popular. Exige que el hombre cambie sus caminos. Exige que abandone el mundo y sus pecados, que tenga una mente espiritual y que ame la palabra de Dios y la oración. ¿Cómo podría algo parecido a esto ser popular? No fue popular en el pasado y no lo es hoy en día.
Pero ¿qué importa si es popular o no para los hombres? No compareceremos ante los hombres en el juicio sino ante Dios. La gloria del cristianismo de corazón consiste de que recibe “la alabanza de Dios”. Le agrada a Dios cuando ve el cristianismo de corazón en esta vida presente. Donde quiera que El ve arrepentimiento, fe, santidad, y el amor a Dios morando en el corazón, esto agrada mucho a Dios. ¿No vale esto más que toda la alabanza de los hombres?
En el día del juicio, Dios proclamará su aprobación del cristianismo de corazón ante todo el mundo. El traerá a sus santos de todas partes del mundo en una reunión gloriosa. Los colocará a la diestra del glorioso trono de Cristo. Entonces, todos aquellos que han amado y servido a Cristo de corazón le escucharán decir: “Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:34) Los “creyentes externos” verán esto con envidia porque estas palabras nunca les serán dichas a ellos. En aquel gran día veremos y entenderemos más plenamente el valor verdadero del cristianismo de corazón. En esta vida es muy probable que usted sufra burlas, desprecio, oposición y persecución. “Y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22) Pero no importa lo que fueras a perder en este mundo, porque la alabanza de Dios en aquel día recompensará todo.
Conclusión
Déjeme concluir con tres puntos de aplicación:
1. ¿Es su cristianismo un asunto de observancia externa más bien que del corazón? Si es así, le tengo que advertir tiernamente que usted está en el más grande peligro posible. No tiene nada para consolarle en el día de la prueba, nada que le pueda dar esperanza en el día de la muerte, y nada para salvarle en el día final. ¡Qué Dios aplique esta advertencia a su alma!
2. Si su corazón le condena, entonces hay un solo camino que usted puede tomar. Debe acudir a Cristo sin dilatarse y decirle su condición. Confiésele la falsedad e inutilidad de su cristianismo externo, y pídale un corazón nuevo. El es poderoso para salvarle y ningún caso le es demasiado difícil. “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.” (Lucas 11:9)

3. Por otra parte, si su cristianismo es realmente un asunto del corazón, y usted tiene una confianza bien fundada hacia Dios, entonces tome muy en serio las responsabilidades de su posición. Dele la alabanza y el agradecimiento a Dios quien le ha dado un corazón nuevo. Pero vigile y tenga cuidado de no caer en el formalismo y la religiosidad externa. Tenga cuidado respecto a la lectura de la Biblia, la oración, y su comportamiento en la vida diaria. Nadie es tan espiritual como para estar fuera del peligro de caer tristemente en el formalismo. Por lo tanto, vigile y sea cuidadoso mientras que mira hacia adelante a la venida del Señor. Pronto vendrá. El tiempo de tentación terminará pronto. En aquel día nadie pensará que fue demasiado lejos en su entrega de corazón a Cristo.



martes, 8 de julio de 2014

La felicidad

“Bienaventurado (Bienaventurado incluye la idea de felicidad) el pueblo cuyo Dios es Jehová.” 
Salmos 144:15
La felicidad es una característica de todos aquellos que viven en una relación correcta con Dios. Otros no experimentan una verdadera y duradera felicidad. Quiero considerar el asunto de la felicidad bajo tres encabezados:
1. Las cosas que son esenciales para la felicidad
Toda persona quiere ser feliz y esto es natural. Pero, ¡Cuán pocos comprenden realmente lo que es la felicidad! Quiero mostrarle las cosas que son esenciales para tener felicidad.
La felicidad verdadera no es la completa libertad de la tristeza y las incomodidades. En este mundo caído y pecaminoso, no existe tal felicidad en ninguna parte. Tampoco la verdadera felicidad consiste de sonrisas y carcajadas. Muchas personas se ríen fuertemente y son aparentemente felices cuando están acompañadas, pero interiormente son miserables y temerosos de quedarse solos. ¡No se engañen con la falsedad de la jovialidad mundana!
Para que alguien sea verdaderamente feliz, sus necesidades más profundas deben ser satisfechas. Los bebes son felices cuando han sido vestidos, alimentados y descansan en los brazos de su madre, porque todas sus necesidades han sido satisfechas. Es lo mismo con todos nosotros, antes de ser verdaderamente felices, nuestras necesidades más profundas deben encontrar satisfacción.
¿Cuáles son nuestras necesidades más profundas? ¡No son simplemente las corporales! El hombre tiene mente y conciencia. Tiene un sentido interior de que la vida presente no lo es todo: Existe una vida más allá de la muerte. No son sólo las necesidades corporales las que deben ser satisfechas, sino las necesidades de nuestra alma y nuestra conciencia también.
Si queremos ser verdaderamente felices, nuestra felicidad no debe depender de ninguna cosa en este mundo. Todas las cosas en la tierra son inciertas e inestables. Todo lo que el dinero puede comprar es temporal y todas nuestras relaciones serán cortadas con la muerte. Por eso, la felicidad no puede depender de tales cosas.
Para ser verdaderamente felices debemos ser capaces para ver todo lo que nos rodea sin un sentimiento de incomodidad. Debemos ser capaces para mirar hacia el pasado sin sentirnos culpables. Debemos ser capaces de mirar hacia el futuro sin ansiedad. Si usted no puede mirar hacia atrás y hacia adelante sin incomodidad, usted no puede ser feliz. Sus circunstancias presentes pueden ser buenas, pero eso no es suficiente para que usted sea verdaderamente feliz.
2. Los errores más comunes acerca de la felicidad
Muchas personas buscan la felicidad en lugares completamente equivocados. Ahora, quiero advertirle claramente en contra de algunos de los errores más comunes acerca de como ser felices.
Los logros y el éxito no traen la verdadera felicidad. Los hombres exitosos no son necesariamente felices. Frecuentemente el éxito mismo les acarrea más problemas. Las riquezas no traen la felicidad. Las riquezas pueden comprar todo salvo la paz interior. La ciencia y el conocimiento no traen por sí mismos la felicidad. Nuestros corazones y conciencias tanto como nuestras mentes necesitan alimento. El conocimiento secular no le proporciona al hombre felicidad cuando piensa en la muerte. Una vida sin carencias tampoco trae felicidad. Frecuentemente el hombre es tentado a desear el no tener la necesidad de trabajar y anhelar el ocupar sus días como le plazca. Pero Dios hizo al hombre para trabajar, y algún tipo de trabajo es esencial para nuestra felicidad. El placer tampoco trae la felicidad. Muchos pasan su tiempo buscando el placer, tal como un niño pasa el tiempo jugando con sus juguetes. Pero ni aún el niño juega con sus juguetes todo el día. Los hombres y las mujeres tienen actividades mucho más elevadas en las cuales ocuparse, que la búsqueda interminable del placer.
Le quiero decir claramente que si usted piensa que alguno de estos caminos conduce a la felicidad verdadera, está completamente equivocado. La totalidad de la experiencia humana está en contra de esto. El rey Salomón tenía poder, sabiduría y riqueza mayores que cualquier otro hombre de aquel entonces. Sabemos de su propia boca que él experimentó para ver cuánta felicidad se podría encontrar en estas cosas. En el libro de Eclesiastés (1:14) nos da su conclusión escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo: “Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. Otros testimonios incontables que afirman lo mismo, podrían ser citados de la historia y de los hombres y mujeres que han buscado la felicidad en lugares equivocados. Ellos alcanzaron sus metas en la vida, pero no encontraron paz y felicidad.
¿Es usted una persona joven? Le ruego, no malgaste su vida buscando la felicidad en donde no puede ser encontrada. ¿Está usted pobre? ¿Piensa usted que si sólo fuera rico estaría feliz? Resista esa tentación. Hay tanta miseria entre los ricos como entre los pobres. Apelo a todos ustedes a que recuerden que tan comunes son estos errores acerca del camino de la felicidad, y aprendan a buscarla en donde puede ser hallada.
3. El camino de la felicidad
Finalmente, déjeme mostrarle el camino de la felicidad verdadera. Hay un camino que conduce a la felicidad verdadera a todos aquellos que lo toman. Este camino no es incierto ni dudoso. La felicidad verdadera está disponible para todos. Pero hay un solo camino y todos aquellos que deseen la felicidad tienen que tomarlo.
La única manera para ser feliz es siendo un creyente verdadero y ferviente. El creyente verdadero es la única persona realmente feliz. Al referirme a un cristiano verdadero, no quiero decir todos aquellos que se identifican como cristianos. Quiero decir la persona que ha sido enseñada por el Espíritu Santo a arrepentirse de sus pecados y a poner su esperanza y su confianza en el Señor Jesucristo; la persona que ha nacido de nuevo y que vive una vida espiritual y santa.
Cuando digo que ese hombre es verdaderamente feliz, no quiere decir que no tenga ansiedades ni problemas de ningún tipo, o que nunca llore. Pero, en lo más profundo de su corazón él tiene una paz sólida y un gozo verdadero. Eso es la felicidad. No digo que todos los creyentes sean igualmente felices, pero comparado con los hombres del mundo, son personas felices.
El creyente verdadero tiene una conciencia que está en paz. El sabe que sus pecados han sido borrados por Cristo. Solamente él puede pensar tranquilamente acerca de su alma, porque sabe que está a salvo en Cristo. Solamente él tiene una fuente de felicidad que no depende de este mundo. No importa cuánto fueran a cambiar sus circunstancias terrenales, tiene un amigo celestial que permanece constante. El verdadero creyente está cumpliendo el propósito por el cual Dios le hizo. El hombre inconverso no lo está cumpliendo y por lo tanto no puede ser feliz.
Sin Cristo, ningún hombre en este mundo puede ser verdaderamente feliz, no importa cuán buenas puedan ser sus circunstancias. Pero con Cristo, un hombre puede ser feliz a pesar de ser pobre. Puede ser feliz a pesar de estar enfermo, puede ser feliz a pesar de los alborotos políticos y económicos. Su felicidad no depende de sus circunstancias presentes. El sabe “que le irá bien al justo”. (Isaías 3:10)
Objeciones contestadas
Mientras que usted lee esto ¿Está llenando satanás su mente con objeciones a lo que digo? Si es así, no tenga miedo de enfrentarlas directamente.
Quizás usted piensa que conoce a muchas personas religiosas que no son felices. Pero ¿Está usted seguro de que estas personas son creyentes verdaderos en Cristo? Muchos poseen sólo una forma externa del cristianismo, y usted no debería esperar que tales personas tengan la paz interior y el gozo.
Quizás usted conoce a algunos que parecen ser verdaderamente personas espirituales, pero no parecen ser felices. Se quejan mucho acerca de sus corazones y parecen estar llenos de dudas, ansiedades y temores. Me da tristeza que efectivamente existan creyentes así, que vivan muy por debajo de sus privilegios, y que aparentemente no estén experimentando el gozo y la paz. Pero ¿Les ha preguntado usted si abandonarían su fe y regresarían al mundo? Les ha preguntado usted si ¿Piensan que serían más felices si dejaran de seguir al Señor Jesús? Si usted hiciera estas preguntas, aún al creyente más débil y humilde le respondería: “Quizás mi fe sea débil y mi gozo en Cristo casi no existe, pero nunca abandonaría lo que tengo”. Entonces, después de todo, la raíz de la felicidad está ahí aunque las hojas y las flores no se vean.
Pero quizás usted me dirá que piensa que la mayoría de los creyentes no pueden ser felices, porque parecen ser tan solemnes y serios. ¿Alguna vez se ha preguntado porqué son tan serios? ¿Espera usted que puedan estar en su compañía, sin cierto grado de tristeza al ver que usted se encuentra en el camino hacia el infierno? En una ocasión un destacado filósofo preguntó a un ministro cristiano ¿Porqué la gente religiosa parece estar tan triste? Entonces, el ministro respondió: “El verlo a usted, Sr. Hume, haría triste a cualquier cristiano”. Solamente cuando usted mismo haya sido convertido, será capaz de estimar correctamente la tristeza y solemnidad de los creyentes. Cuando usted los vea en la compañía de aquellos con quienes tienen un solo corazón y aman a Cristo, entonces usted encontrará que nadie es tan feliz como lo son los creyentes verdaderos.
Entonces, repito mi afirmación de que no hay felicidad en el mundo que se compare con la de los creyentes verdaderos.
Conclusión
En seguida, quiero apelar a las conciencias de todos mis lectores.
1. Déjeme hacerle una pregunta: ¿Es usted feliz? Si usted está viviendo para este mundo, entonces sabe en su corazón que no es verdaderamente feliz. Déjeme advertirle en amor, usted nunca será verdaderamente feliz mientras dé la espalda a Dios y a Cristo.
2. Déjeme darle una advertencia. Es una tontería vivir una vida la cual no le puede hacer feliz. “¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura?” (Isaías 55:2) El camino de la salvación y el camino de la felicidad son el mismo. Si usted rechaza este camino nunca será feliz.
3. Déjeme rogarle que busque la felicidad en el único lugar en donde puede ser hallada. Se encuentra solamente en Cristo. Solamente El la puede dar. Acuda a El confesando sus pecados y su miseria. Acuda a El pidiéndole misericordia, perdón y una vida nueva. ¡Qué nada lo detenga, acuda a El ahora!
4. Déjeme ofrecer algunos consejos a los creyentes verdaderos acerca de cómo incrementar su felicidad.
Primero, esfuércese para crecer en la gracia año tras año. Tenga cuidado de no estancarse o de vivir de las experiencias del pasado. Esfuércese por ir adelante. Lea más fervientemente la Biblia, ore con más fervor, odie más el pecado, niéguese más a sí mismo, mantenga libre su conciencia de los pecados pequeños, no contriste al Espíritu. Los hombres más santos son siempre los hombres más felices.
Segundo, esfuércese en ser más agradecido año tras año. Aprenda a alabar más a Dios por su bondad.

Tercero, esfuércese en hacer más bondades año tras año. Dios es bueno y hacedor de bienes. (Sal. 119:68) Esfuércese a ser como Dios haciendo bien. Siempre habrá algo que usted puede hacer para servir a Dios, hágalo. Recuerde que el creyente que es renuente no gozará de la paz perfecta. El creyente más comprometido siempre será la persona más feliz.