viernes, 25 de julio de 2014

El principio del Dominio Propio

El séptimo y último principio que enfatizaremos como vital para alcanzar la prosperidad integral es el principio del Dominio Propio. Uno podría definirlo como la habilidad para llevar a cabo algo que se nos ha pedido hacer, para modificar un comportamiento, para posponer una acción y para comportarnos de una manera socialmente aceptable sin ser guiados o dirigidos por alguna otra persona.
El dominio propio es un elemento esencial y una marca clara del carácter maduro de un individuo. Sin él, es imposible hacer un plan financiero y llevarlo a cabo. Sin dominio propio es imposible poder poner en práctica los secretos e ideas que daré en unas cuántas páginas más.
La derrota en esta área de nuestras vidas es la razón más común por la que organizaciones de ayuda financiera en Estados Unidos mantienen a decenas de miles de consejeros ocupados durante todo el año. Se calcula que los norteamericanos hoy en día gastan de promedio un dólar y diez centavos por cada dólar que ganan.
La falta de dominio propio en el país del norte está provocando una cantidad asombrosa de quiebras, tanto personales como empresariales, la cantidad más grande en la historia del país.
Para entender la seriedad del problema que tenemos frente a nosotros con respecto al dominio propio sólo bastaría observar el crecimiento de la industria que ayuda a la gente a perder peso o de la expansión de nuevos problemas de salud que fundamentalmente sean el resultado de un comportamiento riesgoso, como la drogadicción, las enfermedades venéreas y el SIDA.
Hay una canción del famoso cantante Ricky Martin que se llama: «¿Qué día es hoy? (Self-control)» y dice:
¿Qué día es hoy? No me aguanto …
… Sin control en mis actos, de mal humor, me levanto.
No hace sol, ni es verano, mi jardín se ha secado,
ni una flor me ha quedado y mi amor se ha marchado …
No me sorprende que su amor se haya marchado. ¡Yo también lo haría! Es imposible vivir en paz y en comunión con una persona que no tiene control de sus actos, que reacciona de esa manera frente a la adversidad y que ha dejado secar su «jardín de relaciones interpersonales». Antes de pedirle una segunda oportunidad a su pareja (como esta canción lo hace más adelante), yo le recomendaría que haga algunos cambios en su vida interior primero …
Dice un antiguo proverbio chino: «Aquel que conoce a otros es sabio, aquel que se conoce a sí mismo es un iluminado. Aquel que conquista a los demás tiene poder físico; aquel que se conquista a sí mismo es verdaderamente fuerte».14
«A pesar de haber vencido a un millón de hombres en el campo de batalla», dicen los escritos del budismo, «en verdad, el conquistador más honorable es aquel que se ha conquistado a sí mismo».15
El principio del Dominio Propio es otra piedra fundamental en la construcción del edificio de la prosperidad integral que todos deseamos en la vida. El aprender a valorar el dominio propio y lograr dominarse a sí mismo en el área de las finanzas está clavado en el corazón de los secretos para lograr la prosperidad integral.
Sin embargo, tú harás lo que tu mente piensa y tu mente piensa lo que tú le dices que debe pensar. Hay una serie de frases de nuestro consumismo popular que se han metido en nuestro vocabulario de todos los días y que nos arruinan las posibilidades de salir adelante económicamente. Permíteme escribir algunos ejemplos:
a. «Date un gusto. ¡Te lo mereces!»
b. «¿Qué te hace una mancha más al tigre?»
c. «Compra y ahorra».
d. «Compra ahora, paga después».
e. «Esta es una oferta especial que no se repetirá jamás en tu vida».
f. «La última cuenta la paga el diablo».
g. «Tú necesitas … (y aquí viene siempre el artículo que te quieren vender)».
h. «Lo importante es disfrutar el hoy».
i. «¿Por qué esperar?»
Si te crees las farsas de aquellos que se quieren enriquecer a costa de tu trabajo, terminarás en la mediocridad. Pero si vas a salir del nivel en el que te encuentras, solamente lo podrás hacer, como decía Einstein, llevando a tu mente a un nuevo nivel de pensamiento.
«Siembra un pensamiento y cosecharás una acción», dice un famoso dicho popular, «siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás carácter; ¡siembra carácter y cosecharás un destino!»
La capacidad para concretar tu destino económico está en tus manos: debes tener el ardiente deseo y el absoluto compromiso personal para llevar a cabo tu plan.
A estas alturas, entonces, es tiempo de introducir un elemento clave en el control de tu destino económico: el poder de la voluntad.
El poder de la voluntad
Hace algunos años atrás Alicia, una amiga de mi familia, tuvo un ataque de embolia cerebral. Cuando el coágulo de sangre que circulaba por sus venas finalmente se detuvo en el cerebro causando la embolia, la mitad de su cuerpo quedó paralizado. La falta de oxígeno había destruido células críticas para el pasaje de información que permitían el movimiento de la parte derecha de su cuerpo y del habla.
Dos años y medio más tarde, si uno veía a Alicia por primera vez, nunca se imaginaría que había estado paralizada y muda por casi un año y medio.
¿Qué ocurrió? ¿Cómo se sanó? Bueno, primeramente yo creo que fue un milagro, pero segundo, por el maravilloso poder de la voluntad de su cuerpo, ¡aún sin ella misma quererlo!
Desde casi el mismo momento en el que comenzó su tratamiento, su cerebro comenzó a buscar formas de contrarrestar el problema de comunicación interna que tenía. El cerebro de Alicia sabía que tenía problemas para comunicarse con los músculos para llevar adelante las tareas necesarias. También sabía de las células destruidas por la enfermedad. Sin embargo, en vez de abandonarse a «su destino», como muchas personas lo hacen en Latinoamérica, el cerebro de Alicia comenzó incansablemente a buscar otras rutas de comunicación.
Los doctores y Alicia ayudaron en la tarea proveyendo de ejercicios para refinar el trabajo cerebral y, con el tiempo y mucho esfuerzo, Alicia volvió a caminar, a mover sus brazos y a hablar normalmente.
A pesar de que este no es el resultado de todos los pacientes con este tipo de enfermedad, la enseñanza que nos deja nuestro cuerpo es que hay una tendencia natural hacia la lucha y no hacia la resignación. Nuestro cuerpo luchará por mantenerse funcionando hasta el mismo momento en el que el caos total nos cause la muerte.
Por el sólo hecho de que en un accidente perdamos algún miembro importante de nuestro cuerpo no quiere decir que las plaquetas de la sangre no irán a tratar de tapar el lugar por donde está ocurriendo la hemorragia, o que los glóbulos blancos no irán a tratar de combatir a los gérmenes que están tratando de entrar a nuestro cuerpo. Todo lo contrario. Lo harán y lucharán hasta perecer en la batalla.
Nosotros no estamos hechos para entregarnos al «destino». Estamos hechos para conquistar la tierra y subyugarla. Estamos hechos para ganar.
Uno de los regalos más preciosos que hemos recibido en la vida es el regalo de nuestra voluntad y de nuestro poder de decisión.
El ejemplo de Viktor Frankl
Hace algún tiempo atrás, mientras leía a Steven R. Covey en Los siete hábitos … me encontré con la historia de este conocido psiquiatra judío. Me gustaría compartirla contigo.
Frankl era un psiquiatra determinista: creía que las cosas que a uno le ocurrían cuando niño determinaban cómo uno iba a ser en la edad adulta. Una vez que los parámetros de la personalidad estaban establecidos no había mucho que uno pudiera hacer más adelante para cambiarlos.
Frankl cayó prisionero de los nazis y fue llevado con su familia a un campo de concentración. Casi todos sus parientes perecieron en el campo y aun Viktor fue víctima de numerosas torturas y horribles presiones sin saber si viviría para ver una nueva mañana. Un día, sólo y desnudo en un rincón del pequeñísimo cuarto donde le tenían descubrió lo que él mismo llamó más adelante «la última de las libertades del hombre» (una libertad que nadie jamás le podría quitar).
Viktor Frankl se dio cuenta que los nazis tenían el poder para controlar todo su entorno, todo el ambiente en el que él se movía, pero no tenían el poder para controlar cómo él mismo reaccionaría frente a la situación en la que se encontraba. Él todavía tenía la libertad de decidir de qué manera esa situación le afectaría interiormente.
Él podía decidir si dejaría que sus circunstancias le destrozaran emocionalmente o si, en medio de ellas, él continuaría creciendo como persona, manteniendo la calidez de su vida interior en medio del crudo invierno del nazismo en su país.
Es cierto lo que dijéramos con anterioridad: de que para cada acción, existe una reacción; para cada estímulo, una respuesta. Pero Viktor Frankl, en medio de los horrores del campo de concentración nazi descubrió un principio fundamental de la naturaleza humana: de que entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene libertad de elección, tiene el poder para decidir.16
Es por eso que muchos de nosotros tomábamos la guitarra y, durante los recreos que teníamos en la escuela primaria o secundaria cantábamos con alegría a pesar de que estábamos viviendo las épocas más duras de la dictadura militar en nuestros países Latinoamericanos. Muchos ignoraban por completo esta situación, pero otros elegíamos ser felices «a pesar de».
Tú tienes la libertad de elegir hoy cómo vas a responder a las circunstancias en las que te encuentras. Puedes elegir desesperarte, amargarte, rendirte; o puedes elegir que hoy será el último día en el que el dinero te domine a ti y te amargue la existencia.
Tú puedes elegir hoy mismo disfrutar de calidez interior para contigo y para con los que te rodean, a pesar de estar pasando por un terrible invierno financiero.
Tú puedes elegir hoy mismo, como lo hace tu cerebro, reconocer cuáles son las áreas muertas de tu carácter y determinar que, a partir de hoy, cueste lo que cueste y lleve el tiempo que lleve, vas a encontrar una nueva ruta para llegar a tus metas.
Tú puedes hacerlo. Fuiste creado para conquistar la tierra, no para ser arrasado por tus circunstancias.

Vamos a hacerlo juntos.


jueves, 24 de julio de 2014

El principio del Amor y la Compasión

El amor y las finanzas
¿Qué tiene que ver el amor con las finanzas? Mucho. El amor es lo que nos provee del balance adecuado en la sociedad de consumo que nos toca vivir. Nos permite tener la actitud correcta frente a un sistema económico basado en el consumismo. Nos permite saber esperar y entender claramente la razón por la cual comprar. Nos da la capacidad de reaccionar correctamente frente a la injusticia y frente a la estafa. Nos permite poner en práctica el perdón.
Una economía de mercado sin corazón se convierte en una jungla, en la que solamente el más fuerte sobrevive; o se convierte en un mar en el cual el pez más grande se come al chico. ¿Suena familiar la comparación?
Si queremos llegar a la prosperidad integral, debemos empezar a valorar el amor y el compromiso hacia los demás. La mejor definición que conozco sobre qué es el amor la he leído en la carta de San Pablo a los griegos que vivían en la ciudad de Corinto e incluye los siguientes valores:
El que ama, tiene paciencia en todo y siempre es amable,
El que ama no es envidioso, ni presumido ni orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
El que ama no guarda rencor.
No aplaude a los malvados sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de sufrirlo todo, de creerlo todo,
de esperarlo todo, de soportarlo todo.
El amor nunca deja de ser.11
Si no sabemos soportar, no tenemos dominio propio, que es clave para el éxito en el manejo de nuestras finanzas.
La envidia, la presunción, el orgullo y el egoísmo son «torpedos financieros» en nuestra vida económica. Puede que estemos haciendo todo lo demás correctamente y estemos luchando exitosamente la batalla en la superficie financiera de nuestras vidas. Pero estos «torpedos» se acercan silenciosamente por debajo de la superficie y, de un solo golpe, destrozarán todo el trabajo de nuestras vidas.
El enojarse y el guardar rencor son una carga emocional que debemos llevar a cuestas cada día desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Nadie puede ser cien por ciento exitoso y efectivo con una carga emocional como esa. Si no aprendemos a perdonar y a dejar esas cargas en el pasado nunca podremos disfrutar de la prosperidad integral, porque ella implica no solamente el éxito en lo financiero, sino también el éxito en la vida personal, la vida familiar y la vida interior.
La bondad, el buen trato hacia los demás (no ser «grosero»), el sentido de justicia, y un carácter perseverante (sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo), nos permitirán crear el ambiente para que nos ocurran las cosas positivas de la vida. Para recibir ayuda de los demás en el momento de necesidad. Para recibir la mano amiga que nos llevará hacia arriba cuando menos lo esperamos. Para recibir las bendiciones de Dios.
El amor es una decisión. No es solamente un sentimiento. En realidad, lo que siento por los que me ofenden es odio. Pero si los amo, es porque he decidido hacerlo.
El amor es una decisión de nuestra voluntad.
Uno puede «amar si»:
—Te amo si me amas.
—Te amo si te portas bien (dicen las madres a sus hijos).
—Te amo si satisfaces mis expectativas.
—Te amo si haces lo que yo te digo.
Uno puede «amar porque»:
—Te amo porque me amas.
—Te amo porque eres guapo/guapa.
—Te amo porque tienes recursos económicos.
—Te amo … ¡porque no pude atrapar a ningún otro!
Pero el verdadero amor se expresa en «amar a pesar de»:
—Te amo a pesar de que no me amas.
—Te amo a pesar de que no llenas mis expectativas.
—Te amo a pesar de que estás envejeciendo o no eres tan linda como antes.
—Te amo a pesar de que no eres de mi misma raza o no piensas igual que yo.
—Te amo a pesar de que hoy siento que no amo ni a mi propia madre.
Aprender a amar «a pesar de» no solamente refleja tener en muy alto grado el valor espiritual de la vida, sino que también «amar a pesar de» es esencial para sentirnos realizados como personas.
El poder de la compasión
Yo declaro ser nada más que un hombre común,
con capacidades menores que las de un hombre promedio.
No me cabe la menor duda que cualquier hombre o mujer
puede lograr lo que yo he logrado
si realiza el mismo esfuerzo
y cultiva la misma esperanza y la misma fe. 
Mahatma Gandhi
Valorar la compasión hacia los demás en la vida está íntimamente ligado con el valor anterior. La compasión hacia los demás es, justamente, el resultado natural de un amor incondicional. Esa es la actitud que hace grande a los países, a las sociedades, a las familias y a los individuos.
Aristóteles dijo 300 años antes de nuestra era que «en los lugares donde alguna gente es extremadamente rica y otros no tienen nada, el resultado será una democracia extrema o una absoluta oligarquía. El despotismo vendrá de cualquiera de esos dos excesos».12
El amor al prójimo, la ternura y la compasión nos permiten balancear las diferencias y ayudar al necesitado con sus deficiencias para lograr una mejor sociedad en cada uno de nuestros países. No por obligación ni por lástima, sino por compasión.
Yo estoy convencido de que muchos de los problemas sociales, de injusticia y de pobreza que vivimos en nuestro continente son, justamente, el resultado de la falta de amarnos unos a otros y de sentir verdadera compasión por los necesitados.
El fuerte énfasis «familista» en nuestro continente, como lo explica Fukuyama, nos hace definir el concepto de «familia» en términos que se limitan a mis familiares cercanos y que dejan fuera al resto de la gente que vive en el país. Esa actitud, nos lleva a defender y buscar los intereses de la familia de sangre «a muerte» muchas veces a costa de defraudar a los demás ciudadanos de nuestro país.
Por otro lado, cuando hablamos de ayudar a los pobres, en lugar de tener una actitud de compasión, tenemos una de lástima.
La lástima me coloca en una postura superior a mi prójimo. Por lástima yo doy una limosna. Sin embargo, la compasión me coloca junto a mi prójimo. Por compasión estoy dispuesto a dar mi vida en pos de un ideal.
Compasión es una palabra compuesta: con-pasión y significa «tener la misma pasión», «tener el mismo sufrimiento que …», o «sufrir con …» Compasión es la habilidad de sentir el mismo sufrimiento que siente la persona que tenemos al lado.
Alexander Solzhenitsyn, el gran poeta y líder de los derechos humanos en Rusia, dijo cuando le entregaron el premio Nóbel en 1970: «la salvación del hombre se encuentra solamente en llegar a hacer que todo le importe a todos». El problema de nuestros días es que a todos no hay mucho que nos importe.
Lo opuesto al amor no es el odio. Ya lo dijimos anteriormente: el odio es un sentimiento, el amor es una decisión.
Lo opuesto del amor es la indiferencia.
El efecto del amor en acción
Para demostrar ternura y compasión uno no necesita gastar fortunas. Uno solamente tiene que estar dispuesto a colocarse en los zapatos de la persona que uno tiene al lado y extenderle una mano amiga en el momento de necesidad.
Uno no necesita convertirse en el Dr. Livingston o Judson Taylor, entregando vida y fortuna para viajar por el continente africano o asiático. No hay necesidad de viajar a la India para unirse al trabajo con los leprosos que estuviera haciendo la Madre Teresa en la ciudad de Calcuta.
Sólo hace falta desarrollar sensitividad interna hacia el dolor ajeno. El problema es que, en medio de tanto dolor, a veces nos volvemos insensibles.
Recuerdo luchar con esa situación de insensibilidad frente al dolor cuando mi esposa y yo vivíamos en la ciudad de Chicago y ayudábamos a gente de habla hispana en un barrio que, en 1995 tuvo más de 3.900 crímenes violentos. Era difícil sentir el dolor ajeno en medio de tanta tragedia. Pero es, justamente, en respuesta a lo vivido durante los once años que pasamos en la «Ciudad de los Vientos» que hoy me siento a escribir este libro.
Uno nunca sabe a dónde lo va a llevar a uno aquello por lo cual uno siente una profunda pasión. Puede que lo lleve a cambiar la vida de un familiar o de un vecino. ¡Puede que lo lleve a cambiar el mundo!
Fue por la pasión que sufría por su pueblo de raza negra que un desconocido pastor protestante como Martin Luther King, Jr. se convirtió en el símbolo de los derechos humanos en Estados Unidos de América. Lo mismo le ocurrió a Nelson Mandela en Sudáfrica, quien pasó de ser un prisionero de más de veinte años en las cárceles sudafricanas para convertirse en el presidente de su país y liderar a su nación en una transición pacífica del apartheid a la democracia.
¿Y qué hablar de gente como Mahatma Gandhi, en la India; Pérez Esquivel en la Argentina, y tantos otros hombres y mujeres como tú y como yo que se abrazaron de la bandera de la compasión para cambiar la situación de sus conciudadanos? ¿Quién sabe lo que tú puedas llegar a hacer en respuesta a una situación de injusticia que tengas por delante?

Sea que la compasión te lleve a ayudar a una persona o a un pueblo entero, lo importante es desarrollar esa sensitividad interior que te permitirá enriquecer tu carácter. Recuerda que la prosperidad financiera no significa nada si no va acompañada de una profunda satisfacción interior de estar haciendo la diferencia en la vida de alguien que nos rodea.



miércoles, 23 de julio de 2014

El principio de la Integridad

Como dijimos al comienzo, la forma en la que manejamos nuestro dinero tiene mucho que decir sobre quiénes somos interiormente como personas: las cosas que valoramos, los principios que obedecemos y el proceso de pensamiento que seguimos para tomar decisiones. Es por eso que esta primera parte está diseñada para producir un cambio interior primero, que pueda producir un cambio exterior después.
De nada vale «vestir a la mona de seda». Lo que debemos hacer es sufrir una transformación interior que nos lleve a realizar cambios exteriores por el resto de nuestras vidas. Hasta aquí, entonces, lo que hemos aprendido:
a. Debemos vernos como administradores (desprendernos emocionalmente de nuestras posesiones).
b. Debemos aprender a ser felices en el lugar económico en el que nos encontremos.
c. Debemos encarar nuestra vida financiera con perseverancia, mirando hacia toda nuestra vida y no solamente hacia el día de hoy.
d. Debemos aprender a ser ahorradores, diferenciando entre necesidades y deseos.
En segundo lugar, si queremos lograr la prosperidad integral de la que hemos hablado al comienzo, no solamente debemos desarrollar una actitud diferente frente a la vida, sino que también debemos trabajar en nuestro carácter.
Desarrollar las bases de un carácter sólido es la única manera en la que vamos a poder tomar exitosamente las decisiones económicas que necesitamos tomar cada día.
Clarificando el concepto de la madurez
Cuando éramos niños, nuestra madre nos forzaba a tomar la sopa. No sólo eso, también teníamos que comer todo tipo de verduras que sabían horrible como espárragos, yuca (mandioca), habichuelas verdes y hasta algunos de nosotros debíamos deglutir el famoso aceite de hígado de bacalao. Sin embargo, ahora en nuestra edad madura no dudamos en prepararnos una buena sopa o comernos un buen plato de verduras.
¿Qué ha pasado en nuestras vidas? ¿Es que tememos que la mano de nuestra madre nos encuentre, como lo hacía en aquellos días de nuestra niñez y nos dé una palmada allí donde termina la espalda?
En general, la respuesta es «no». Lo que ha ocurrido es que, a medida que hemos madurado, hemos aprendido un principio importante en la vida: debemos alimentarnos con regularidad para sobrevivir. También hemos comenzado a valorar las comidas con un alto contenido de nutrientes.
Ahora hemos aprendido a valorar comidas nutritivas y, aunque nunca antes hayamos probado un determinado alimento, podemos decidir si lo queremos comer o no simplemente haciendo un par de preguntas sencillas antes de probarlo. De esa manera podemos determinar el valor nutritivo del mismo, saber si es bueno para nosotros, si nos va a caer mal al hígado y si lo vamos a tomar o no.
Lo mismo ocurre con nuestras decisiones económicas. Es imperativo que maduremos, que crezcamos en nuestro carácter, para poder tomar las decisiones diarias que nos llevarán hacia el éxito. No puedo tomar esas decisiones por ti. Tú tendrás que hacerlo por tus propios medios. Lo que puedo hacer por ti es mostrarte el camino, pero debes ser tú el que debes decidir recorrerlo.
La adolescencia social
Uno de los problemas de carácter más recurrentes en la sociedad de consumo de hoy es el tener millones de adolescentes que tienen entre treinta y cuarenta años de edad. Es cierto que cronológicamente tienen treinta y cinco, quizás treinta y siete años, pero mentalmente ¡son adolescentes!
La madurez implica paciencia, integridad, honestidad, transparencia en las relaciones, amor comprometido, compasión por los demás y una buena dosis de dominio propio. Si desarrollamos esas tendencias en nuestro carácter no hay lugar en el mundo donde no podamos llegar a la prosperidad integral.
Mi carácter y mis valores en la vida determinarán, entonces el rumbo que habré de seguir cada vez que me enfrente con una nueva alternativa financiera frente a mí. Mi carácter es un boomerang: eventualmente volverá a mí para ayudarme o para golpearme.
Tomás Paine decía: «Carácter: mejor cuidarlo que recobrarlo».
«Carácter es lo que una persona hace cuando se halla desprevenida. Es la mejor indicación del tipo de hombre o mujer que esa persona es», decía C. S. Lewis. «Si hay ratas en el sótano, probablemente te encuentres con ellas si entras en forma repentina. Pero la velocidad con la que han ocurrido las cosas no es lo que ha hecho que las ratas existan, solamente no les ha dado tiempo para esconderse. De la misma manera, la provocación repentina no me hace estar de mal humor; simplemente muestra lo malhumorado que soy».
La mejor forma de saber qué tipo de persona es un determinado individuo, dijo alguna vez Abigail Van Buren, es notar: a) cómo trata a las personas que no pueden resultarle de ningún beneficio y b) cómo trata a las personas a las que no puede contraatacar.
Una de las marcas más importantes de un carácter maduro es la integridad personal. Stephen Carter, profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad de Yale y autor del libro Integrity [Integridad], explica que la integridad requiere de tres pasos concretos:
a. Discernir lo que está bien de lo que está mal (saber qué es lo bueno y lo malo).
b. Actuar de acuerdo a esas convicciones, aún a pesar de tener que pagar un precio en lo personal por hacerlo.
c. Expresar abiertamente frente a otros que uno está actuando de acuerdo a su propio discernimiento del bien y del mal.8
Cuando viajo ofreciendo conferencias, especialmente en aquellas que presento para empresarios y políticos, con regularidad defino «integridad» de la siguiente manera:
Integridad es …
Hacer lo que se tiene que hacer,
Cuando se tiene que hacer,
Como se tiene que hacer,
Sin importar las consecuencias.
Nuevamente, y ahora remarcando lo que creo que es importante:
Hacer lo que se tiene que hacer,
Cuando se tiene que hacer,
Como se tiene que hacer,
Sin importar las consecuencias.
Si queremos disfrutar de la prosperidad integral, entonces, en primer lugar debemos desarrollar un carácter íntegro, sólido. Debemos descubrir las cosas en las que creemos y aprender a vivir de acuerdo a ellas, cueste lo que nos cueste. Ese es el tipo de hombre o mujer que el mundo admira.
Marco Polo, Gandhi, Martín Lutero, Judas Macabeo, Bolívar, Bernardo O’Higgins, José de San Martín, Martin Luther King Jr., la Madre Teresa de Calcuta y tantas otras personas que admiramos (y que me falta el espacio para nombrar), demostraron, justamente, ese tipo de carácter. Ese es el tipo de personas que recordamos a través de los años y a través de las generaciones.
Se dice que Abraham Lincoln dijo una vez: «Tú puedes engañar a todos algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos todo el tiempo».
Eventualmente la gente a tu alrededor sabrá quién realmente eres. Especialmente la gente que se encuentra más cerca de ti.
Tengo dos historias interesantes que contarte: la primera tiene que ver con uno de los abogados de Al Capone.
Uno de los abogados de Al Capone se llamaba «Easy» Eddie (Eduardo «el Tranquilo»). «Easy» (se pronuncia «Isi») Eddie tenía fama de ser uno de los mejores y más sagaces abogados en todo Estados Unidos. Tal era su capacidad para manejar casos difíciles que el gobierno federal norteamericano había invertido cantidades enormes de dinero para encarcelar a Al Capone sin mucho éxito.
Al Capone, por su parte, premiaba a su inteligente abogado con un sueldo respetable, lujos, poder político y hasta una casa que cubría toda una manzana en la ciudad de Chicago.
«Easy» Eddie estaba casado y un día él y su esposa tuvieron un hijo. Eddie amaba profundamente a su hijo. Como todo padre, trataba de enseñarle la diferencia entre el bien y el mal, y le proporcionaba una buena educación, dinero, vacaciones regulares, la mejor vestimenta de moda, automóviles, etc. Sin embargo, había una cosa que «Easy» no podía darle a su heredero: un buen nombre. Los amigos de su hijo lo confrontaban con la triste realidad de que su padre era el que estaba permitiendo que un gángster como Al Capone continuara robando, matando y corrompiendo a la sociedad.
«Easy» Eddie lo pensó por un tiempo. Bastante seriamente. Un día, decidió que ese no era el ejemplo que le quería dejar a sus hijos (ya maduros) y a sus nietos. Eddie hizo contacto con las autoridades y se entregó a la policía para hacer lo que era correcto, a pesar de las consecuencias. Fue gracias a su testimonio en corte que, finalmente, el gobierno norteamericano colocó a Al Capone tras las rejas.
El abogado «Easy» Eddie fue acribillado a balazos en una oscura calle de Chicago no mucho tiempo después.
La segunda historia tiene que ver con un desconocido piloto de la fuerza aérea norteamericana.
El 20 de febrero de 1942, durante una de las batallas en el Pacífico, el portaaviones Lexington al cual su escuadrón estaba asignado recibió órdenes de atacar posiciones japonesas en Nueva Guinea. Desafortunadamente para los norteamericanos, la nave de guerra fue detectada por los japoneses unos 600 kilómetros antes de llegar a destino. No mucho después, los aviones Wildcats del Lexington entraron en combate con dieciocho bombarderos japoneses.
Los primeros nueve fueron destruidos por los Wildcats, pero cuando la segunda tanda de bombarderos llegaron a las inmediaciones del Lexington, solamente este joven piloto y su acompañante estaban lo suficientemente cerca de la formación japonesa para defender la nave.
Para colmo de males, las ametralladoras del avión del acompañante se trabaron y nuestro joven piloto queda absolutamente solo frente a los nueve bombarderos enemigos. En un acto de heroísmo absoluto, este piloto apuntó su Wildcat hacia los bombarderos enemigos y en medio de una verdadera lluvia de balas atacó de frente a toda la formación.
En su primera pasada, derribó su primer bombardero, y, mientras este caía al agua, ya estaba derribando su segundo. Sin descanso, se volvió al resto del grupo y derribó tres más, y cuando se le acabaron las municiones utilizó su propio avión como arma para tratar de golpear las alas de los japoneses y eliminar a los demás. Su ataque fue tan efectivo, que retrasó el ataque nipón y le dio tiempo al resto del escuadrón americano de llegar y eliminar a los que quedaban.
Ese día este joven piloto norteamericano salvó a su portaaviones y defendió la vida de todos sus camaradas. Por este acto de valentía y renunciación personal, fue ascendido a Teniente Comandante y recibió la más alta condecoración que ofrece el gobierno de los Estados Unidos: La Medalla de Honor del Congreso.
Ese joven piloto se transformó, entonces, en uno de los héroes más conocidos de la segunda guerra mundial. Su nombre es «Butch» O’Hare. Nombre, que para honrar su memoria, lleva hoy en día el aeropuerto de la ciudad de Chicago, uno de los más grandes del mundo.
¿Por qué te conté estas dos historias? ¿Qué tienen ellas en común?
Lo que tienen en común es que «Butch» O’Hare era el hijo de «Easy» Eddie.

No hay un legado más precioso que podamos dejar a nuestros herederos que el ejemplo de un carácter sólido … a pesar de las consecuencias. Piénsalo.



martes, 22 de julio de 2014

El principio del Ahorro

Benjamín Franklin solía decir: «Un centavo ahorrado es un centavo ganado». Esa es una gran verdad: una de las formas más efectivas de darnos un aumento de salario es reduciendo nuestros gastos. Es por eso que al final de este libro ocuparé un buen número de páginas dando consejos prácticos para ahorrar en los gastos de todos los días.
El problema con nuestra capacidad de ahorrar tiene que ver, muchas veces, con la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Algunas personas se verán a ellas mismas como ahorradoras. Tratan de guardar y de ahorrar cuanto centavito encuentren. Otros, por su lado, se ven como «inversores». Este tipo de gente es la que regularmente habla de «invertir» en una computadora, en un auto nuevo, en un televisor, o un equipo de sonido para el hogar.
Sin embargo, aquí hay una idea muy importante para compartir con estos «inversores»: nunca podemos ahorrar gastando. Pareciera ridículo tener que decirlo, pero muchos «inversores» creen sinceramente en las campañas publicitarias que dicen «Compre y ahorre» o «Compre ahora y ahorre después». Cuesta tener que explicar que estos términos son contradictorios y opuestos.
Uno no puede gastar y ahorrar al mismo tiempo, excepto, por supuesto, cuando compramos para satisfacer una necesidad real y la compra se hace a un precio más barato que el regular.
Es por eso que me gustaría hacer un paréntesis para clarificar dos conceptos muy importantes: el concepto de la necesidad y el del deseo.
Antes de clarificar estos dos conceptos quisiera recalcar que no está mal tener deseos y satisfacerlos. No estamos promoviendo el masoquismo. Sin embargo para llegar a fin de mes es importantísimo tener en claro cuáles son nuestras necesidades y cuáles son nuestros deseos. Debemos satisfacer nuestras necesidades primeramente y, luego, satisfacer nuestros deseos solamente en el caso de que tengamos los recursos económicos disponibles para hacerlo.
a. La necesidad
Cuando tomé mis clases de psicología en la universidad, se estudió en alguna de ellas la famosa «Escala de Maslow». Esa escala dividía las necesidades del ser humano en cinco áreas generales que iban desde las más básicas (fisiológicas) hasta la necesidad de sentirse realizado (pasando por la necesidad de seguridad, pertenencia y estima propia).7
Sin embargo, para los propósitos de nuestro estudio voy a definir como «necesidad económica» todas aquellas cosas que realmente necesitamos para sobrevivir: comida, vestimenta, un techo sobre nuestra cabeza, etc. No solamente cosas materiales o corporales, sino todo aquello que estemos verdaderamente necesitando para nuestra supervivencia como seres humanos (por ejemplo: seguridad, salud, transporte, etc.).
Nosotros debemos colocar nuestras necesidades en el nivel de prioridad más alto. Debemos buscar suplirlas a toda costa. Allí deben ir nuestros recursos financieros sin mayores dudas ni retrasos.
b. Los deseos
Cuando hablamos de las compras que tenemos que hacer, todo aquello que no es una necesidad, es un deseo. Ya sea un deseo «de calidad» (o, DC), en el que queremos satisfacer una necesidad con algo que tenga una calidad más alta o sea un deseo «propiamente dicho» (al que llamaremos simplemente «deseo» y lo identificaremos con la letra «D»), que significa que simplemente quisiéramos tener algo que nos gusta.
Un DC (deseo de calidad) podría ser, por ejemplo, un buen pedazo de bistec en lugar de una hamburguesa. El alimento es una necesidad básica del cuerpo. Pero, en este caso, uno está queriendo satisfacer esa necesidad con un producto más costoso y de más alta calidad: un bistec. Lo mismo podría ocurrir en todas las otras áreas de necesidades reales en nuestra vida: podemos comprar un vestido en una tienda de vestidos usados o podemos comprar uno de alta confección. En ambos casos, la vestimenta es una necesidad, pero la forma en la que queremos satisfacer esa necesidad puede transformar la compra en un deseo.
Un deseo «D» es todo aquello que no tiene nada que ver con una necesidad. Comprarnos un gabinete para el televisor, una mesa para el patio de la casa, una videograbadora, un velero o comprar otra propiedad para hacer negocio con ella pueden ser ejemplos de este tipo de deseos.
Nosotros deberíamos satisfacer nuestros deseos solamente después de satisfacer nuestras necesidades y si tenemos los recursos económicos para hacerlo.
Por lo tanto, antes de salir de compras es importante que tengamos en claro lo que es una necesidad y lo que es un deseo. En estos días la gente tiene la tendencia de decir: «necesito una computadora» o «necesitamos una máquina de sacar fotos», cuando, en realidad, deberían estar diciendo: «¡cómo quisiera comprarme una computadora!» o «¡cómo nos gustaría tener una máquina de sacar fotos!».
Lamentablemente, en los últimos treinta años hemos pasado a través de un proceso de condicionamiento para comenzar a hablar de «necesidades», en vez de reconocer nuestros deseos. Al hacerlo, creamos una ansiedad interior que nos impulsa a satisfacer esa «necesidad». Es entonces cuando invertimos nuestro dinero en cosas que realmente podrían esperar y nos olvidamos de proveer para aquellas cosas que realmente necesitamos (ya sea en forma inmediata o a largo plazo).
Finalmente, debemos tomar nota de que no siempre lo que parece un «ahorro» realmente lo es. Por un lado, porque, como dicen muchas damas del continente Latinoamericano: «lo barato sale caro». En algunas circunstancias nos conviene comprar cosas de mejor calidad, pero que nos durarán de por vida, que cosas de baja calidad que tendremos que reemplazar cada cierta cantidad de años.
Por otro lado, no siempre es una buena idea comprar en «ofertas». Si yo compro diez jabones de lavar la ropa porque estaban casi a mitad de precio y después de dos días me quedo sin dinero para comprar leche, he hecho una mala inversión. Ahora tengo dinero sentado en la repisa del cuarto de lavar la ropa riéndoseme en la cara porque no puedo prepararme un café con jabón, necesito leche. Este es un típico caso en el que no me conviene «ahorrar gastando».
Sin embargo, si el almacén de la esquina de mi casa está ofreciendo dos litros de leche por el precio de uno, yo debería inmediatamente tomar la oferta (especialmente si tengo niños en casa). La leche es un elemento de consumo diario y es una necesidad básica para mi supervivencia. El jabón de lavar la ropa y otros limpiadores pueden ser reemplazados por alternativas más baratas (en la última sección de este libro estaré dando alternativas creativas y baratas para los químicos que regularmente usamos para limpiar nuestro hogar).
Este último problema de comprar más de lo que uno necesita y tener dinero estancado en las alacenas de la casa es un problema que millones de negociantes confrontan cada día a lo largo y ancho del mundo. Lo creas o no, el manejar la economía de un hogar tiene mucho que ver con la forma en la que se maneja la economía de un negocio, incluso, con la forma en la que se maneja la economía de un país.

Ahora que nos vemos a nosotros mismos como gerentes o administradores, necesitamos comenzar a manejar los negocios de la casa con las mismas herramientas con las que se manejan los negocios en el mundo de hoy. Si tú eres la persona que maneja el dinero en el hogar, a partir de hoy podrás colocar en tu currículo vitae: «Presidente de la Junta Financiera ____________ (tu apellido) y Asociados».



domingo, 20 de julio de 2014

Un Compañero Eterno

…y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.
Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. 
Mateo 28.20
Comenzamos nuestra serie de reflexiones sobre la Gran Comisión meditando en el hecho de que la tarea de hacer discípulos tiene sus raíces en la autoridad absoluta que Cristo ha recibido en los cielos y la tierra. Esta autoridad es la que permite que avancemos con osadía y confianza en el ministerio de hacer discípulos, seguros en la convicción de que, en Cristo, «somos más que vencedores» (Ro 8.37).

Esta convicción, sin embargo, no nos va a librar de las dificultades y los contratiempos que son propios del ministerio. Jesús experimentó estas dificultades a diario. Le tuvo que hacer frente al cansancio, al acoso de las multitudes, a la incomprensión y a los cuestionamientos. Además, tuvo que convivir con los permanentes desafíos que le presentaban sus propios discípulos. En ocasiones lo cuestionaban; en otras, demostraban falta de madurez o visión espiritual. En más de una oportunidad lo decepcionaron con sus actitudes egoístas.

Jesús había advertido a sus discípulos que ellos vivirían una experiencia muy similar a la de él. Les dijo que serían bienaventurados cuando por su causa «os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo» (Mt 5.11). También les señaló que «el discípulo no es más que su maestro ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¡cuánto más a los de su casa!» (Mt 10.24–25). Explicó, en términos muy gráficos, que el discipulado consistía en tomar una cruz para seguirle (Mt 10.38), una clara alusión a que habría persecución y sufrimiento para aquellos que se identificaran con su persona.

Por todo esto y mucho más, los discípulos sabían que les esperaba un camino repleto de dificultades. Se les había asegurado, no obstante, que la victoria final ya les había sido otorgada por medio del Mesías resucitado. Saber que se les había concedido una clara victoria crearía en ellos un férreo espíritu de perseverancia. Ahora, Cristo añadía a esto otro elemento: su compañía en todo momento y lugar. Cuando los persiguieran, él estaría con ellos; cuando se sintieran solos, él estaría con ellos; cuando fueran cuestionados, él estaría con ellos; cuando tuvieran que dar cuenta de su fe, él estaría con ellos; cuando le hicieran frente a la pobreza y la enfermedad, él estaría con ellos. Es decir, nunca estarían luchando solos en la empresa que les estaba dejando. Él sería un compañero constante en cada paso de su andar.

Para los que estamos involucrados en el servicio a su pueblo, esta verdad no tiene precio. No tenemos por qué cargar con las dificultades, los contratiempos y las adversidades de ministrar solos, aunque muchos pastores lo hacen. Tenemos a quien acudir siempre, alguien a quien podemos confiar nuestras luchas más intensas. Él está atento a nuestro clamor. Desea intervenir para alivianar nuestra carga. ¿Cómo no aprovechar, entonces, tamaña ventaja a nuestro favor?
Para pensar:

«¡Cristo está solamente a una oración de distancia de nosotros!» Anónimo.