miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Es una secta…? – Los miembros (parte 2 de 2)

La naturaleza de la iglesia
El apóstol comienza hablando acerca de la naturaleza o carácter de la iglesia. 
«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo» 
(1 Pedro 2:5)
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» 
(9)
La iglesia es una casa espiritual formada por piedras vivas. Es algo inmaterial. Dios no construye con ladrillos y acero sino con piedras vivas, es decir gente. Usted y yo somos la iglesia. «Dios…no habita en templos hechos por manos humanas» (Hechos 17:24). Él vive en los corazones de su pueblo. Las implicaciones son muchas: El edificio de la iglesia no es «la iglesia»; los verdaderos cristianos forman la iglesia. El santuario no es un lugar en el templo (edificio); el santuario es el corazón de cada cristiano (1 Corintios 3:16; 6:19).
De igual importancia es saber que somos un sacerdocio santo (1 Pedro 2:5) o real sacerdocio (9). El sacerdote tiene acceso directo a la presencia de Dios. En el Antiguo Testamento era una clase especial, descendientes de Aarón. La palabra proviene de «vicario» (puente). El sacerdote llevaba las peticiones de la gente a Dios. Él tenía derecho a acercarse a Dios. Constituía una especie de puente entre el pueblo y Dios.
Sin embargo, con la muerte de Cristo el velo (de separación) se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51), abriendo así el camino de acceso directo a Dios para cada creyente. En la iglesia de Cristo bajo el nuevo pacto los sacerdotes no son una clase especial. Cada creyente es un sacerdote. Todos tenemos acceso directo a la presencia de Dios.
Los hebreos siempre habían recibido la enseñanza (de la tradición, de sus padres y de la ley) de permanecer lejos de Dios. Había una sola persona que podía entrar en la presencia divina, el sumo sacerdote, y lo hacía una vez al año yendo al lugar santísimo. Según la tradición, ataban una soga alrededor de su pie para que si moría adentro fuera posible sacarlo sin la necesidad de entrar. Además, Moisés tuvo que poner límites alrededor del monte santo para que la gente no pasara: «cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá» (Exodus 19:12). Con el arca del pacto sucedía algo similar. Dios mató a 50.070 hombres porque habían mirado dentro del arca de Jehová (1 Samuel 6:19). Uza perdió su vida cuando quiso sostener el arca (2 Samuel 6:6–7). El mensaje no podía ser más claro: Quedarse lejos de Dios. Los destinatarios del libro a los Hebreos crecieron con ese trasfondo. Sin embargo, reflejando la realidad del nuevo pacto, la exhortación es : 
«…acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna» 
(Hebreos 4:16 BLA)
Por medio de la muerte de Jesucristo todo cristiano tiene acceso directo a la presencia de Dios. No necesitamos a un cura, un pastor, un misionero, un evangelista o un predicador itinerante que interceda por nosotros. El concepto de que Dios habita en una persona en forma especial y debo acudir a tal persona para recibir una bendición, NO ES BÍBLICO. Es hora de que el pueblo de Dios madure y se valga de sus privilegios como sacerdocio santo.
5. ¿Existen rumores, chismes y acusaciones contra miembros que por algún motivo no son considerados fieles? Para ser visto como miembro fiel, la secta o semisecta generalmente mantiene una lista de normas externas. Cuando alguno no alcanza a cumplir toda la lista de leyes impuestas por la iglesia, en los pasillos y los baños (por así decirlo) se escuchan chismes en contra de esa persona. Se tolera el chisme y a veces se incita a él a fin de presionar a la persona a conformarse. Sin embargo Dios nunca tolera la chismorrería (Proverbios 20:19, 26:20; Tito 3:10).
En la iglesia de los amigos de nuestro hijo ni siquiera permiten la cara triste. A la melancolía se la considera falta de espiritualidad, y la persona es animada a confesarla, no a Dios sino al grupo. En los cultos públicos se espera que todos los asistentes tengan el rostro alegre. El Nuevo Testamento, por supuesto, aclara que existe una tristeza que agrada a Dios. Lo que se debe confesar es la tristeza mundana (2 Corintios 7:9–10).
6. ¿Se condena a un miembro cuando éste no ofrenda según las exigencias del grupo? ¿Qué tiene prioridad? ¿Las necesidades financieras del grupo o las necesidades de la familia de los miembros? En un caso, un hombre de negocios vació sus cuentas bancarias y dio todo el dinero al grupo. En otro caso una pareja joven tuvo que sacar un préstamo bancario para pagar a la iglesia una promesa hecha bajo coacción. Personas han dado hasta el dinero correspondiente a sus necesidades básicas para obtener las bendiciones prometidas —como que milagrosamente el dinero se devolviera duplicado.
Con relación al tema del dinero, la Biblia proporciona principios claros. Para entender la cuestión de la mayordomía (administración del dinero) en el nuevo pacto, en primer lugar consideremos la actitud que hallamos en 2 Corintios 8:9: 
«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos»
Jesús nos da el ejemplo para seguir, y todo comienza con «la gracia». Gracia significa bondad, generosidad, favor no merecido, misericordia. Todo esto es gracia, pero hay mucho más: «por amor a vosotros se hizo pobre». No podemos afirmar que hemos ofrendado hasta que nos haya costado hacerlo. El Señor Jesús, nuestro modelo, dio sin esperar que le devolviéramos nada. ¿Con qué propósito? «Que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Es decir, la ofrenda sólo adquiere su sentido completo cuando beneficia a otros y no a nosotros. Debemos escudriñar nuestro corazón y examinar nuestros motivos para tener la seguridad de que no estamos ofrendando a fin de conquistar el favor de Dios, duplicar el dinero o beneficiarnos.
En 1 Corintios 16:1–2 Pablo enseña que nuestras ofrendas han de ser hechas en forma regular: «Cada primer día de la semana». Para librarnos de la mala costumbre de ofrendar por un impulso o de vez en cuando, Pablo afirma que debemos ofrendar regular, sistemática y persistentemente, un hábito santo para toda la vida.
En segundo lugar, Pablo indica que todos debemos participar: «cada uno de vosotros ponga aparte algo…» Incluye a los ricos, pobres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Nadie puede ofrendar en mi lugar. La ofrenda es una expresión del amor del corazón humano y nadie puede tomar nuestro lugar para expresar nuestro amor.
En tercer lugar, debemos apartar algo con premeditación, de antemano: «ponga aparte algo». La razón es que cuando se recoge la ofrenda en el culto, la persona no debe sentirse bajo presión o coacción (algo muy común en las sectas). En oración y bajo la dirección del Espíritu Santo cuando llega al templo el creyente ya debe tener su ofrenda preparada.

Es peligroso cuando existe presión, coacción, amenazas y constantes reclamos para que la persona ofrende. En una oportunidad fui testigo cuando el líder de un grupo exigió más ofrendas de su congregación con la amenaza de que no compartiría la palabra del Señor hasta que entrara cierta cantidad de dinero.


martes, 4 de agosto de 2015

¿Es una secta…? – Los miembros (parte 1 de 2)

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
(Ef. 4:11–16)
Es posible discernir si una iglesia está en peligro de convertirse en secta. Para ello hay que formular seis preguntas:
1. Los miembros que dejan la iglesia, ¿son animados a encontrar otra iglesia y a seguir adelante en su vida cristiana? En las ilustraciones que el pastor ofrece desde el púlpito, ¿hace referencias frecuentes a diversos ex miembros de la iglesia? Si los llama apartados, infieles, muertos, depravados, perros, publicanos, paganos o algo semejante, es mala señal. Los sectarios suelen enseñar que las demás iglesias no poseen la verdad o, peor todavía, que están bajo el control de Satanás. Unos amigos íntimos de Joel, nuestro hijo, se mudaron a otra ciudad por motivos de trabajo. Joel y Cristina, su esposa, nos esperaban en el aeropuerto cuando regresamos de una cruzada evangelística en Honduras. En forma inmediata mi esposa y yo vimos preocupación en el rostro de los dos. Habían visitado a sus amigos durante un fin de semana y habían ido a un retiro de la nueva iglesia donde asistían estos amigos. Joel me explicó: —Papá, creo que están en una secta.
Entre las características de este grupo se destaca que quienes salen de esa iglesia para asistir a otra congregación, son considerados como apartados de la fe. Tiempo después los amigos visitaron a sus respectivas familias, pero se les prohibía asistir a la iglesia donde antes se habían congregado con Joel y Cristiana. Los había limitado a visitar congregaciones que correspondieran a ese mismo grupo.
Nuestra preocupación como líderes de la obra del Señor debe ser que los feligreses maduren en la fe, no que necesariamente asistan a nuestra congregación. En el discurso de Pablo a los ancianos de la iglesia en Éfeso, después de amonestarlos acerca de los peligros inminentes de los falsos profetas y maestros, los encomendó a Dios y a «la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados» (Hechos 20:32). Sabiendo que las iglesias tienen diferentes idiosincrasias y que de vez en cuando hay personas que por cierto motivo optan por cambiarse de iglesia, una congregación madura oraría por ellos encomendándolos a Dios y a la Palabra de su gracia. Al mismo tiempo, es importante ayudarlos a encontrar otra congregación que enseñe el verdadero evangelio.
En cierta iglesia en Centroamérica, el miembro que se cambia a otra congregación es oficialmente entregado a Satanás. Pablo, en vez de hablar mal de los hermanos, nos instruye: «Animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis… os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos» (1 Tesalonicenses 5:11, 14–15).
2. ¿Existe un temor inexplicable en los miembros de la iglesia? Ya nos hemos referido al tema del temor, pero conviene mencionarlo otra vez porque se expresa de diferentes maneras. En líneas generales, el miembro de la secta teme perder la salvación si no asiste a todas las reuniones, si no se viste de cierta forma, si no obedece una lista de reglas, o si no recibe el visto bueno de los líderes antes de tomar una decisión. En el caso de los amigos de nuestro hijo, temen que se los llame «infieles» por no ofrendar cierta cantidad de dinero.
El temor demuestra que uno está sirviendo al hombre y no a Dios. El proverbio bien nota: «El miedo a los hombres es una trampa» (Pr. 29:25 VP). Por otro lado, el apóstol Pablo ofrece la pauta bíblica: «…no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Ef. 6:6–7).
3. Las mujeres cuyos esposos no son de Cristo, ¿son instruidas a sujetarse a sus esposos (1 Pedro 3:1–6), o son adoctrinadas a seguir lo que dicen los líderes por encima de los deseos del esposo? Hemos visto grupos que enseñan a las mujeres que, a pesar de lo que dice el marido, ellas no deben faltar a ninguna reunión, deben responder siempre a las peticiones de dinero e insisten en que los niños obedezcan sólo la palabra de la iglesia. Como contraposición Pedro instruye: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa» (1 Pedro 3:1–2).1
4. ¿Se les enseña a todos los miembros la doctrina bíblica del sacerdocio de todos los santos, o acaso tienen que acudir a los líderes (o al predicador itinerante) para recibir una contestación, una bendición, la unción, etc.? Uno de los abusos corregidos por la reforma de la iglesia del siglo XVI fue el concepto del sacerdocio. Antes la autoridad residía en el sacerdote y por ende el feligrés debía acudir a él para recibir perdón, indulgencias, contestaciones, sanidad, etc. La Reforma volvió a hacer hincapié en que cada creyente es sacerdote, con sus correspondientes privilegios y responsabilidades.

Siempre ha existido confusión sobre la naturaleza de la iglesia y el rol de los creyentes. El apóstol Pedro era singularmente idóneo para hablar sobre estos temas. A él le habían sido dadas las llaves del reino de Dios cuya función era abrir el camino de la salvación a los gentiles (Mateo 16:18). Consideremos brevemente lo que Pedro enseña sobre la iglesia en 1P 2:4–10.


lunes, 6 de julio de 2015

Revelación divina - Salmo 19:1-14

Dios ha elegido revelarse a sí mismo de tres maneras básicas. A la primera se la conoce comúnmente como la revelación general, y está ilustrada en el Salmo 19:1: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos". La belleza y el orden de todas las cosas creadas reflejan la gloria de Dios y revelan al divino arquitecto del universo.

Dios también se ha revelado a sí mismo y su plan para el universo, a través de profetas divinamente inspirados y apóstoles que escribieron los libros de la Biblia. A la Palabra escrita nos referimos generalmente como la revelación especial, que es a lo que el salmista menciona en los versículos 7 al 11. La revelación especial interpreta y explica la revelación general.

La máxima revelación de Dios, sin embargo, está en Jesús, quien declaró: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). La Palabra de Dios es considerada por los cristianos como la sola autoridad para la fe y la práctica, porque el Creador es el único que puede definirse a sí mismo y explicar quienes somos y por qué estamos aquí. La Biblia trata asuntos de fe, tanto, como temas diarios prácticos; de lo espiritual y sagrado, tanto, como de lo físico y secular; de lo eternal, tanto, como de lo temporal. Declara que toda la vida deriva de Dios mismo. No existen dos realidades, sino solamente una realidad, y la máxima realidad es Dios.

Dios es el Creador, y su Palabra nos habla mucho más que nuestra fe y prácticas religiosas. Habla de cada disciplina esencial de la sociedad. Así, por ejemplo:

"En el principio creo Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1)
Está cargado de connotaciones teológicas y filosóficas.

"El conocimiento del bien y del mal" (Génesis 2:9)
Ésta es una afirmación ética.

"De acuerdo a sus especies" (Génesis 1:21)
Establece una distinción biológica.

"El hombre llegó a ser un ser viviente" (Génesis 2:7)
Nos habla a nuestra naturaleza física, psicológica y espiritual.

"Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla" (Génesis 1:28)
Ésta es una afirmación sociológica y ecológica. 

"El que derramare sangre de hombre, por el hombre su..." (Génesis 9:6)
Ésta es una afirmación política y legal.

"Os serán para comer" (Génesis 1:29)
Ésta es una afirmación de economía.

"Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente..." (Génesis 3:15)
Ésta es una afirmación histórica y profética.

Dios subraya lo significativo de todas las disciplinas mencionadas anteriormente en la máxima revelación: Jesucristo. Por ejemplo:

En Teología, Jesús es la totalidad de la divinidad (Colosenses 2:9).
En Filosofía, Jesús es el "logos" -palabra- de Dios (Juan 1:1).
En Ética, Jesús fue intachable (Marcos 15:23).
En Biología, Jesús tomó la forma de un hombre (Filipenses 2:7).
En Psicología, Jesús es el hombre perfecto que nos transforma (Lucas 1:46-47).
En Sociología, Jesús es ejemplo para las relaciones sociales (1 Pedro 2:21).
En Política, Jesús vino a cumplir la ley (Mateo 5:17).
En economía, Jesús es el dueño de todas las cosas (1 Corintios 10:26).
En Historia, Jesús es el principio y el fin (Apocalipsis 1:8).

Pensamiento para el día: ¿Cómo se te ha dado a conocer Dios?

Tomado del libro "El mentor" de Neil T. Anderson


miércoles, 29 de abril de 2015

Lo que tu actitud sí puede hacer por ti

¿Qué es lo que generalmente separa a los mejores del resto de la gente? ¿Alguna vez has pensado en eso? ¿Qué es lo que separa al ganador de una medalla de oro del ganador de una de plata en las Olimpiadas? ¿Qué es lo que separa a un empresario de éxito de aquel que no llega a serlo? ¿Qué es lo que hace posible que una persona mejore después de haber tenido un accidente debilitante mientras que otra se rinde y muere? Es la actitud.
Por supuesto, de vez en cuando hay gente como Mozart o Lance Armstrong, aquellos cuyos dotes son tan extraordinarios que pueden lograr cosas que el resto de nosotros tan sólo podríamos soñar. (Pero incluso ellos tienen la ayuda de poseer actitudes extraordinarias.) La mayoría de la gente que está en la cúspide de sus profesiones es bastante igual en cuanto a talento. Los ganadores de medallas de oro y plata generalmente están separados por centésimas de segundos. Los jugadores profesionales de golf ganan torneos por la diferencia de un solo golpe. Como dijo Denis Waitley en The Winner’s Edge [La ventaja del ganador]: «La ventaja del ganador no está en haber nacido con dotes, tener un coeficiente intelectual alto, o en el talento. La ventaja del ganador consiste en la actitud, no la aptitud. La actitud es la norma para obtener el éxito. Pero no se puede comprar la actitud por un millón de dólares. Las actitudes no se venden».
Durante años he tratado de vivir según la siguiente declaración: No siempre puedo escoger lo que me sucede, pero siempre puedo escoger lo que sucede dentro de mí. Algunas cosas en la vida están fuera de mi control. Algunas están dentro. Mi actitud en las áreas que están fuera de mi control puede marcar la diferencia. Mi actitud en las áreas que sí puedo controlar marcará la diferencia. En otras palabras, la diferencia más grande que puede lograr mi diferenciador se encuentra dentro de mí, no de otros. Esa es la razón por la cual tu actitud es tu posesión más valiosa o tu desventaja más grande: Te forma o te destruye, te levanta o te derriba. Una actitud mental positiva no va a dejarte hacer todo, pero puede ayudarte a hacer cualquier cosa mejor que si tu actitud fuera negativa.
Lo que la actitud puede hacer por ti
Una actitud positiva es una posesión valiosa todos los días en casi todo aspecto. No sólo ayuda con los asuntos pequeños, sino que también provee un marco positivo desde el cual una persona puede tratar con todos los aspectos de la vida. Esto es lo que quiero decir:
1. Tu actitud marca la diferencia en la manera en que tratas con todos los aspectos de la vida
Cuando nos acercábamos al final del siglo XX, se escribió mucho sobre los hombres y las mujeres que sobrevivieron la Depresión Económica y pelearon en la Segunda Guerra Mundial, la gente a la que Tom Brokaw llamó «la generación más grandiosa». Me acuerdo haber leído una historia de una mujer de esa generación que siguió a su esposo rumbo a un campamento del ejército de los Estados Unidos en el desierto del sur de California durante la guerra. El hombre le había aconsejado que no lo hiciera, pensando que ella estaría más cómoda en la costa Este con su familia; pero la esposa joven no quería estar separada de su nuevo cónyuge.
El único alojamiento que pudieron encontrar fue una choza en malas condiciones cerca de una aldea de indios americanos. El lugar era bastante modesto. Durante el día la temperatura llegaba a los 46 grados centígrados. El viento, que soplaba constantemente, parecía como si fuera aire caliente saliendo de un horno, y el polvo convertía todo en un ambiente miserable.
A la joven le pareció que los días eran largos y aburridos. Sus únicos vecinos eran indios americanos con los que tenía muy poco en común. Cuando enviaron a su esposo al desierto por dos semanas, perdió la compostura y se puso a llorar. Las condiciones de vida y la soledad fueron demasiado para ella, por lo que le escribió a su madre para decirle que quería ir a casa.
Después de un corto tiempo, recibió la contestación de casa. Una de las cosas que le dijo su madre fue:
Dos hombres miraban a través de las rejas de la cárcel; uno vio lodo, el otro las estrellas.
Mientras la joven leía las líneas una y otra vez, al principio se sentía avergonzada. Luego aumentó su determinación, ella iba a buscar las estrellas.
Al día siguiente se esforzó en hacer amigos con sus vecinos. Al llegar a conocerlos, ella también les pidió que le enseñaran acerca de sus tejidos y su cerámica. Al principio se mostraron reacios, pero cuando vieron que su interés en ellos y sus trabajos eran genuinos, se abrieron más. Cuanto más aprendía acerca de la cultura e historia de los indios americanos, más quería saber. Su perspectiva comenzó a cambiar. Incluso el desierto comenzó a parecerle diferente; empezó a apreciar su belleza silenciosa, sus fuertes pero hermosas plantas, aun las rocas y las conchas de mar fosilizadas que encontraba al salir a explorar. Hasta comenzó a escribir acerca de sus experiencias allá.
¿Qué había cambiado? No fue el desierto, ni fue la gente que vivía allí. Ella había cambiado. Su actitud se había transformado, y como resultado, también su manera de ver las cosas.
Las personas más felices en la vida no son necesariamente las que tienen lo mejor de todo; son las que simplemente tratan de sacar el mejor provecho de todo. Son como la persona de la aldea remota que va al pozo todos los días para sacar agua, y que dice: «¡Cada vez que vengo a este pozo, salgo con mi balde lleno!» en lugar de decir: «¡No puedo creer que tenga que seguir viniendo a este pozo para llenar mi balde!»
La actitud de una persona tiene una profunda influencia en su manera de ver la vida. Pregúntale a un entrenador antes de comenzar un partido importante si su actitud y la de sus jugadores van a marcar la diferencia en el resultado del juego. Pregúntale a un cirujano si es que importa la actitud del paciente cuando le está tratando de salvar la vida en la sala de emergencia. Pregúntale a un maestro si las actitudes de sus alumnos tienen impacto antes de presentar un examen.
Una de las cosas que he aprendido es que la vida a menudo te da lo que tú esperas de ella. Si esperas cosas malas, eso recibirás. Si esperas cosas buenas, a menudo las recibirás. No sé por qué funciona de esa manera, pero así es. Si no me crees, inténtalo. Date un plazo de treinta días en los que esperas lo mejor de todo: el mejor lugar en el estacionamiento, la mejor mesa en el restaurante, la mejor interacción con los clientes, el mejor trato de parte de la gente que ofrece servicios. Te vas a sorprender de lo que vas a encontrar, especialmente si también das a otros lo mejor de ti en cada situación.
2. Tu actitud marca la diferencia en tus relaciones con la gente
En agosto del 2005, tuve el privilegio de hablar en la Cumbre de Liderazgo de Willow Creek. Una de las personas que conocí allí fue a Colleen Barrett, presidente y secretaria corporativa de Southwest Airlines, quien también fue una de las oradoras del evento. Yo estaba ansioso de platicar con ella porque mientras que otras aerolíneas habían perdido dinero y estaban luchando por sobrevivir en los últimos años, Southwest había tenido éxito y tenía ganancias.
Colleen y yo hablamos de liderazgo. Ella dijo que una de las cosas de las cuales la compañía se sentía más orgullosa era su reputación por tener un gran servicio al cliente. Cuando le pregunté cómo lo habían logrado, me dijo que la compañía no dependía de muchas reglas. Había, por supuesto, regulaciones de la Agencia Federal de Aviación que tenían que cumplir, y tenían reglas que requerían que las azafatas siempre estén a tiempo para sus trabajos porque el personal no es mucho. Pero el énfasis de la compañía está en crear la clase correcta de actitud entre los empleados. Los trabajadores de Southwest tienen autorización para evaluar situaciones y tomar decisiones. Y su enfoque está en la destreza para tratar bien a la gente y la regla de oro. Aun cuando los empleados cometan errores, siempre y cuando traten de ver las cosas desde el punto de vista del cliente y traten de dar un buen servicio, reciben apoyo.
Para tener éxito, una persona necesita poder trabajar bien con otros. Por eso dijo Theodore Roosevelt: «El ingrediente más importante en la fórmula para tener éxito es saber cómo llevarse bien con la gente».
Muchos factores están involucrados en cuanto a las habilidades para trabajar con la gente, pero lo que hace que esa habilidad tenga éxito o no es la actitud de la persona. Recientemente escribí un libro llamado Cómo ganarse a la gente en el que describo veinticinco principios del buen trato a la gente que cualquiera puede usar para mejorar el establecimiento de relaciones y el trabajo con otros. Muchos de esos principios están basados en la actitud. Aquí hay algunos ejemplos:
El principio del lente: Quienes somos determina cómo vemos a otros. Nuestra percepción de otros depende más de nuestra actitud que de sus características. Si somos positivos, los vemos positivos.
El principio del dolor: Las personas heridas hieren a los demás, y ellos las lastiman con facilidad. Nuestras experiencias negativas y cargas emocionales matizan nuestra percepción de las acciones de otros. Las interacciones normales pueden causar dolor aun cuando la otra persona no hizo nada para producirlo.
El principio del ascensor: Podemos elevar a los demás o llevarlos al suelo en nuestras relaciones. La gente tiene una mentalidad que levanta o limita a los demás.
El principio del aprendizaje: Cada persona que conocemos tiene elpotencial de enseñarnos algo. Algunas personas poseen una actitud abierta a la enseñanza, y asumen que pueden aprender algo de todos con los que se encuentran. Otros miran con desprecio a la gente y asumen que no tienen nada que ofrecer.
Hay otros principios en el libro que están basados en la actitud, pero ya tienes la idea. En cuestión del trato con la gente, la actitud marca la diferencia. Si tu historial del trato con la gente no es tan bueno como te gustaría que fuese, quizás necesites ver tu actitud. Aunque es cierto que algunas personas parecen simplemente tener una manera natural de ganarse a otros, también alguien con habilidades naturales limitadas para tratar bien a la gente puede aprender a ganarse a otros si decide tener una actitud positiva hacia los demás.
3. Tu actitud marca la diferencia en cómo enfrentas los desafíos
Se dice que cuando Chesty Puller de la Marina de los Estados Unidos se encontró rodeado de ocho divisiones enemigas durante la Guerra Coreana, su respuesta fue: «Muy bien, están a nuestra izquierda. Están a nuestra derecha. Están delante de nosotros. Están detrás de nosotros, ¡esta vez no se van a poder escapar!»
En la vida, los obstáculos, los desafíos, los problemas y los fracasos son inevitables. ¿Cómo vas a manejarlos? ¿Te vas a rendir? ¿Permitirás que las circunstancias te vuelvan una persona miserable? O ¿vas a tratar de sacar ventaja de las cosas? El camino que escojas depende de tu actitud.
Una vez escuché a un conferencista decir que ninguna sociedad jamás ha levantado hombres fuertes durante los tiempos de paz. El viejo adagio es cierto: Lo que no te mata te hace más fuerte. Recuerda los momentos en tu vida en que más maduraste. Estoy dispuesto a apostar que tú maduraste como resultado de vencer dificultades. Cuanto mejor sea tu actitud, mayor probabilidad tendrás de vencer dificultades, crecer y avanzar.
Puedes ver este patrón en las vidas de grandes hombres y mujeres:
Demóstenes, llamado el más grande orador de la Grecia antigua, tenía un defecto del habla. Dice la leyenda que venció esta dificultad recitando versos con piedrecillas en su boca y hablando por encima del rugir de las olas del mar.
Martín Lutero, padre de la Reforma, usó el tiempo en que estuvo encerrado en el castillo de Wartburg para traducir el Nuevo Testamento al alemán.
El compositor Ludwig van Beethoven escribió sus obras maestras sinfónicas más grandes después que se volvió sordo.
John Bunyan escribió El progreso del peregrino cuando estaba en la cárcel. Daniel Defoe también escribió cuando estaba en la cárcel, produciendo Robinson Crusoe.
Abraham Lincoln es considerado por muchos como el mejor presidente de los Estados Unidos; sin embargo probablemente no se hubiera destacado como un gran líder si no hubiera guiado al país a través de la Guerra Civil. Con frecuencia las circunstancias difíciles parecen jugar un papel decisivo en la creación de grandes líderes y pensadores. Pero eso es así solamente cuando sus actitudes son correctas.
Me han dicho que en el idioma chino a menudo dos palabras se combinan para crear otra con un significado muy distinto. Por ejemplo, cuando se combina el símbolo de la palabra que significa hombre con el símbolo de la palabra que significa mujer, la palabra resultante significa bueno.
El poseer una actitud positiva puede tener un efecto similar. Cuando un problema viene a tener contacto con una persona que tiene una actitud positiva, el resultado es a menudo algo maravilloso. De todo el tumulto que causan los problemas pueden surgir grandes hombres de estado, científicos, autores u hombres de negocios. Cada desafío tiene una oportunidad, y cada oportunidad tiene un desafío. La actitud de una persona determina cómo los maneja.
4. Tu actitud es lo que marca la diferencia
¿Cuándo es la actitud lo más importante? ¿Cuándo marca la mayor diferencia? No es durante un evento deportivo o cuando el negocio se pone difícil. Es cuando la vida misma está en juego, y en esos momentos es verdaderamente lo que marca la diferencia.
Cuando era pastor, pasé mucho tiempo con gente que estaba lidiando con tragedias. Visité muchos pacientes antes de ser operados, y a los que mejor les fue después y se recuperaron más rápido fueron aquellos que tenían la mejor actitud. Visité muchos asilos de ancianos, y los que progresaron fueron los que eran positivos consigo mismos y su situación. Escuché a un funcionario de un asilo de ancianos decir que los nuevos pacientes que se sentían como si hubieran sido empujados a entrar al asilo y sin ninguna otra opción tendían a rendirse y morir antes que aquellos que veían la situación simplemente como otra fase de la vida que había que enfrentar positivamente.
Mucha gente ha escrito acerca del poder que tiene la actitud positiva sobre la salud y la condición física. Mucho personal médico dice que ha visto una relación positiva entre las actitudes de la gente y su habilidad de recuperarse de enfermedades como el cáncer. El doctor Ernest H. Rosenbaum y la señora Isadora R. Rosenbaum dicen que estas observaciones han llevado a nuevos estudios sobre la actitud:
Investigadores están ahora experimentando con métodos que consisten en involucrar activamente a la mente en el combate del cuerpo contra el cáncer.… Algunos doctores y psicólogos ahora creen que la actitud apropiada podría incluso tener un efecto directo en la función celular y en consecuencia podría ser usada para contrarrestar, y posiblemente curar, el cáncer. Este nuevo campo de estudio científico, llamado psiconeuroinmunología, se enfoca en el efecto que tiene la actividad mental y emocional sobre el bienestar físico, indicando que esos pacientes pueden desempeñar un papel mucho más importante en su recuperación.
El ver una conexión entre los pensamientos y sentimientos de la gente y su salud no es algo nuevo. Rosenbaum indica: «Hemos sabido por más de 2.000 años—desde los escritos de Platón y Galeno—que hay una directa relación entre la mente, el cuerpo y la salud de una persona». El poeta John Milton escribió:
La mente tiene su propio lugar, y en sí misma puede convertir al infierno en cielo, o al cielo en infierno.
Tu actitud ejerce una profunda influencia sobre la manera en que ves al mundo, y por lo tanto, sobre la manera en que vives tu vida.

La actitud es importante. Es tan importante que verdaderamente marca la diferencia. No lo es todo; pero es lo que puede marcar la diferencia en tu vida. Si quieres maximizar tu actitud y aprender a convertirla en tu posesión más valiosa, entonces voltea la página, porque ese es el tema del siguiente capítulo. 



domingo, 12 de abril de 2015

Lo que tu actitud no puede hacer por ti

Leí un artículo en el Periódico USA Today que indicaba temas que profesores universitarios y empleadores están teniendo que tratar con muchos jóvenes de ambos sexos que ahora se encuentran entrando a la edad adulta. Estos individuos fueron el producto del movimiento de autoestima de la década de 1980. Muchos tienen actitudes propias fabulosas. Sin embargo, el alto concepto de sí mismos que tienen sus opiniones está a menudo desconectado de la realidad.
Deborah Stipek, decana de educación de la Universidad de Stanford, dice: «A menudo tengo estudiantes en la escuela de posgrado que están siguiendo su doctorado, que sacaron las mejores notas durante toda la vida, y que la primera vez que reciben un comentario duro, el tipo que se necesita para desarrollar habilidades, [reaccionan mal]. Tengo una caja de pañuelos desechables en mi oficina porque no han lidiado con eso anteriormente».
Roy Baumeister, un profesor de psicología de la Universidad del Estado de Florida, ha estado estudiando la autoestima por más de treinta años. Él creía que iba a ser clave para ayudar a la gente a que llegue a ser exitosa, pero no ha sido así. «No hay tanto beneficio como el que esperábamos», dice él. «Ha sido una de las más grandes desilusiones de mi carrera».
No se puede desconectar la actitud de la realidad y esperar tener éxito. Tengo que admitirlo, no siempre he acogido este punto de vista. (Una de las señales que indican que hemos crecido intelectualmente es que con el transcurrir de los años nuestros pensamientos cambian.) Si me hubieras preguntado acerca de la importancia de la actitud hace veinte años, yo hubiera dicho: «Tu actitud es la única diferencia entre el éxito y el fracaso. ¡Estás a sólo un sueño de distancia del éxito!» En ese entonces, yo creía que si podías creer en algo, lo podías lograr, y todo lo que tenías que hacer era cerciorarte que ocurriera.
Hoy reconozco que, aunque esos tipos de declaraciones te pueden motivar, si crees que un sueño por sí solo puede traer éxito, te vas a decepcionar. Esas declaraciones simplemente no son ciertas. Yo conozco a mucha gente que tiene una excelente actitud y sin embargo no es exitosa. ¿Y tú no? Cuando hay igualdad de condiciones, la actitud puede ser lo que marque la diferencia, pero por sí sola no marca la diferencia.
Por ejemplo, digamos que dos personas solicitan el mismo puesto. Uno tiene grandes habilidades y talento natural, y una actitud más o menos buena. El otro tiene una excelente actitud y ninguna experiencia en lo absoluto. ¿Quién se gana el puesto?
Probablemente sea el que tiene más habilidades y experiencia. ¿Por qué? Porque una excelente actitud no compensará la diferencia. Sin embargo, ¿qué ocurre si los dos candidatos son bastante similares en habilidad y experiencia? En ese caso, el que tiene la mejor actitud gana sin lugar a dudas.
Cuando la actitud no puede marcar la diferencia
La actitud marca la diferencia. Es un punto a favor; coloca en una posición de ventaja. Es un aditivo, pero no un sustituto. A continuación están algunas de las cosas que la actitud no puede compensar:
1. Tu actitud no puede sustituir la aptitud
Algunas personas parecen confundir confianza, la cual es una función de la actitud, con aptitud, la cual es una función de la habilidad. O creen que una puede ser sustituida por la otra, pero ambas son muy distintas. Si crees que puedes hacer algo, eso es confianza. Si lo puedes hacer, eso es aptitud. Ambas son necesarias para tener éxito. Una excelente actitud puede ayudarte personalmente. Puede convertirte en una persona con la cual otros se sienten más contentos, más a gusto; puede aumentar tu deseo de enfrentar problemas difíciles, pero no puede ayudarte posicionalmente. Si no tienes aptitud a tu favor, vas a estar en problemas.
Para ver la importancia de la aptitud, piensa en cuánto la deseamos en otros. Cuando contratamos a empleados, de cierto deseamos que sean muy competentes. Queremos encontrar la mejor gente que podamos. El experto en administración, Peter Drucker, una vez le dijo a mi amigo, Bill Hybels, que los miembros del equipo que querría contratar probablemente no serían ni infelices ni desempleados. «Si encuentras a alguien cuyas aptitudes se ven bien, pero él o ella no está feliz o está desempleada, ten mucha cautela», dijo Drucker. «La clase de gente que estás buscando está probablemente contribuyendo enormemente y batiendo récord en algún lugar. Probablemente son felices y muy queridos por la gente con la que trabajan. Busca ese tipo, busca aptitud que ha pasado la prueba».
Al guiar y desarrollar gente por más de treinta y cinco años, he descubierto que la ineptitud es una gran distracción para la gente en una organización. Cuando alguien del equipo es incapaz de rendir al nivel apropiado—incluso alguien que tenga una gran actitud—entonces el líder y los otros miembros del equipo se desvían de su propósito principal. Terminan pasando mucho tiempo tratando de «poner en su sitio» a la persona inepta.
En mi libro Las 17 leyes incuestionables del trabajo en equipo, la ley de la cadena dice: «Todo equipo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil». Eso siempre es cierto para cualquier equipo. Ese problema a menudo no se puede resolver simplemente adoptando una actitud positiva. Sin embargo, puede cambiar si la persona débil se capacita rápidamente y desarrolla aptitud.
2. Tu actitud no puede sustituir a la experiencia
Un zorro, un lobo, y un oso fueron de cacería, y cada uno cazó un venado. Luego hubo una discusión sobre cómo deberían de dividirse el botín.
El oso le preguntó al lobo cómo creía que debería de hacerse. El lobo contestó: «Eso es sencillo, a cada uno le debe tocar un venado». Tan pronto como el lobo terminó de hablar, el oso se lo comió.
Luego el oso le preguntó al zorro cómo se proponía dividir el botín. El zorro le ofreció su venado al oso y le sugirió que también se quedara con el del lobo.
«¿De dónde sacaste tanta sabiduría?» preguntó el oso.
«Del lobo», contestó el zorro.
Hay momentos en que no hay mejor sustituto que la experiencia. El problema con la experiencia, sin embargo, es que rara vez la obtienes sino hasta después que la necesitas.
La experiencia es a menudo un maestro muy duro porque se da la prueba primero y las lecciones vienen después. Esa probablemente sea la razón por la cual la vieja cita dice: «Cuando una persona con experiencia se encuentra con una persona con dinero, la persona con experiencia recibirá el dinero, y la persona con el dinero ¡conseguirá la experiencia!»
Cuando creía que la actitud lo era todo, traté de contratar a gente que tenía la mejor actitud y pensé que luego los podía capacitar. Ahora que tengo más años y mayor experiencia, me doy cuenta que lo estaba haciendo al revés. Ahora contrato principalmente por la habilidad y experiencia. Esta es la razón: Cuando se trata de talento y habilidad, una persona puede crecer solamente un poco. En la escala del uno al diez, la mayoría de la gente puede mejorar una habilidad sólo unos dos puntos. De manera que, por ejemplo, si tú eres un «6» natural como líder, podrías crecer hasta ser un «8» si te lo propones. Sin embargo, si eres un «2», puedes esforzarte todo lo que puedas y nunca alcanzarás ni siquiera un nivel promedio. El viejo refrán de los entrenadores es cierto: no puedes sacar lo que Dios no puso.
La actitud, no obstante, es un asunto diferente. No hay límites de crecimiento. Incluso una persona que tiene «2» de actitud puede llegar a ser un «10». De manera que hasta alguien cuya actitud no sea la mejor, puede revertirla.
El día que como líder decidí contratar sólo a gente de trayectoria exitosa para cargos claves en mi organización, mi vida profesional cambió. El equipo entero se volvió más productivo, y mi organización comenzó a subir de nivel. Eso no quiere decir que comencé a contratar gente con malas actitudes; no hice eso. No fue una decisión entre lo uno o lo otro. Fue una decisión que incluía diversos factores. Aptitud, experiencia y actitud positiva son una combinación ganadora.
3. Tu actitud no puede cambiar los hechos
Uno de los descubrimientos interesantes que han hecho los investigadores en cuanto a la actitud es que tiene un impacto en la salud de las personas. Un estudio realizado por la Universidad de Texas encontró que la gente anciana que tenía una actitud positiva era más robusta físicamente que los que eran pesimistas. Eso realmente es una buena noticia. Pero aquí está la mala noticia: No importa qué tan buena sea tu actitud, no detendrá el proceso de envejecimiento. Así son simplemente las cosas.
Hay ciertas cosas en la vida que sencillamente son los hechos, y tu actitud no las va a cambiar. Si eres un adulto, tu estatura es la que es. Si quieres jugar de centro para un equipo de la Asociación Nacional de Baloncesto y mides sólo un metro sesenta, olvídate. La actitud más positiva en el mundo no va a cambiar eso. Se pueden manejar y resolver los problemas, pero sencillamente necesitas aprender a aceptar los hechos. Me encanta lo que la poetisa Maya Angelou dice al respecto: «Si no te gusta algo, cámbialo. Si no lo puedes cambiar, cambia tu actitud. No te quejes».
4. Tu actitud no puede sustituir el crecimiento personal
Ernest Campbell, un ex-miembro del cuerpo docente del Seminario Teológico Unión de Nueva York, contó la historia de una mujer que compró un loro en una tienda local de mascotas porque estaba sintiéndose sola. Se llevó al loro a casa, pero después de un par de días, regresó a la tienda para presentar su queja. «¡Ese loro hasta ahora no ha dicho una sola palabra!»
«¿Tiene un espejo?» preguntó el dueño de la tienda de mascotas. «A los loros les gusta mirarse al espejo». Así que la dama compró un espejo y luego regresó a casa.
Al día siguiente, regresó a la tienda porque el loro aún no había dicho nada.
«¿Qué tal una escalera?» preguntó el dueño de la tienda. «A los loros les encanta subir y bajar las escaleras». Así que compró una escalera y regresó a casa.
Al día siguiente regresó a la tienda. El loro aún no había dicho nada.
«¿Tiene el loro un columpio?» preguntó el dueño. «A los loros les encanta relajarse en el columpio». Compró un columpio y regresó a casa.
Al día siguiente regresó a la tienda para decirle al dueño de la tienda de mascotas que el loro se había muerto.
«Lamento muchísimo oír eso», dijo el dueño de la tienda. «¿Dijo el loro algo antes de morir?»
«Sí», contestó la dama. «Dijo: “¿No venden comida por allí?”»
La lección de la historia, dijo Campbell, fue que nosotros compramos espejos para que nos veamos bien, escaleras para tratar de escalar más alto, y columpios para buscar placer, pero nos descuidamos de nuestras propias almas.
El músico Bruce Springsteen dice: «Llega un momento en la vida en que necesitas dejar de esperar por el hombre en quien te quieres convertir y comenzar a ser el hombre que quieres ser». Si posees una buena actitud, si has des-arrollado aptitud, y has ganado experiencia, ¿qué te impide avanzar? El crecimiento. Nada puede reemplazar el continuo aprendizaje.
Necesitas alimentar tu mente y alma para llegar a ser la persona que deseas ser.
5. Tu actitud no permanecerá buena automáticamente
Yo me crié en un pueblo pequeño de la zona rural de Ohio, y tenía muchas haciendas a mi alrededor. Una vez escuché a un agricultor decir que lo más difícil de las vacas es que nunca se quedan ordeñadas. Algo similar se puede decir de una buena actitud. Lo más difícil de tener una buena actitud es que no se queda así por sí sola.
Si eres como la mayoría de la gente, el solo hecho de llegar a trabajar en la mañana es una prueba de tu actitud. Yo vivo en el área de Atlanta, la cual es famosa por su tráfico congestionado. El último informe que leí decía que ocupábamos el cuarto puesto en tener el peor tráfico del país, detrás de Los Ángeles, San Francisco y Washington, D.C. No solamente eso, sino que en un día cualquiera, es muy probable que la persona que está en el vehículo a tu costado te dé la señal con su dedo de que «eres el número uno», si entiendes lo que te quiero decir. Así que siempre que entro a mi carro, me digo a mí mismo: ¡Hoy voy a tener una actitud buenísima!
Eso no quiere decir que siempre lo logro. Tengo que permanecer sensible a los indicadores de mi actitud personal. Si noto que me estoy impacientando, lo cual es definitivamente el desafío más grande que tiene mi actitud, trato de recordarme tener una buena actitud. Si me oigo hacer comentarios cínicos, reviso mi actitud. Si me encuentro queriendo tirar la toalla y dejar de desarrollar a la gente porque no están aprendiendo lo suficientemente rápido, corrijo mi actitud. Y el indicador infalible de mi actitud es Margaret, mi esposa. Si me estoy pasando de la raya, ¡ella me lo dice!
En mi libro Today Matters (El día de hoy tiene importancia), uno de los conceptos de los cuales escribo es que la mayoría de la gente sobrevalora el proceso de tomar decisiones, y subestima el proceso de controlar las decisiones. Es bastante fácil decirse a uno mismo: De ahora en adelante, voy a tener una actitud buenísima. Es mucho más difícil hacerlo de verdad. Por eso creo que una de las mejores cosas que puedes hacer por ti es lograr que el control diario de tu actitud sea uno de tus objetivos.
Creer que la actitud lo es todo es realmente una idea que incluye o excluye todo; eso es un problema. Si haces que tu actitud lo sea todo, entonces es muy posible que termines con nada. No puedes esperar que la actitud lo solucione todo. La actitud es lo que es: lo que marca la diferencia.
Hay un cuento de un joven periodista de la televisión que ilustra las limitaciones de la actitud positiva. A los veintiséis años de edad, este joven tuvo una oportunidad de ser un presentador de noticias de una cadena de televisión durante las noches. Él estuvo compitiendo directamente con Walter Cronkite, el reportero de noticias en el que más confiaba el público en ese entonces. El joven era inteligente, se había criado en el hogar de un reportero, había estado de presentador principal de noticias a nivel nacional en Canadá antes de conseguir el trabajo, tenía además una buena actitud. Pero no era suficiente. En 1968, después de tres años, se retiró del puesto.
«Tuve el buen tino de retirarme», dijo más tarde. Pero no dejó la profesión de las noticias. Lo que necesitaba era más experiencia y destrezas. Se convirtió en corresponsal extranjero. Durante una década, aceptó asignaciones que lo enviaron a lugares candentes por todo el mundo. Se fue a Vietnam. Dio noticias desde el Medio Oriente durante la guerra de Yom Kippur y la guerra civil del Líbano. Estuvo en las Olimpiadas de Munich, donde terroristas palestinos asesinaron a los atletas israelíes.
En 1978, regresó de presentador principal de noticias. Esta vez era un reportero experimentado. Era competente, avezado, y había madurado en su oficio. Si aún no lo han adivinado, ese reportero era Peter Jennings. Cuando por primera vez trabajó como presentador principal de noticias, lo llamaron «reportero elegante» o «muchachito presentador». Cuando murió en el 2005, era uno de los reporteros televisivos más respetados y vistos, habiendo recibido el premio Edward R. Murrow Lifetime Achievement Award de la Universidad del Estado de Washington (2004), el premio Sol Taishoff Award a la Excelencia en Periodismo de Radio y Televisión de la National Press Foundation (2000), catorce premios National Emmy Awards, dos premios George Foster Peabody Awards, varios premios del Overseas Press Club, el premio Goldsmith Career Award a la Excelencia en Periodismo de la Universidad de Harvard, el premio Paul White Award de los directores de Noticias de la Radio y Televisión (premio escogido por los directores de noticias de las tres cadenas principales), y el premio de la Orden de Canadá (2005).
Si la actitud hubiera sido suficiente, entonces Jennings hubiera tenido éxito como presentador principal de noticias de la cadena ABC la primera vez. La actitud en sí no es suficiente. Por otro lado, si no hubiera creído en sí mismo y poseído una actitud de perseverancia, tampoco hubiera podido tener éxito.

Hay algunas cosas que la actitud puede hacer por ti y otras que no. Para aprender más acerca de lo que puede hacer, voltea la página, porque ese es el tema del siguiente capítulo.


martes, 24 de marzo de 2015

¿De dónde viene tu actitud?

¿Alguna vez has escuchado decir a alguien: «La actitud lo es todo»? Parece ser una de las declaraciones favoritas de algunos oradores motivadores. Según ellos, todo lo que necesitas es una actitud maravillosa para tener éxito; desgraciadamente, esto simplemente no es cierto.
Yo hablo mucho en público a nivel profesional. Todos los años me comunico con 250.000 personas en eventos en vivo, y verdaderamente creo en motivar a la gente; sin embargo, yo no me veo como un orador que motiva. Yo me considero un maestro motivador. Eso puede parecer un detalle técnico, pero aquí está la diferencia: Un orador que motiva te hace sentir bien, pero al siguiente día no sabes con seguridad porqué. Un maestro motivador también te hace sentir bien, pero al día siguiente tienes algo que en verdad te va a ayudar.
La promesa de que la actitud lo es todo es vacía. De hecho, si crees que la actitud lo es todo, quizás en realidad te lastime en lugar de ayudarte. Si la actitud lo fuera todo, entonces lo único que me separaría de una carrera exitosa como cantante sería la creencia de que lo puedo hacer, pero créanme, hay otro factor que se interpone: talento. Si han visto el programa de televisión American Idol, entonces saben lo que quiero decir. Estoy asombrado del número de candidatos terribles que responden a la dura crítica de los jueces diciendo cosas como: «Yo sé que puedo cantar, eso es tan sólo tu opinión». Francamente, la actitud no es lo suficientemente fuerte como para compensar la falta de habilidad.
Entonces, ¿tiene importancia la buena actitud? Por supuesto. ¡La actitud marca la diferencia! La actitud no lo es todo, pero es algo que puede marcar la diferencia en tu vida. El hombre de negocios, filántropo, y autor W. Clement Stone dijo: «Hay muy poca diferencia entre las personas, pero la pequeña diferencia marca una gran diferencia. La pequeña diferencia es la actitud. La gran diferencia está en si es positiva o negativa».
La meta de este libro no es abrumarte diciendo que la actitud lo es todo, sino mostrarte que tu actitud es un marcador de la diferencia en tu vida. Deseo hacer eso ayudándote a entender de dónde viene tu actitud, lo que puede y no puede hacer por ti, y cómo la puedes convertir en algo valioso. También quiero darte información de cómo enfrentarte a los «Cinco grandes obstáculos de la actitud» que todos encaran: desánimo, cambio, problemas, temor, y fracaso. Si eres como la mayoría de la gente, ¡tienes que lidiar con por lo menos uno de esos asuntos cada día! Empecemos este recorrido juntos viendo primero algunas nociones básicas acerca de la actitud.
¿Qué es la actitud?
Y a todo esto ¿qué es la actitud? Cuando escuchas la palabra ¿qué es lo que viene a tu mente? Creo que la actitud es un sentimiento interno que se expresa a través de la conducta externa. La gente siempre proyecta hacia afuera lo que siente por dentro. Algunas personas tratan de ocultar su actitud, y pueden engañar a otros por un tiempo, pero ese encubrimiento no dura mucho. La actitud siempre encuentra la manera de salir.
A mi padre le encanta relatar el cuento de un niño de cuatro años que al final lo mandaron al rincón como castigo por haber peleado con su mamá.
«Siéntate en esa silla hasta que se acabe el tiempo que tienes que estar allí», dijo la madre con frustración. El niño se sentó, temiendo que lo castigaran más fuerte, pero dijo: «Muy bien, mami. Estoy sentado por fuera, pero estoy de pie por dentro».
Tu actitud matiza todos los aspectos de tu vida. Es como la brocha de la mente, o pinta todo de colores fuertes y brillantes creando una obra maestra, o puede convertir todo en algo oscuro y tenebroso. La actitud es algo tan penetrante e importante que me la imagino de la siguiente manera:
Es la vanguardia de tu verdadero ser.
Su raíz es interna pero su fruto es externo.
Es tu mejor amiga o tu peor enemiga.
Es más honesta y coherente acerca de ti que tus palabras.
Es tu mirada externa basada en tus experiencias pasadas.
Es lo que atrae a la gente hacia ti o la rechaza.
Nunca está contenta hasta que se expresa.
Es la bibliotecaria de tu pasado.
Es la oradora de tu presente.
Es la profeta de tu futuro.
No hay una sola parte de tu vida que no esté afectada por tu actitud. Y tu futuro estará definitivamente influenciado por la actitud que lleves contigo desde hoy en adelante.
¿De dónde viene mi actitud?
Si tu actitud es tan importante, entonces quizás te estés preguntando: ¿De dónde viene? ¿Me he quedado atrapado con ella por el resto de mi vida, para bien o para mal? Primeramente, veamos la pregunta referente al origen de tu actitud.
1. Personalidad—Lo que tú eres
Dos hombres salieron a pescar. Cuando dejaron de morder los peces, se pusieron a conversar. Un hombre elogiaba a su esposa y exaltaba sus muchas virtudes, las resumía diciendo:
«Sabes, si todos los hombres fueran como yo, todos desearían estar casados con mi esposa».
«Y si fueran como yo», contestó el otro, «¡ninguno de ellos lo quisiera estar!».
Todos somos diferentes, cada persona nace como un ser individual único. Somos tan diferentes como nuestras huellas digitales.
Esto es cierto aun con los hermanos nacidos de los mismos padres y criados en el mismo hogar. Incluso los mellizos, los cuales son idénticos genéticamente tienen personalidades distintas.
Tu tipo de personalidad—tu «cableado» natural—tiene un impacto en tu actitud. Eso no quiere decir que estés atrapado por tu personalidad, porque no lo estás, pero tu actitud en verdad es impactada por ella.
2. Ambiente—Lo que te rodea
El ambiente al cual fuiste expuesto cuando te criaste tiene definitivamente un impacto sobre tu actitud. ¿Se divorciaron tus padres? Eso podría haber causado que tengas una actitud de desconfianza hacia miembros del sexo opuesto. ¿Murió alguien que era cercano a ti? Eso podría haber producido en ti una actitud de distanciamiento emocional de los demás. ¿Te criaste en un vecindario pobre? Eso podría haber producido en ti una actitud tenaz hacia el logro de metas. En contraste, eso podría haber causado tu deseo de rendirte con más facilidad.
Lo que va a suceder con la actitud de una persona puede ser algo difícil de predecir con exactitud si nos basamos en su ambiente inicial, pero puedes estar seguro que éste tuvo algún tipo de impacto. Mi esposa y yo adoptamos a nuestros dos hijos, y en base a esa experiencia, creemos que la genética es el más fuerte pronosticador inicial de la actitud. No obstante, también sabemos que es un hecho que el ambiente marca una diferencia.
3. La expresión de los demás—Lo que tú sientes
La mayoría de la gente puede recordar las palabras duras de un padre o un maestro incluso años o décadas después de lo ocurrido. Algunas personas llevan las cicatrices de tales experiencias por el resto de sus vidas. En mi libro Cómo ganarse a la gente, el principio basado en el dolor dice: «Las personas heridas hieren a los demás, y ellos las lastiman con facilidad». Muchas veces las heridas que causan que la gente reaccione con exageración hacia los demás vienen como resultado de las palabras negativas de otros.
De la misma manera, las palabras positivas pueden tener un impacto en la actitud de una persona. ¿Puedes recordar las palabras positivas de algún maestro favorito u otra persona adulta importante? Unas cuantas palabras pueden cambiar la manera en que una persona se ve a sí mismo y pueden cambiar el rumbo de su vida. Charlie Wetzel, mi escritor, recuerda las palabras de su hermana, Bárbara Rensink, cuando tenía dieciocho años. En ese entonces él tenía muy poca dirección en su vida, y ella le dijo que creía que él tenía talento para cocinar y para seleccionar los sabores apropiados. Él nunca antes lo había tomado en cuenta. Eso lo impulsó hacia una búsqueda de conocimiento que duró diez años para aprender todo lo que pudo en cuanto a comida, cocina y el negocio de restaurantes. Y esto lo condujo a su primera carrera como chef profesional de restaurantes.
4. Imagen propia—La manera en que te ves a ti mismo
La manera en que te ves a ti mismo tiene un tremendo impacto en tu actitud. La imagen propia pobre y las malas actitudes a menudo caminan de la mano. Es difícil ver algo positivo en el mundo si te ves a ti mismo de manera negativa.
Dwayne Dyer aconseja: «Examina las etiquetas que pones sobre ti. Cada etiqueta es una frontera, o un límite que no te vas a permitir cruzar». Si estás teniendo dificultades en llegar adonde quieres ir, el problema puede estar dentro de ti. Si no cambias los sentimientos internos que tienen que ver contigo, no podrás cambiar tus acciones externas para con los demás.
5. Exposición a oportunidades de crecimiento—Lo que tú experimentas
El escritor y filósofo de la época de la iluminación, Voltaire, comparó la vida con un juego de cartas. Los jugadores deben aceptar las cartas que les repartieron. Sin embargo, una vez que tienen esas cartas en sus manos, solamente ellos escogen la manera en que las van a usar en el juego.
Las oportunidades de crecimiento que experimenta la gente no son todas iguales. Durante mi infancia y adolescencia, mis padres me expusieron constantemente a experiencias nuevas que me formaron. Ellos me mandaron al programa de Dale Carnegie «Cómo ganar amigos e influenciar a la gente» y a otros cursos mientras que estaba en el bachillerato. A veces mi padre me sacaba de la escuela por una semana para que pudiera viajar con él mientras llevaba a cabo sus deberes como líder de nuestra denominación religiosa. Me llevaba a escuchar a grandes evangelistas y misioneros. Mis padres incluso me pagaban por leer libros que iban a moldear mi manera de pensar. Ellos hicieron todo lo posible para cultivar una actitud que estuviera abierta al crecimiento personal. Como adulto, he continuado acogiendo esa actitud y tratando de pasarla a mis hijos y nietos.
No todos son tan afortunados como yo. Si has sido criado de manera similar a la mía, agradece a tus padres. Sin embargo, si raramente fuiste expuesto a experiencias que promovieran el crecimiento o si casi nunca saliste de tu área de comodidad, entonces quizás tengas que esforzarte más para cultivar una actitud positiva hacia el crecimiento personal positivo.
6. Asociación con los de tu edad—Con quién estás
Todo el tiempo se oye hablar de jóvenes en problemas que anteriormente eran muchachos buenos y que terminaron juntándose con malas compañías. Es un hecho que una persona comienza a ser como la gente con la cual pasa mucho tiempo. Si un muchacho bueno pasa todo su tiempo con gente de bajo carácter moral, sólo es cuestión de tiempo antes de que comience a mostrar un carácter moral bajo. De manera similar, si alguien de buena actitud pasa todo su tiempo con personas que muestran actitudes negativas, ¿adivina qué va a pasar? Esa persona comenzará a desarrollar una actitud negativa. Puede que crea que va a cambiar a los otros, pero si ellos son más en número y su negatividad es incesante, serán ellos los que estarán influenciándola a ella, y no al revés.
7. Creencias—Lo que tú piensas
Muchos de los factores que he mencionado que se juntaron para moldear tu actitud se pusieron en marcha en tu pasado. Pero ¿sabes qué es lo que más forma y mantiene tu actitud hoy en día? Tus pensamientos. Como lo indicó el autor y exitoso hombre de negocios Bob Conklin en las siguientes líneas, los pensamientos pueden causar un impacto inmenso en ti:
Te puedo levantar o dejar caer. Puedo trabajar para ti o en contra tuya. Puedo hacer que seas un éxito o un fracaso.
Controlo la forma en que te sientes y actúas.
Te puedo hacer reír … trabajar … amar. Puedo hacer que cante tu corazón con gozo … emoción … júbilo.
O puedo convertirte en desdichado … abatido … morboso.
Puedo hacer que caigas enfermo … volverte apático.
Puedo ser como un grillete … pesado … pegado … cargado.
O puedo ser como los colores del prisma … vivaces … brillantes … veloces … perdidos para siempre a menos que sean capturados por el bolígrafo o un propósito.
Puedo ser alimentado y criado para que sea grande y hermoso … visto con los ojos de otros por medio de la acción en ti.
Nunca puedo ser removido … sólo reemplazado.
Soy un pensamiento.
¿Por qué no me conoces más?
Cada pensamiento que tienes moldea tu vida. Lo que piensas de tu vecino es tu actitud para con él. Lo que piensas de tu empleo es tu actitud hacia el trabajo. Tus pensamientos relacionados con tu esposa, la gente en la autopista durante las horas más congestionadas, y el gobierno, crean tu actitud para con todas esas cosas.
8. Elecciones—Lo que tú haces
El poeta, crítico y escritor de diccionarios Samuel Johnson hizo la siguiente observación: «El que tiene tan poco conocimiento de la naturaleza humana que busca la felicidad cambiando todo excepto su propia disposición, desperdiciará su vida en esfuerzos infructuosos y multiplicará el dolor que se ha propuesto quitar».
La mayoría de la gente quiere cambiar al mundo para mejorar su vida, pero el mundo que necesitan cambiar primero es el que está dentro de ellos. Esa es una elección, una que algunos no están dispuestos a hacer.
En uno de los episodios de la caricatura llamada Peanuts de Charles Schulz, Lucy le dice a su hermanito: «Caramba, me siento de mal humor».
«Quizás te pueda ayudar», le contesta Linus, siempre deseoso de ayudar.
«¿Por qué no tomas mi lugar aquí delante del televisor mientras voy y te preparo algo ligero y rico para comer? A veces necesitamos que nos mimen un poquito para que nos ayude a sentirnos mejor».
Linus regresó con un sándwich, galletas con trocitos de chocolate, y un vaso de leche.
«Ahora», dice él, «¿hay algo más en que te pueda servir? ¿hay algo que se me olvidó?»
Lucy agarró la bandeja y dijo: «Sí, hay una cosa que se te olvidó». Y luego da un grito: «¡No quiero sentirme mejor!»
Al comienzo de tu vida, no tienes mucho que escoger. No escoges dónde y cuándo naces. No escoges tus padres. No escoges tu raza, tu tipo de personalidad, o tu constitución genética. No escoges tu salud. Todo lo que eres y casi todo lo que haces no depende de ti. Tú tienes que vivir con las condiciones en las que te encuentras. Como diría Voltaire, tú empiezas con las cartas que te repartieron.
Pero cuanto más vives, más es moldeada tu vida por tus elecciones. Tú decides qué vas a comer. (Esta es una de las maneras más comunes en que los niños pequeños comienzan a afirmar su independencia.) Tú decides con qué juguetes vas a jugar. Tú decides si vas a hacer tus tareas o ver televisión. Tú escoges con qué amigos vas a estar. Tú escoges si vas a terminar el bachillerato, si vas a ir a la universidad, con quién te vas a casar, en qué vas a trabajar. Cuanto más vives, más decisiones tomarás, y más responsable serás por la manera en que tu vida resulta. Cuando la representamos visualmente, se ve así:



Obviamente esta gráfica no representa con exactitud la vida de todas las personas. Pero en general, cuanto más vivimos, menos dictarán las condiciones nuestra manera de pensar y actuar, y más determinarán nuestras elecciones nuestra manera de vivir. Y una de esas elecciones es nuestra actitud.
Yo no sé qué clase de circunstancias has tenido que enfrentar en tu vida. Quizás hayas tenido muchos problemas sumamente difíciles. Quizás hayas tenido que enfrentar dificultades extremas o sufrido tragedias terribles. Sin embargo, tu actitud es aún algo que tú eliges.
Quizás la historia más extraordinaria que haya leído en cuanto a enfrentar circunstancias horribles y tragedia personal es la de Viktor Frankl. Nacido en 1905, Frankl se crió en Viena y mostró un temprano interés en la psiquiatría. Cuando era un adolescente, mantuvo correspondencia con Sigmund Freud, y en cierta ocasión le envió un artículo que lo impresionó tanto, que el viejo hombre lo mandó a una revista profesional, donde después lo publicaron.
Frankl llegó a ser un exitoso médico en Viena a la edad de veinticinco años, pero en 1942, cuatro años después de la invasión nazi en Austria, fue acorralado junto con otros judíos austriacos y enviado a un campo de concentración. Mientras estuvo ahí, él experimentó atrocidades indecibles y perdió a toda su familia: su esposa que estaba en cinta, sus padres, y su hermano.
Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial, Frankl estuvo atrapado en campos de concentración, incluyendo el notablemente brutal Auschwitz. La mayoría de sus compañeros de prisión fueron asesinados o se rindieron. Pero no Frankl. Él no sólo mantuvo la esperanza, sino que ayudó a otros a encontrarla. La clave, creía él, fue encontrar y aferrase al significado de la vida. Años después Frankl le dijo a Holcomb B. Noble en el periódico New York Times que «la última de las libertades humanas [es] escoger la actitud de uno bajo cualquier tipo de circunstancias, escoger nuestro propio camino».
Milagrosamente, Frankl sobrevivió el tiempo que estuvo en los campos de concentración. Y después de la guerra, se propuso usar su experiencia para ayudar a otros. Regresó a estudiar a la escuela y obtuvo el doctorado. Desarrolló la Logoterapia, llamada a menudo la «Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia». Está basada en el deseo de una persona de encontrar el significado de la vida y se expresa, en parte, por medio de la actitud que tomamos para con el sufrimiento inevitable.
Frankl enseñó en Viena como profesor de neurología y psiquiatría hasta los ochenta y cinco años de edad. Dio conferencias en 209 universidades en cinco continentes. Recibió veintinueve doctorados honoris causa y tuvo más de 150 libros publicados acerca de él y su obra en quince idiomas distintos. Durante sus años buenos y malos, su actitud fue positiva.
«Cada hombre es cuestionado por la vida», dijo Frankl una vez, «y sólo puede contestar a la vida contestando por la propia; sólo puede contestar a la vida siendo responsable».

Para cambiar tu vida, debes de elegir asumir la responsabilidad por tu actitud, y hacer todo lo que puedas para lograr que funcione contigo. Tu actitud puede verdaderamente llegar a marcar la diferencia. Depende de ti.