domingo, 12 de abril de 2015

Lo que tu actitud no puede hacer por ti

Leí un artículo en el Periódico USA Today que indicaba temas que profesores universitarios y empleadores están teniendo que tratar con muchos jóvenes de ambos sexos que ahora se encuentran entrando a la edad adulta. Estos individuos fueron el producto del movimiento de autoestima de la década de 1980. Muchos tienen actitudes propias fabulosas. Sin embargo, el alto concepto de sí mismos que tienen sus opiniones está a menudo desconectado de la realidad.
Deborah Stipek, decana de educación de la Universidad de Stanford, dice: «A menudo tengo estudiantes en la escuela de posgrado que están siguiendo su doctorado, que sacaron las mejores notas durante toda la vida, y que la primera vez que reciben un comentario duro, el tipo que se necesita para desarrollar habilidades, [reaccionan mal]. Tengo una caja de pañuelos desechables en mi oficina porque no han lidiado con eso anteriormente».
Roy Baumeister, un profesor de psicología de la Universidad del Estado de Florida, ha estado estudiando la autoestima por más de treinta años. Él creía que iba a ser clave para ayudar a la gente a que llegue a ser exitosa, pero no ha sido así. «No hay tanto beneficio como el que esperábamos», dice él. «Ha sido una de las más grandes desilusiones de mi carrera».
No se puede desconectar la actitud de la realidad y esperar tener éxito. Tengo que admitirlo, no siempre he acogido este punto de vista. (Una de las señales que indican que hemos crecido intelectualmente es que con el transcurrir de los años nuestros pensamientos cambian.) Si me hubieras preguntado acerca de la importancia de la actitud hace veinte años, yo hubiera dicho: «Tu actitud es la única diferencia entre el éxito y el fracaso. ¡Estás a sólo un sueño de distancia del éxito!» En ese entonces, yo creía que si podías creer en algo, lo podías lograr, y todo lo que tenías que hacer era cerciorarte que ocurriera.
Hoy reconozco que, aunque esos tipos de declaraciones te pueden motivar, si crees que un sueño por sí solo puede traer éxito, te vas a decepcionar. Esas declaraciones simplemente no son ciertas. Yo conozco a mucha gente que tiene una excelente actitud y sin embargo no es exitosa. ¿Y tú no? Cuando hay igualdad de condiciones, la actitud puede ser lo que marque la diferencia, pero por sí sola no marca la diferencia.
Por ejemplo, digamos que dos personas solicitan el mismo puesto. Uno tiene grandes habilidades y talento natural, y una actitud más o menos buena. El otro tiene una excelente actitud y ninguna experiencia en lo absoluto. ¿Quién se gana el puesto?
Probablemente sea el que tiene más habilidades y experiencia. ¿Por qué? Porque una excelente actitud no compensará la diferencia. Sin embargo, ¿qué ocurre si los dos candidatos son bastante similares en habilidad y experiencia? En ese caso, el que tiene la mejor actitud gana sin lugar a dudas.
Cuando la actitud no puede marcar la diferencia
La actitud marca la diferencia. Es un punto a favor; coloca en una posición de ventaja. Es un aditivo, pero no un sustituto. A continuación están algunas de las cosas que la actitud no puede compensar:
1. Tu actitud no puede sustituir la aptitud
Algunas personas parecen confundir confianza, la cual es una función de la actitud, con aptitud, la cual es una función de la habilidad. O creen que una puede ser sustituida por la otra, pero ambas son muy distintas. Si crees que puedes hacer algo, eso es confianza. Si lo puedes hacer, eso es aptitud. Ambas son necesarias para tener éxito. Una excelente actitud puede ayudarte personalmente. Puede convertirte en una persona con la cual otros se sienten más contentos, más a gusto; puede aumentar tu deseo de enfrentar problemas difíciles, pero no puede ayudarte posicionalmente. Si no tienes aptitud a tu favor, vas a estar en problemas.
Para ver la importancia de la aptitud, piensa en cuánto la deseamos en otros. Cuando contratamos a empleados, de cierto deseamos que sean muy competentes. Queremos encontrar la mejor gente que podamos. El experto en administración, Peter Drucker, una vez le dijo a mi amigo, Bill Hybels, que los miembros del equipo que querría contratar probablemente no serían ni infelices ni desempleados. «Si encuentras a alguien cuyas aptitudes se ven bien, pero él o ella no está feliz o está desempleada, ten mucha cautela», dijo Drucker. «La clase de gente que estás buscando está probablemente contribuyendo enormemente y batiendo récord en algún lugar. Probablemente son felices y muy queridos por la gente con la que trabajan. Busca ese tipo, busca aptitud que ha pasado la prueba».
Al guiar y desarrollar gente por más de treinta y cinco años, he descubierto que la ineptitud es una gran distracción para la gente en una organización. Cuando alguien del equipo es incapaz de rendir al nivel apropiado—incluso alguien que tenga una gran actitud—entonces el líder y los otros miembros del equipo se desvían de su propósito principal. Terminan pasando mucho tiempo tratando de «poner en su sitio» a la persona inepta.
En mi libro Las 17 leyes incuestionables del trabajo en equipo, la ley de la cadena dice: «Todo equipo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil». Eso siempre es cierto para cualquier equipo. Ese problema a menudo no se puede resolver simplemente adoptando una actitud positiva. Sin embargo, puede cambiar si la persona débil se capacita rápidamente y desarrolla aptitud.
2. Tu actitud no puede sustituir a la experiencia
Un zorro, un lobo, y un oso fueron de cacería, y cada uno cazó un venado. Luego hubo una discusión sobre cómo deberían de dividirse el botín.
El oso le preguntó al lobo cómo creía que debería de hacerse. El lobo contestó: «Eso es sencillo, a cada uno le debe tocar un venado». Tan pronto como el lobo terminó de hablar, el oso se lo comió.
Luego el oso le preguntó al zorro cómo se proponía dividir el botín. El zorro le ofreció su venado al oso y le sugirió que también se quedara con el del lobo.
«¿De dónde sacaste tanta sabiduría?» preguntó el oso.
«Del lobo», contestó el zorro.
Hay momentos en que no hay mejor sustituto que la experiencia. El problema con la experiencia, sin embargo, es que rara vez la obtienes sino hasta después que la necesitas.
La experiencia es a menudo un maestro muy duro porque se da la prueba primero y las lecciones vienen después. Esa probablemente sea la razón por la cual la vieja cita dice: «Cuando una persona con experiencia se encuentra con una persona con dinero, la persona con experiencia recibirá el dinero, y la persona con el dinero ¡conseguirá la experiencia!»
Cuando creía que la actitud lo era todo, traté de contratar a gente que tenía la mejor actitud y pensé que luego los podía capacitar. Ahora que tengo más años y mayor experiencia, me doy cuenta que lo estaba haciendo al revés. Ahora contrato principalmente por la habilidad y experiencia. Esta es la razón: Cuando se trata de talento y habilidad, una persona puede crecer solamente un poco. En la escala del uno al diez, la mayoría de la gente puede mejorar una habilidad sólo unos dos puntos. De manera que, por ejemplo, si tú eres un «6» natural como líder, podrías crecer hasta ser un «8» si te lo propones. Sin embargo, si eres un «2», puedes esforzarte todo lo que puedas y nunca alcanzarás ni siquiera un nivel promedio. El viejo refrán de los entrenadores es cierto: no puedes sacar lo que Dios no puso.
La actitud, no obstante, es un asunto diferente. No hay límites de crecimiento. Incluso una persona que tiene «2» de actitud puede llegar a ser un «10». De manera que hasta alguien cuya actitud no sea la mejor, puede revertirla.
El día que como líder decidí contratar sólo a gente de trayectoria exitosa para cargos claves en mi organización, mi vida profesional cambió. El equipo entero se volvió más productivo, y mi organización comenzó a subir de nivel. Eso no quiere decir que comencé a contratar gente con malas actitudes; no hice eso. No fue una decisión entre lo uno o lo otro. Fue una decisión que incluía diversos factores. Aptitud, experiencia y actitud positiva son una combinación ganadora.
3. Tu actitud no puede cambiar los hechos
Uno de los descubrimientos interesantes que han hecho los investigadores en cuanto a la actitud es que tiene un impacto en la salud de las personas. Un estudio realizado por la Universidad de Texas encontró que la gente anciana que tenía una actitud positiva era más robusta físicamente que los que eran pesimistas. Eso realmente es una buena noticia. Pero aquí está la mala noticia: No importa qué tan buena sea tu actitud, no detendrá el proceso de envejecimiento. Así son simplemente las cosas.
Hay ciertas cosas en la vida que sencillamente son los hechos, y tu actitud no las va a cambiar. Si eres un adulto, tu estatura es la que es. Si quieres jugar de centro para un equipo de la Asociación Nacional de Baloncesto y mides sólo un metro sesenta, olvídate. La actitud más positiva en el mundo no va a cambiar eso. Se pueden manejar y resolver los problemas, pero sencillamente necesitas aprender a aceptar los hechos. Me encanta lo que la poetisa Maya Angelou dice al respecto: «Si no te gusta algo, cámbialo. Si no lo puedes cambiar, cambia tu actitud. No te quejes».
4. Tu actitud no puede sustituir el crecimiento personal
Ernest Campbell, un ex-miembro del cuerpo docente del Seminario Teológico Unión de Nueva York, contó la historia de una mujer que compró un loro en una tienda local de mascotas porque estaba sintiéndose sola. Se llevó al loro a casa, pero después de un par de días, regresó a la tienda para presentar su queja. «¡Ese loro hasta ahora no ha dicho una sola palabra!»
«¿Tiene un espejo?» preguntó el dueño de la tienda de mascotas. «A los loros les gusta mirarse al espejo». Así que la dama compró un espejo y luego regresó a casa.
Al día siguiente, regresó a la tienda porque el loro aún no había dicho nada.
«¿Qué tal una escalera?» preguntó el dueño de la tienda. «A los loros les encanta subir y bajar las escaleras». Así que compró una escalera y regresó a casa.
Al día siguiente regresó a la tienda. El loro aún no había dicho nada.
«¿Tiene el loro un columpio?» preguntó el dueño. «A los loros les encanta relajarse en el columpio». Compró un columpio y regresó a casa.
Al día siguiente regresó a la tienda para decirle al dueño de la tienda de mascotas que el loro se había muerto.
«Lamento muchísimo oír eso», dijo el dueño de la tienda. «¿Dijo el loro algo antes de morir?»
«Sí», contestó la dama. «Dijo: “¿No venden comida por allí?”»
La lección de la historia, dijo Campbell, fue que nosotros compramos espejos para que nos veamos bien, escaleras para tratar de escalar más alto, y columpios para buscar placer, pero nos descuidamos de nuestras propias almas.
El músico Bruce Springsteen dice: «Llega un momento en la vida en que necesitas dejar de esperar por el hombre en quien te quieres convertir y comenzar a ser el hombre que quieres ser». Si posees una buena actitud, si has des-arrollado aptitud, y has ganado experiencia, ¿qué te impide avanzar? El crecimiento. Nada puede reemplazar el continuo aprendizaje.
Necesitas alimentar tu mente y alma para llegar a ser la persona que deseas ser.
5. Tu actitud no permanecerá buena automáticamente
Yo me crié en un pueblo pequeño de la zona rural de Ohio, y tenía muchas haciendas a mi alrededor. Una vez escuché a un agricultor decir que lo más difícil de las vacas es que nunca se quedan ordeñadas. Algo similar se puede decir de una buena actitud. Lo más difícil de tener una buena actitud es que no se queda así por sí sola.
Si eres como la mayoría de la gente, el solo hecho de llegar a trabajar en la mañana es una prueba de tu actitud. Yo vivo en el área de Atlanta, la cual es famosa por su tráfico congestionado. El último informe que leí decía que ocupábamos el cuarto puesto en tener el peor tráfico del país, detrás de Los Ángeles, San Francisco y Washington, D.C. No solamente eso, sino que en un día cualquiera, es muy probable que la persona que está en el vehículo a tu costado te dé la señal con su dedo de que «eres el número uno», si entiendes lo que te quiero decir. Así que siempre que entro a mi carro, me digo a mí mismo: ¡Hoy voy a tener una actitud buenísima!
Eso no quiere decir que siempre lo logro. Tengo que permanecer sensible a los indicadores de mi actitud personal. Si noto que me estoy impacientando, lo cual es definitivamente el desafío más grande que tiene mi actitud, trato de recordarme tener una buena actitud. Si me oigo hacer comentarios cínicos, reviso mi actitud. Si me encuentro queriendo tirar la toalla y dejar de desarrollar a la gente porque no están aprendiendo lo suficientemente rápido, corrijo mi actitud. Y el indicador infalible de mi actitud es Margaret, mi esposa. Si me estoy pasando de la raya, ¡ella me lo dice!
En mi libro Today Matters (El día de hoy tiene importancia), uno de los conceptos de los cuales escribo es que la mayoría de la gente sobrevalora el proceso de tomar decisiones, y subestima el proceso de controlar las decisiones. Es bastante fácil decirse a uno mismo: De ahora en adelante, voy a tener una actitud buenísima. Es mucho más difícil hacerlo de verdad. Por eso creo que una de las mejores cosas que puedes hacer por ti es lograr que el control diario de tu actitud sea uno de tus objetivos.
Creer que la actitud lo es todo es realmente una idea que incluye o excluye todo; eso es un problema. Si haces que tu actitud lo sea todo, entonces es muy posible que termines con nada. No puedes esperar que la actitud lo solucione todo. La actitud es lo que es: lo que marca la diferencia.
Hay un cuento de un joven periodista de la televisión que ilustra las limitaciones de la actitud positiva. A los veintiséis años de edad, este joven tuvo una oportunidad de ser un presentador de noticias de una cadena de televisión durante las noches. Él estuvo compitiendo directamente con Walter Cronkite, el reportero de noticias en el que más confiaba el público en ese entonces. El joven era inteligente, se había criado en el hogar de un reportero, había estado de presentador principal de noticias a nivel nacional en Canadá antes de conseguir el trabajo, tenía además una buena actitud. Pero no era suficiente. En 1968, después de tres años, se retiró del puesto.
«Tuve el buen tino de retirarme», dijo más tarde. Pero no dejó la profesión de las noticias. Lo que necesitaba era más experiencia y destrezas. Se convirtió en corresponsal extranjero. Durante una década, aceptó asignaciones que lo enviaron a lugares candentes por todo el mundo. Se fue a Vietnam. Dio noticias desde el Medio Oriente durante la guerra de Yom Kippur y la guerra civil del Líbano. Estuvo en las Olimpiadas de Munich, donde terroristas palestinos asesinaron a los atletas israelíes.
En 1978, regresó de presentador principal de noticias. Esta vez era un reportero experimentado. Era competente, avezado, y había madurado en su oficio. Si aún no lo han adivinado, ese reportero era Peter Jennings. Cuando por primera vez trabajó como presentador principal de noticias, lo llamaron «reportero elegante» o «muchachito presentador». Cuando murió en el 2005, era uno de los reporteros televisivos más respetados y vistos, habiendo recibido el premio Edward R. Murrow Lifetime Achievement Award de la Universidad del Estado de Washington (2004), el premio Sol Taishoff Award a la Excelencia en Periodismo de Radio y Televisión de la National Press Foundation (2000), catorce premios National Emmy Awards, dos premios George Foster Peabody Awards, varios premios del Overseas Press Club, el premio Goldsmith Career Award a la Excelencia en Periodismo de la Universidad de Harvard, el premio Paul White Award de los directores de Noticias de la Radio y Televisión (premio escogido por los directores de noticias de las tres cadenas principales), y el premio de la Orden de Canadá (2005).
Si la actitud hubiera sido suficiente, entonces Jennings hubiera tenido éxito como presentador principal de noticias de la cadena ABC la primera vez. La actitud en sí no es suficiente. Por otro lado, si no hubiera creído en sí mismo y poseído una actitud de perseverancia, tampoco hubiera podido tener éxito.

Hay algunas cosas que la actitud puede hacer por ti y otras que no. Para aprender más acerca de lo que puede hacer, voltea la página, porque ese es el tema del siguiente capítulo.