domingo, 17 de abril de 2016

El Líder y la rendición de cuentas (parte 3 de 3)

3. La mirada de gratitud
Como pastores en el rebaño del Señor, estamos sumamente agradecidos por nuestro expectante futuro. Aceptamos con humildad la advertencia: “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo” (2 Juan 8). Nos bendice en gran manera oír de “galardón completo” y del estímulo bíblico para trabajar por él; como si se abriera ante nuestros ojos una ventana inmensa en el cielo y viéramos al Señor dándose a sí mismo como herencia eterna, y con él lo que aún no ha penetrado en el corazón humano. Al final de la historia, cuando los tiempos terminen, leemos: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. (Apocalipsis 22:12).
En ese “cada uno” estamos también los líderes que, como aquellos del Antiguo Testamento, esperamos “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Tratamos de esforzarnos para llegar a la meta aprobados y aparecer entre la lista de los vencedores mencionados en Apocalipsis 2 y 3, que reciben por su testimonio y labores distintas recompensas, una de las cuales colma la medida de nuestra admiración: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21).
Como la salvación es individual, así también la recompensa lo es. Cada líder puede mirar a la suya con esperanza. Lo que fue el símbolo del triunfo en los juegos olímpicos griegos, la palabra de Dios lo aplica a nuestra trayectoria pastoral, convirtiéndonos en mucho más que simples triunfadores terrenales. Los premios (griego, stephanos) cubren áreas definidas, especialmente en aquellas en las cuales el enemigo puso mayor empeño en meter sus flechas encendidas para quemarnos. Así hay una retribución para los que triunfaron en el autocontrol (1 Corintios 9:24–27); otra para el que ganó almas (1 Tesalonicenses 2:19–20) otra para el que sufrió la tentación (Santiago 1:12; Apocalipsis 2:10) y otra para el que aguardó la venida del Señor (2 Timoteo 4:5–8).
Quizás la que más nos afecta sea la de 1 Pedro 5:4: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”; porque Pedro eligió para el Juez el carácter de Príncipe de los pastores, es decir, el Pastor por excelencia (2:25). Alguien que. ejerciendo justicia entenderá y pesará cada experiencia con la balanza del pastor; supo de nuestras limitaciones, y aun nos alentó a seguir haciendo una labor similar a la de él.
Por un lado la rendición de cuentas nos hace temblar, y por otro nos estimula a confiar. “Vosotros recibiréis”, dice el texto, confirmando que la recompensa es segura luego de haber pasado por la prueba. Podemos descansar en la culminación de nuestras labores, y saber que la respuesta a muchas oraciones se ha concretado con su presencia real delante de los pastores.
Comprendemos mejor ahora el porqué de las advertencias: “Nadie os prive de vuestro premio” (Colosenses 2:18); “Retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11); porque representan el conocimiento anticipado que Dios tiene y quiere transferirnos, para que ya gocemos del gran día de la fiesta que no debemos despreciar o descuidar. Es propósito suyo encender el alma de los pastores, y mantener el fuego ardiendo delante de la grey hasta el día cuando aparezca en su gloria. Por muchos años, como líderes, hemos enseñado a alabar a Dios. Ahora, al final de los días, oímos que Dios nos alaba a nosotros: “cada uno recibirá su alabanza de Dios”. Así de grande es el amor de Dios.
LA ACTIVIDAD DE LA JUSTICIA

1. Los hombres ven nuestro servicio, pero Dios conoce nuestras intenciones.
2. Por ser lo oculto del servicio más importante que lo visible, solamente Dios puede juzgar.
3. La justicia de Dios no aprueba todo, ni condena todo; solamente recompensa lo que es justo.