jueves, 4 de agosto de 2016

La bondad inmutable de Dios

Finalmente, el salmista declara que la bondad de Elohim es inmutable. El verbo es nos dice que Él es inmutable en Su bondad. No es como si hubiese sido bueno en el pasado, pero no en el presente. No. Él es bueno ahora y será bueno en el futuro. Jeremías, en alabanza a la continua bondad de Dios, se regocijó así, «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» (Lam. 3:22–23). ¿Pero cómo es que Asaf sabe con certeza que Dios es bueno todo el tiempo?

Primero, Asaf sabe que Dios es siempre bueno para con Su pueblo debido a la historia de bondad por parte de Dios. La palabra bueno se usa primero para describir las obras de las manos de Dios cuando creó la luz. Dios creó cosas buenas porque Él tiene una naturaleza excelente. Él es un Ser bueno, y exhibe Su gloriosa bondad al hacer bien todas las cosas. De modo que, hay una confianza segura que tenemos todas las cosas obrando juntas para nuestro bien. Para Él es imposible no ser bueno para con Su pueblo. Sabemos que Dios es bueno ahora porque las obras de Sus manos han sido declaradas como muy buenas. En tanto que las obras de las manos de Dios sigan existiendo tendremos un testimonio seguro de Su bondad de pacto. Note como el registro de la creación en el Génesis se mueve de bueno a muy bueno. Tal es la declaración de nuestro autor. Dios es verdaderamente bueno para con Su pueblo.

La bondad de Dios no sólo queda de manifiesto en la obra histórica de la creación, sino que se manifiesta aún más en la historia de la providencia. Dios le dio a Israel una buena tierra (Ex. 3:8; Dt. 1:25), una buena liberación (Ex. 18:9), una ley buena (Dt. 6:24; 10:13), una buena cosecha (Dt. 28:12), y abundancia de bienes (Dt. 26:11; 28:11).


Es más, el hecho de la bondad de Dios no sólo es cierto en los tiempos de provisión abundante, sino también en los tiempos de prueba, rechazo y escasez. En otras palabras, Dios busca el bienestar de Su pueblo aún cuando las cosas, humanamente hablando, parecen ser malas. José habló de este mismo punto cuando les habló a sus hermanos acerca de su traición, «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» (Gn. 50:20).