jueves, 17 de noviembre de 2016

La Loma Resbaladiza del Conflicto

Las personas responden al conflicto de tres formas básicas. Estas respuestas pueden ser distribuidas sobre una loma. Del lado izquierdo de la loma encontramos las respuestas de escape al conflicto. Del lado derecho están las respuestas de ataque. Y en el centro, encontramos las respuestas de paz.

Imagine que esta loma está cubierta de hielo. Si va demasiado hacia la izquierda o la derecha, pierde pie y se desliza por la loma. De igual forma, cuando uno experimenta conflictos, es fácil asumir una actitud defensiva o antagónica. Ambas respuestas empeoran las cosas y pueden llevar a reacciones más extremas.

Si usted quiere permanecer encima de esta loma resbaladiza, deberá hacer dos cosas. Primero, pida a Dios que lo ayude a resistir la inclinación natural de escapar o atacar cuando se enfrenta al conflicto. Segundo, pídale que lo ayude a desarrollar la capacidad de vivir el evangelio usando la respuesta de paz que mejor se adapte a la resolución de un conflicto específico. Veamos cada una de estas respuestas con mayor detalle.
Respuestas de escape
Las tres respuestas que se encuentran del lado izquierdo de la loma resbaladiza se llaman respuestas de escape. Las personas tienden a usar estas respuestas cuando están más interesadas en evitar un conflicto que en resolverlo. Esta actitud es frecuente dentro de la iglesia, porque muchos cristianos creen que todo conflicto es malo o peligroso. Estas personas, como piensan que los cristianos siempre tienen que estar de acuerdo o temen que el conflicto dañará inevitablemente las relaciones, en general hacen una de tres cosas para escapar del conflicto.

Negación. Una forma de escapar del conflicto es hacer de cuenta que no existe. O, si no podemos negar que exista el problema, simplemente nos rehusamos a hacer lo que debe hacerse para resolver el conflicto adecuadamente. Estas repuestas traen sólo alivio temporal y normalmente empeoran las cosas (ver Génesis 16:1–6; 1 Samuel 2:22–25).

Huida. Otra forma de escapar del conflicto es huir. Esto puede incluir dejar la casa, terminar una relación, renunciar a un trabajo, pedir un divorcio o cambiar de iglesia. En la mayoría de los casos, la huida sólo posterga una solución adecuada de un problema (ver Génesis 16:6–8), así que ésta generalmente es una forma dañina de tratar un conflicto. Por supuesto, podrá haber ocasiones en que es apropiado retirarse respetuosamente de una situación confusa o emocional temporalmente para calmarse, organizar los pensamientos y orar. La huida también puede ser una respuesta legítima en circunstancias seriamente amenazadoras, como en casos de abuso físico o sexual (ver 1 Samuel 19:9, 10). Sin embargo, si una familia está involucrada en una situación de este tipo, igual deberá hacerse todos los esfuerzos razonables para que encuentre una ayuda confiable y vuelva para buscar una solución duradera del problema.

Suicidio. Cuando las personas pierden toda esperanza de resolver un conflicto, pueden buscar escapar de la situación (o hacer un llamado desesperado de ayuda) intentando quitarse su propia vida (ver 1 Samuel 31:4). El suicidio nunca es la forma correcta de tratar un conflicto. Sin embargo, es trágico que el suicidio se haya vuelto la tercera causa principal de muerte entre los adolescentes de Estados Unidos, en parte porque hay tantos chicos que nunca aprendieron a enfrentar los conflictos constructivamente.
Respuestas de ataque
Las tres respuestas que se encuentran en el lado derecho de la loma resbaladiza se llaman respuestas de ataque. Estas respuestas son usadas por personas que están más interesadas en ganar un conflicto que en preservar una relación. Esta actitud se ve en personas que consideran al conflicto como una competencia o una oportunidad para afirmar sus derechos, controlar a otros o sacar provecho de su situación. Las respuestas de ataque son usadas normalmente por personas que son fuertes y seguras de sí mismas. Pero también pueden ser usadas por las que se sienten débiles, temerosas, inseguras o vulnerables. Sea cual fuere el motivo, estas respuestas apuntan a poner la mayor presión necesaria sobre los oponentes como para eliminar su oposición.

Agresión. Algunas personas tratan de vencer a un oponente usando diversas formas de fuerza o intimidación, como ataques verbales (incluyendo el chisme o la calumnia), violencia física o esfuerzos para dañar a una persona financieramente o profesionalmente (Hechos 6:8–15). Esta conducta siempre empeora los conflictos.

Litigio. Otra forma de forzar a las personas a ceder a nuestra voluntad es llevarlas a juicio. Si bien algunos conflictos pueden ser llevados legítimamente ante un juez civil (ver Hechos 24:1–26:32; Romanos 13:1–5), las demandas generalmente dañan las relaciones y a menudo no logran una justicia completa. Cuando hay cristianos involucrados de ambos lados, su testimonio puede quedar dañado severamente. Por esto se les ordena a los cristianos que arreglen sus diferencias dentro de la iglesia en vez de hacerlo en los tribunales civiles (1 Corintios 6:1–8). Por lo tanto, es importante hacer todos los esfuerzos para arreglar una disputa fuera de los tribunales cada vez que sea posible (Mateo 5:25, 26; ver una discusión adicional en el Anexo D).

Asesinato. En casos extremos, las personas pueden estar tan desesperadas por ganar una disputa que intentarán matar a quienes se les oponen (ver Hechos 7:54–58). Si bien la mayoría de los cristianos difícilmente lleguen a matar a una persona, nunca debemos olvidar que somos culpables de asesinato a los ojos de Dios cuando albergamos ira o desprecio en nuestro corazón hacia otros (ver 1 Juan 3:15; Mateo 5:21, 22).

Hay dos formas en que las personas se desplazan hacia la zona de ataque. Algunas recurren a una respuesta de ataque apenas se encuentran con un conflicto. Otras se desplazan hacia esta zona luego de haber intentado escapar infructuosamente del conflicto. Cuando ya no pueden ignorar, disimular o huir del problema, van al otro extremo y atacan a quienes se les oponen.
Respuestas de paz
Las seis respuestas que se encuentra en la parte superior de la loma resbaladiza se llaman respuestas de paz. Estas respuestas son ordenadas por Dios, facultadas por el evangelio y orientadas a encontrar soluciones justas y mutuamente satisfactorias al conflicto. Cada una de estas respuestas será tratada en detalle en los siguientes capítulos, pero por ahora haremos una breve reseña.

Las primeras tres respuestas pueden denominarse de “pacificación personal”, porque pueden ser realizadas personal y privadamente, sólo entre usted y la otra parte. La inmensa mayoría de conflictos de la vida deberían y podrían resolverse de una de estas formas.

Pasar por alto una ofensa. Muchas disputas son tan insignificantes que deben ser resueltas pasando por alto silenciosa y deliberadamente una ofensa. “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11; ver también 12:16; 17:14; Colosenses 3:13; 1 Pedro 4:8). Pasar por alto una ofensa es una forma de perdón e involucra una decisión deliberada de no hablar de ella, pensar en ella o dejar que se transforme en amargura o ira contenidas.

Reconciliación. Si una ofensa es demasiada seria como para pasarla por alto o ha dañado la relación, tenemos que resolver temas personales o relacionales a través de la confesión, la corrección amorosa y el perdón. “Si … tu hermano tiene algo contra ti … Ve primero y reconcíliate con tu hermano” (Mateo 5:23, 24; ver Proverbios 28:13). “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde” (Gálatas 6:1; ver Mateo 18:15). “Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colosenses 3:13).

Negociación. Aun cuando resolvamos exitosamente temas vinculados a la relación entre las partes, tal vez necesitemos todavía solucionar temas materiales relacionados con dinero, propiedad u otros derechos. Esto debería hacerse a través de un proceso de negociación cooperativa en el que usted y la otra persona buscan llegar a un acuerdo que satisfaga las necesidades legítimas de cada lado. “Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás” (Filipenses 2:4).

Cuando una disputa no puede ser resuelta a través de una de las respuestas de paz personales, Dios nos llama a usar una de las tres siguientes respuestas de paz, denominadas de “pacificación asistida”. Estas respuestas exigen la participación de otras personas de su iglesia o su comunidad cristiana.

Mediación. Si dos personas no pueden alcanzar un acuerdo en privado, deberían pedir a una o más personas objetivas para que se reúnan con ellas para ayudarlas a comunicarse más eficazmente y explorar soluciones posibles. “Si [tu hermano] no [te hace caso], lleva contigo a uno o dos más” (Mateo 18:16). Estos mediadores podrán hacer preguntas y dar consejos, pero no tienen ninguna autoridad para forzarlo a aceptar una solución específica.

Arbitraje. Cuando usted y su oponente no pueden arribar a un acuerdo voluntario sobre un tema material, podrán designar a uno o más árbitros para que escuchen sus argumentos y presenten una solución vinculante para resolver el asunto. En 1 Corintios 6:1–8, Pablo indica que es así como los cristianos deberían solucionar aun sus conflictos legales entre sí. “Si tienen pleitos sobre tales asuntos, ¿cómo es que nombran como jueces a los que no cuentan para nada ante la iglesia?” (1 Corintios 6:4).


Rendición de cuentas. Si una persona que dice ser cristiana rehúsa ser reconciliada y hacer lo correcto, Jesús ordena a los líderes de la iglesia que intervengan formalmente para que la persona rinda cuentas ante la Biblia y para promover el arrepentimiento, la justicia y el perdón: “Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia” (Mateo 18:17). La participación directa de la iglesia se ve generalmente en forma negativa entre cristianos hoy, pero cuando se hace como lo indica Jesús –con amor, para redención y para restauración– puede ser la clave para salvar relaciones y producir justicia y paz.